13 de octubre del 2003
El bloqueo cultural a Cuba:
Un desafío a la consistencia política del gobierno alemán
Luis Suárez Salazar
La Jiribilla. La Habana
Aproximadamente 40 mil cubanos y cubanas saben leer alemán. Esa cifra es el resultado de las estrechas relaciones que existieron, desde los primeros años del triunfo de la Revolución del 1° de enero de 1959, hasta fines de 1989, entre diversas instituciones del Estado, la sociedad política y la sociedad civil de la República de Cuba con sus contrapartes de la ya extinta República Democrática Alemana. Cual componente de esos vínculos, cerca de 20 mil cubanos se formaron como obreros calificados en diversas industrias del Este de Alemania, al par que otros miles culminaron sus estudios de pre o postgrado en prestigiosas universidades de ese país.
En consecuencia, durante cerca de tres décadas los estudios del idioma alemán fueron incorporados al sistema de enseñanza de diversas instituciones docentes cubanas. Estas, al igual que otras instancias educativas y culturales, también contribuyeron a incrementar el interés en la cada vez más letrada y culta población de ese archipiélago hacia los principales logros de la cultura alemana, incluidas la cultura política, económica y ambiental, la literatura y el arte, la ciencia y la técnica.
Ese interés no se interrumpió con la caída del Muro de Berlín y con el fin de la Guerra Fría. Por el contrario, superados los adversos momentos que vivieron las relaciones oficiales inmediatamente después de la reunificación alemana, el afán por disfrutar de la cultura y por acercarse a los adelantos económicos y científico- técnicos de ese fortalecido país europeo fue incrementándose progresivamente en la sociedad cubana.
Entre otras razones, porque el derrumbe del «socialismo real europeo» y la desintegración de la Unión Soviética favoreció la apertura hacia el llamado «mundo occidental y cristiano» emprendida por el gobierno cubano, y porque la desaparición de la RDA posibilitó que diversas instituciones políticas, sociales, religiosas, medioambientales y culturales que actúan en la sociedad civil cubana interactuaran, sin las restricciones políticas previas, con sus contrapartes de la República Federal Alemana.
A pesar de la negativa e hipócrita política hacia la mayor de las Antillas desplegada hasta 1998 por el canciller Helmut Kohl, tales interacciones fueron estimuladas por la manera «desideologizada» o solidaria, según el caso, con que las autoridades de diferentes estados del este y del oeste de Alemania (entre ellos, las de Brandeburgo y Bremen), y un creciente número de instituciones, ciudadanos, ciudadanas, profesionales e intelectuales de ese país comenzaron a acercarse a las experiencias de la Revolución, así como a diversas facetas de la política, la economía, la sociedad, la ecología, las relaciones internacionales y la cultura cubanas.
En la última década del siglo XX y, sobre todo, en lo trascurrido del siglo XXI el auge de esas interacciones reciprocas quedó demostrado, entre otras evidencias, en las diferentes actividades de promoción de la cultura y el idioma alemán emprendidas por la Cátedra Alexander Humboldt de la Universidad de La Habana (fundada en 1990), en el constante incremento del número de turistas alemanes que visitan el archipiélago cubano y en los fecundos intercambios existentes entre diversas organizaciones y fundaciones no gubernamentales alemanas (entre ellas, la Friedrich Ebert y la Heinrich Böll) con diversas organizaciones sociales, políticas, culturales, religiosas y científico- técnicas cubanas; tanto gubernamentales, como no gubernamentales.
También en la participación de diversas firmas privadas alemanas y de la poderosa Confederación Alemana de la Industria (BDI) en las variadas exposiciones técnicas y comerciales que se realizan en la capital cubana, al igual que en la destacada presencia en un Pabellón de la Feria Internacional del Libro de Frankfurt en las sucesivas ediciones de la Feria Internacional del Libro de La Habana (FILH). Asimismo, en las múltiples acciones en el terreno cultural, económico y de la cooperación científico-técnica emprendidas, en el último lustro, por la Embajada de la República Federal Alemana en la capital cubana.
Sobre todo después de la importante vista oficial realizada a Alemania en marzo del 2000 (en ocasión de la Feria Industrial de Hannover) por el vicepresidente cubano Carlos Lage Dávila y de las sucesivas visitas realizadas a La Habana en mayo del 2000 y en julio del 2001 por la ministra de Cooperación Económica y Desarrollo y por el ministro de Economía y Tecnología de Alemania, Heidemarie Wieczorek-Zeul y Werner Muller, respectivamente.
