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Cuba: A confesión de parte...
Max Lesnik
La Jiribilla
Miami. Las pruebas sobran. El propio Elizardo Sánchez Santa Cruz, el
gran «camaján» de la llamada disidencia lo acaba de confesar en declaraciones
hechas desde La Habana por teléfono a la reportera del Miami Herald Nancy
San Martín. El pícaro ex profesor de Marxismo- Leninismo de la
Universidad de La Habana, que se iniciara en el arte de la mentira junto a su
carnal el fullero Ricardo Boffill, admitió que era enteramente cierto
que se le había impuesto una medalla de la Seguridad del Estado en reconocimiento
por su labor "patriótica" en defensa de la Revolución.
A confesión de parte, relevo de pruebas, dice el bien conocido axioma
del lenguaje legal de los Tribunales de Justicia. El Camaján Santa Cruz
lo ha tenido que admitir después de haberlo negado de manera burda diciendo
al principio, que se trataba de una pluma de fuente y no de una medalla. ¿Y
que diferencia hay entre una pluma regalo de un oficial del Ministerio de Interior
- una pluma para escribir informes de sus compañeros de disidencia- y
una medalla otorgada por la Seguridad del Estado por sus servicios delatores?
Al final ha tenido que admitir, cuando de la fotografía se pasó
al video, que lo de la medalla en su pecho era tan cierto como todo lo demás.
Algunos se preguntan: ¿Por qué ante pruebas tan elocuentes como las que
se presentan en el libro El Camaján escrito por los periodistas Arleen
Rodríguez y Lázaro Barredo, tanto los otros «disidentes» dentro
de la isla como las organizaciones del exilio, han salido en defensa y justificación
de la conducta de Santa Cruz? Dicen que el gran «camaján», a pesar de
las pruebas en su contra, «goza de la confianza de todos ellos». De los que
se trata, declaran los defensores del «camaján» es de una campaña
del gobierno cubano contra la oposición interna en la isla. ¡ Hay que
tener bemoles!
No es costumbre nuestra comentar una y otra vez sobre un mismo tema. Ayer hablamos
del «camaján» Santa Cruz y hoy agregamos algo que se nos quedó
en el tintero y que vale la pena poner sobre el tapete ahora que el sinuoso
personajillo ha admitido que la medalla, sí que la recibió con
todos los honores del caso, en medio de tragos de ron cubano, pastelitos, risas,
chistes y abrazos entre «compañeros -dijo- de la Seguridad del Estado».
Bonita manera de hacer oposición que tiene este descarado «camaján».
Lo que nos faltaba por decir es que la razón de por qué los otros
«disidentes» justifican la conducta deleznable de Santa Cruz es sencillamente
porque posiblemente todos ellos han hecho lo mismo que el «camaján».
Unos mas y otros menos, han estado envueltos en delaciones de unos contra otros
-poniéndose zancadillas- en una carrera de protagonismo detrás
de la notoriedad y el favor de los funcionarios de la Sección de Intereses
de Estados Unidos en Cuba, que es en definitiva la que paga en dólares
a sus agentes por los servicios prestados. Solo eso explica la condescendencia
de los llamados «disidentes» para quien ha jugado un papel tan triste como el
de un opositor que un gobierno premia con una medalla por sus servicios prestados.
Eso si que es comer a dos carrillos. Lo mismo se cobra en dólares que
en pesos cubanos, por aquello de que nadie cogiendo se arruina.
Y lo de por qué en Miami le tiran la toalla al «camaján» y todos
tapan su deleznable conducta, también tiene su explicación. Es
que tienen que proteger el negocio de la «disidencia». Si se admite la verdad,
si se le quieta la careta a Santa Cruz, se acaban los millones de dólares
que vienen de Washington para la supuesta ayuda a la disidencia interna. No
hay que olvidar que el que reparte y reparte se queda con la mayor parte.