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20 de octubre del 2003
Historia de dos embajadas
Pascual Serrano
Rebelión
El pasado 12 de octubre pudimos observar dos modos opuestos de entender la función
de una embajada. En La Habana se celebran dos recepciones diplomáticas,
una en la embajada argentina, otra en la embajada española. En la primera,
el embajador argentino, acompañado de su ministro de Exteriores, Rafael
Bielsa, recibe a una delegación del gobierno cubano, entre los que se
encuentran el vicepresidente Carlos Lage; el ministro de Exteriores, Felipe
Pérez Roque; el presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón y el
presidente del Banco Central de Cuba, Francisco Soberón. Ambos países
firmaban acuerdos de cooperación bilateral que supondrán la ejecución
de 15 proyectos financiados por el Fondo Argentino de Cooperación Horizontal,
un acuerdo de cooperación interministerial que establece un mecanismo
de diálogo y consultas políticas entre ambos ministerios, un convenio
de cooperación cultural y un acuerdo de cooperación para el intercambio
de información y asesoría técnica en materia de documentación
y archivos históricos entre ambos ministerios de relaciones exteriores.
También se sentaron las bases para próximo encuentros.
Simultáneamente, a dos manzanas de distancia, unos doscientos metros,
la embajada española celebraba una recepción para celebrar la
fiesta de la Hispanidad en la que invitaba a los líderes de la disidencia
cubana y a sus esposas. Como es razonable, no asistía ningún representante
del gobierno cubano.
Es evidente que el encuentro en la embajada argentina responde a los intereses
de los ciudadanos de ese país que ven cómo su gobierno establece
acuerdos de económicos y de cooperación con otro gobierno, razón
para la que se crean las embajadas y las delegaciones diplomáticas, para
estrechar relaciones y formalizar convenios. En cambio, la reunión de
la embajada española supone una violación del espíritu
de las relaciones diplomáticas. Se aprovecha la confianza y la hospitalidad
de un país que acoge una delegación diplomática estable
para conspirar y apoyar a personas que promueven la desestabilización
y el derrocamiento del gobierno de ese país. Por otro lado, no supone
ningún beneficio para los ciudadanos españoles acciones de ese
tipo, los presupuestos destinados al mantenimiento de embajadas y consulados
en países extranjeros tienen como objetivo trabajar conjuntamente con
ese país, mantener unas buenas relaciones y asistir a los ciudadanos
españoles en el extranjero.
Ninguna de esas funciones, más bien las contrarias, eran las que se desarrollaban
en la embajada española en La Habana.
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