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20 de octubre del 2003
Disidencia cubana: negocio y doble juego del Camaján
Carlos Fazio
CubaDebate
Antes del triunfo de la revolución, en los aciagos días de la
dictadura batistiana, la imaginación popular acuñó un término
para designar el proceder de los políticos oportunistas y corruptos:
camaján, adjetivo que en su sentido peyorativo aparece definido en el
diccionario de cubanismos del escritor Argelio Santiesteban como vividor. Es
decir, una persona taimada, sin escrúpulos, falta de ética, amoral,
que trata de sacarle el mayor placer a la vida con un mínimo de trabajo
y sacrificio.
Con la victoria armada de los barbudos de la Sierra Maestra y el inicio de la
fase de construcción del socialismo en Cuba, el camaján político
se convirtió pronto en una especie en extinción. Sin embargo,
a comienzos de los años 80, la administración Reagan, necesitada
de fabricar una oposición interna en la isla similar a los contras en
la guerra de desestabilización contra el gobierno sandinista de Nicaragua,
comenzó a reclutar individuos oportunistas, frustrados, resentidos y
descontentos con el objetivo de utilizarlos en sus planes subversivos, desestabilizadores
y contrarrevolucionarios.
En 1983, la Directiva de Seguridad Nacional No. 77 del gobierno de Ronald Reagan,
más conocida como Proyecto Democracia, definió como una de sus
prioridades "desarrollar presiones públicas contra Cuba". Esa directriz
incluyó la creación de una quinta columna al interior de la isla,
como complemento de las acciones clandestinas de la Agencia Central de Inteligencia
(CIA), las políticas de bloqueo y estrangulamiento económico,
las agresiones armadas y las acciones terroristas desde el exterior, y las emisiones
propagandísticas ilegales de miles de horas semanales de radio y televisión
Martí (emisoras oficiales del gobierno de Estados Unidos), en las que
se instruía a la población cubana sobre las más variadas
formas de sabotaje económico, se incitaba a actos de desobediencia civil,
al abstencionismo político y se exhortaba al robo, al delito y a la subversión.
Uno de los elementos clave de esa estrategia de desgaste de la Revolución
pasó a ser la llamada "asistencia humanitaria", manera eufemística
de designar la canalización de fondos federales de distintas dependencias
de Estados Unidos para financiar la fabricación de una "disidencia interna".
O de otra forma, la organización, orientación y capacitación
de grupos mercenarios por los agentes de la Sección de Intereses de Estados
Unidos en La Habana (SINA).
El Proyecto Democracia dispuso además el suministro de una infraestructura
operativa para uso de su clientela cubana de "disidentes", que incluyó
radios de onda corta, equipos electrónicos (computadoras, fax), grabadoras,
cámaras fotográficas, material impreso (libros, revistas, folletos)
con propaganda contrarrevolucionaria, y dinero para financiar "sindicatos" favorables
a Estados Unidos.
Los criterios para recibir pagos y subvenciones de Estados Unidos pasaba por
un claro compromiso a favor de un "cambio de régimen" en la isla. Los
candidatos debían manifestarse a favor de la "transición" de Cuba
hacia el "libre mercado" y una "democracia" bajo la tutela estadounidense. A
cambio, Washington garantizaba promoción a los interesados y gratificaciones
mediante giras, conferencias pagadas y "premios" internacionales. Y por supuesto,
dinero. Remuneraciones con fondos económicos salido del bolsillo de los
contribuyentes norteamericanos, suministrados por los servicios especiales,
los sucesivos jefes de la SINA en la isla o a través de una serie de
fundaciones con membretes "humanitarios", con sede en Estados Unidos, utilizadas
como "tapadera" o "pantalla" por el Fondo Nacional para la Democracia (NED,
por sus siglas en inglés) y la Agencia Internacional para el Desarrollo
(USAID), como parte de su Programa sobre Cuba.
En la jerga de la "comunidad de inteligencia" y del Departamento de Estado norteamericano,
actividades como las desarrolladas con nativos cubanos por el jefe de la Sección
de Intereses de EU en La Habana, James Cason y sus antecesores, son designadas
"de alcance". Esa política encubierta destinada a la promoción
de un mercenarismo asalariado para la desestabilización interna, hizo
que en poco tiempo floreciera en la isla una lucrativa industria de la contrarrevolución.
