CARTA DE UN AMIGO DE CUBA AL PRESIDENTE DE FRANCIA.

Ciudad de la Habana, 24 de julio del 2003.

Señor Jacques Chirac.
Presidente de la República de Francia.
París.

Respetado señor:

Se dirige a usted un guatemalteco que ha vivido cerca de los cubanos por más de cuarenta años y encontró en esta hermosa Isla la inigualable oportunidad de echar raíces, luego de un azaroso exilio que empujó a mi niñez al desarraigo. Aquí, en Cuba, sembré más de un árbol, amé a una mujer, tuve hijos y escribí un libro. Aquí, como ve, tuve el privilegio de hacerme hombre y edificar una ética apegada a la verdad y a la justicia.

En nombre de esa verdad y esa justicia, me dirijo a usted, hondamente preocupado por el papel asumido por Francia en la actual campaña política contra Cuba. Me duele pensar que este paso apresurado de su gobierno, aludiendo supuestas violaciones de los derechos humanos en la Isla y el irrespeto a la democracia, ponga a Francia en el peligro de desentenderse de los principios y valores que ha sostenido durante varios siglos: la libertad, la fraternidad e igualdad entre los hombres.

Hoy se acusa a Cuba con la fuerza y constancia que nunca se usó para condenar al incontrolable señor del Norte cuando ha violado y pisoteado no los derechos humanos de uno o varios hombres, sino los derechos de pueblos y naciones enteras. ¿Francia, acaso, adoptó medida alguna encaminada a presionar a Estados Unidos como eliminar la colaboración institucional entre sus dos países o invitó a su embajada al negro discriminado y apaleado por la policía, al miembro de la minoría privado de sus derechos constitucionales o al condenado a muerte cuando se lucha por una moratoria para eliminar este fenómeno?

Hoy se acusa a Cuba de fusilar a tres personas recurriendo a una indignación y una alharaca que no se ha usado nunca contra Estados Unidos donde miles esperan su cruel destino en los corredores de la muerte. Podrá tenerse razón por condenar la pena de muerte, pero esa razón pierde fuerza cuando es parcial y se aplica sólo con el débil y el pequeño. ¿Ha levantado Francia un dedo, aunque sea uno sólo, para ejercer una crítica activa contra aquel cuyas leyes criminales crearon las condiciones para propiciar secuestros y hechos terroristas, causas principales del hecho delictivo cometido por esos a quienes hoy se proclaman como víctimas de la represión castrista? ¿No se preocupó Francia por el hecho de que estos tres secuestradores, con amplios antecedentes penales, pusieran en peligro la vida de cubanos inocentes y de dos turistas franceses? Yo personalmente, señor Presidente, me opongo a la pena de muerte, pero entiendo las circunstancias excepcionales que llevaron a Cuba a dar este paso. Le repito, los máximos responsables de este paso no están en la Habana. Búsquelos más al norte.

Por último, me preocupa hondamente que Francia nunca haya cuestionado el terrorismo sistemático que se ejecutado contra Cuba por más de cuatro décadas. Aquí han muerto más de 3000 personas a causa de esa política genocida y terrorista. Han sido saboteados aviones en pleno vuelo, destruidas naves de todo tipo, asesinados hombres, mujeres y niños; se han lanzado plagas que han segado vidas y destruido plantaciones; se han saboteado fábricas y hoteles; se ha atentado contra el derecho elemental a la vida, y Francia nunca dijo una palabra. Muchos hombres hemos luchado por impedir estas acciones. Yo, particularmente, tuve el privilegio de hacerlo y siento el mayor orgullo que puede sentir un hombre por haber sido útil a los cubanos. Otros, sin embargo, no tuvieron la misma suerte que yo y hoy se encuentran presos en cárceles norteamericanas. ¿Sabía usted que el único delito de cinco cubanos presos en Estados Unidos fue luchar contra el terrorismo y hoy guardan una bochornosa y cruel prisión? ¿Cuándo Francia ha denunciado el juicio amañado efectuado en Miami contra estos cinco luchadores antiterroristas, las condenas injustas que se les impusieron y las violaciones a las que son sometidos? ¿Sabe usted que a dos de ellos se les impide por largo tiempo a que puedan ser vistos por sus esposas y por una hija de cinco años? ¿No es acaso esto una flagrante violación de derechos humanos de la que debieran ocuparse Francia y la Unión Europea?

No deje usted, señor Presidente, que esta infamia contra Cuba continúe. Converse con los cubanos sencillos de la Isla, con los obreros y campesinos, estudiantes y niños, ancianos y amas de casa, y sabrá la entera verdad sobre Cuba. Hable con ellos, no con los que le llevan a París ni con la pequeña minoría que protesta frente a la embajada cubana, no con los que se invitan a su embajada en la Habana ni con los que blasfeman mentiras sobre su propia Patria. Hable con el pueblo cubano, con el que ama y respeta a Francia como a su propia Patria y quien, estoy seguro, no le mentirá.

Le reitero, pues, mi respeto y lo invito a recorrer a Cuba como un amigo. Entonces todo será diferente.

Atentamente,

Percy Francisco Alvarado Godoy.
Escritor guatemalteco residente en Cuba.