El perfeccionamiento empresarial - nuevo desafio cubano

Miguel Urbano Rodrigues
www.resistir.info

Comprender la Revolución cubana en su marcha desafiadora es cada vez más difícil. Su simple sobrevivencia en la guerra no declarada que le hace EEUU contraria la lógica aparente de la historia.
«Romper el cerco» (1), un importante libro presentado durante el último congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), ayuda a entender aspectos poco conocidos de una experiencia que se desarrolla en la isla y que confirma su papel de laboratorio de ideología.
La autora, Isabel Rauber, es una ex-guerrillera argentina, hoy residente en La Habana, cuyos libros en las áreas de la filosofía y la sociología, representan una contribución relevante para el estudio de la participación de los trabajadores y de los mecanismos que conducen a la profundización de la conciencia social.
Isabel Rauber tiene como intelectual una virtud poco común: consigue imprimir transparencia a cuestiones que en el discurso de los dirigentes políticos no son siempre de fácil asimilación.
En este libro aborda la temática compleja del llamado Perfeccionamiento empresarial en sus vertentes teórica y práctica, a través de 47 entrevistas que iluminan un amplio panel en que los trabajadores cubanos emergen como sujeto de un reto revolucionario.
Un capítulo de historia, actualísimo, es narrado por aquellos que lo están escribiendo como protagonistas. Gente con formación y tareas muy diferenciadas, desde el ministro de la industria básica, Marcos Portal, hasta el secretario general de la CTC, Pedro Ross, pasando por mineros y obreros del níquel, agricultores, sindicalistas de las plantaciones cañeras.
Isabel es una entrevistadora excepcional. Sabe situar los hechos, los problemas, las luchas, los errores y los aciertos, en los escenarios humanos y económicos en que se producen.
La exigencia del Perfeccionamiento empresarial ha sido una resultante necesaria de las dificultades del Período especial. Después de la desaparición de la URSS y los estados socialistas del Este europeo, el PIB cubano cayó, como se sabe, en cerca de 35% en cuatro años.
Para comprender el significado del Perfeccionamiento empresarial es útil recordar que la caída brutal de la economía cubana coincidió con las exigencias de la inserción de Cuba en el mercado capitalista, hegemonizado por los EEUU, la superpotencia deseosa de destruir la Revolución.
Son dirigentes históricos de ésta los que en sus entrevistas recuerdan que la alianza con la URSS, si por un lado había garantizado la continuidad de la Revolución y mercados seguros y a precios justos para las exportaciones de la isla, simultáneamente había creado situaciones negativas para un desarrollo armonioso y no dependiente de su economía a medio plazo.
¿Por qué?
Son conocidas las nefastas consecuencias del énfasis puesto en el monocultivo del azúcar. Más graves han sido a largo plazo, sin embargo, las resultantes del recurso de las tecnologías soviéticas que ya entonces eran obsoletas. Un ejemplo: en las grandes empresas del níquel –un sector en que la experiencia rusa era escasa- las tecnologías empleadas en las nuevas unidades con frecuencia fueron las de los años 40, desde luego de inspiración norteamericana, totalmente superadas.
El precio pagado por esos errores ha sido altísimo.
EL EJEMPLO DE LAS FUERZAS ARMADAS
Los entrevistados de Isabel Rauber recuerdan que el Perfeccionamiento se desarrolla en dos frentes: el de la introducción de nuevas tecnologías y métodos de organización y el de la transformación de la mentalidad y comportamientos de los trabajadores.
Todo empezó en las Fuerzas Armadas por iniciativa del general de ejército Raúl Castro, pionero del Perfeccionamiento empresarial.
Las empresas industriales de las Fuerzas Armadas eran deficitarias. Hoy todas son rentables. Era necesario demostrar que la empresa socialista puede ser tan productiva o más que la capitalista. Para lograr el objetivo fue indispensable, en primer lugar, superar prejuicios.
