9 de octubre del 2003

Cuba: Lacayos y Señores del Imperio recrudecen sus ataques

Jesús García Blanca kefet@telepolis.com

La creación literaria -especialmente en lengua española- no atraviesa precisamente uno de sus mejores momentos. Corren malos tiempos para la épica. Cuesta encontrar un buen libro, una historia de esas que nos remueven las entrañas y tocan el corazón; de esas que nos transportan a otro mundo sin dejar de ayudarnos a comprender éste. En fin, uno de esos libros que uno desearía no haber leído para poder leerlos nuevamente por primera vez.

Es posible que el problema lo tenga yo, que me haya vuelto demasiado exigente con el tiempo, pero el caso es que -dejando aparte algunas revisiones habituales y un par de autores penínsulares (Vila-Matas, Rivas)- sólo he topado en muchos meses con dos libros de verdad: La niña que amaba las cerillas , de Soucy, y Océano mar, de Barico.

Sin embargo, más aún que la esterilidad creativa o la mediocridad intelectual, lo que no soporto es la pobreza moral que enloda el panorama literario: "lo peor del canon literario español contemporáneo es que está anclado en el poder, ya que se basa en escritores no leídos pero a los que se ha convertido en los reyes del mambo".

I. Del lado de los Lacayos

Esta situación, que desborda ampliamente con las correspondientes excepciones de rigor el canon español, viene siendo hábilmente instrumentalizada por los círculos concéntricos del Poder y sus atalayas de Falsimedia.

Para entrar de lleno en el asunto, pondré un ejemplo algo brutal: "Castro no se moverá pero la opinión sobre el régimen cubano sí que se mueve. Al fin. Nunca Cabrera Infante, Zoe Valdes y tantos otros, tan solos siempre, se han sentido tan acompañados. Sólo falta el Nobel". Lo que sigue es un intento fugaz de ridiculización de las relaciones de García Márquez con Castro.

Hasta en una breve columnita casi perdida como ésta se pueden rastrear las perversiones; aquí, al menos dos: primera: "sólo falta el Nobel", es decir: "el Nobel está sólo" (ni una palabra sobre la posición de Benedetti, Roa Bastos y cientos de intelectuales de aquí y de allá); segunda: la redacción del texto sitúa en un plano de igualdad a García Márquez, a Cabrera Infante, a Zoe Valdes y a "tantos otros".

Puesto que esto no es un análisis literario, no voy a profundizar en el abismo creativo que separa a Gabo de los mencionados, pero sí creo conveniente reflexionar un poco en torno a estos nombres propios por lo que simbolizan.

Cabrera Infante

A Cabrera Infante lo leí en los tiempos en que Seix Barral exportó el "Boom" a la península. Siempre lo consideré una especie de figura exótica en nada comparable a un José Donoso, un Onetti o un Cortázar, ni siquiera sus crónicas cinematográficas -firmadas con el significativo seudónimo de Caín - llegaron a interesarme demasiado.

Pero claro, se lo encuentra uno años después apoyándose en las descuidadas palabras de Saramago, para dar rienda suelta a un desmedido y enfermizo afán por el insulto: "Castro es el perfecto sujeto para Stone, es decir, el criminal nato"; y peor aún, ridiculizando a los manifestantes anti- chapapote y arremetiendo contra los pacifistas: "Castro es para Hussein el padre de la madre de todas las batallas. Es decir, su abuelo en guerra. ¡Cómo no iba a desear yo la desaparición del tirano de Bagdad! Muchos en España, cuando se acabó el tema de las manchas de fuel, entraban en un tema aún más sucio".

Zoe Valdés

En su justificación de la invasión-matanza de Iraq, Cabrera Infante coincide plenamente con la otra autora casualmente mencionada por Palomo: algo así como el reverso en el espejo de la ignominia de Arundhati Roy: Zoe Valdés, con la vitrina llena de trofeos imperiales: la ciudadanía española, el premio Fernando Lara, las llaves de la ciudad de Miami, un hueco en las tribunas de Falsimedia, y un sitio en las patéticas manifestaciones probelicistas. Sólo le falta calzarse el mono de piloto como Bruce Willis y entretener a la tropa invasora recitándoles poemas "censurados por el régimen castrista" en las arenas de Mesopotamia.

