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La Educación Especial, su valor social y humano
Por MARISELA PÉREZ UNDAY
Los programas de la Educación Especial cubana están diseñados
para preparar a los alumnos para insertarse en la escuela ordinaria e integrarse
a la vida sociolaboral activa. Se trata en todos los casos de escuelas estatales
de un alto reconocimiento social y prioridad, que aseguran el acceso y gratuidad
para todos los alumnos con necesidades educativas especiales.
Con la política que sigue el gobierno cubano con esta enseñanza,
se logra una importante contribución para el éxito de los egresados
de este subsistema. Los resultados que se han alcanzado en su incorporación
laboral y el logro de niveles superiores de integración social dan crédito
a esta afirmación.
La concepción actual de la Educación Especial en Cuba es el resultado
directo de la experiencia de más de 35 años de ardua labor y de
la interpretación y aplicación, en las condiciones del país,
de los más renovadores y modernos enfoques internacionales en esta materia.
El hecho de poder proclamar hoy que con la aplicación de diferentes alternativas,
se garantiza la atención integral: pedagógica, psicológica,
médica y laboral a todos los niños con necesidades educativas
especiales, constituye una clara expresión de lo que puede lograrse en
un sistema social verdaderamente justo.
Antes de 1959 existían solamente 14 centros de este tipo en el país,
que atendían a alrededor de 134 niños con deficiencias intelectuales,
auditivas, visuales y trastornos del lenguaje, los cuales eran financiados por
el sector privado en su mayoría. La cantidad de maestros especializados
no rebasaba los 20.
Actualmente la cifra de escuelas especiales asciende a 427 y a ellas asisten
57 mil alumnos, lo que equivale aproximadamente a un 2 % del total de la población
infantil en edad escolar.
La cantidad de docentes que ejercen la profesión es de más de
14 mil, de los cuales el 80% posee título universitario y el resto cursa
estudios para alcanzar ese nivel.
Hay que significar que ninguno de estos centros ha cerrado sus puertas en las
difíciles y complejas circunstancias en que tiene lugar el desarrollo
de nuestro país y a pesar de lo especializado de su equipamiento y de
la base material de estudio que ellos requieren.
En Cuba se está a favor de la escuela integrada, siempre que en la misma
se garantice una real atención individual a cada niño con necesidades
educativas especiales.
Hay ocasiones en que las limitaciones de los niños son tan severas que
demandan de una educación especializada, que solo puede lograrse en instituciones
dedicadas a ese fin con personal de muy alta calificación y características
para esa actividad, y con una relación alumno-maestro muy baja.
El hecho de que los maestros trabajen con pocos alumnos facilita el establecimiento
de una estrecha relación afectiva entre estos y los maestros, condición
indispensable para la labor que realizan.
Esta enseñanza concentra sus esfuerzos en cuatro tipos principales de
funciones: prevención, tránsito, apoyo e integración.
La experiencia acumulada por Cuba en la Educación Especial sustenta la
validez del tránsito, sobre todo en las escuelas especiales para alumnos
estrábicos y ambliopes, quienes sin un tratamiento médico-pedagógico
como el que se brinda en estos centros, pudieran llegar a perder la visión;
o en las escuelas para alumnos con trastornos severos del lenguaje, donde todos
sus maestros son logopedas, así como en las escuelas para niños
con retardo en el desarrollo psíquico.
Es también valiosa la experiencia acumulada en el tránsito de
los escolares con discapacidades de tipo sensorial (ceguera, sordera) o con
limitaciones físicas y motoras de consideración.
Las funciones de apoyo de la escuela especial están muy relacionadas
con su proyección hacia todo el sistema nacional de educación
y su estrategia de trabajo de educación familiar y comunitario, constituyen,
además, una de las vertientes donde su función preventiva se pone
de manifiesto.
La introducción de tecnologías de avanzada para contribuir con
el proceso de evaluación desde las primeras edades (donde esta tarea
resulta muy complejo sobre todo por no poder apoyarse en la colaboración
de los investigados), ha representado un paso de avance para el inicio, lo más
tempranamente posible, de actuaciones educativas apropiadas.
En Cuba existe una buena experiencia de trabajo con aquellos niños imposibilitados
para asistir diariamente a la escuela por severos impedimentos físico-motores.
A estos alumnos, cuya cifra en el país asciende a 509, se consagran más
de 29 maestros ambulantes, quienes llevan a sus hogares no solo el conocimiento,
sino, y ante todo, un mensaje de solidaridad, amor y optimismo.
LOS CENTROS DE DIAGNÓSTICO Y ORIENTACIÓN
La dimensión preventiva y de intervención del diagnóstico
alcanza en el período infantil una importancia extraordinaria. En este
sentido corresponde a los equipos multidisciplinarios de los Centros de Diagnóstico
y Orientación (CDO), una particular responsabilidad: identificar las
situaciones de riesgo, anticiparse a la aparición de problemas, detectarlos
tempranamente y facilitar la intervención adecuada.
El proceso de evaluación, caracterización y diagnóstico
de los niños con necesidades educativas especiales en Cuba, es realizado
por los servicios especializados que brindan los CDO, constituidos por equipos
de seis especialistas: psicólogo, psicopedagogo, logopeda, pedagogo,
psicometrista y trabajo social. El diagnóstico es precoz y con fines
preventivos, cada vez más individualizado y personalizado.
Con la detección e intervención que se deben iniciar desde edades
tempranas, se evita el surgimiento de discapacidades o minusvalías y
se posibilita el desarrollo madurativo óptimo de las potencialidades
del niño para su futura incorporación a la escuela.