Ambos, siguiendo lo planteado previamente por el ministro de Asuntos Exteriores, Joseph Fischer, resaltaron que -a pesar de las diferencias de enfoques persistentes entre ambos gobiernos en el tema de los derechos humanos- el canciller Gerhard Schroeder había optado por llevar adelante una política de «cooperación y no de confrontación» con las autoridades de La Habana ya que su objetivo era lograr en ese país -en palabras de Wieczorek-Zeul- «un cambio a través del desarrollo».
Tal concepto se expresó, entre otras acciones, en el apoyo otorgado por el gobierno alemán al Programa Nacional de Lucha Contra la Desertificación y la Sequía en Cuba, en la reestructuración de los pagos de la deuda externa previamente adquirida por Cuba con la desaparecida RDA, en el incremento de los créditos dirigidos a favorecer las exportaciones alemanas hacia la Isla, así como en el modesto ascenso de algunos de los fondos destinados a la llamada Ayuda Oficial al Desarrollo.
Igualmente, en el pregonado «respaldo incondicional» del Gobierno alemán al eventual ingreso de Cuba al Tratado de Lomé y a su sucedáneo el Tratado de Cotonou que mantiene la Unión Europea (UE) con sus 71 ex colonias de la llamada zona ACP (África-Caribe- Pacífico). Tal respaldo se reiteró durante la visita de trabajo realizada a Alemania por el vicepresidente cubano Carlos Lage en ocasión de la declaración de Cuba como huésped de honor de la Bolsa Internacional de Turismo de Berlín, efectuada en marzo del 2002.
En esa ocasión, el Vicepresidente cubano sostuvo entrevistas (calificadas de respetuosas y fructíferas) con los Ministros alemanes de Economía; de Cooperación Económica y Desarrollo, del Interior, y de Investigación y Educación. También con el presidente del Parlamento Federal (Bundestag), Wolfgang Thierse, y con los empresarios y banqueros alemanes agrupados en la Confederación Alemana de la Industria (BDI).
Como parte del auge que venían adquiriendo esos intercambios oficiales y no oficiales también comenzó a negociarse, por primera vez en la historia de las relaciones bilaterales, un Convenio Cultural entre los gobiernos de Alemania y de la República de Cuba, y la eventual apertura en La Habana de una filial del afamado Instituto Internacional Goethe.
Sin duda, la suscripción de ese convenio -junto a otras acciones en el campo económico, social, ambiental y científico-técnico en curso- hubieran incrementado la influencia de la cultura alemana en la población de la mayor de las Antillas y potenciado los plurales intercambios alemanes con la intelectualidad y con otros sectores y organizaciones profesionales que actúan en la sociedad civil cubana.
Lo antes dicho contribuye a explicar al unísono la satisfacción con que muchos escritores, escritoras, artistas e intelectuales cubanos y cubanas recibimos, en febrero del 2003, la confirmación de que Alemania será el país invitado a la XIII FILH que se realizará entre el 5 y el 15 de febrero del 2004. Y el desencanto con que, a fines de agosto del presente año, conocimos que el gobierno de la coalición socialdemócrata-verde había tomado la decisión de suspender su respaldo económico y político a los editores alemanes que se están preparando para participar, con todos los honores que les corresponden, en esa fiesta del libro cubano e internacional.
Nuestro desencanto fue mayor porque con esa decisión y con la consiguientes cancelación de las negociaciones para firmar el Convenio cultural antes referido, el gobierno alemán se incorporó al bloqueo cultural contra Cuba que, con la ostensible satisfacción de los círculos de poder estadounidenses, han venido impulsando los gobiernos más reaccionarios de la Unión Europea, y en particular los gobiernos de España e Italia.
También porque esas decisiones afectaron las interacciones con Cuba de diversas fundaciones y organizaciones gubernamentales y no gubernamentales alemanas y desdibujaron en amplios sectores de la opinión pública cubana (y de la izquierda latinoamericana y caribeña) la buena imagen que el gobierno de la coalición socialdemócrata- verde había adquirido como resultado de su distanciamiento de las posiciones proclives al bloqueo estadounidense contra la Isla asumidas por sus antecesores del CDU y de su oposición -junto a otros gobiernos europeos y latinoamericanos- a la brutal e inmoral agresión angloestadounidense contra el pueblo iraquí.
