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24 de septiembre del 2003
Desarrollo Humano
Evaluando a Cuba (VI)
Manuel David Orrio
Rebelión
Todo parece indicar que junto a los retos de producir alimentos abundantes y
baratos para toda la población, así como recuperar para ésta
una capacidad en transportes de la que hoy carece, son las comunicaciones y
el acceso a la información uno de los puntos donde se evidencia un importante
retraso de Cuba, a tenor de los principios y conceptos asociados al Desarrollo
Humano.
Tan es así, que el proverbial humorismo cubano ha llamado la atención
sobre este importante problema social en uno de los más populares chistes
de los últimos años, según el cual las siglas identificatorias
de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (ETECSA), quieren decir en
verdad que "Estamos Tratando de Establecer Comunicación Sin Apuro".
Los humoristas criollos suelen ser cáusticos, pero veraces. Las estadísticas
del más reciente Informe de Desarrollo Humano del Programa de Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD) avalan a los chistosos, al aparecer la Isla
como uno de los países latinoamericano-caribeños de menor avance
en materia de comunicaciones y acceso a la información por parte de sus
ciudadanos, no obstante presentarse como una de las naciones donde el interés
por el desarrollo científico-técnico es inobjetable.
Cuba, junto a Chile, está a la cabeza de América Latina y el Caribe
en un índice como el gasto en Investigación y Desarrollo del Producto
Interno Bruto (PIB), 5 %, y ocupa el tercer lugar en científicos e ingenieros
ocupados en esas áreas, sólo superada por Argentina y Costa Rica.
Igualmente, es la líder regional respecto a patentes concedidas por millón
de habitantes, todo lo cual invita tanto a la descripción como al análisis,
sobre todo si se parte de la premisa de considerar a las comunicaciones como
básicas para avanzar en las condiciones de un mundo globalizado. Carlos
Lage, vicepresidente cubano, ha expresado en más de una ocasión
que para crecer 1 % en el PIB es necesario hacerlo en no menos de 3 % en aquellas,
una afirmación bien descriptiva del carácter de la situación
y de lo que significa para la mayor de la Antillas, urgida de alcanzar altos
y estables incrementos productivos.
Describir el problema pasa por mencionar lo siguiente: al cierre del 2001, la
Isla sólo aventajaba en líneas telefónicas por mil habitantes
a Saint Kitts y Nevis, Honduras, Nicaragua y Haití; era la última
de la región en celulares por millar de personas y 20 países de
33 la aventajaban en teléfonos públicos por cada mil residentes,
mientras que en usuarios de Internet ocupaba el penúltimo lugar regional,
para nada más estar por encima de Haití. De idéntico modo,
en todos estos índices se encontraba por debajo del promedio para América
Latina y el Caribe, así como en la tenencia de televisores.
No puede describirse esta situación sin ubicarla en su contexto histórico
pasado y reciente. Puede hablarse de descuido de las comunicaciones antes de
1990, por cuanto es un dato revelador que la existencia de líneas telefónicas
por millar de habitantes en ese año igualaba a la de 1959. Hoy por hoy,
si bien Cuba posee un número aceptable de televisores por familia, también
es revelador que los avances en ese campo tienen que ver principalmente con
la sustitución masiva de equipos en blanco y negro por sus similares
de visión en colores, para no hablar de que en la Isla casi nadie accede
a los sistemas UHF. Según informes oficiales, la tierra de José
Martí debe contar con 90 líneas telefónicas por millar
de residentes para el 2004 y 200 en la capital de la República, un nivel
que si bien representa un logro apreciable, aún se mantiene lejos del
promedio latinoamericano- caribeño.
Por otra parte, ocurre en cuanto al acceso a Internet algo parecido. Cuba decuplicó
sus usuarios entre 1998 y el 2001, pero debe multiplicar por cinco semejantes
resultados para igualarse al promedio de la región. Y debe de realizar
un verdadero cruce del Rubicón si quiere ubicarse al nivel regional en
telefonía celular, un camino que pudiera brindar a la Isla muchas posibilidades
aún no explotadas, dado que la misma representa un notable ahorro en
la instalación de líneas telefónicas, así como en
el empleo de recursos económicos.
Tales retos no pueden hacer perder de vista las realidades que impiden materializar
los sueños. Durante más de un decenio, la Isla ha atravesado por
una de las peores situaciones económicas de su historia, signada por
la desaparición del campo socialista y el arreciamiento de la política
de sanciones unilaterales de los Estados Unidos de América. Sus prioridades
en ese escenario comienzan por alimentar a la población, brindar aceptables
e incluso destacables servicios de salud y educación, y echar adelante
un modelo económico sustentable bajo circunstancias internacionales nada
propicias, donde más de 50 naciones han visto aumentar sus niveles de
pobreza ante la indiferencia de un Primer Mundo opulento, que ni siquiera cumple
con sus compromisos de ayuda oficial para el desarrollo y literalmente sabotea
a productores agrícolas como Cuba mediante políticas de subsidios
a sus agricultores, devenidos así exportadores "competitivos" por obra
y gracia de las mismas.
Sin embargo, valdría la pena analizar de manera abierta si sólo
esas circunstancias se erigen en obstáculos para que los cubanos accedan
plenamente a las corrientes de información, tal y como se entienden desde
los principios y conceptos asociados al Desarrollo Humano. No es infrecuente
que ante tantas murallas externas sean preteridas las internas. No es infrecuente
que la atención a factores foráneos conduzca a olvidar un acto
de inteligencia que destacados músicos cubanos denominaron "mirarse por
dentro", sobre todo cuando la cruda realidad dice hasta cuánto esos "factores
foráneos" son bien definidos amenazas a la seguridad nacional.
Cuba es agredida por una nación cuyo gobierno habla abiertamente de guerra
informática. Hecho bien terco, dicho sea de paso. Como también
lo es que la experiencia revolucionaria de Cuba permite avalar al pie de la
horca una antigua máxima romana:"la fortuna ayuda a los audaces." Por
ello, pensemos serenamente si no vendría mal, en materia de comunicaciones
y acceso ciudadano a las corrientes de información, nada más que
un ligero toque de audacia.