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Rosa Miriam Elizalde
CubaDebate
Tiene una historia personal impredecible. Fue marino profesional de la
Armada Española hasta el año 86. Se licenció en Ciencias Políticas en la Universidad
de Madrid, y al abandonar su vida militar, se incorporó a la izquierda militante
y al trabajo de solidaridad. Hoy es el secretario general de la Asociación Pensamiento
Libre, de Cádiz, y el editor de Cadiz Rebelde, sitio que lleva tres años en
la red y gracias al cual conocimos en Cuba sus excelentes análisis sobre la
censura y los "falsimedia", una categoría con la que designa a la prensa tradicional
española, instrumento del pensamiento único que ha implantado el poder global
y que hoy defienden por igual -¡quién lo diría!- el Partido Popular y el Partido
Socialista Obrero Español.
Antonio Maira es un hombre reposado, padre de tres hijos y esposo de una puertorriqueña,
"responsable -dice- de mi relación tan particular con Cuba y con América Latina".
Ante nosotros se dibuja la tarde en la Bahía de Cádiz, tan parecida a la de
La Habana con malecón y todo, y como testigos mudos de la conversación, nos
acompañan también algunos recortes de periódicos, entre ellos la página de la
edición de El País de este jueves, en la que aparecen dos violentas notas contra
Cuba y un ramalazo adicional, lo que corrobora que este es un tema que ha terminado
por diluir las diferencias entre ese diario y las posiciones de la derecha fudamentalista
española.
-¿Cuándo se echó Antonio Maira a navegar con Cuba?
-Desde que me tomé la política en serio, hace ya bastante tiempo. Tengo
una larga relación con la Isla, he estudiado su historia, y ha sido ella mi
centro de atención. Simpatizo enormemente con la Revolución cubana, que me parece
un proceso ejemplar. Toda la izquierda que sigue siendo humanista y se proyecta
en contra de la desigualdad y a favor de la dignidad, tiene en Cuba una parte
de su discurso y una parte de su realidad: Cuba es esperanza y es puerto seguro.
-Leimos un artículo suyo, "Cuba en El País de Falsimedia", donde analizaba
cómo se ha orquestado toda la campaña que en los últimos se ha desatado, particularmente
desde España, contra el proceso cubano. ¿Qué ha pasado con la prensa española,
particularmente con ciertos espacios que encarnaron un pensamiento indipendiente,
y que ahora mismo son expresión de todo lo contrario?
-Aquí nos encontramos con un mundo de la información que está absolutamente
monopolizado. La información que antes era un producto con muchas fuentes y
con diversas expresiones, hoy está en muy pocas manos. En este país no pensamiento
de izquierda sobre papel, ni en imágenes de televisión, ni ondas de radio. La
izquierda se enfrenta a la imposibilidad de comunicarse, porque el acceso a
los medios es muy caro, y los que no lo son tanto, la excluyen de forma total.
En nuestra revista denominados Falsimedia a ese conjunto de medios de comunicación
que tiene una unidad orgánica. Todos son parte de grandes empresas multimedias,
entrelazadas económicamente. También, manifiestan una unidad funcional: lo que
es estratégico para el poder lo comparten absolutamente todos los medios de
comunicación.
-¿Y cómo se explica el viraje político que han tenido medios como El País,
por ejemplo...?
-El País es hoy el negocio de una gran empresa, de Prisa. Este diario es
solo uno de los medios bajo su mando. Otros son el Canal Plus, entre otros en
España. En América Latina, Prisa es dueño también de editoriales -de grandes
editoriales- y de medios de comunicación en Venezuela, en Colombia y más recientemente,
en México.
Antes El País era un periódico que representaba a la burguesía intelectual progresista,
y sectores del pensamiento liberal progresista, democrático. Participó de forma
activa como instrumento de la transición política y ganó prestigio en ese proceso.
En este país, en la etapa del franquismo, ese tipo de prensa era una necesidad
social. Ese prestigio luego lo perdió, convirtiéndose en lo que es ahora: un
gran medio de comunicación, cuya estrategia política está marcadamente dirigida
por el Imperio. Responde absolutamente al pensamiento único, al llamado concenso
de Washington.
