|
Economía
|
Ecuador: Otra economía es posible
Rafael Correa
La política económica es un campo netamente normativo de la economía, es
decir, responde a ideologías, juicios de valor y, lamentablemente en forma
bastante frecuente, a particulares intereses. Durante mucho tiempo en el Ecuador
se ha aplicado una política económica básicamente en función del capital,
especialmente el financiero.
Hacia una nueva política económica
La política económica es un campo netamente normativo de la economía, es decir,
responde a ideologías, juicios de valor y, lamentablemente en forma bastante
frecuente, a particulares intereses.
Durante mucho tiempo en el Ecuador se ha aplicado una política económica
básicamente en función del capital, especialmente el financiero. Para legitimar
esta "opción" de política, no se ha dudado en distorsionar conceptos tan
fundamentales como la estabilización económica, el cual ha sido reducido al
simple control de la inflación, cuando en realidad, este concepto se refiere al
logro del máximo nivel de producción y empleo sostenible en el tiempo; el ámbito
de la política económica se ha limitado a la simple programación fiscal que
garantice excedentes para maximizar el pago de la deuda pública y, en alterar
prioridades incluso éticas, como la supremacía del trabajo humano sobre el
capital.
Los resultados de estas políticas están a la vista; y, después de quince años de
aplicación -con especial énfasis, incapacidad y corrupción en el gobierno del
coronel Lucio Gutiérrez- las consecuencias han sido desastrosas. De esta forma,
Ecuador prácticamente no ha crecido en los últimos tres lustros, la inequidad ha
aumentado y el desempleo se ha duplicado en relación con las cifras de inicios
de los años noventa, a pesar de la masiva emigración de compatriotas ocurrida en
los últimos años.
Estas políticas han podido mantenerse en base a engaños y actitudes
antidemocráticas por parte de los beneficiarios de ellas, con total respaldo de
los organismos multilaterales, convertidos en representantes de los acreedores y
en brazos ejecutores de la política exterior de determinados países; por lo que,
además del fracaso económico, también se ha mermado la soberanía y
representatividad del sistema democrático (1).
Sin embargo, en 106 días en el Ministerio de Economía y Finanzas, se demostró no
sólo que otra agenda es posible, sino que es viable un manejo verdaderamente
soberano de la política económica -es decir, más que liberar mercados, liberar
al país de los atavismos y poderosos intereses nacionales e internacionales que
lo dominan- con una clara opción preferencial por los más pobres y débiles y
priorizando al hombre sobre el capital. Dentro de esta nueva línea de política
económica, se realizaron varias acciones y se plantearon lineamientos claves.
Entre los principales, tenemos la eliminación del FEIREP, una nueva política de
tratamiento de deuda y endeudamiento, la búsqueda de la integración regional, y
la superación definitiva del falso dilema entre lo económico y lo social.
La eliminación del FEIREP y la prioridad de lo social
La Ley de "Responsabilidad, Estabilización y Transparencia Fiscal" (LOREYTF),
aprobada en 2002, creó el Fondo de Estabilización, Inversión Social y
Productiva, y Reducción del Endeudamiento Público - FEIREP, el cual se nutría de
la participación estatal en la producción privada del petróleo a transportarse
por el nuevo oleoducto de crudos pesados (OCP) concluido en el año 2003; del 45%
del exceso de ingresos petroleros sobre los presupuestados y del superávit
presupuestario, si lo hubiere. En una situación, tal vez única en el mundo, el
70% de todos estos recursos, por ley, se destinaban a la recompra de la deuda
pública, lo que revalorizó artificialmente los bonos de la deuda ecuatoriana y
generó una utilidad enorme a los tenedores de deuda. Es decir, mientras en otros
países constituye hasta delito anticipar operaciones financieras que originen
ilegítimas ganancias de los tenedores de títulos, con el FEIREP esta práctica se
elevó al rango de ley de la República. Incomprensiblemente, sólo un 10% de esos
recursos se destinaban al desarrollo humano y, el 20% restante se destinaba a un
fondo de estabilización en el caso de caída de los precios del petróleo, así
como para emergencias nacionales. De esta forma, como el Estado recibe alrededor
de un 20% del crudo pesado transportado por el OCP, la anterior distribución
significaba que de cada cien barriles de la nueva producción petrolera,
solamente "dos" barriles iban a educación y salud del pueblo ecuatoriano.