La "disidencia" se convirtió no en una cualidad política, sino
en un oficio y un modo de vida fácil para un puñado de vividores.
Y reapareció la fauna de los camajanes políticos. Gente sin valores
patrióticos, sin ideales sociales y humanos. De vida parasitaria. De
mentalidad anexionista, colaboracionista con el enemigo.
Intrigantes de palabrería barata y hueca, que repiten consignas y mentiras
que le suministran sus responsables desde usinas ideológicas ubicadas
en el exterior y que por su oficio de difamar y provocar reciben un cheque de
una potencia extranjera y son elevados por los medios masivos bajo control monopólico
a la categoría de "luchadores por la libertad", "líderes opositores"
o "disidentes".
El libro El Camaján aborda el caso de uno de esos especímenes
redivivos: el de Elizardo Sánchez Santa Cruz- Pacheco, por algún
tiempo número uno de la "disidencia" fabricada por el imperio como "alternativa
flexible" a la intolerancia terrorista de la mafia cubano- estadounidense de
Miami agrupada en torno de la Fundación Nacional Cubano- Americana del
extinto Jorge Mas Canosa.
Con fotos y documentos proporcionados por la Seguridad del Estado -con la que
colaboró Elizardo Sánchez desde 1997 hasta los sucesos de marzo
de este año- , los autores exhiben los entretelones de una "disidencia"
asumida como oficio y gran negocio.
Un negocio del que participan también, como "socios capitalistas", el
Ministerio de Asuntos Exteriores de España, a través de la Agencia
Española de Cooperación y el Reino de Noruega.
La portada del libro exhibe a un camaleón posado sobre varios billetes
de 100 dólares, en implícita alusión al poder mimético
y la capacidad de cambiar de colores y posiciones de este singular camaján,
que con la ayuda de sus patrocinadores en Washington y una buena dosis de audacia
calculada logró forjarse una imagen de "líder humanitario". Y
que después, en base a un análisis de costo- beneficio no exento
de riesgos, llegó a convertirse incluso en el "agente Juana" al servicio
de la Dirección Nacional de la Contrainteligencia cubana.
Según cuentan Rodríguez y Barredo en su obra, cuando en 1997 Elizardo
Sánchez pidió establecer un canal de comunicación con la
Contrainteligencia cubana provocó algunas conjeturas y no pocas aprehensiones.
Los expertos del contraespionaje evaluaron que la insólita postura del
"líder disidente" podía responder a indicaciones de los servicios
especiales del enemigo, utilizando un modus operandi similar al empleado por
su amigo Vaclav Havel ante los antiguos servicios de inteligencia checoslovacos.
No obstante esos peligrosos antecedentes, decidieron" darle cordel". Es decir,
aceptaron su "colaboración", el "doble juego" propuesto por Sánchez.
Y como parte de ese "juego operativo" se llegó incluso a otorgarle la
medalla por Servicios Distinguidos del Ministerio del Interior de Cuba.
Cuando el 18 de agosto pasado Arleen Rodríguez y Lázaro Barredo
"destaparon" al camaján Sánchez ante la opinión pública
cubana, su trabajo de periodismo urgente y de combate fue puesto bajo la lupa
"objetiva" del periodismo llamado "moderno" con su delirio de la neutralidad.
En particular, el periodismo de orientación monocorde ejercido por las
agencias transnacionales de noticias, que operan como un vasto sistema de apoyo
a las políticas de penetración y desestabilización de Estados
Unidos y sus aliados y refuerza la ideología dominante.
Aquí en México, un diario tituló la noticia: "Líder
disidente cubano sería agente de Castro". Y en el sumario de la información,
decía: "En el libro El Camaján, dos periodistas próximos
al gobierno identifican a Elizardo Sánchez, uno de los más importantes
líderes disidentes de Cuba, como un agente secreto de Fidel Castro que
ha proporcionado 'valiosa' información. El acusado negó las imputaciones".
Por su parte, La Jornada presentó la noticia con un titular que señalaba:
"Acusan al disidente Elizardo Sánchez de 'colaborar' con el Estado cubano".
