Artículo aparecido en el Periódico Frente Unido
Número 3.
Septiembre 09 de 1965
Después de haber experimentado
en la ciudad de Girardot el poder que tenían 40 hombres armados y disciplinados
contra una multitud de 4.000 personas, he tomado la decisión de hacer un
llamamiento vehemente a las fuerzas armadas de Colombia para que tomen
conciencia del momento histórico que estamos viviendo y que se decidan a
planificar desde ahora las formas como deberán participar en la lucha
revolucionaria.
En varias ocasiones he visto a campesinos y obreros uniformados dentro de los
cuales nunca he entrado elementos de la clase dirigente, golpear y perseguir a
campesinos, obreros y estudiantes que representan la mayoría de los colombianos.
Ni dentro de los suboficiales, ni dentro de los oficiales, con raras excepciones
he encontrado miembros de la oligarquía. Todo el que contemple el contraste de
las mayorías colombianas clamando por la revolución y unas pequeñas minorías
militares reprimiendo al pueblo para proteger a unas pocas familias
privilegiadas tiene que preguntarse por las razones que inducen a estos
elementos del pueblo a perseguir a sus semejantes.
No pueden ser las ventajas económicas. Todo el personal de las fuerzas armadas
está muy mal pagado. A los militares no se les permite, en general, hacer
estudios que les faciliten una vida fuera del ejército. Cuando llegan ala grado
de mayor tratan de comprar una casa de esquina para poner una tienda con la cual
puedan subsistir en su retiro. He visto generales y coroneles consiguiendo
puesto de profesor de educación física en colegios de segunda enseñanza y de
vendedores de seguros. Los sueldos del personal son reducidos, pero los son más
aún los del personal retirado. Este personal no recibe atención médica ni
ninguna otra ventaja económica. Sin embargo sabemos que la tercera parte de
nuestro presupuesto nacional está consagrado a las fuerzas armadas. Como es
obvio el presupuesto de guerra no se consagra a pagar a los militares
colombianos sino que se dedica a comprar la chatarra que nos venden los Estados
Unidos, se dedica al mantenimiento de los elementos materiales, se dedica a
alimentar la represión interna en la que los colombianos matan a sus propios
hermanos.
Puede ser que el motivo para que los militares obren así sea la entrega a las
leyes, a la constitución y a la Patria. Pero la Patria colombiana consiste
principalmente en sus hombres y la mayoría de estos sufre y no disfruta del
poder. La Constitución es violada constantemente al no dar trabajo, propiedad,
ni libertad, ni participación en el poder a un pueblo que debe ser, de acuerdo
con la Constitución, el que decida de los asuntos políticos en el país. La
Constitución es violada cuando se mantiene un estado de sitio después de haber
cesado las causas que fueron el pretexto para su declaración. Las leyes son
violadas cuando se detiene a los ciudadanos sin orden de captura, cuando se
retiene la correspondencia, cuando se impide transitar por las calles a los
ciudadanos, cuando se controlan los teléfonos y se miente y se engaña para
perseguir a los revolucionarios.
Quizás es necesario informar más a los militares sobre el lugar en donde está la
patria, la constitución y las leyes, para que no crean que la patria está
formada por las 24 familias que actualmente protegen, por quienes dan su sangre
y de quienes reciben tan mala remuneración.
Quizás el motivo principal para que los militares continúen siendo el brazo
armado de la oligarquía sea la falta de oportunidades en otros campos de la
actividad humana que existe en Colombia. Los militares deben comprender que
cuando triunfe la revolución se planificará la economía, se abrirán las
escuelas, los colegios y las universidades a todos los colombianos, y no
solamente ellos sino sus hijos tendrán la oportunidad de empleos remunerativos y
de carreras liberales. Mientras perdure el enemigo reaccionario habrá un
ejército no para la defensa de las minorías privilegiadas sino para la defensa
del pueblo. Los sacrificios que se hagan entonces serán para construir la patria
y no para destruirla.
El honor de las fuerzas armadas no será entonces mancillado por el capricho de
la oligarquía y de los lacayos que tengan a su servicio las fuerzas armadas. No
veremos más a generales de tres soles ser destituidos por haber hablado de
reformas de estructura y de grupos de presión. No veremos más a generales que
tienen un origen en la clase media echados por contrabandistas con escándalos
públicos mientras que los superiores de la clase alta o relacionados con la
oligarquía colombiana hacen un contrabando que logran mantener oculto,
contrabando que va más directamente contra los intereses del país y contra la
soberanía nacional.
Militares: el Frente Unido les promete unificar a la clase popular y organizarla
para la toma del poder. No dejen de concurrir a la cita en el campo de batalla
donde le daremos el golpe mortal a esa oligarquía que oprime a todos los
colombianos, que los oprime a ustedes como nos oprime a nosotros.