Asimismo, porque el anuncio del gobierno alemán de suspender su respaldo a la XIII FILH y de cancelar las negociaciones del Convenido cultural con Cuba no fue una decisión aislada. Por el contrario, fue fruto de su anuencia con la resolución anticubana aprobada en el pasado mes de abril, bajo la presión del gobierno de Estados Unidos, en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, así como con la cascada de declaraciones y resoluciones contra Cuba difundidas por diferentes órganos de la Unión Europea (UE) desde el 25 de marzo hasta la actualidad (ver recuadro).
Todos esos acuerdos se han adoptado tomando como pretexto las severas y supuestamente «arbitrarias» sanciones impuestas por los tribunales competentes cubanos contra 75 personas acusadas de participar en actividades contra la soberanía y la autodeterminación nacional de Cuba ostensiblemente estimuladas, organizadas y financiadas por el gobierno de Estados Unidos. También aduciendo la oposición de los gobiernos europeos a la pena capital «aplicada sin cumplir las normas mínimas establecidas» por las autoridades competentes de la mayor de las Antillas contra tres secuestradores de decenas de personas (incluidas mujeres, niños y algunos turistas europeos) que viajaban en una embarcación naval cubana que usualmente hace su recorrido en las aguas interiores de la Bahía de La Habana.
Entre las resoluciones de la UE antes mencionadas vale la pena destacar las adoptadas el 5 de junio del presente año. Estas comprometieron a los gobiernos europeos y por consiguiente al gobierno alemán a limitar las visitas a Cuba o a Alemania de delegaciones gubernamentales de alto nivel, a reducir la participación alemana en las actividades culturales que se realicen en Cuba, así como a invitar a los mal llamados «disidentes cubanos» a las actividades diplomáticas vinculadas con sus correspondientes fiestas nacionales y que sean organizadas en sus Embajadas en La Habana.
Tales acuerdos fueron ratificados el 21 de julio por el Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores de la UE. Este -además de reiterar sus condenas a las presuntas violaciones de los derechos humanos en Cuba y de ratificar la ambivalente Posición Común hacia la Isla adoptada desde 1996 a propuesta del gobierno español- decidió mantener lo que denominaron un «compromiso constructivo» con Cuba.
Según su letra, ese compromiso se traduciría en la continuación de su «diálogo político» con las autoridades de ese archipiélago con vistas a lograr «resultados tangibles, particularmente en el ámbito político, económico y de los derechos civiles». Entre ellos, la cacareada «transición del sistema político cubano hacia una democracia pluralista», «el respeto de los derechos humanos» y el impulso de una «apertura y reforma económica» que contribuya a mejorar «el nivel de vida de la población» y al «desarrollo sostenible en Cuba».
Sin discutir los impactos negativos que han tenido en el nivel de vida y en el desarrollo sostenible de diferentes países del mundo (incluso de Europa central y oriental, así como en la repúblicas otrora integrantes de la URSS) las «reformas políticas y económicas» recetadas por la UE y sin desconocer las contradicciones que respecto a la política hacia Cuba existen entre los quince gobiernos integrantes de la UE, las afirmaciones de su Consejo de Ministros me colocan en una de las tantas sinrazones de la posición oficial europea y, en particular, en una de las tantas inconsistencias de la posición oficial alemana con relación a ese país.
¿A quién podrán convencer los gobiernos europeos concernidos que las declaraciones y las medidas adoptadas por los órganos de la UE en los últimos meses constituyen una expresión de su «compromiso constructivo» con el gobierno y con el pueblo cubanos? En esa lógica, ¿a quién podrá convencer el gobierno alemán de que con la suspensión de su apoyo a la XIII FILH, la cancelación de las negociaciones del Convenio Cultural con Cuba y su eventual invitación, a las actividades del próximo 3 de octubre y a otras actividades de su Embajada en La Habana, a un puñado de personas convictas de actuar como asalariados del gobierno de los Estados Unidos, contribuyen al «diálogo político», a «promover el respeto de los derechos humanos», a mejorar «el nivel de vida de la población» de la isla, así como «al desarrollo sostenible» del archipiélago cubano?