Por otro lado, de forma también incomprensible, los recursos del FEIREP ni
siquiera entraban al presupuesto del Gobierno central y se mantenían en un
fideicomiso administrado por el Banco Central del Ecuador. Esta situación
subregistraba ingresos, lo cual a su vez incrementaba artificialmente el
déficit, y, sobre todo, se producía un subregistro del servicio de la deuda
pública. La situación era tan absurda que mientras el país ponía centenas de
millones de dólares del fideicomiso en el extranjero, rindiendo aproximadamente
2% anual, al mismo tiempo tenía que endeudarse con costos superiores al 8%
anual.
Además de lo anotado, la LOREYTF establecía -entre otras reglas macrofiscales-
un crecimiento máximo para el gasto primario de 3,5% anual en términos reales,
lo cual significaba que en el Ecuador existía techo para todo, menos para el
servicio de la deuda (2). Así pues, con esta "regla" se limitaban aspectos tan
esenciales como la inversión pública; política que no resiste ningún análisis
técnico y que tan sólo puede explicarse por la pretensión de maximizar los
recursos disponibles para el pago de deuda, así como por un fundamentalismo
ideológico que busca que cualquier inversión sea exclusivamente con capital
privado (3).
Finalmente, cabe indicar que la Ley de "Responsabilidad, Estabilización y
Transparencia Fiscal" fue impuesta por el Fondo Monetario Internacional (FMI)
como una de las condiciones para firmar un acuerdo con el gobierno de Gustavo
Noboa, acuerdo que finalmente nunca se concretó. Es decir, mientras el FMI está
supuestamente en contra de las preasignaciones presupuestarias, pues "restan
flexibilidad al manejo de las finanzas públicas", el propio Fondo impuso la
creación del FEIREP, el cual constituye probablemente la mayor preasignación
presupuestaria de toda la historia ecuatoriana. Paradójicamente, todas estas
distorsiones de la información y del manejo fiscal se producían gracias a una
ley de "transparencia" fiscal.
Luego de la caída del coronel Gutiérrez, esta situación cambió en menos de 100
días, por medio de un proyecto de ley urgente enviado al Congreso Nacional, el
cual fue aprobado prácticamente en forma unánime por los legisladores. En sus
partes más relevantes, la reforma eliminó el fideicomiso e ingresó los recursos
del FEIREP al Presupuesto General del Estado, para así lograr una mayor
transparencia en las finanzas públicas; cambió la distribución de los recursos
y, eliminó el techo de crecimiento anual para inversión pública.
Con la nueva distribución de los recursos del FEIREP, se destinó un 30% para
proyectos de inversión en salud y educación; 35% para crédito productivo o
recompra de deuda -éste último, en caso de que las condiciones de mercado sean
las convenientes para el país-; 5% para ciencia y tecnología; 5% para
mantenimiento vial, y 5% para remediación ambiental en las zonas afectadas por
la explotación petrolera (4). Cabe indicar que, contrariamente a lo que
manifestaron supuestos analistas económicos opuestos a la reforma, se mantuvo el
20% de los fondos para estabilización y emergencias. Más aún, de acuerdo a la
reforma, cualquier saldo no utilizado en los rubros mencionados, irá a alimentar
el fondo de estabilización y emergencias, por lo que la modificación a la ley
"aumenta" los ingresos del fondo, no los disminuye, y, menos aún, los elimina,
como perversamente repiten ciertos sectores.
Finalmente, gracias a los nuevos recursos para salud y educación, y a la
eliminación del techo para la inversión pública, en la reforma presupuestaria de
2006 existe un incremento del 20% en inversión pública, esto es, cerca de 300
millones de dólares, lo que dará un importante impulso a la reactivación
económica, así como al pago de la deuda social.
