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5 de agosto del 2003
Análisis de una campaña de prensa
La disidencia y la unanimidad
Guadalupe Pérez Bravo
La Jiribilla
Ni la pena de muerte, ni los juicios a los llamados disidentes, ni el socialismo
cubano son las causas del tipo de cobertura de prensa que padece la Isla. La
unanimidad de la prensa-mundo no proviene del hecho de compartir una sublime
idea sobre la libertad, sino más bien del verticalismo que emana de la
propiedad sobre la libertad de expresión.
Mucho antes del inicio de los bombardeos contra Bagdad, la guerra de Irak ya
había arrojado a las aguas del Golfo Pérsico el cadáver
de su primera víctima: la verdad.
Después de conocerse a ciencia cierta que los intereses norteamericanos
en esa región no son los del desarme, sino los del petróleo, luego
de saberse que la comisión designada para certificar la existencia de
armas de destrucción masiva no había encontrado en Irak ningún
peligro mínimamente válido para arrasar su población y
su territorio y aún después de que la ONU apostara por extender
el plazo de los trabajos de la comisión, los gobiernos de los Estados
Unidos, España y Gran Bretaña marcharon a la guerra en contra
de la multitudinaria exigencia de paz.
Una alianza más amplia que la de los tres países del "eje del
bien" justificó eficazmente la agresión: la de los medios de comunicación.
El estado de opinión mundial contrario a la guerra se había expresado
por diferentes vías. Diversos periódicos, y sobre todo medios
alternativos de prensa, proveyeron en tiempo real, entre otras informaciones,
la cifra de muertos civiles, las fotos sin censura de la agresión y las
medidas disciplinarias de la intelectualidad crítica y las voces disidentes.
El centro de las voces críticas se situó en la libertad de información,
la cada vez mayor contracción del rango de lo publicable, la concentración
de la propiedad de los medios y la consiguiente reducción de las fuentes
de noticias y su dependencia de un contenido predeterminado.
La libertad y el poder
Nada hay nuevo bajo el sol. Las memorias de la conquista de Las Indias, de Gonzalo
Fernández Oviedo que justificaban el genocidio americano y alababan a
España se publicaron inmediatamente, mientras la Historia de Las Indias,
de Bartolomé de las Casas, su obra más trascendental, debió
esperar tres siglos para ser editada. La causa se repite en el tiempo: el poder
acota la libertad a lo que le resulta, si no favorable, al menos funcional.
Nunca antes figuras de izquierda como José Saramago habían gozado
de cobertura planetaria para sus declaraciones, como sucedió ahora después
de escribir "Hasta aquí he llegado", en referencia a su viaje
con la Revolución cubana. Con todo y el descrédito centenario
acumulado por la palabra unanimidad, excepto en La Jornada y en
medios alternativos de prensa, como www.rebelion.org, no se disintió
de la condena a Cuba.[1] La unanimidad de la prensa-mundo no proviene
del hecho de compartir una sublime idea sobre la libertad, sino más bien
del verticalismo que emana de la propiedad sobre la libertad de expresión.
De hecho, en el interior de España aumentan las denuncias contra el monolitismo
de la prensa. Con un 90% de los españoles opuestos a la agresión
contra Irak, el gobierno "popular" de Aznar convirtió la televisión
pública en vocera cuasi incondicional de su política exterior.
"La censura informativa, la práctica desaparición de las noticias
provenientes de las corresponsalías de Francia y Rusia (países
que se opusieron a la guerra), la difusión de acontecimientos que no
son contrastados previamente, el ninguneo de las manifestaciones populares en
contra del conflicto y el tratamiento de la reconstrucción de Irak desde
el punto de vista estadounidense", fueron denunciados por grupos de periodistas,
que señalaron que esos hechos eran particularmente más graves
en la televisión y la radio,[2] que, como se sabe, tienen un público
incomparablemente superior al de la prensa plana.
Cuba reprimida
El proceso judicial seguido por Cuba a los "disidentes", aupados por los Estados
Unidos, y la pena capital a la que fueron sentenciados tres personas que secuestraron
una embarcación civil con más de veinte personas a bordo, amenazaron
de muerte a sus pasajeros y solo perdieron el control de la nave tras la acción
de los propios viajeros, fueron la causa visible de la reciente "controversia"
sobre Cuba en los grandes medios.
Sin embargo, no hay razones para pensar que esos hechos hayan planteado una
seria cuestión de conciencia para el poder mediático, o para el
poder a secas. Por un paralelismo obvio, si la represión desatada en
Irak por Saddam Hussein fue la causa de la agresión anglonorteamericana,
entonces, como se pregunta Robert Fisk, "¿qué estaría haciendo
Donald Rumsfeld reuniéndose en 1983 con Saddam Hussein en el momento
más tórrido de su campaña de tortura de hombres y mujeres
inocentes?" Hussein protagonizó el clásico travestismo de héroe
a villano, pasó de enemigo del Hitler de Irán a ser él
mismo el Hitler de Bagdad, enemigo ahora del Hitler de Washington, mas no por
causa de sus tropelías, sino por las riquezas del petróleo perteneciente,
"por desgracia", al pueblo iraquí.