Y en el primer párrafo de la nota informativa elaborada con despachos
de las agencias AFP, Reuters y PL, señalaba: "El veterano disidente cubano
Elizardo Sánchez Santacruz mantuvo durante seis años un doble
juego político entre la oposición y la Seguridad del Estado en
provecho personal, según denuncia contenida en un libro presentado este
lunes por dos periodistas del oficialismo".
Un día después, en una nota informativa que daba seguimiento al
caso, La Jornada recogió las declaraciones del portavoz del Departamento
de Estado estadounidense, Richard Boucher, quien calificó la revelación
de Rodríguez y Barredo como "una maniobra del gobierno cubano". En declaraciones
formuladas en Washington y divulgadas por las agencias de noticias, el funcionario
estadounidense afirmó: "Es un folleto escrito por periodistas del gobierno".
En su cuarto párrafo la nota consignaba: "El libro escrito por periodistas
que trabajan en una radio del gobierno tiene 67 páginas, de las cuales
la mitad son fotografías..."
Ante las revelaciones que lo exhibían en su "doble juego", Elizardo Sánchez
aceptó haber "dialogado con funcionarios cubanos", pero negó haber
sido condecorado por sus servicios de espía, como sugiere el pie de foto
de una imagen reproducida en el libro. Al respecto, declaró que el funcionario
cubano le estaba colocando "una pluma en el bolsillo de la camisa". El Nuevo
Herald de Miami publicó una foto de Sánchez negando la versión
y también la secuencia de la supuesta condecoración, "que el líder
disidente sostiene que no es una medalla sino que le retiraban un bolígrafo".
El 11 de septiembre siguiente, los autores de El Camaján defendieron
la veracidad de los contenidos del libro ante la prensa acreditada en Cuba.
Para ello exhibieron una videocinta en la que aparece Elizardo Sánchez
en el momento en que es condecorado por un oficial de la Seguridad cubana.
"En la grabación de unos diez minutos, realizada el 28 de octubre de
1998 (y presentada ayer por los autores del libro) ? consigna el corresponsal
César González- Calero en un diario mexicano? , Sánchez
se muestra tranquilo, charlando con un agente al que le comenta su deseo de
aumentar su influencia 'en esos círculos de opositores, de disidentes'
(...)En otra secuencia, el coronel (...) destaca su apoyo para detectar a tres
agentes de la CIA, y al final le impone una medalla 'en reconocimiento a los
valiosos servicios prestados en el enfrentamiento a nuestro mayor enemigo, el
imperialismo yanqui'. Sánchez contesta: 'Gracias, compañeros,
estoy consciente...' Acto seguido, un abrazo".
En un despacho desde La Habana sobre el mismo hecho, la agencia británica
Reuters consigna que en la videocinta "se ve claramente a un ufano Elizardo
Sánchez cantando el himno cubano, junto con las agentes de seguridad,
y escuchando atentamente el texto de la distinción otorgada en reconocimiento
a su 'servicio distinguido' por la División de Enfrentamiento a la Contrarrevolución
del Ministerio del Interior (...) también se ve con claridad cómo
el coronel le impone una medalla".
Ante las nuevas y contundentes evidencias sobre su "doble juego" Sánchez
terminó reconociendo que en los últimos seis años sostuvo
"una veintena" de reuniones con la contrainteligencia cubana. Asimismo, y "después
de negar durante un mes que hubiera sido condecorado", admitió haber
recibido una medalla, desistiéndose de la versión del bolígrafo;
se justificó con un "(ellos) le ponen medallas a todo el mundo". Reveló,
de paso, que "seis cancillerías (cuatro europeas y dos americanas) estaban
al tanto de sus contactos con el gobierno".
He querido consignar estos datos porque fueron agencias noticiosas occidentales
y algunos periódicos insospechados de pro- cubanos los que pusieron en
evidencia el "doble juego" de Elizardo Sánchez, "número uno" de
la llamada disidencia cubana hasta que irrumpió el plan de recambio de
Washington, el Proyecto Varela, que impulsa como nuevo capo de la "disidencia"
a Oswaldo Payá.
