Mensaje a los sindicalistas
Artículo aparecido en el Periódico Frente Unido
Número 5.
Septiembre 23 de 1965
Pocos grupos en Colombia tienen una tradición de lucha y de organización como
los obreros, como los trabajadores urbanos.
A pesar de que la industrialización de Colombia no comienza a tener importancia
nacional sino a partir de 1939, el sindicalismo colombiano, tanto rural como
urbano, posee una tradición de lucha anterior a esta fecha.
Los motines de los bananeros son testigos de esa lucha. El gobierno de Alfonso
López Michelsen señala una etapa fundamental en la organización obrera y en la
lucha sindical colombiana. El sindicalismo surge como una fuerza beligerante e
independiente, pero pronto, bajo regímenes retrógrados, comienza a desvirtuarse
en elementos paternalista, imperialistas y esquiroles vendidos al gobierno.
Nuestra clase dirigente logró también dividir a la clase obrera y después de
debilitarla con pretextos religiosos y políticos, como ya había debilitado con
los mismos pretextos a la clase popular, resuelve purgarla de elementos
"comunistas" en el Congreso de Cartagena, sin descartar a todo elemento no
sometido al patronalismo nacional y norteamericano.
Sin embargo, la presión del sistema era común a todos los obreros. El movimiento
de Gaitán consolida una conciencia de clase que la violencia no ha logrado
borrar en 19 años que lleva de existencia. Los dirigentes mercenarios, vendidos
a la oligarquía, se descaran cada vez más y tienen que usar procedimientos
siempre más arbitrarios, siempre más violentos para mantenerse en el poder.
El Frente Nacional acelera la lucha social en Colombia al intituirse como el
primer partido de clase en Colombia, partido de la clase privilegiada, que
consolida la unión de los opresores contra los oprimidos, lanzando un reto a la
clase popular colombiana para que constituya, siguiendo los consejos de José
Antonio Galán: "La unión de los oprimidos contra los opresores".
El gobierno del Frente Nacional realiza tres devaluaciones, aumenta en 200 por
ciento los gastos públicos y bélicos y trata de subsanar la bancarrota fiscal
gravando al pueblo colombiano con impuestos a las ventas, impuestos a la
gasolina y "ponqués tributarios". El paro nacional del 25 de enero es la
culminación de una levadura social que fue vendida a las oligarquías para que
éstas hicieran un ponqué que habían de comerse ellas mismas.
Sin embargo, el sistema está tan desintegrado y corrompido que la maquinaria
política parlamentaria no funcionó ni para el ponqué, ni para las facultades
extraordinarias.
Entonces se recurre a instaurar la dictadura. Se aprovecha una huelga
estudiantil para decretar un estado de sitio que continúa, contrariando la
constitución, para legislar sobre asuntos económicos y hacer demagogia laboral.
Lo más grave del actual sistema es que no es solamente los obreros, sino la
oligarquía está descontenta y digo, más grave, porque cuando la oligarquía está
descontenta la posibilidad de un golpe de Estado se hace más inmediata.
Cuando el equipo político fracasa, la oligarquía lo turna por el equipo militar.
El gobierno militar que tome ahora el poder posiblemente despertará esperanzas
mediante medidas demagógicas. Nuestro pueblo ha dado en forma unánime el grito
de la revolución. Sin embargo, todavía carece de una conciencia suficiente y de
una organización adecuada para resistir al engaño que predominará las medidas
demagógicas después de la caída del odiado gobierno del Frente Nacional.
Una serie interminable de huelgas legales e ilegales se han iniciado en nuestro
país, todas esas luchas o reivindicaciones inmediatas fortalecen la lucha
revolucionaria porque unifican, organizan y consolidan la conciencia del
obrerismo colombiano.
La base obrera de todas las centrales sindicales está unificada, así como muchos
de sus dirigentes, alrededor de la Plataforma de Frente Unido del Pueblo. Los
obreros, con los estudiantes, constituyen un bastión que puede hacerle frente a
las nuevas formas de engaño que adoptará la oligarquía. Con todo es necesario
que los obreros se decidan en utilizar su relativa capacidad financiera y su
indiscutible capacidad organizadora en la lucha revolucionaria y en la
organización del resto de la clase popular colombiana.
Se ha dicho que los sindicalistas son los oligarcas de la clase popular. Yo no
lo creo así. Por la actitud explotadora de la oligarquía, aún aquellos
sindicalistas que trabajan en empresas monopolistas y que, por lo tanto, gozan
de una cuota de privilegio que tienen estas empresas, han asumido y por lo menos
muchos de ellos, una actitud francamente reivindicatoria y revolucionaria.
Es necesario que la clase obrera Colombia, en este momento crucial de nuestra
historia, dedique todos sus esfuerzos a la unidad y a la organización de la
clase popular colombiana para la toma del poder.
Que cada lucha parcial por ventajas inmediatas, no pierda de vista el hecho de
que la reivindicación total y definitiva obrera no podrá venir sino consecuencia
de la toma del poder por parte de las mayorías, por parte de la clase popular
colombiana.
De la unidad, de la organización y de la capacidad de lucha con las
reivindicaciones actuales dependen la unidad, la organización y la lucha por esa
reivindicación definitiva.
Los mismos dirigentes sindicales que le tienen miedo a la divulgación de la
plataforma del Frente Unido son aquellos que le tienen miedo a la unidad porque
saben que la clase obrera unidad y organizada les cobrará duramente su entrega a
las clases dirigentes nacionales y extranjeras.
La clase obrera, como el pueblo colombiano, ha sido superior a muchos de sus
dirigentes. Cuando la clase obrera se unifique por la base hará la presión
necesaria para que los dirigentes que no quieren la unión o no quieren la
revolución sean arrojados a la orilla por el pueblo colombiano que como un
torrente se ha desencadenado en busca de la toma del poder.