6 de octubre del 2003

Renuncia el director de un diario neoyorkino al impedirle los propietarios del periódico la publicación de un artículo de Fidel Castro

Gerson Borrero
Argenpress

El lunes fue mi último día como director de el diario 'La Prensa'. Pero eso ya lo saben ustedes. El porqué lo hice es lo que me imagino les interesa, así que vayamos al grano.

Mi decisión fue basada en varios factores. Primeramente, tengo que confesarles lo que es ampliamente conocido dentro de la redacción: detesto el aspecto administrativo que requería mi título. Por otro lado, mi reto personal siempre fue el no dejar que mis fuertes opiniones dominaran la cobertura que a ustedes se les ofrece a diario. Y si una cosa sé, es que eso lo logré.

Ahora bien. Siempre he creído y defendido la libertad de expresión. He sido víctima de censura en la radio; esa historia ya es periódico de ayer. Pero vale la pena mencionarlo, ya que al igual que no lo toleré en aquel entonces, tampoco pude aceptarlo cuando los dueños de este periódico -dentro de todo su derecho como propietarios- tomaron la decisión de no permitir la publicación de la tan anticipada columna del controversial Fidel Castro. Ellos dictaron y yo reaccioné. Ese incidente fue el que colmó la copa.

Entiéndase que hay momentos en la vida en que uno se da cuenta que lo que está haciendo día a día para alimentar a los seres queridos, irónicamente deja a uno con hambre.

A pesar de lo honrado que me sentí al ser nombrado director de este rotativo aquel 12 de abril del 2000, les admito que esa hambre a la cual me refiero no la aguanto más. Durante los últimos 41 meses que llevo en el diario 'La Prensa' como editor en jefe, he sido testigo del crecimiento de nuestra comunidad al mismo tiempo que he crecido como profesional. No me cabe duda alguna de que he aprendido muchísimo en estos años.

Pero cada vez que leo las noticias u oigo un comentario en la radio o veo un noticiero, me doy cuenta de lo mucho que extraño ese contacto diario con mi pueblo. En una época en que la gente confunde los mensajes comerciales con lo que es información destinada a educar y fortalecernos, lo que se está haciendo es detener nuestro crecimiento.

Ante toda esta frustración añado las decenas de veces a la semana que me encuentro con un taxista, con un portero, un profesor, una enfermera o un barbero. Con hermanos salvadoreños, colombianos, dominicanos, ecuatorianos, guatemaltecos, mexicanos, hondureños, argentinos, bolivianos, chilenos, cubanos, boricuas, panameños, que me dicen 'te extraño en la radio' o 'extraño tus columnas' y me torturo pensando que por hacerle este favor a mi amiga Rossana Rosado siento que he tomado un voto de silencio. Y para un bocón como yo, esto es una sentencia a muerte.

Renuncié a mi puesto como director, pero no a mi compromiso con el pueblo. Mi compromiso con ustedes, mis lectores, mis oyentes, mi familia. Los dueños de 'el campeón de los hispanos' me han pedido que permanezca como parte de esta gran familia como columnista. Esa oferta la he aceptado y pronto me tendrán tres veces a la semana.

Nos veremos en El Barrio, en el Restaurante Caridad de la 184, en Jackson Heights, en El Bronx, en los sures de Brooklyn, en la Casa Adela en Loisaida o en la barbería Los Taxistas en Washington Heights. Y por supuesto, seré el del sombrero y la sonrisa, acompañado por una libreta y esta boca que Dios me ha bendecido para decir verdades, hacer denuncias y apuntar hacia un futuro donde matamos la ignorancia. Sé que nos seguiremos uniendo en el continuo avance de nuestro pueblo latino en esta ciudad que nos quiere comer vivos.

Y bueno familia -como siempre- en sus lenguas quedo...