Ni la pena de muerte, ni los juicios a los llamados disidentes, ni el socialismo
cubano son las causas del tipo de cobertura de prensa que padece la Isla. Similar
prerrogativa la han tenido históricamente los intentos de independencia
cubana desde 1810 hasta hoy. Sin embargo, la guerra mediática contra
Cuba arrojó en esta ocasión algunas novedades. El inicio de la
campaña no estaría centrado en los Estados Unidos. En España
se levantó el estandarte democrático contra la falta de libertades
en Cuba. La "Madre Patria" viene de ser aliada de los Estados Unidos en la guerra,
de permitir el reabastecimiento en pleno vuelo de aviones norteamericanos sobre
poblaciones españolas en su marcha hacia Bagdad, de no levantar la voz
cuando un misil "aliado" abatió el Hotel Palestine matando a un camarógrafo
español, de ilegalizar la representación de delegados electos
por más de 90 mil españoles y de cobrar su parte en el pastel
de la reconstrucción iraquí.
En ese contexto, se puede entender que España haya relevado a los Estados
Unidos para iniciar la campaña contra Cuba. El tema pasó rápidamente
a formar parte de la política interna de los partidos de ese país
y las críticas a Cuba por los "disidentes" y "fusilados" se trastocarían
confusamente en algunos medios, llegando a crear una visión de "disidentes
fusilados", que contribuyó a la imagen que se necesita promover. El tema
Cuba como parte de la agenda interna española llegaría hasta su
presidente, el cual no se limitó a declarar contra Cuba, sino recabaría
apoyo a la campaña.[3]
Aznar, un líder audaz, según George Bush,[4] no está
solo en su país. El Grupo Prisa,[5] que no es el único,
pero sirve como ejemplo, lo acompañaría en sus posiciones. Hacia
Cuba, la posición de los dueños de Prisa, puede expresarse en
tres puntos: la política editorial de El País, la concesión
del Premio de Periodismo Ortega y Gasset al diario El Nuevo Herald y
la firma del Consejero Delegado del Grupo y del diario El País,
vicepresidente de Sogecable y de la Cadena SER, en la carta contra Cuba promovida
por la Asociación Encuentro de la Cultura Cubana.[6] El
País, otrora uno de los diarios liberales más reputados, provee
información sobre la Isla con una impresionante falta de diversidad,
similar a la que ya había mostrado antes con Venezuela a raíz
del golpe anticonstitucional de abril de 2002.[7] Por otra parte, se
puede convenir que El Nuevo Herald dista de ser un modelo de periodismo
independiente, serio y plural.
En correspondencia con el enfoque de que el problema de Cuba debe resolverse
"entre cubanos", como el problema iraquí "se resolvió entre iraquíes",
fueron cubanos radicados en España y México los que iniciaron
la mise en scène en el campo cultural. La Asociación
Encuentro de la Cultura Cubana, con sede en el país ibérico
y financiado, entre otros, por los gobiernos norteamericano y español,[8]
promovió una carta firmada por intelectuales en condena a "la represión
en Cuba", que ganó para su causa a algunas figuras importantes ubicadas
en ese espectro heterogéneo y contradictorio llamado "izquierda". De
aquí, otra novedad. Dado el desprestigio acumulado por las figuras retóricas
del anticastrismo, las personalidades de centro e izquierda que manifestaran
desacuerdos y críticas hacia las medidas cubanas tendrían reservadas
las primeras planas de los periódicos. Los que se pronunciaron con honestidad
contra las sentencias tomadas en Cuba, se introdujeron en un camino abierto
que, "fuera e independientemente de sus conciencias", permanecería abonado
siempre que condujese a una única dirección: la condena a la Isla,
con sus corolarios bien delimitados. La estrategia llevaba razón: si
era la izquierda quien expresaba la condena, significaba que todo el
mundo estaba contra el régimen político cubano. Si por casualidad
no era cierto, los medios se encargarían de conseguir tal imagen. Al
fin, ya lo han logrado muchas veces.
Recuérdese si no, por ejemplo, cómo en 1916 la Comisión
Creel, de propaganda gubernamental norteamericana, convirtió, en solo
seis meses, a una población pacifista en otra que clamaba esquizofrénicamente
por entrar a la guerra, para salvar al mundo del horror alemán. En aquella
ocasión también los intelectuales "progresistas" —como el grupo
de John Dewey— participaron de la epopeya mediática que abriría
luego el camino a la lucha contra el "terror rojo" y permitiría el cierre
de sindicatos y la eliminación de la libertad de prensa, entre otros
tópicos de menor importancia para el poder del capital.