Me atrevo a considerar a la Valdés como el paradigma del literato traidor, mediocre y triunfador al servicio del Imperio. Ahí la tienen: no sólo en los medios del Grupo Prisa tan magnifica como crudamente diseccionados hace muy poco por nuestro redactor de internacional, sino en las atalayas del mundillo cultural del Reino. Su problema es que le brotan ideas tan absolutamente impresentables que ella misma se avergüenza de tenerlas y termina enhebrando un cúmulo de frases sin sentido cuyo único propósito parece ser cubrir la cuota que le corresponde como lacayo del Imperio.

Tomemos como muestra su último -iba a decir artículo: ¡lo que son los automatismos!- su último intento de juntar palabras: comienza tratando de despistar con cuatro obviedades que considera de moda sobre la violencia de género alterando además el fondo de la noticia ya que lo que se ha pretendido desde ciertos sectores no es disculpar a Bertrand Cantat por su militancia antiglobalización, sino justamente lo contrario: enfangar al movimiento antiglobalización por las acciones de Cantat; continúa la Valdés arremetiendo contra Fernando Pérez y Manu Chao al tiempo que coloca en su correspondiente pedestal al Alejandro Sanz relanzado desde Miami.

Y remata con Iraq. Y con Bin Laden; y con "el conflicto palestino- israelí"; porque el batiburrillo mental de la Valdés es como mínimo tan catastrófico como el de mis alumnos de la ESO -que ya es decir.

Pero lo peor no es el galimatías mental de la flamante premio Fernando Lara, sino su galimatías moral. "Nunca estuve a favor de la guerra", escribe en ese párrafo sin pies ni cabeza. No han transcurrido ni seis meses desde que justificara la invasión de Iraq en otro frangollo publicado por El Mundo: "Creo que las manifestaciones de la gente en la calle, que también pueden ser consideradas guerreristas, como las imágenes que he visto en la TVE Internacional de los manifestantes agrediendo a la gente en la calle, creo que esas manifestaciones son producto de la desinformación, y son manifestaciones de guerra, no de paz". A esta declaración de principios sigue -sin venir a cuento- la correspondiente ración de propaganda -su "horrenda experiencia personal con la censura"- enlaza a Cuba, Saddam y Hitler, y remata: "es como decir que es mejor Hitler que una guerra". Eso sí, ella es "pacifista" y "detesta profundamente la guerra".

II. Del lado de los Señores

Creo que, a quienes nos batimos en esta guerra global contra el Imperio, el recrudecimiento de los ataques contra la revolución cubana debe preocuparnos seriamente pero también tranquilizarnos y esperanzarnos. Me explico.

No cabe duda que estamos asistiendo a una andanada mediática que precede y prepara primero, para acompañar y complementar después, otras andanadas en campos muy diferentes que van desde las manifestaciones en Miami (y en Madrid) coreando aquel inquietante "hoy Bagdad, mañana La Habana", pasando por las declaraciones e informes oficiales de diferentes elementos del gobierno y las instituciones de Estados Unidos acusando a Cuba de tener un programa de armas biológicas o dar cobijo al terrorismo internacional, por las provocaciones y agresiones de los señores-lacayos de la Unión Europea, por el recrudecimiento de la estrategia multiforme de desestabilización por parte de Estados Unidos... hasta la nada casual visita de Aznar a Florida.

Si se hace este recorrido con paciencia y rigor, se entenderá con Pascual Serrano que Cuba está en la mira.