Porque vale la pena dejarlo consignado: Elizardo Sánchez es sólo
uno de esta fauna de vividores prohijados por el imperio. A través de
documentos reproducidos en el libro aparecen otras figuritas conocidas de la
llamada "disidencia" interna y sus manejadores del exterior. Por ejemplo, Gustavo
Arcos, Oswaldo Payá, Vladimiro Roca, así como el agente de la
CIA radicado en Madrid, Carlos Alberto Montaner y su mentor, el estadounidense
Frank Calzón.
Fue precisamente el "liberal" Montaner, quien en una carta fechada en la capital
española del 29 de julio de 1991 giró las instrucciones para montar
una estructura para la subversión interna, la llamada Plataforma Democrática,
que habría de adoptar un discurso político moderado, incluso "nacionalista",
como vehículo hacia un "tránsito pacífico" al capitalismo.
En esa misiva, Montaner señala a Elizardo Sánchez y su competencia
la necesidad de que cada uno asuma una determinada "identidad" (como fachada)
? ya sea de "liberales", "democristianos" o "socialdemócratas"? , por
conveniencia de "razones financieras", vinculada con el potencial suministro
de fondos de esas internacionales ideológicas y fundaciones ubicadas
en algunos "centros de poder" que tienen relación directa con Cuba: Washington,
Moscú, Madrid, Caracas, México.
Asimismo, y en relación con la "conexión europea", sobresale el
papel jugado en la trama subversiva en la isla por la España de José
María Aznar, cuya canciller, Ana Palacios, ve en individuos como Elizardo
Sánchez y Oswaldo Payá a "los hombres del futuro" de Cuba. Distintos
documentos del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, reproducidos
en el libro, exhiben los nexos de Aznar con sus "ahijados" en la isla, los montos
de su financiamiento "humanitario" a través de la Agencia Española
de Cooperación Internacional, así como el celo del perrito faldero
de Bush en Irak en ayudar a Estados Unidos a fabricar una oposición interna
en Cuba.
En un documento confidencial, Elizardo Sánchez se refiere a España
como el "referente europeo" del proyecto de "transición" monitoreado
por Estados Unidos.
Es bueno dejar constancia, aquí en San Lázaro, sede de uno de
los brazos del Poder Legislativo de México, la prolífica relación
establecida por el "agente Juana" con algunos políticos mexicanos. El
primer contacto público de Elizardo Sánchez fue con el entonces
senador independiente Adolfo Aguilar Zinser, actual representante de México
ante el Consejo de Seguridad de la ONU y verdadero camaján a la mexicana.
Ocurrió el 1º. de noviembre de 1999. Sánchez y Aguilar se encontraron
en el Hotel Nacional de La Habana, cuando el segundo participaba en la Tercera
Reunión Interparlamentaria México- Cuba. A uno de esos encuentros
Aguilar Zinser logró arrastrar a los legisladores del Partido Acción
Nacional, Luis H. Alvarez y José Antonio Herrán Cabrera.
Luego vendría la publicitada reunión de Sánchez con la
entonces canciller de México, Rosario Green, el 14 de noviembre de ese
año, en el marco de la IX Cumbre Iberoamericana celebrada en La Habana.
En 4 febrero de 2002, la foto donde aparecen el presidente Vicente Fox, con
Elizardo Sánchez sentado a su derecha y Oswaldo Payá a la izquierda,
daría la vuelta al mundo. El mercenarismo asalariado al servicio de Washington
vivía sus días de gloria. Ese encuentro, promovido por el ex canciller
Jorge Castañeda, marcaría el inicio de las conflictivas relaciones
México- Cuba que perduran hasta nuestros días, que incluiría
como parte de la diplomacia bilateral el "comes y te vas" de Fox a Fidel Castro
en la Cumbre de Monterrey, seguido del voto de México en Ginebra sobre
Derechos Humanos, condenatorio de Cuba, calificado por las autoridades de La
Habana como un voto "hipócrita", producto de una "doble moral". Resulta
lógico suponer que en su condición de agente doble, Elizardo Sánchez
debe haber suministrado "información valiosa" a la Seguridad cubana y
a la CIA sobre sus interlocutores mexicanos.
Sobre topos y destapes
Me quiero detener ahora en otro punto que guarda relación directa con
el supuesto "equilibrio objetivo" de los medios masivos en el momento de advertir
implícitamente a sus lectores que Arleen Rodríguez y Lázaro
Barredo son "dos periodistas del régimen" u "oficialistas".
