Sobre la Renta Básica
Políticos, bájense del árbol
Ramiro Pinto Cañón Diario de León
AL VISITAR la exposición organizada por la Caixa, De mono a hombre , me
quedé impresionado. Al final de la misma se exponen unos libros. Uno de ellos es
El proceso de humanización no ha terminado aún , del arqueólogo
Eudald Carbonell. Este autor mantiene que hay que conseguir socializar el
conocimiento y que los logros y beneficios de la tecnología deben llegar a toda
la sociedad. En el resumen del libro se plantea que uno de los pasos para el
desarrollo de la humanización es lograr una economía más racionalizada. ¿Qué es
una economía más racionalizada? No creo que se refiera a una economía
planificada, aunque hará falta una planificación global sobre temas que afectan
a la humanidad y que suponen una amenaza para una gran parte de los habitantes
del planeta y han de ser controladas, como son el crecimiento demográfico, los
problemas medioambientales y el aprovechamiento unilateral de las fuentes de
energía y materias primas.
Una economía más racionalizada consiste en razonar sobre el proceso económico y
buscar medidas concretas que permitan la distribución de la riqueza y a la vez
mantengan la dinámica de crecimiento económico, haciéndolo sostenible desde el
punto de vista medioambiental. De esta manera, al introducir estas nuevas
variables en los análisis teóricos de economía, es como llegamos a ver la
necesidad de establecer la Renta Básica, una vez que sea posible, a través de la
propuesta de financiación de la asociación Arenci, que actualmente
estudia el Parlamento Europeo y próximamente una subcomisión de las Cortes en
España. Como explica Jared Diamond en su obra Ocaso , es
necesario recoger las cuestiones ambientales en función de la economía, pues en
su estudio llega a la conclusión de que el declive de todas las civilizaciones y
modelos de sociedad que han sucedido a lo largo de la historia tienen un
denominador común: el deterioro del medio ambiente. Este deterioro afecta a la
fertilidad del suelo, la salud, cambios climáticos, hasta ahora de una manera
local, pero en este momento repercute en el planeta Tierra de manera global. La
sociedad actual tiene la oportunidad de analizar los sucesos del pasado y
aprender de sus errores, tomar decisiones y actuar en consecuencia. Por una
parte los economistas no manejan la sostenibilidad ecológica como variable de
sus estudios de economía política. Marcan las pautas de la política económica de
los gobiernos sobre la base del crecimiento económico y la creación de empleo,
junto con el ajuste presupuestario para evitar la inflación. El nuevo concepto
de la Productividad Total de los Factores (PTF) se utiliza de manera
mecánica, tanto en los modelos liberales como keynesianos, y no tienen una
visión de la economía en su conjunto, los árboles no les dejan ver el bosque.
Por otra parte los políticos caen cada vez más en el tactismo ,
como estrategia de mantenerse en el poder, y hacer políticas de confrontación
con la oposición y medidas que caigan bien a determinados sectores, sin hacer
pedagogía política ni debates críticos sobre las necesidades globales de nuestra
sociedad. Hacen de su labor propaganda y no política de ideas. Por ejemplo se
mantienen lo que algunos sociólogos y economistas críticos llaman las «ayudas
perversas», que impiden el desarrollo de los países pobres e incrementan la
destrucción del medioambiente. Esto ocurre con las subvenciones a sectores cuyos
productos no son rentables sin las ayudas dadas, la agricultura, la pesca, el
agua de regadío, el azúcar, la minería del carbón. Esto se ve en casos como en
los países ricos que se ven obligados a mantener las centrales térmicas. Las
ayudas a los agricultores impiden la comercialización de productos de países
pobres, que ven inundados sus mercados por otros excedentarios y abaratados por
esas ayudas públicas. Los políticos se ven acorralados por la necesidad de
resultados electorales, sin ver que con W. Churchill Gran Bretaña ganó la
II Guerra Mundial pero él perdió las siguientes elecciones. Hoy es necesario
ganar el reto sobre la amenaza global que nosotros mismos, como sociedad, hemos
creado. A veces hay medidas que son paradójicas y no se entienden hasta pasado
el tiempo. Por ejemplo cuando Henry Ford subió el sueldo a sus obreros,
más allá del convenio y por decisión propia, los accionistas le denunciaron a
los tribunales, pues perdieron valor sus acciones. Sin embargo salieron ganando
a largo plazo, pues esos mismos trabajadores fueron quienes compraron los coches
que fabricaban, lo que de otra manera no hubieran podido hacer por ser un
artículo de lujo. Bajar los precios con la productividad en cadena y ampliar el
mercado con la subida del nivel de vida consiguió incrementar a largo plazo el
valor de las acciones. Desde el punto de vista ambiental fue un error, pero en
aquella época no se supo. Actualmente la fiscalía de California ha emprendido
una batalla legal contra los fabricantes de automóviles por no dejar
comercializar otros motores que eviten la contaminación con el CO 2 que atenta
contra la Humanidad.
Asistimos a una serie de cambios, lo cual Javier Arenas, antiguo ministro
de Trabajo, llamó «una mutación histórica» a la que hay que adaptarse, que
requieren nuevas maneras de pensar los problemas y racionalizar la economía,
como forma de adaptarse a la nueva realidad. Es decir evolucionar. Hace un año
el escritor y premio Príncipe de Asturias, Carlos Fuentes, planteó que el
paso de la economía industrial a otra tecnológica y de servicios es un cambio
tan radical que hace falta un ajuste que tenga en cuenta el desplazamiento del
empleo.
Luis Martínez Noval, también antiguo ministro de Trabajo, expuso en las
Jornadas sobre Economía Política, celebradas en León, que ha habido una
evolución en las políticas sociales, y a su vez describió una serie de fenómenos
que considero se pueden entender como crisis del empleo, como son las
prejubilaciones, la diferencia entre el salario real y el monetario, los ajustes
de plantillas, nuevas enfermedades laborales de tipo psicológico, etcétera. Lo
cual nos debería hacer pensar que hay que cuestionar la centralidad del trabajo
como eje de la economía y la política. Y esto es a lo que da respuesta la renta
básica, como base de subsistencia y de forma incondicional a las personas de una
determinada zona monetaria en la que se pueda aplicar, como es la zona euro. La
renta básica define el crecimiento económico, ¿hasta dónde y cuándo?, ¿hasta que
esquilmemos nuestro planeta? La racionalidad nos lleva a pensar que hasta que
sea posible la renta básica, y favorecer así un crecimiento sostenido. Esto
exige que los políticos se bajen del árbol y empiecen a andar en otra dirección.
Pensando en el futuro, el de todos, pues somos una especie aún en evolución. Del
mono al humano