Mensaje a los estudiantes Artículo aparecido en el Periódico
Frente Unido
Número 9.
Octubre 21 de 1965
Los estudiantes son un grupo privilegiado en todo
país subdesarrollado. Las naciones pobres sostienen a costos muy altos a los
pocos egresados de colegios y universidades. En Colombia, en particular, dada la
gran cantidad de colegios y universidades privadas existentes, el factor
económico se ha constituido en un factor determinante en la educación. En un
país con un 60% de analfabetas funcionales, 8% de bachilleres y 1& de
profesionales, los estudiantes son uno de los pocos grupos que tienen
instrumentos de análisis sobre la situación colombiana, de comparación con otras
situaciones y de información sobre las posibles soluciones.
Además el estudiante universitario (el de las universidades donde no hay delito
de opinión) y el de los colegios donde hay libertad de expresión tiene,
simultáneamente, dos privilegios: el de poder ascender en la escala social
mediante el ascenso en los grados académicos, y el de poder ser inconforme y
manifestar su rebeldía sin que esto impida este ascenso. Estas ventajas han
hecho que los estudiantes sean un elemento decisivo en la revolución
latinoamericana. En la fase agitacional de la revolución, la labor estudiantil
ha sido de gran eficacia. En la fase organizativa su labor ha sido secundaria en
Colombia. En la lucha directa, no obstante las honrosas excepciones que se han
presentado en nuestra historia revolucionaria, el papel tampoco ha sido
determinante.
Nosotros sabemos que la labor agitacional es importante pero que su efecto real
se pierde si no va seguida de la organización y de la lucha por la toma del
poder. Una de las causas principales para que la contribución del estudiante a
la Revolución sea transitoria y superficial es la falta de compromiso del
estudiante en la lucha económica, familiar y personal. Su inconformismo tiende a
ser emocional (por sentimentalismo o por frustración) o puramente intelectual.
Esto explica también el hecho de que al término de la carrera universitaria el
inconformismo desaparezca o por lo menos se oculte y el estudiante rebelde deja
de serlo para convertirse en un profesional burgués que para comprar los
símbolos de prestigio de la burguesía tiene que vender su conciencia a cambio de
una elevada remuneración.
Estas circunstancias pueden ocasionar graves peligros a una respuesta madura y
responsable de los estudiantes al momento histórico que está viviendo Colombia.
La crisis económica y política se está haciendo sentir con todo el rigor sobre
los obreros y los campesinos. El estudiante, generalmente aislado de estos,
puede creer que basta una actitud revolucionaria superficial o puramente
especulativa. Esa misma falta de contacto puede hacer que el estudiante
traicione su vocación histórica; que, cuando el país le exige una entrega total,
el estudiante continúe con palabrería y buenas intenciones, nada más. Que cuando
el movimiento de masas le exige un trabajo cotidiano y continuo, el estudiante
se conforme con gritos, pedreas y manifestaciones esporádicas. Que cuando la
clase popular les exige una presencia efectiva, disciplinada y responsable en
sus filas, los estudiantes contesten con promesas vanas o disculpas.
Es necesario que la convicción revolucionaria del estudiante lo lleve a un
compromiso real, hasta las últimas consecuencias. La pobreza y la persecución no
se deben buscar. Pero, en el actual sistema, son las consecuencias lógicas de
una lucha sin cuartel contra las estructuras vigentes. En el actual sistema, son
los signos que autentifican una vida revolucionaria. La misma convicción debe
llevar al estudiante a participar de las penurias económicas y de la persecución
social de que participan los obreros y campesinos. Entonces, el compromiso con
la revolución pasa de la teoría a la práctica. Si es total, es irreversible; el
profesional no podrá volverse atrás sin una flagrante traición a su conciencia,
a su pueblo y a su vocación histórica.
No quiero dogmatizar sobre el momento de la coyuntura revolucionaria que estamos
viviendo. Quiero solamente exhortar a los estudiantes a que ellos tomen contacto
con las auténticas fuentes de información para determinar cuál es el momento,
cuál su responsabilidad, y cuál tendrá que ser en consecuencia la respuesta
necesaria. Personalmente, creo que estamos acercándonos aceleradamente a la hora
cero de la revolución colombiana. Pero esto no se lo podrán decir con la debida
autoridad, sino los obreros y campesinos. Si ellos "ascienden a la clase
popular", sin ninguna clase de paternalismo, con el ánimo más de aprender que de
enseñar, podrán juzgar objetivamente el momento histórico.
Sería sin embargo estéril y desgraciado que los estudiantes colombianos que han
sido la chispa de la revolución permanecieran al margen de ésta por cualquier
causa; por falta de información, por superficialidad, por irresponsabilidad o
por miedo.
Esperamos que los estudiantes respondan a la llamada que les hace su Patria en
este momento trascendental de su historia y que para eso dispongan su ánimo para
oírla y seguirla con una generosidad sin límites.