-Llama la atención que muchos de los periodistas que encabezan ese pensamiento
son los mismos que en otras épocas se desmarcaban de posiciones de derecha.
Es el caso de Rosa Montero, una vaca sagrada que ha hecho ahora arremetidas
furibundas contra la Isla que antes no se permitía... ¿Cómo fue que les lavaron
el cerebro? ¿Qué ha pasado ahí?
-Eso es coherente con la historia de España en estos años. El País ha estado
vinculado también a uno de los dos sectores políticos que de alguna forma se
reparten el gobierno del estado español, el Partido Socialista Obrero Español
(PSOE) y el Partido Popular (PP). El País representaba al PSOE, y por tanto
todos los intelectuales históricamente vinculados a este partido, de alguna
forma se han vinculado económica y profesionalmente a este diario. Rosa Montero
es un ejemplo típico de lo que es una periodista absolutamente vendida a su
medio, que es capaz de hacer una crítica feroz a Cuba, con un desconocimiento
total -aparente al menos, por lo que dice- de lo que ocurre en la Isla. Y que
hace también una crítica feroz de Venezuela, utilizando su cierto prestigio
que le viene del final de los años 70.
En estos profesionales ha habido dos influencias: una, en El País como medio.
Y otra, en su sector político, que es el PSOE. No hay más que pensar en el Felipe
González y en lo que era su imagen a finales de los 70, y en el político que
se convirtió después. Se está dando aquí un proceso similar al de Venezuela,
antes de la llegada de Chávez: un mundo institucional corrupto, que involucró
a los medios de comunicación social, organizaciones sindicales y partidos políticos.
Eso, exactamente, es lo que está pasando en España, y los intelectuales -una
parte importante de ellos- viven de vender su palabra. De eso no hay dudas.
-¿Por qué esa relación torcida, enfermiza, con Cuba? ¿Por qué ese ensañamiento?
-El País tiene vínculos con empresas en América Latina. Los tiene en el
sector cubano de Miami, en Venezuela, en México, en Colombia, y probablemente,
le apetece también el mercado de una Cuba con la Revolución derrotada. Esto
no es incompatible con su posición en otros temas. Este periódico defendió de
una manera rabiosa la guerra contra Iraq, en los momentos en que todavía existían
dudas de que eso se realizara. Cuando Powell habló ante el Consejo de Seguridad
de la ONU, con todas aquellas mentiras y aquella intervención tan grosera, la
página editorial del país dijo que el Secretario de Estado había demostrado
que la guerra en Iraq respondía a criterios de legalidad internacional. Ese
es El País, el mismo que se enfrenta a Cuba, que se dedica a delegitimar entre
sus lectores -la antigua "progresía" española- el sentimiento de que es un crimen
atacar a Cuba. Y ese es el papel tan perverso que hace, si tenemos en cuenta
que no es un periódico que se lee en la derecha histórica, ni la extrema derecha
española representada en el Partido Popular. Va dirigido concretamente a la
nueva derecha, la que representa el PSOE...
-La de los conversos...
-Exactamente... Esa derecha que pudiéramos comparar con la de Carlos Andrés
Pérez. Es una derecha con un poder social enorme, con un poder en el campo del
pensamiento y de la cultura. Es un pensamiento denigrado y corrompido, pero
que todavía tiene una fuerza social enorme.
Por tanto, podemos decir que en la prensa española los sectores populares no
están representados. El País hace rato dejó de ser de expresión a ningún sector
progresista en este país. Es un periódico conservador, con unas especializaciones
determinadas. Hoy en día defiende abiertamente la transición hacia modelos neoliberales
en América Latina, y la lucha contra la resistencia al ALCA o contra procesos
revolucionarios, como el cubano y el venezolano.
-¿Cuán real es el matrimonio entre El País y la Revista Encuentro, una publicación
eminentemente de carácter político, financiada por el gobierno norteamericano
y proahijada por los grupos anticubanos en Miami y España, con la complicidad
del gobierno del PP?