Como afirma Armando Pérez —uno de los principales asesores de Raúl— las tecnologías no son capitalistas ni socialistas. Son buenas o malas, convenientes o desechables. No tienen ideología.
Una de las herencias de los métodos introducidos por los soviéticos y de las tecnologías instaladas fue un sobredimensionamiento de los colectivos de trabajadores que inviabilizaba el funcionamiento rentable de las empresas. En la minería y la metalurgia del níquel y en otras industrias. El combinado minero-metalúrgico Comandante Ernesto Che Guevara, por ejemplo, tenía 5 000 trabajadores. Hoy, con 3 000, la producción y la productividad crecieron y la empresa se hizo muy rentable.
Muchos lectores, en Europa y América Latina, concluirán que, a fin de cuentas, los métodos de perfeccionamiento introducidos en Cuba, al igual que las tecnologías, hacen recordar los de las grandes empresas capitalistas de Europa, EEUU y América Latina, que justifican los despidos masivos a nombre de las exigencias de la revolución científico-técnica, la racionalidad de la nueva economía, la flexibilidad del trabajo, etc, etc.
Sería una conclusión falsa.
No ocurrieron en Cuba reformas económicas impuestas de arriba hacia abajo, no hay un solo ejemplo de aplicación del Perfeccionamiento en que ésta no haya sido precedida de un debate profundo en el cual un papel decisivo lo ha desempeñado la participación del colectivo de trabajadores. Las transferencias de trabajadores –porque el Perfeccionamiento no sería un progreso si funcionara como mecanismo generador de desempleo- han sido siempre discutidas y aprobadas por ellos en atmósfera de participación revolucionaria de los colectivos. Con la peculiaridad de que la intervención de los sindicatos en el proceso asumió una intensidad y significado que aumentaron mientras las empresas se iban transformando.
No es posible en un artículo como éste transmitir la riqueza de los debates, siempre difíciles y a veces dolorosos, en que hombres y mujeres votaban en los plenarios por cambios que con frecuencia los perjudicaban materialmente.
A las insuficiencias técnicas acumuladas se sumaban los efectos del inmovilismo de una burocracia que ignoraba los problemas, impidiendo que se extrayera de las máquinas todo lo que ellas podían proporcionar, pero no daban, por culpa de la gestión, la rutina y, también, de los trabajadores.
Dos veces visité las empresas del níquel en Moa, que me pareció, pese a sus carencias, una ciudad revolucionária, en la cual empezaba a formarse una generación diferente. Por eso mismo sé que Isabel Rauber no exagera al esbozar el cuadro que enmarcó los cambios introducidos en la Che Guevara, con los mineros y metalúrgicos metidos en el fango y el polvo, exhaustos por las noches no dormidas, trabajando duramente sin lamentarse.
Las entrevistas de «Romper el cerco» confirman la actualidad del viejo y polémico debate sobre los estímulos materiales y espirituales. El Perfeccionamiento empresarial ha demostrado las ventajas de combinar ambos armoniosamente. El realismo e idealismo revolucionarios no son incompatibles, son complementarios.
La implantación del salario móvil suscitó naturalmente resistencias iniciales, hasta que quedó claro que el salario móvil de Cuba no era el del mundo capitalista. Determinó un regreso a enseñanzas de Marx y Lenin, olvidadas en la URSS. La vieja máxima marxista (de cada uno según sus capacidades, a cada uno de acuerdo con su trabajo) es ahora realidad en las empresas donde se implantó el Perfeccionamiento, poniendo término al igualitarismo que generaba irresponsabilidad y pasividad. El salario aparece hoy relacionado con la producción, pero en una perspectiva socialista que hace del hombre el centro de la Revolución.
«Si el socialismo no se ocupa del hombre —advierte Pedro Ross— y trata de crear solamente bienes materiales, no es socialismo, porque el capitalismo creó muchos bienes materiales, pero para provecho de unos y desgracia de la gran mayoría».