Sin generalizar mis propias opiniones y desde una posición de respeto hacia las consideraciones ajenas, creo que a muy pocas personas. Al menos, a muy pocos de las decenas de miles de escritores, escritoras, artistas e intelectuales cubanos y cubanas que tenemos suficiente información sobre los problemas del mundo y suficiente cultura política para aquilatar el carácter absolutamente discriminatorio de las decisiones de la UE y del Gobierno alemán que venimos comentando.
Basta recordar que sobre el único país de América Latina y el Caribe sobre el que la UE se ha decidido a elaborar una Posición Común ha sido con relación a Cuba. Y que ese consenso lo definió en 1996 y lo actualizó en el 2003 bajo la presión del gobierno de los Estados Unidos y a instancias de los gobiernos de España e Italia; ambos gobernados por fuerzas políticas derechistas adversas, al menos teóricamente, con los propósitos reformadores de los partidos socialdemócratas y verdes que hoy gobiernan en Alemania, pero que están en la oposición en la mayor parte de los quince países de Europa occidental signatarios de esas resoluciones anticubanas.
Tampoco podemos olvidar que el llamado gobierno de centroizquierda alemán (al igual que los demás gobiernos integrantes de la UE) mantiene acuerdos bilaterales de cooperación económica, científico- técnica y cultural con diferentes países latinoamericanos que, a diferencia de Cuba, tienen despreciables historiales en materia del cumplimiento de todos los derechos humanos (incluidos los derechos civiles y políticos), cuales son los casos de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay.
Como parte de esos convenios las autoridades alemanas han respaldado la celebración de Ferias del Libro, impulsado diversas acciones culturales e instalado o financiado filiales del Instituto Goethe en varias ciudades de América Latina y el Caribe (como Brasilia, Buenos Aires, Caracas, Guadalajara, La Paz, México, Montevideo, Río de Janeiro, Salvador -Bahía, San José de Costa Rica, Santiago de Chile y Sao Paolo), cuyos habitantes no gozan de todos los derechos humanos (económicos, sociales, culturales, civiles y políticos) de que disfruta la absoluta mayoría de la población cubana.
Adicionalmente y sin ánimo de ser exhaustivo, la incorporación del actual gobierno alemán al bloqueo cultural contra Cuba está lastrada por otras tres inconsistencias. La primera, es que constituye un viraje radical (al menos momentáneo) en la exitosa política de «cooperación y no confrontación» con Cuba hasta hace poco sostenida por el canciller Gerhard Schroeder y por su ministro de Asuntos Exteriores, Joschka Fischer.
Ese viraje le otorga credibilidad a las recientes acusaciones de que ese prestigioso dirigente «verde» (en aras de congraciarse con sus homólogos estadounidense, británico, italiano y español, así como de borrar sus recientes discrepancias con relación a la guerra de Iraq) no solo había respaldado las resoluciones de la UE ya mencionadas, sino que también había permitido que algunas publicaciones electrónicas de la dependencia a su cargo difundieran «propaganda negra» dirigida a desestimular los viajes de turistas alemanes al archipiélago cubano.
Válida o no esa última denuncia, lo cierto es que una segunda inconsistencia de las decisiones oficiales alemanas en su incapacidad intrínseca para producir los «cambios a través del desarrollo» proclamados durante su mencionada visita a Cuba por la ministra de Cooperación Económica y Desarrollo Heidemarie Wieczorek-Zeul. Al revés, la vía de las presiones y agresiones económicas, políticas, culturales e incluso militares lejos de alejar al liderazgo y al pueblo cubanos de su proyecto nacional, social e ideológico-cultural, la más de las veces lo que ha logrado es acentuar las aristas menos pluralistas, dinámicas y más centralistas de la peculiar democracia socialista que se construye en Cuba.
Como oportunamente hemos insistido diversos escritores, escritoras, intelectuales y científicos cubanos y cubanas es muy difícil construir la democracia participativa, representativa, incluyente, tolerante y pluralista que deseamos en medio de un país sitiado por poderosos y agresivos enemigos externos que -según evidencia la larga historia de las confrontaciones entre la Revolución cubana, los Estados Unidos y sus principales aliados- no persiguen una Revolución cubana más o menos reformada, más o menos democrática, sino una Revolución cubana brutalmente derrotada.
