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6 de agosto del 2003
La amnesia desvergonzada y recurrente de Luis Posada Carriles
Percy Francisco Alvarado Godoy
Parece ser que es cierto. Luis Posada Carriles está gravemente enfermo:
padece de una amnesia recurrente, rayana en la desvengûenza, que le impide
reconocer su largo historial como terrorista. Hoy, detenido en la prisión
El Renacer, en Panamá, pretende haber olvidado todo el daño que
ha hecho a decenas de hogares cubanos y adopta la posición de "yo no
fui". Entre lamentos y gestos mal ensayados, se presenta ante los periodistas
como la víctima de varias maquinaciones de su jurado enemigo, según
él, Fidel Castro Ruz. En su acostumbrado y ya casi gastado discurso político
de los últimos meses, recurre a un rosario de falsedades que llegan a
mover a la burla de los periodistas que lo entrevistan y, contrario a la lástima
y conmiseración que espera lograr, crean en la gente la impresión
de oír a una persona sin escrúpulos y dispuesta a proyectar en
otros sus males y culpas.
No bien conoció sobre la acusación lanzada por el salvadoreño
Raúl Ernesto Cruz León, autor material de varios de los atentados
terroristas contra hoteles cubanos, en la que lo estigmatiza como "el padre
de los terroristas", Posada Carriles envió un fax a la Agencia Francesa
de Prensa. Esta apresurada declaración mueve a la risa por lo incierto
de sus argumentos y por la evidente falsedad de los mismos. En esencia, ellos
son:
"Lo cierto es que esta inventada declaración sale a luz pública
seis años después que el pobre joven salvadoreño fue arrestado,
juzgado y condenado a muerte por los draconianos tribunales revolucionarios
de Castro", dice en su panfleto. Parece ser que Posada olvidó que él
mismo contribuyó a condenar a Cruz León cuando expresó,
a un canal hispano de Miami, que esta persona había sido contratada por
un subordinado suyo para colocar bombas en hoteles habaneros. Hoy dijo desconocer
totalmente al salvadoreño y estar desvinculado con su suerte. Olvidó
haber reconocido públicamente que este terrorista fue contratado por
dinero de la Fundación, entregado por él a un colega suyo y cuyo
destino fue sufragar los gastos del centroamericano y pagarle por el trabajo
sucio y criminal. Es por ello que indigna cuando dice: "No conozco al joven
salvadoreño Cruz León y lamento su situación". Sin embargo,
su cinismo llega al límite cuando se atreve a manifestar: "Condeno enérgicamente
al régimen castrista por atrapar a este joven".
Aún recuerdo el "ˇHijo de puta!" escapado de la boca del salvadoreño
cuando se escucharon en la sala del tribunal declaraciones de Posada Carriles
sobre su caso. De hecho expresó que no le importaba la suerte del salvadoreño
pues él actuó por dinero y ya tenía firmada la sentencia
de muerte.
Como puede apreciarse, hoy Posada olvida lo dicho antes y dice apenarse por
Cruz León. Al fin parece despertarle un poco de lástima y aflicción
con el mercenario contratado por él para realizar crímenes repudiables
en Cuba. Se atreve a condenar, incluso, su apresamiento y condena. Creo que
un comentario al respecto no merece hacerse para no lastimar nuestra propia
capacidad de soportar el infundio.
"Repudio al terrorismo como táctica de lucha", manifestó siguiendo
las orientaciones de su abogado Rogelio Cruz en un intento por parecer ante
la opinión pública como un ciudadano pacífico y sin delito
alguno. Todo el mundo conoce sobradamente su participación en decena
de actos terroristas y no voy a abundar en ello. Me limitaré solamente
a exponer dos cuestiones que echan por tierra tan falaz declaración:
En primer lugar, el propio Posada Carriles expresó a Ann Louise Bardach
y Larry Rohter, periodistas del New York Times, en una entrevista realizada
en 1998, lo siguiente: "Nuestro trabajo es proveer inspiración y explosivos
al pueblo cubano". Quien así se expresó en aquella ocasión,
hoy dice ser un inocente que repele al terrorismo. ˇVaya descaro!
En segundo lugar, nadie mejor que yo para desmentir sus expresiones de hoy,
pues en noviembre de 1994 fui entrenado por él y por Jiménez Escobedo,
en el Hotel Camino Real de Ciudad Guatemala, y abastecido de dos poderosas cargas
explosivas, por encargo de los directivos de la FNCA, para ser colocadas en
el Cabaret Tropicana de la Habana. Es por ello que me llama la atención
el hecho de que Posada, si bien se atrevió a desmentir a Cruz León,
nunca ha dicho palabra alguna sobre mis acusaciones. Él sabe que no puede
hacerlo, pues le falta fuerza moral para hacerlo.
No me cabe duda, sin embargo, que Cruz León fue impreciso en su calificativo.
Posada Carriles no es propiamente el "padre de los terroristas" y en esto disiento
de él. Será, a lo mejor, un hijo pródigo de los padres
del terrorismo, es decir, la extensa lista de autores intelectuales del terrorismo
contra Cuba entre los que se encuentran presidentes norteamericanos, los jefes
de "Bambi" en la CIA, sus financiadores de la FNCA y muchos otros. El simplemente
es un producto bien formado de estos criminales y, como tal, ha actuado sin
los escrúpulos y la desvergüenza con los que fue entrenado. Él,
a qué negarlo, es parte de la prole criminal que integran Orlando Bosch,
José Basulto, Félix Rodríguez, Nelsy Ignacio Castro Matos,
Ramón Saúl Sánchez, Rodolfo Frómeta y muchos más
de los que deambulan impunemente por las calles de Miami.
Los padres pues, amigo lector, búsquelos más al norte. Allí
están, sin lugar a dudas.