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Cuartel Moncada: Donde imperó el crimen brotó la luz de la enseñanza
Por EVELIO TELLERÍA ALFARO
El capitán general de la isla de Cuba (gobernador) Miguel Tacón
era adicto a construir prisiones. Este militar español que había
sido derrotado por las tropas de Simón Bolívar en Surámerica
no ocultaba su odio hacia los criollos y se jactaba al decir que el mejor sitio
para los cubanos era la cárcel.
En 1837 proyectó la edificación de un presidio-cuartel en la ciudad
de Santiago de Cuba, en el oriente del país. La idea no se ejecutó
de inmediato. Fue en 1859 cuando el brigadier Carlos Vargas Machuca comenzó
a materializar el anhelo del tristemente célebre Tacón.
Con el nombre de Nuevo Presidio nació aquella fortaleza concebida para
confinar a los insurrectos cubanos. Se iniciaba entonces una larga historia
que con el decursar del tiempo convirtió a ese sitio en símbolo
de la opresión y el crimen. Era la génesis de lo que más
tarde se llamó Cuartel Moncada.
Volvamos a la historia. Tras el estallido de la Guerra de los Diez Años,
iniciada por el patriota cubano Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre
de 1868, los planes de la metrópoli española cambiaron y el recinto
pasó a ser un gran bastión con fines militares y albergar allí
a las tropas que operaban contra los independentistas cubanos.
UN NOMBRE MANCILLADO
En las mazmorras de la fortaleza sufrieron cautiverio y tortura cientos
de luchadores por la independencia de Cuba. Entre los allí confinados
estuvo el legendario general insurrecto Guillermón Moncada. La humedad
de los calabozos quebró la salud del bravo guerrero, quien al ser liberado
volvió a combatir con las armas en la mano y murió a causa de
la tuberculosis.
Con el fin de la dominación española y el cese de primera ocupación
militar yanqui en la Isla, era imperioso cambiar el nombre del fortín.
Fue el general Saturnino Lora, compañero de armas de Guillermón,
quien propuso denominarle Moncada al cuartel como homenaje al patriota cubano.
Sin embargo, tan glorioso nombre no cambió la naturaleza cruel de aquel
lugar que continuó siendo sitio de destino para los revolucionarios,
como ocurrió en 1931, con el líder antimperialista Antonio Guiteras
por su tenaz enfrentamiento a la tiranía de Gerardo Machado.
El 26 de julio de 1953, los muros que protegían al Moncada fueron testigos
de la audaz acción de una grupo de jóvenes que anunciaban al pueblo
el inicio de la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista.
Atemorizados ante el valiente gesto, los militares del régimen desataron
una orgía de sangre contra los asaltantes que cayeron heridos o prisioneros.
Desde entonces la tiranía levantó nuevas garitas, nidos de ametralladoras
y calabozos en vano intento por acallar la rebeldía del pueblo.
Con la victoria del Ejército Rebelde, el Primero de Enero de 1959, el
cuartel Moncada dejó de ser para siempre un antro de salvajismo. El pueblo
lo tomó y un año después el líder de la Revolución
Cubana, Fidel Castro, manejando un tractor derribó los muros de la temible
fortaleza que con la participación de hombres, mujeres y niños
la convirtieron en la Ciudad Escolar 26 de Julio.
Donde imperó la ignominia, surgieron las aulas, los jardines, las instalaciones
deportivas. Donde imperó el crimen, brotó la luz de la enseñanza.