Es evidente que se trata de dos periodistas de larga trayectoria en Cuba, conocidos
por toda la población y muy visibles dado que ambos participan de manera
asidua como panelistas en la Mesa Redonda de la Televisión Cubana. Ambos
han trabajado en Juventud Rebelde y otros medios cubanos; los dos han sido o
son diputados. Son, pues, figuras públicas.
Tampoco hay duda que ambos están participando de manera activa en la
defensa patriótica de Cuba frente a la agresión de una nación
extranjera ? erigida hoy de manera agresiva y expansionista en la única
superpotencia militar mundial? que libra una guerra abierta y encubierta que
dura ya 44 años. Eso es lo que a menudo se soslaya.
Debemos recalcarlo. Estamos ante la intervención de un país, Estados
Unidos, que utiliza y paga a los nativos de otro (Cuba) para derrocar a sus
gobernantes porque el sistema político que han elegido es distinto, a
pesar de que cuenta con un Estado de derecho, una Constitución, leyes
y reglas propias y tiene reconocimiento de la comunidad internacional como nación
soberana.
Asistimos a una guerra abierta y encubierta de un país, Estados Unidos,
que no se considera obligado a actuar de acuerdo con las normas internacionales;
que se considera exento de las obligaciones estipuladas en la Carta de la ONU
o en el Tribunal Penal Internacional y que con frecuencia hace uso unilateral
del poder militar para "defender" sus intereses vitales, que incluyen "asegurar
el acceso sin obstáculos a mercados clave, aprovisionamiento de energía
y recursos estratégicos" y, desde luego, todo lo que Washington pueda
decidir que está dentro de su "jurisdicción interna".
Un "autoproclamado Estado violento y fuera de la ley", según Noam Chosmky.
Es decir, un verdadero "Estado canalla".
Es frente a ese Estado canalla que opera al margen de la ley que el gobierno
de Cuba se defiende en su propio territorio y juzga a mercenarios y terroristas
asalariados de Washington de acuerdo con sus leyes o "destapa" a un agente disfrazado
de doble espía. Eso lo haría cualquier gobierno de un país
agredido por otro.
Cuba no violó ningún principio jurídico, ninguna norma
internacional, no hizo nada que afectase la paz del mundo ni que dañase
el interés legitimo de nadie. Sólo ejerció la obligación
irrenunciable a defenderse y lo hizo sin recurrir a la guerra y a la violencia.
Cuba se defiende de quien la agrede y socava su soberanía organizando,
dirigiendo y financiando a grupos de traidores mientras intensifica contra ella
una guerra económica implacable y amenaza con destruirla.
Pero además, a menudo se olvida que desde el siglo XVIII los ojos de
los "padres fundadores" de Estados Unidos tienen los ojos puestos en Cuba como
parte de un proyecto de dominación para el Caribe y Centroamérica;
proyecto revitalizado el siglo XIX con "la política de la fruta madura"
y la Doctrina Monroe (1823). De Jefferson a Adams, pasando después por
la Enmienda Platt y el corolario Roosevelt a la doctrina Monroe de 1904, la
necesidad de poseer Cuba es el tema más antiguo de la política
exterior estadounidense.
A comienzos del siglo XX, Washington le arrebató a Cuba su independencia
de España y la convirtió en un "satélite" de Estados Unidos.
Una virtual colonia que derivó luego, hasta el triunfo de la revolución
en 1959, en un paraíso de gánsteres, mafiosos y narcotraficantes
y prostíbulo de turistas estadounidenses.
Desde el gobierno de Eisenhower a Bush hijo, pasando por una decena de sucesivas
administraciones en la Casa Blanca, el problema con Cuba no tiene nada que ver
con la democracia y los derechos humanos. El problema es que desde 1959 Cuba
se salió de la esfera de control de Washington; rompió con la
dependencia estructural, desafió la hegemonía estadounidense y
se convirtió en un mal ejemplo para la región y el mundo.
Como dijo Arthur Schlesinger en un informe recientemente desclasificado, el
problema de Cuba es "la difusión de la idea de Castro de hacer las cosas
por uno mismo". "Esa es la amenaza que plantea Castro", dice a su vez Chomsky:
un "virus" que podría infectar a otros. Washington necesita en Cuba un
gobierno subordinado, dócil; una "democracia" de arriba hacia abajo,
bajo control imperial.