La consigna del Proyecto Varela

Desde tiempo inmemorial, el eufemismo que actúa como coartada contra la revolución es la Democracia. Pero los tiempos han cambiado. En el estadio actual de las relaciones de poder en el planeta, la Democracia se ha configurado abiertamente como una estrategia de dominio imperial -especialmente en el contexto de la Guerra Mundial contra el Terrorismo declarada por Bush tras el 11-s.

Sin cambiar un ápice el objetivo fundamental, Estados Unidos mantiene su política de agresión abierta contra Cuba enarbolando el mismo eufemismo; sólo que el eufemismo quiere decir ahora mucho más... y efectivamente, el nido de buitres de la negra Casa Blanca se propone mucho más.

La forma más acabada -desde el punto de vista propagandístico y para consumo rápido de Falsimedia- de ese eufemismo, es el Proyecto Varela, idea "creada, auspiciada y financiada desde el exterior de cuba" en la que Oswaldo Payá "aparece como un instrumento sólo para presentarla en el interior de la Isla".

La consigna viene siendo repetida una y otra vez por los órganos de expresión de la Fundación Cubano Americana y demás grupos "disidentes", y por supuesto por los conglomerados de empresas con intereses compartidos con los capitales norteamericanos. Hace unos meses, la traductora de José Martí, decía en una "Carta abierta al Director de El País": "Da la sensación de que El País está manejado por los mismos capitales que apoyan la agresividad militar de Estados Unidos, pero que no pueden enfrentar brutalmente a la opinión pública, unánimemente indignada por el ataque reciente a Iraq, y de que pretende prepararnos suavemente, subliminalmente, a la idea de que ya es hora de barrer con el gobierno cubano".

El "Cuba libre" de Havel -publicado en El País el pasado 18 de septiembre y por otros diarios de tirada provincial unos días después -como el recién creado Granada Hoy, del Grupo Joly- planteaba, entre alusiones a la monserga del Proyecto Varela, grandes dosis de cinismo barato y lenguaje de Barrio Sésamo, la creación de un "Fondo democrático cubano" por parte de la UE, "listo para ser empleado inmediatamente en caso de cambios políticos en la isla". Más claro, agua.

Aznar, el último lacayo

Y por último (hasta el momento) el viaje de Aznar.

Mientras el tercer hombre (de las Azores) se pasea por el Estado de Jeff Bush -si hay alguien con más cara de "estúpido hombre blanco" que George, ese es su hermano Jeff- recibiendo homenajes, recogiendo premios - hombre del año- y degustando delicias en recepciones oficiales, ha ido desgranando el discurso que tenía mandado.

Esto es: primero, Castro se "autobloquea" -de la misma forma que Saddam se autobombardeó-; segundo: "el gobierno español quiere para Cuba lo mismo que para España y el resto del mundo: democracia y prosperidad" -es decir, lo mismo que para Iraq: la entrada en dos engranajes fundamentales para el Imperio: la manipulación y el Mercado Libre; y tercero: fondos -¿públicos?- para la "disidencia" -o lo que es lo mismo, para los responsables de atentados mortales e intentos de asesinato de Fidel Castro.

Como se ve, la huida hacia delante de Aznar se acelera hasta proporciones inenarrables. El cinismo se ha convertido en su única relación con el mundo. Ahora culpa a los veinte millones de "hispanos en EEUU" de su cheque en blanco a Bush. Y como traca final de declaraciones floridas condenó "la represión contra gente que defiende derechos tan inalienables como la libertad de expresión (hablaba de Cuba no de Egunkaria) y asociación (hablaba de Cuba, no de Batasuna)" y rechazó expresamente la pena de muerte (hablaba de Cuba, no de Estados Unidos).

Final con esperanza

Pero decía que debíamos sentir también tranquilidad y esperanza. Creo que tanta saña sólo puede tener en sus raíces un miedo atroz. Que debemos hacer una lectura optimista, como la del propio Castro: "Ni Europa ni Estados Unidos dirán la última palabra sobre los destinos de la humanidad".
Publicado en Cadizrebelde, 72.