Con los métodos y mecanismos antiguos no era posible empujar la Revolución hacia adelante. «Antes —todavía es Pedro Ross quien lo dice— todas las decisiones eran tomadas arriba, por tanto, discutidas arriba y después bajaban para ser aplicadas en la base. Y ahora todas las decisiones son tomadas en la base».
El movimiento sindical cubano no teme a la discusión sobre las enfermedades de las empresas y los errores de los hombres. Provoca el debate sobre las cuestiones no resueltas.
«Revolución —subraya Pedro Ross citando a Fidel— es el sentido del momento histórico, es cambiar todo lo que debe ser cambiado (...), es desafiar poderosas fuerzas dominantes, dentro y fuera del ámbito social y nacional»(...)
EL HUMANISMO CUBANO
De las aproximadamente 3 000 empresas existentes en Cuba sólo unas cien han sido reformadas y están aplicando el sistema de Perfeccionamiento empresarial que exige una gran autonomía y descentralización impensables hace pocos años.
Aparentemente es una experiencia limitada. Pero la aparencia engaña. Las empresas en cuestión son casi todas muy importantes; su peso en la economía del país es decisivo. Casi 80% de la industria básica, por ejemplo, está funcionando ya en ese sistema.
Fuera de la isla se ha escrito mucho disparate, con intención perversa, sobre el Perfeccionamiento empresarial.
Las críticas que el modelo plantea a errores cometidos son con frecuencia explotadas en una perspectiva anticomunista, sobre todo antisoviética.
En realidad, el pueblo cubano —y Fidel no se cansa de repetirlo— siente una profunda gratitud por la ayuda y solidaridad recibidas de la Unión Soviética a lo largo de casi tres décadas. Pero ese sentimiento no impide el debate creador sobre las consecuencias negativas de la aplicación en Cuba de métodos y soluciones, a veces mecánicamente trasplantados de la URSS, de tendencias y comportamientos que no se adaptaban al espíritu de la Revolución cubana y su pueblo. Según Fidel, se copió «bien lo malo y mal lo bueno»...
Antes del inicio de la perestroika esos fenómenos estaban desde luego siendo combatidos en el ámbito de la llamada Rectificación.
Para el pueblo cubano es hoy evidente que los efectos del Perfeccionamiento empresarial no se limitan al campo económico. Se manifiestan en la totalidad de la vida, a través de un cambio de las mentalidades. En Cuba la Revolución creó un estado que ofrecía mucho al pueblo en el terreno de los derechos. Tanto que, como subraya Pedro Ross, se había casi perdido el sentido de ciertos deberes.
Isabel Rauber, en su bello y lúcido libro recuerda que la Revolución no está fuera de nosotros; nace y se reproduce en cada uno de nosotros.
En una conferencia suya, a la que asistí en Porto Alegre, en el Forum Social Mundial, esta argentina internacionalista llamó la atención al hecho de que nosotros mismos, los comunistas que ambicionamos reformar y humanizar el mundo, casi no percibimos a veces que cada uno de nosotros tiene que defenderse permanentemente de la contaminación universal que resulta del funcionamiento del engrenaje de la globalización neoliberal.
Creo que Isabel está en lo cierto.
Los cubanos, precisamente porque viven en una sociedad diferente, más humanizada, comprenden que cambiar de mentalidad es un desafío colectivo y no individual. Sin prisa se esfuerzan por interiorizar la Revolución incorporándola en todos sus actos.
Isabel Rauber enuncia una realidad: la Revolución no está fuera de nosotros, y sí adentro. Nace y se reproduce en cada uno de nosotros.
[*] Escritor y periodista portugués. El original de este articulo se encuentra en el sitio web portugués http://resistir.info
Traducción: Marla Muñoz
(1) Isabel Rauber: Romper el cerco, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2001