Política soberana de endeudamiento y manejo de la deuda pública
Uno de los principales desafíos del Ecuador es vencer la cultura de
endeudamiento que hemos adquirido a través de los años, y que nos ha llevado a
una situación de sobre-endeudamiento altamente costosa para el país. De esta
forma, la nueva política de endeudamiento estableció que el país debía utilizar
tanto ahorro interno como sea posible, y sólo endeudarse lo estrictamente
indispensable. Para ello, se redefinió la política de endeudamiento con los
organismos multilaterales y gobiernos, estableciendo que estos préstamos
externos se usarían fundamentalmente para inversiones productivas que generen
flujo de divisas para pagar deudas, mientras que los proyectos sociales se
financiarían con recursos propios. Esta línea de actuación no dejó de enojar a
algunos organismos internacionales, talvez porque existía un ministro de
Economía ecuatoriano que "rechazaba" créditos, lo cual supuestamente alteraba la
"estrategia" que tenían para el país.
Sin embargo, no habrá solución integral al problema de la deuda mientras no
se reforme la arquitectura financiera internacional. Por tanto, se buscó
redefinir el criterio de sustentabilidad del servicio de la deuda, determinar la
deuda externa ilegítima, así como promover la creación de un "tribunal
internacional de arbitraje de deuda soberana". Si bien, desde un punto netamente
financiero, la sustentabilidad del servicio de la deuda significa todo lo que un
país pueda pagar sin comprometer flujos financieros futuros, independientemente
de los niveles de bienestar al que someta a su población; un criterio de
sustentabilidad adecuadamente definido, debe considerar implicaciones de
bienestar, como por ejemplo, el servicio de deuda que permita a los países
endeudados alcanzar las Metas del Milenio.
Por otro lado, existe una deuda externa ilegítima, adquirida en situaciones
dudosas, no usada para los fines para los que fue contratada, o que ha sido
pagada varias veces. Luego de definir adecuadamente el criterio de
sustentabilidad y lo que es deuda ilegítima, un tribunal internacional, es
decir, un tercero imparcial, debería decidir la deuda a pagar, la capacidad de
pago y modo de pago de los países endeudados. Cabe indicar que en estos
momentos, no existe dicho tercero imparcial y los países endeudados tienen que
acudir al FMI, es decir, al representante de los acreedores.
Por otro lado, en tanto los países latinoamericanos deben y transfieren ingentes
cantidades de recursos al primer mundo, hecho que impide su desarrollo, al mismo
tiempo los países de la Cuenca Amazónica constituyen el pulmón del planeta,
pulmón sin el cual la vida en el planeta sencillamente se extinguiría. Sin
embargo, por ser el aire puro un bien de libre acceso, no reciben la justa
compensación por el servicio que generan. De esta forma, se buscó también
promover la creación de una agencia internacional que valore adecuadamente los
bienes ambientales generados por los países endeudados y, a su vez, que cobre el
consumo de dichos bienes a los países industrializados contaminadores (la deuda
ecológica). Con dichos fondos, se podría pagar a los acreedores de los países
endeudados generadores de medio ambiente, sin comprometer el desarrollo de
éstos, en el marco de una lógica no de caridad, sino de estricta justicia.
Disminuir dependencia y vulnerabilidad a través de la integración regional
Los países latinoamericanos no necesitarían de una condonación de deuda, sino de
una adecuada reestructuración y financiamiento de ésta. De hecho, en el caso del
Ecuador, la transferencia neta hacia los organismos internacionales es negativa,
es decir, es más lo que paga que lo que recibe de estos organismos. En
consecuencia, no se puede hablar de ayuda para el desarrollo si esta situación
continúa. El Ecuador debería comenzar a independizarse de estos organismos
internacionales, los cuales, como se mencionó anteriormente, son representantes
de paradigmas e intereses extranjeros. Más aún, los créditos multilaterales de
libre disponibilidad que sirven, especialmente, para pagar a esos mismos
organismos y al financiamiento en general, son las nuevas formas de subordinar a
nuestros países.