Ese violento retorno al pasado prerrevolucionario es lo que demandan los sectores revanchistas y reaccionarios de la mal llamada diáspora cubana y la mayor parte de los «disidentes» por los que ahora aboga la UE y el gobierno alemán. Entre ellos, algunos y algunas que, de manera oportunista, ahora se proclaman como «socialdemócratas», «reformistas» o interesados en los «cambios pacíficos» del régimen cubano.
En tercer lugar, es evidente que el gobierno de centroizquierda alemán -al igual que otros gobiernos europeos donde actualmente participan fuerzas socialdemócratas- se suma al bloqueo contra Cuba en momentos que esa política de presiones y agresiones está cada vez más aislada en la comunidad internacional y en el propio sistema político estadounidense.
Basta mencionar las recientes enmiendas aprobadas por la Cámara de Representantes de ese país solicitando, otra vez, la eliminación de aquellas disposiciones de las leyes del bloqueo (dentro de ellas las llamadas Enmienda Torricelli y la Ley Helms-Burton), o de la Casa Blanca que prohíben o limitan sobremanera los viajes de los ciudadanos estadounidenses a Cuba, el desarrollo del comercio de alimentos y medicinas, al igual que los llamados intercambios «pueblo a pueblo» entre Cuba y los Estados Unidos en las esferas deportivas, culturales, docentes, educativas y científico-técnicas.
De hecho, puede afirmarse que si todas esas decisiones legislativas y ejecutivas aún se mantienen vigentes es por el poder de veto que conservan en el Capitolio los sectores neoconservadores (algunos neofascistas) que llegaron al gobierno de los Estados Unidos luego del fraude electoral en el estado de La Florida y del virtual «golpe blanco» pro republicano perpetrado a fines del año 2000 por los integrantes de la Corte Suprema de los Estados Unidos.
Tan minoritario fue entonces el apoyo popular al actual presidente George W. Bush (recuerden que su opositor Albert Gore lo superó por más de 100 000 votos) que -a pesar del respaldo nacional que le depararon los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 y las batallas iniciales de la mal llamada «guerra contra el terrorismo de alcance global»- los artífices de su campaña electoral ya han comenzado a expresar sus preocupaciones respecto a sus posibilidades de reelegirse en el cargo a fines del 2004 en razón de la caída en picada que registra la popularidad del presidente en lo transcurrido del presente año.
Otros analistas ponen en duda que, aún el caso de que lograra su reelección, el actual mandatario estadounidense conserve suficientes fuerzas políticas en el Capitolio y en la opinión pública doméstica para mantener la reaccionaria estrategia de seguridad imperial que hasta ahora ha venido desplegando en todo el mundo y, en especial, para sostener el respaldo político y financiero a sus múltiples acciones expresamente dirigidas a derrocar (roll back) al gobierno revolucionario cubano.
En esos escenarios pudiera ocurrir que, al final, la UE, incluido el gobierno de centroizquierda alemán, cargue con el desprestigio de haber respaldado una estrategia contra Cuba que, por su demostrada ineficacia y sus altos costos para la economía, la sociedad y la diplomacia estadounidense, resulte cuestionada y eventualmente modificada por la acción mancomunada de diversas fuerzas de ese país, incluidos algunos sectores conservadores que influyen en el «establishment» de la política exterior y de seguridad de Estados Unidos.
En lo personal creo que es prematuro definir lo que ocurrirá en Estados Unidos en los próximos meses y en particular antes, durante e inmediatamente después de los comicios de fines del próximo año. Pero de lo que estoy seguro es que la XIII Feria Internacional del Libro de La Habana va a resultar un éxito. Aspiro y espero que, en febrero próximo, acudan a esa fiesta cultural importantes editores, intelectuales y escritores de Alemania y de otras partes del mundo. Sobre todo, los interesados en ver y vivir el espectáculo de una de las pocas Ferias del Libro del mundo (incluidas la Feria del Libro de Frankfurt), donde cientos de miles de lectores visitan sus instalaciones para informarse u obtener a precios subsidiados por el Estado las novedades bibliográficas cubanas y de otras latitudes.
Ese espectáculo, que desde hace dos años se extiende a otras importantes ciudades cubanas (incluidas las cabeceras de todos las provincias y del Municipio Especial de la Isla de la Juventud), no será opacado por la irrazonable conducta del gobierno alemán. Tal vez, como muchas veces sucede en Cuba, ocurra lo contrario y que una mayor cantidad de ciudadanos cubanos y cubanas, así como de colegas, amigos y amigas de diferentes latitudes (incluidos alemanes y alemanas) acudan a esta edición de la FILH simplemente para protestar contra la conducta oficial alemana y para demostrarle a todos los representantes de la llamada «Europa del gran capital» la vigencia que conserva en Cuba lo planteado hace muchos años por el Apóstol de nuestra Independencia: ¡Ser cultos es el único modo de ser libres!.
