Artículo aparecido en el Periódico Frente Unido
Número 4.
Septiembre 16 de 1965
Los síntomas de putrefacción y relajamiento del Frente
Nacional son comunes a todos los que presentan todos los regímenes caducos en
los últimos estertores de su existencia. Los dirigentes ahogan en fiestas y
bacanales las inquietudes que el fermento popular les produce y consagran su
actividad política a componendas de camarilla, a luchas intestinas entre los
directorios anacrónicos e impopulares; al pueblo ya no le interesan las
discusiones entre los Lleras, los Gómez, los Ospinas, los Santos y otros nombres
de nuestra aristocracia feudal.
El pueblo tiene hambre. Está descontento. Está decidido a unificarse y a
organizarse. El pueblo, sobre todo, tiene la decisión inquebrantable de tomar el
poder.
En las pasadas elecciones la oligarquía aún no tenía necesidad de inventar votos
(si nosotros permitimos que las próximas elecciones se efectúen, entonces sí
tendrá que inventar la existencia de muchos votos).
Los abstencionistas revelaron ser la mayoría de los electores. El 70% de los
colombianos no acudió a las urnas. Cualquiera que tenga un conocimiento
elemental de la gente colombiana, cualquiera que haya asistido conmigo a las
concentraciones populares tiene que haber llegado al convencimiento de que los
abstencionistas son opositores al frente nacional y a la oligarquía.
Los abstencionistas en general son aquellos revolucionarios que no están
organizados en grupos políticos. Si bien gracias al espíritu revolucionario y
antisectario que han revelado los grupos políticos que han ingresado al Frente
Unido, les ha permitido a estos conseguir un mayor número de adherentes, la
mayoría de los Colombianos se ha incorporado al Frente Unido sin inscribirse en
los grupos políticos ya existentes. Estos mismos grupos tienen que comprender
que la actividad principal del Frente Unido debe ser la organización de los no
alineados.
La organización de los no alineados deberá hacerse de abajo hacia arriba con
jefes propios y con una autoridad férrea pero despojada de todo carácter
caudillista. Actualmente el vínculo principal de unión entre ellos es la
Plataforma del Frente Unido del Pueblo que yo he presentado como propuesta a la
clase popular colombiana. Es posible que mi nombre tenga aún demasiada
importancia dentro de este grupo y en una etapa inicial, mientras mi nombre
sirva para estimular la agitación y la organización revolucionaria, puede ser de
bastante utilidad. Sin embargo, sería infantil producir los mismos errores que
han producido el fracaso de anteriores movimientos revolucionarios. Ya vimos
cómo la oligarquía asesinó a Jorge Eliécer Gaitán. Ya vimos cómo la reacción del
pueblo en este momento no fue la de reagruparse en torno a jefes revolucionarios
sino la de recurrir a los jefes de la oligarquía que sobre los hombros del
pueblo llegaron al palacio presidencial a vender el movimiento revolucionario.
Ya vimos cómo el pueblo desorganizado quiso dar la batalla en las ciudades en
donde el enemigo es más fuerte. Ya vimos cómo el pueblo se dejó desconcertar y
se dedicó al incendio y al robo en lugar de replegarse hacia los campos en donde
el enemigo es más débil y los revolucionarios tienen más recursos.
Estamos apostando una carrera con la oligarquía. Es posible que ésta me asesine
antes de haber logrado una sólida organización entre los no alineados. Creo que
sería demasiado torpe que me encarcelen o me inventaran un proceso de guerra
verbal. Por eso creo más en el asesinato. Lo importante es que el pueblo
colombiano tenga consignas precisas si esto llega a ocurrir.
La primera es la de replegarse hacia el campo y no librar la batalla en la
ciudad.
La segunda es la de no ejercer ninguna acción ofensiva mientras no haya una
organización rural capaz de mantenerla.
Con todo es necesario que los no alineados se den cuenta de la gravedad del
momento y de su responsabilidad histórica. Cada minuto que perdamos en
organizaciones es un minuto que le estamos dando de ventaja a la oligarquía.
Las manifestaciones multitudinarias, el entusiasmo y la agitación
revolucionarios son útiles en cuanto se reflejan inmediatamente en una
organización por la base.
Es necesario que cada campesino raso, que cada obrero raso, que cada
revolucionario se sienta responsable de formar un comando del Frente Unido con
algunos compañeros o amigos, sin esperar directivas y sin esperar órdenes.
Se deben reunir: (1) para discutir y divulgar la plataforma del Frente Unido;
(2) divulgar y financiar el Periódico Frente Unido; (3) cumplir las consignas
inmediatas de acción; (4) coordinarse con los otros comandos de base para formar
comandos veredales, de barrio, de fábrica, de colegio o universidad, de
municipio, de región y de departamento; (5) preparar a los delegados a la gran
convención nacional del pueblo para el 11 ó 12 de diciembre de 1965.
La manifestación popular del 10 de octubre en la plaza de Bolívar a las cinco de
la tarde será la ocasión de que los no alineados se presenten en forma
organizada por comandos y por agremiaciones.
En esa manifestación el pueblo colombiano, y especialmente el de la capital,
protestará por el Estado de Sitio y todas sus consecuencias represivas contra el
pueblo colombiano: los consejos de guerra verbales, la persecución sindical, la
persecución a los jefes de la oposición, los nuevos impuestos, la última
devaluación, etc., etc.
La abstención electoral, por sí sola, no es un arma de combate revolucionaria;
ella tiene que estar acompañada de una organización y de una disciplina
beligerante y activa. Los no alineados, los revolucionarios sin partido, tendrán
que transformarse de una masa amorfa y débil en un ariete que no dejará de
golpear contra el sistema hasta verlo totalmente derrumbado.