Los países latinoamericanos buscan permanente financiamiento y, sin embargo, la
región tiene centenas de miles de millones de dólares en reservas invertidos en
el primer mundo, hecho que constituye un verdadero absurdo. Por ello, el
recuperar esas reservas para la región, juntarlas y administrarlas adecuadamente
permitiría financiar a los países de la propia región, es decir, sería el inicio
de una gran integración financiera. Más que un imperativo económico, éste
constituye un imperativo del sentido común. Por todo lo anterior, durante los
106 días de gestión en el ministerio de Economía y Finanzas, se buscó nuevas
fuentes de financiamiento a nivel regional, principalmente con el gobierno de
Venezuela. Esta operación permitirá al país diversificar sus fuentes de
financiamiento y acceder después de 20 años a los mercados internacionales. Esta
acción, que tan sólo con Venezuela podría alcanzar los 300 millones de dólares,
hará posible una importante reestructuración de la deuda interna, de corto plazo
y altamente costosa para el país. Sin embargo, es necesario seguir
diversificando las fuentes de financiamiento para, como se mencionó
anteriormente, disminuir la dependencia de organismos multilaterales e incluso
de grupos de poder locales. Es necesario buscar países con capacidad de
financiamiento, como el caso de Brasil y China.
En esta línea de reflexión se abren también otras opciones para consolidar la
integración, como son las múltiples posibilidades de integración energética con
Venezuela y los otros países de la región. Se planteó, en este sentido, la
posibilidad de refinar crudo ecuatoriano en las refinerías venezolanas para
mejorar el rendimiento económico e, incluso, para asegurar el abastecimiento de
derivados en el mercado ecuatoriano. Así, se terminaría el absurdo de exportar
petróleo crudo e importar derivados, que le cuesta al país millones de dólares
anuales. Igualmente, se podrían auscultar propuestas de financiamiento conjunto
para la construcción de proyectos hidroeléctricos, que tanta falta le hacen al
Ecuador. Por último, hay hechos tan evidentes que su falta de atención sólo se
explica por los poderosos intereses en juego. Por ejemplo, un convenio con
PEDEVESA, la empresa pública de petróleos venezolana, que provee el 100% del gas
licuado de petróleo (GLP) que importa Ecuador, importación que en los actuales
momentos se realiza con la intermediación de una empresa privada ecuatoriana, lo
cual significa al país decenas de millones de dólares anuales inútilmente
gastados.
Inversión en capital humano y capital social
La inversión en capital humano, además de ser un fin en sí mismo (5), constituye
la mejor inversión para un crecimiento equitativo de largo plazo. Sin embargo,
Ecuador es uno de los cinco países latinoamericanos con menor inversión social
por habitante. Mientras el promedio latinoamericano se encuentra en 540 dólares
por habitante, el gasto social ecuatoriano es de 115 dólares por habitante
(UNICEF, 2003) (6). Aunque existen serios problemas de calidad en la inversión
social en Ecuador, las cifras demuestran claramente que también es un problema
de nivel de recursos. De esta forma, pretender mantener e incluso reducir el
gasto público en estos sectores, argumentando que el problema es tan solo de
calidad y no de cantidad, no resiste ningún análisis serio. Lo anterior incluye
también al tan denostado gasto corriente en sectores sociales (sueldos y
salarios, capacitación, etc.), el cual económicamente puede constituir la mejor
inversión en capital humano. Revertir la baja inversión en capital humano
implica entonces destinar más recursos para este fin, lo que implica liberar
recursos de otras áreas. Precisamente, la reforma del FEIREP apuntó en este
sentido, aunque aún falta mucho por hacer.
Sin embargo, los países exitosos no sólo han tenido un alto capital humano, sino
que también han sido sociedades motivadas, con energías intrínsecas, mirando
juntos hacia los mismos objetivos, socialmente cohesionados, etc.; un conjunto
de características que se conoce como capital social. Lamentablemente, en las
últimas décadas, el deterioro del capital social de América Latina es evidente;
un fenómeno que puede ser vinculado a la estrategia de desarrollo basada en el
individualismo de mercado y a los programas de estabilización y ajuste
estructural diseñados en función del cumplimiento de compromisos externos,
obviando los grandes compromisos nacionales y, de esta forma, rompiendo la
cohesión social.