También son públicos los intentos para asesinar a Fidel Castro
así como el uso de armamento químico y biológico contra
la isla por parte de Estados Unidos. Desde la Operación Mangosta, en
1961- 62, cuando la CIA esparció químicos en los cañaverales
de azúcar, pasando por la introducción de la fiebre porcina en
1971 y la operación encubierta que generó una epidemia de dengue
hemorrágico de los años ochenta.
Moral y jurídicamente Cuba es una nación liberada que tiene la
potestad y la obligación de recurrir a la legítima defensa contra
la acción intervencionista de gobiernos enemigos y la actividad de nativos
anexionistas y apátridas que buscan desestabilizarla y subvertir el orden
interno.
Las legislaciones de casi todos los países del mundo contienen disposiciones
que tipifican esas actividades como "traición a la patria". Aquellos
nacionales que participan en acciones de ese tipo como funcionarios a sueldo
de una potencia extranjera son acreedores de sanciones penales. A modo de ejemplo,
el apartado 18 de la sección 951 del Código de Estados Unidos
establece respecto a actividades "de alcance" como las que realiza James Cason
entre su clientela de disidentes en Cuba, que "cualquiera que dentro de Estados
Unidos acepte trabajar bajo la dirección o el control de un gobierno
o funcionario extranjero podrá ser sometido a procedimiento penal y una
condena de diez años de cárcel".
Por otra parte, nadie puede dudar sobre la intencionalidad de este libro. Fue
publicado por la Editora Política del Partido Comunista de Cuba y contiene
fotos, documentos e información suministrada por la Seguridad del Estado.
El camaján está destinado a desenmascarar y "quemar" a un agente
imperial que bajo cobertura "humanitaria" cobra en la nómina de la SINA
estadounidense y cuya tarea es poner en práctica los objetivos de la
intervencionista y extraterritorial ley Helms- Burton según los criterios
de la USAID y bajo la dirección de los sucesivos jefes de la SINA en
La Habana.
Existe una larga tradición de "destapes" de ese tipo por la contrainteligencia
cubana. A manera de ejemplo puedo citar el libro Pasaporte 11333. Ocho años
con la CIA, de Manuel Hevia Cosculluela, editado en 1978; la serie de videos
La guerra de la CIA contra Cuba, de los años 80 y más recientemente
el libro de Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez, "Los disidentes", otra
expresión del periodismo de urgencia realizado en base a entrevistas
con 12 agentes de la Seguridad del Estado que estuvieron infiltrados durante
años en los grupos mercenarios desbaratados en los sucesos de marzo de
2003, que involucran de manera directa al diplomático estadounidense
James Cason en actividades subversivas en la isla.
Al respecto, en Las guerras secretas de la CIA, el periodista estadounidense
Bob Woodward define el término contrainteligencia como la"actividad destinada
a neutralizar, desbaratar u obtener provecho de las actividades de los servicios
de inteligencia de un país extranjero, incluida la penetración
en un servicio extranjero a través de un 'topo' o agente que informa
sobre tal servicio o sobre los agentes hostiles que éste emplea".
Eso es lo que ha venido haciendo la contrainteligencia cubana como parte de
sus actividades de legítima defensa en la guerra abierta y encubierta
impulsada por Estados Unidos: infiltrar con topos los servicios especiales del
enemigo y sus círculos aúlicos, y "destapar" sus actividades subversivas
cuando lo cree conveniente.
Cuba ha podido anotarse esos éxitos debido a un proceso y un liderazgo
revolucionarios que destruyeron el viejo aparato estatal y edificaron una sofisticada
organización de seguridad de la patria para neutralizar a los terroristas
y saboteadores utilizados por Washington. Cuenta además con unas fuerzas
armadas profesionales y estrechamente vinculadas con las masas populares capaces
de defender a Cuba de una invasión frontal de Estados Unidos.
Las luchas populares victoriosas y los procesos revolucionarios no son perfectos.
Como dijo Fernando Martínez Heredia a propósito de los sucesos
de marzo en la isla, "las revoluciones son angustiosas batallas por el futuro
de la humanidad que se libran en un punto del mundo y que tienen el deber de
defenderse; no son asépticos laboratorios ni vitrinas que inciten al
que las mira a consumir socialismo".