-El grupo Prisa es precisamente quien introduce esta revista en España,
y en la prensa escrita, su aliado principal es El País. Se presenta originalmente
como un espacio de encuentro de la cultura cubana, pero poco a poco se la ido
cayendo todo el disfraz. Ahora el discurso político de esta publicación nos
presenta que no hay otra cultura en Cuba que la llamada disidencia, dejando
fuera a lo mejor y más representado de la vida cultural de la Isla. Es en realidad
expresión de un desencuentro, que también se ha asumido como política editorial
de El País. Ambas publicaciones han reducido la Isla a un "exilio" que no es
meramente social, representado fundamentalmente por determinada cantidad de
gente radicada en Miami. No, no, no. La han reducido a un exilio político, contrarrevolucionario,
parásito de la política anticubana, con un centro de extensión hacia el exterior.
Esa es la cultura que promociona El País, con todo su cuadro de periodistas.
-¿Cómo se sostiene en este panorama la sacrosanta objetividad periodística?
-De todas formas, la prensa aquí debe mantener ciertos niveles de credibilidad.
Por eso uno se encuentra a veces con determinados artículos de pensadores con
otros puntos de vista. El País intenta mantener su prestigio y su crédito. Como
le publica con puntualidad los artículos a Vargas Llosa, de vez en cuando se
lo publica también a Saramago, a Said... De vez en cuando juega con otras opiniones
para mantener esa "objetividad", pero mientras mantiene a su escuadra de periodistas
e intelectuales, a los que maneja.
-En torno a lo que dices, el caso de Cuba es paradigmático. Hace tres días
le publicaron a toda plana un artículo a Rafael Rojas -el Posada Carriles ilustrado
que dirigie la Revista Encuentro-; ayer, solo mereció tres párrafos la presentación
de la Resolución contra el bloqueo, en conferencia de prensa del Canciller,
y hoy, arremeten con una artículo para débiles mentales firmado por Vaclav Havel,
con el añadido de groseras declaraciones de Rajoy -el sucesor designado por
Aznar- y otras del propio presidente del gobierno español, desde Libia, y sin
que vinieran a cuento. Por cada párrafo a favor, ríos de tinta en contra...
-Habiendo jugado El País en algún momento cierto papel informador de lo
que acontecía en Cuba, ha lidereado la más reciente campaña mediática contra
la Isla, de un modo bastante grosero. Ha ignorado, por ejemplo, las esencias
del proceso en contra de los llamados "disidentes", que tienen un valor informativo
tremendo. Se ha escamoteado la información a sus lectores, tanto los argumentos
de fondo para el procesamiento judicial de estas personas, como lo acontecido
en torno a Elizado Sánchez, uno de los grandes "personajes" que escriben a toda
página sobre Cuba en El País. No se ha dicho nada, y lo poco que se dijo, apareció
en la esquina izquierda, en una página par, en una columna encabezada por un
titular que dice "Nuevo golpe de Cuba contra la oposición", algo que todo el
mundo interpreta como más de lo mismo, una reproducción de la noticia de los
75 disidentes juzgados en Cuba y de lo cual se habla todos los días. Es decir,
cuando no tiene más remedio que publicar algún hecho, lo hace de esa forma tan
desvengozada.
En la gran pelea de Estados Unidos contra el mundo, este diario se alinea con
los ricos, con el mundo neoliberal, con ese capitalismo feroz; en fin, se manifiesta
en contra del otro mundo de una manera descarada. Es un gran negocio, con una
élite de profesionales muy bien pagados, y con una mayoría de periodistas en
la base subempleados, que viven muchos de ellos con contratos basuras -las delegaciones
de El País en provincia, por ejemplo-, y que no tienen más remedio que someterse
a ese medio de comunicación, a sus normas, bajo amenaza de terminar en la calle.
El País nos niega sistemáticamente la parte más importante de la información
que se producen en Cuba, y todo lo demás lo manipula, con un descaro tremendo.
La información no pertenece de ninguna manera al ciudadano, ni a ninguna organización
social. La información pertenece a los medios que son grandes empresas, y que
distribuyen su información y sus columnas entre dos sectores políticos que responden
a los mismos criterios estratégicos: el PP y PSOE. Y no busque más información.
No la hay.