En consecuencia, las políticas económicas deben integrar explícitamente sus
efectos sobre el capital humano y social, considerando su preservación como
elementos fundamentales para el desarrollo y, más allá de temporales y muchas
veces aparentes logros económicos (7). En este sentido, la política social debe
ser diseñada como una parte fundamental de la política económica, y no
simplemente con un criterio asistencialista y como parche de esta última. De
acuerdo con esta perspectiva, en el ministerio de Economía y Finanzas se diseñó
la creación de la Subsecretaría de Política Social, para integrar orgánicamente
las políticas económicas y sociales, y superar definitivamente el falso dilema
entre lo económico y social.
A modo de conclusión:
Hacia una nueva noción y estrategia de desarrollo
La política económica seguida por el Ecuador desde finales de los años ochenta
se ha enmarcado fielmente en el paradigma de desarrollo dominante en América
Latina, el neoliberalismo, el cual parte de que los mercados nacionales e
internacionales resuelven todas las cuestiones económicas, incluso las sociales;
con las inconsistencias propias de la corrupción, la necesidad de mantener la
subordinación económica y la exigencia de servir a la deuda externa. Felizmente,
después de un estruendoso fracaso, el ciclo neoliberal está llegando a su fin en
América Latina, como lo demuestran los procesos de Argentina, Brasil, Uruguay y
Venezuela.
De esta forma, Ecuador y Latinoamérica deben buscar no sólo una nueva estrategia
sino también una nueva noción del desarrollo, donde éste no sea simplemente
imitar modelos que sólo reflejen percepciones, experiencias e intereses de
países y grupos dominantes; donde economías tan vulnerables no se dejen
completamente sometidas a la entelequia llamada mercado; donde el Estado y la
acción colectiva recuperen su papel esencial para el desarrollo; donde se
preserven activos intangibles pero fundamentales como el capital social; y donde
las aparentes exigencias de la economía no sean excluyentes y peor aún
antagónicas del desarrollo social.
www.ecoportal.net
Bibliografía y referencias
Correa, Rafael (2004) "La Vulnerabilidad de la Economía Ecuatoriana: Hacia
una mejor política económica para la generación de empleo, reducción de la
pobreza y desigualdad". Quito: Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo.
Correa, Rafael (2005) "Informe de Labores como Ministro de Economía y
Finanzas del Ecuador". Quito. No publicado.
UNICEF (2003) "El Gasto Social en la Proforma 2004". Quito. No publicado.
Notas
(1) Un ejemplo muy claro y reciente de aquello fue el gobierno de Lucio
Gutiérrez, el cual, luego de ofrecer en campaña un cambio profundo en el manejo
económico, una vez en el poder, aplicó el programa económico e incluso utilizó a
los colaboradores del candidato Osvaldo Hurtado, el cual había obtenido apenas
algo más del 1% del voto popular.
(2) En efecto, el gasto primario es todo gasto fiscal, exceptuando intereses
y pago de capital de la deuda pública.
(3) Esto significaba que incluso si el país descubría uranio y obtenía
billones de dólares anuales, el Estado no podía, por ejemplo, construir una
simple represa hidroeléctrica, pues hubiese "violado la ley". De esta forma, la
represa debía ser construida solamente por el sector privado, y los fondos
públicos extraordinarios tenían que ser utilizados exclusivamente para pagar
deuda.
(4) Cabe indicar que el proyecto original contemplaba 40% para crédito
productivo y recompra de deuda, y 10% para fomento de la ciencia y tecnología.
El cambio en estos porcentajes e inclusión de nuevos rubros fue decidido por el
Congreso Nacional.
(5) De hecho, puede resultar hasta insultante hablar de capital humano, pues
esto implica poner al hombre como un medio de producción, cuando es el fin mismo
de la producción y de la economía en general. En consecuencia, aquí utilizaremos
este término tan solo como un recurso metodológico. (6) Dato para el año
1998-1999, en dólares de 1997.
(7) Esto ocurre, por ejemplo, cuando se habla de flexibilidad laboral en
sociedades que no tienen capacidad de generar empleo y ni siquiera tienen
subvenciones de desempleo, o cuando los salarios se convierten en la variable de
ajuste ante las crisis, mientras se destinan ingentes recursos para remunerar al
capital y compromisos externos.
Texto perteneciente al libro Asedios a lo imposible. Políticas económicas en
construcción
Editores: Alberto Acosta y Fander Falconí. Ecuador, noviembre del 2005. -
Edición para Internet: La Insignia