El sociólogo estadounidense James Petras ha dicho que "el papel de los
intelectuales consiste en clarificar las cuestiones más importantes y
definir las amenazas a la paz, a la justicia social, a la independencia nacional
y a la libertad en cada periodo histórico, así como en identificar
y apoyar a los defensores de los mismos principios".
En ese sentido, los intelectuales y también los dirigentes políticos
tienen la responsabilidad de distinguir entre las medidas defensivas tomadas
por países y pueblos sometidos al ataque imperial y los métodos
ofensivos del imperialismo yanqui con su actual campaña de "guerras preventivas",
expansionistas y neocoloniales. Como dice Petras, "el establecimiento de equivalencias
morales entre la violencia y la represión de los países imperiales
conquistadores y los países del Tercer Mundo sometidos a los ataques
militares y terroristas, es el colmo de la doblez y de la hipocresía".
No hay duda que la guerra de Washington contra Cuba continúa. Y que en
la desordenada etapa postIrak, con la muerte por goteo de soldados estadounidenses
provocada por la guerra de guerrillas de la resistencia iraquí y la caída
en la popularidad del presidente de Estados Unidos en un año preelectoral,
la isla podría ser el próximo objetivo de los militaristas totalitarios
que rodean a Bush.
El matarife Bush necesita reelegirse y una vez más puede buscar generar
una crisis externa; invadir Cuba puede resultar una salida de emergencia en
el juego político interno de Estados Unidos. Bush necesita el voto de
la extrema derecha cubano- estadounidense de la Florida. Por eso se ha echado
a andar, de nuevo, la maquinaria de mentiras del Pentágono y la CIA.
El paralelismo entre Irak y Cuba establecido por el secretario adjunto para
el Control de Armas y Seguridad Internacional, John Bolton, en mayo de 2002,
sigue el mismo guión propagandístico del bio- terrorismo. A saber:
identificación del país- diana con armas de destrucción
masiva y la supuesta amenaza del terror biológico; petición de
cambio de régimen; creación de una fuerza contra interna y selección
de exiliados para formar gobiernos provisionales; control estadounidense de
esos gobiernos durante el período de "transición"; arrogación
del poder de determinar cuándo un gobierno es democrático, y rectificación
de las estructuras económicas en el país- diana para conformarlo
según las directivas del "libre mercado".
Al igual que ocurrió en Irak, el argumento de las armas biológicas
es falso; es una burda campaña de "desinformación" típica
de la guerra fría. No obstante, los expertos en trucos sucios de Washington
siguen insistiendo en el esquema. Las patrañas de Bolton, repetidas luego
por Dan Fisk y Otto Reich, fueron retomadas a comienzos de este mes por el subsecretario
de Estado para el Hemisferio Occidental, Roger Noriega, durante su comparecencia
ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos.
El viernes pasado, fue el propio Bush en persona quien desde los jardines de
la Casa Blanca reiteró de manera arrogante y agresiva su intención
de derrocar a Fidel Castro. Fiel a la histeria y el fanatismo de sus antecesores
en la Oficina Oval, el misionero Bush nombró a los secretarios de Estado,
Colin Powell y de Vivienda, Mel Martínez, como co- presidentes de una
Comisión de Ayuda a una Cuba Libre, para que "planifiquen la transición"
en la isla.
Sin duda, de prosperar, tomará la forma de una nueva "intervención
humanitaria". Aunque, en realidad, como dice Arleen Rodríguez, "Bush
quiere devolver a la isla al mundo de los camajanes; esa es la 'Cuba libre'
que promete Bush".
La decisión de las autoridades cubanas de destruir a las organizaciones
disidentes instrumentalizadas por Estados Unidos coloca a la isla como el primer
país que de manera abierta se rebela a las doctrinas post 11 de septiembre
de Bush. El libro El Camaján se inscribe en esa lucha asimétrica
de un pequeño país que se defiende de una superpotencia agresiva
y expansionista. La obra de Arleen Rodríguez y Lázaro Barredo
es otra pequeña escaramuza en esa guerra desigual para que Cuba siga
siendo libre.
Palacio Legislativo de San Lázaro, México, D.F., 15 de octubre
de 2003