Pronunciamientos anticubanos realizados por diferentes órganos de la Unión Europea entre 25 de marzo y el 21 de julio del 2003.
25 de marzo
La Presidencia de la UE protestó por las condenas impuestas por los tribunales cubanos a 75 personas sindicadas de actuar como «mercenarios al servicio del gobierno de los Estados Unidos».
14 y 18 de abril.
A propuesta de la Canciller española, el Consejo de Relaciones Exteriores de la UE emitió sendas declaraciones en las que amenazaban al gobierno de Cuba con disminuir los planes orientados a la cooperación para el desarrollo si no se modificaban las sanciones impuestas a los ciudadanos cubanos antes mencionados. También criticó la decisión de las autoridades cubanas de aplicar la pena capital a tres de los secuestradores de decenas de personas que viajaban a bordo de una embarcación que regularmente cumple viajes en la Bahía de La Habana.
30 de abril
El Colegio de Comisarios de la Comisión Europea decidió posponer indefinidamente la consideración de la solicitud de Cuba para ingresar al Convenio de Cotonou. En respuesta, el Gobierno cubano decidió por segunda vez retirar dicha solicitud, que -según las autoridades de la Isla- solo había sido presentada «ante la insistencia unánime del Grupo de Países de África, Caribe y Pacífico (ACP)».
5 de junio
El Consejo de Relaciones Exteriores de la UE emite una declaración en la que lamenta que las autoridades cubanas hayan quebrantado la moratoria que existía a la aplicación de la pena de muerte, hace un llamamiento a las autoridades cubanas para que pongan en libertad o «eviten el sufrimiento inútil» de los 75 «opositores políticos» sancionados por los tribunales cubanos e informa de las sanciones que ha aplicado al gobierno de esa isla: Limitar las visitas gubernamentales bilaterales de alto nivel entre Cuba y los quince países integrantes de la UE; reducir el nivel de la participación de los Estados miembros de la UE en acontecimientos culturales que se efectúen en Cuba e invitar a los llamados «disidentes cubanos» a las celebraciones de las fiestas nacionales de los quince países integrantes de la UE, También anuncia que -en virtud de los elementos antes señalado- adelantara el análisis de la Posición Común de la Unión Europea sobre Cuba prevista para fines del presente año.
19 y 20 de junio
El Consejo Europeo deploró y rechazó totalmente las duras críticas de las autoridades cubanas hacia las decisiones de los Estados Miembros antes referidas. También deploró las respuestas del gobierno de Cuba a los ataques de que ha sido víctima por parte de los gobiernos de los Estados que ingresarán a la Unión Europea a partir del año 2004.
15 de julio
El Comité Político y de Seguridad (COPS) de la UE, manifestó que sus integrantes «estarían dispuestos a incentivar el refuerzo de la cooperación al desarrollo de la UE en Cuba» siempre que sus acciones promuevan la transición del sistema político cubano «hacia una democracia pluralista», «garanticen los derechos humanos», mejoren «las condiciones de vida de la población cubana y promuevan un crecimiento económico sostenible».
21 de julio
Los Ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea (UE) aprobaron su Reevaluación de la Posición Común hacia Cuba de 1996. En ese documento se condenan las presuntas violaciones de los derechos humanos ocurridas en Cuba desde comienzo del presente año. A la vez, deciden mantener lo que denominaron el «compromiso constructivo» y el «diálogo político» con la isla. Sin embargo, endosan todas las declaraciones anteriores y los acuerdos del 5 de junio. En el ámbito de la llamada «cooperación para el desarrollo» se advierte que los fondos de la UE solo serán canalizados a través de instituciones gubernamentales cubanas «si se garantiza un beneficio directo de la población o una contribución significativa a la apertura y reforma económica en Cuba»; conceptos que cinco días más tarde son fuertemente rechazados públicamente por el presidente cubano Fidel Castro Ruz.
Fuente: Elaborado por el autor de este artículo a partir de informaciones de AFP, IPS y del Centro de Estudios Europeos de La Habana, Cuba.