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25 de julio del 2003
El camino del 26
Oscar Gràcia
La Haine
Cuba, 1953. Un país dominado por el gobierno de un déspota títere
de los Estados Unidos soportaba la represión , tortura y muerte de la
resistencia contra la dictadura.
En La Habana, un grupo de universitarios y militantes de movimientos izquierdistas
traspasaban desde hacía unos años la línea que separaba
el espacio de la teoría hacia la puesta en práctica de las ideas.
Convencidos que el camino hacia la libertad pasaba por el del sacrificio, la
lucha y la solidaridad, conspiraron durante meses cómo convertir los
deseos de unos pocos locos sin recursos ni formación militar, en la fuerza
que arrasara el sistema explotador y asesino que convenía al país
más poderoso de la Tierra.
Ridículo, absurdo, suicida. El plan llevaba siempre a esas palabras a
quién lo escuchaba: Aprovechando las borracheras del carnaval de Santiago
de Cuba, un puñado de hombres llegados desde La Habana con ese pretexto
prepararían el asalto del segundo cuartel más importante de la
isla, el Moncada. Para ello contaban con la 'importante' ayuda de escopetas
de caza, alguna pistola y uniformes del ejército de Batista que les permitieran
entrar en la madriguera del lobo donde cientos de soldados profesionales plantearían
sin duda dura resistencia. El ideólogo de ese plan, Fidel Castro, participaría
en el enfrentamiento dentro del primer grupo de asaltantes.
El objetivo de ese ataque era apropiarse rápidamente del arsenal del
cuartel y repartirlo entre la población santiaguera para convertirse
así en la chispa que hiciera explotar las toneladas de explosivo de indignación
popular acumuladas durante tanto tiempo. Como no podía ser de otra forma,
el casi imposible triunfo se convirtió efectivamente en imposible un
26 de Julio. Todos los conspiradores fueron presos, muchos torturados cruel
y fríamente y algunos de ellos muertos salvajemente.
La necesidad de legitimación internacional del régimen proestadounidense
hizo que mantuviera una máscara de comportamiento que permitió
que los hermanos Castro y otros valientes combatientes salvaran la vida hasta
que fueron amnistiados con el desprecio y subestimación que el poderoso
siempre tiene hacia el débil. El ejemplo y reconocimiento de una acción
tan valiente y altruista hacia el bien de la mayoría, hizo que cuando
algunos de esos tozudos, y otros nuevos, volvieron para plantar cara al régimen
en las montañas de Sierra Maestra, contaran con el apoyo de muchos luchadores
que morían y mataban por una Cuba en la que los valores de ese día
fueran cotidianos.
Tortura a detenidos, represión a la disidencia política, capitalismo
salvaje al servicio de la oligarquía local, manifestaciones ilegales
castigadas con impunidad por matones uniformados, aparente invulnerabilidad
del sistema...Todo esto suena extrañamente familiar, mismas imágenes
repetidas hasta el cansancio una y otra vez, el mismo juego con distintos jugadores
y pequeños cambios en las reglas y formas, pero al final lo bastante
comunes como para que reconozcamos las formas de actuar del mismo estado al
servicio de la minoría explotadora que lo dirije.
Como entonces, jóvenes se juegan hoy la vida pasando a la acción
directa y siendo consecuentes con su pensamiento en contra de este mundo mercantilizado
y a favor de las personas libres en un mundo libre, igualitario y justo. Como
entonces son perseguidos, torturados, dejados caer desde puentes , hostigados
en centros sociales liberados del sistema capitalista o simplemente asesinados
en calles de modernas y civilizadas ciudades europeas.Como entonces, con absoluta
y total impunidad.
Aún imperceptiblemente, cada uno de estos actos generosos eleva la temperatura
de la olla a presión en que vivimos sometidos, acumulando energías
muy por encima de la capacidad de las válvulas de escape reformistas
para reducirlas; el momento de los grandes avances no es previsto por unas estructuras
rígidas y prepotentes de tal forma que, igual que hace 50 años,
la subestimación y confianza en la debilidad de la resistencia será
el último trampolín anterior al gran estallido del inicio de la
revolución.