En consecuencia, también, con la apuesta norteamericana de una Cuba postCastro,
la campaña mundial se centraría en el descrédito del presidente
cubano. Esa visión del post, que no hace otra cosa que certificar
el fracaso de acabar con la Revolución mientras esté dirigida
por Fidel, es seguida con empeño pertinaz, lo que podría explicarse
por el temor de Washington al capital simbólico que constituye la figura
del líder revolucionario para el futuro político insular, con
todo y ser el blanco predilecto de ultraje en la propaganda norteamericana.
De ahí que los medios asocien su nombre con las palabras "dictador",
"régimen", "represión" y con el requerimiento de que abandone
su cargo.[9] Fidel es comparado con Sadam, resaltándose supuestas
coincidencias entre ambos, de las cuales se desprendería que el primero
necesita igual terapia que el segundo.[10] Si los Estados Unidos desarrollaron
una guerra sin amparo legal sobre Irak, bajo el signo de "liberarlos de la represión
del despótico Hussein", no habría motivos para ver una "paranoia
castrista" en el hecho de que los Estados Unidos harían lo mismo con
Cuba, alegando semejantes causas.
La impunidad de la manipulación
Un análisis casuístico del "debate" sobre Cuba en los medios revela
los "mecanismos editoriales" que subyacen en la alineación de la gran
prensa en relación con el tema cubano.
El hecho noticioso es cubierto con grandes titulares, que deben funcionar como
ganchos periodísticos. En ocasiones, sin ser falsos, los titulares reflejan
solo la zona de la noticia que está en sintonía con los intereses
del medio en que aparecen y que en los hechos responden siempre a la campaña
que se lleva adelante. Ante el manifiesto firmado por intelectuales norteamericanos
en contra de la política imperialista norteamericana y la pena de muerte
y el encarcelamiento de los llamados disidentes en Cuba; los pocos medios que
se hicieron eco de la misma lo hicieron de este modo: "Noam Chomsky y representantes
de la cultura de EE.UU. y América Latina protestan por la represión"
(Encuentro en la Red, 30 de abril de 2003). Será que la crítica
al imperialismo estadounidense ya no es noticia, pues es costumbre la impunidad.
Otro ejemplo en igual dirección: la entrevista realizada por Miguel Bonasso
al Presidente cubano, publicada en Página 12. Amplia entrevista
sobre diversos temas, la repercusión de la misma anunciaba: "Defiende
Castro los fusilamientos" (Reforma, 11 de mayo de 2003) y "Fidel Castro
justifica los fusilamientos en Cuba" (La Opinión, 11 de mayo de
2003).
Otros titulares, en una suerte de paroxismo, no guardan relación alguna
con la noticia, por lo que conducen a la falsedad rampante, muy recurrente en
las "famosas" declaraciones de Gabriel García Márquez sobre la
"represión en Cuba",[11] que debieron ser desmentidas por el Nobel
un día después por estar manipuladas.[12] Si la "respuesta"
a Susan Sontag le dio la vuelta al mundo en 24 horas, la aclaración del
escritor colombiano nunca alcanzó similar repercusión y terminó
trastocada en un ataque personal a García Márquez por su posición.[13]
En otras ocasiones, los medios utilizan un método de interpretación
"por extensión" de la noticia, para reconducirla a los intereses de la
publicación, que no son consecuencia literal de la lectura de la noticia.
Para un mismo hecho, se fuerzan diversas conclusiones y varían los titulares
según el mercado de la publicación.
Las noticias aparecidas el 25 de abril sobre una manifestación de protesta
organizada frente a la embajada de Cuba en París fue cubierta del siguiente
modo: "Enfrentamientos frente a la embajada de Cuba en París" (La
Jornada); "La seguridad de la Embajada de Cuba en París disuelve
con violencia una protesta pacífica" (El Mundo); "Esbirros de
Castro golpean a los opositores al dictador en París y agreden a un cámara
de TVE" (La Razón).
Las manifestaciones contra el sistema político cubano, cuentan con
el apoyo de los medios para su convocatoria, sobre todo en la prensa española,[14]
pero reciben también primas adicionales. La cantidad de manifestantes
estimada por la prensa opera según una rara aritmética. En la
concentración del 26 de abril de 2003 en la Puerta del Sol, mientras
diversos medios estimaron una presencia cercana a los mil manifestantes, el
reportero de El País pudo contar dos mil, aventajado por el de
El Nuevo Herald, que alcanzó a ver tres mil personas.[15]
La cuenta de la manifestación del 17 de mayo es también curiosa.
La Razón informó que "más de cien cubanos protestan
ante la Embajada contra la dictadura castrista", para comentar un cable de EFE
que comienza: "Más de medio centenar de cubanos se concentraron ayer…".
La Razón aprendió bien la lección escolar de redondear
por exceso.
El intelectual disidente
La pluralidad tantas veces reclamada por los medios como necesidad imperiosa
para el caso cubano, parece no ser necesaria para la prensa internacional. La
selección sesgada de sus informantes es el presupuesto de una "mejor
comprensión de la situación cubana".
El encumbramiento de la obra y la divulgación de premios para los que
levantan sus voces en contra del sistema político de la Isla tienen su
paralelo en el hostigamiento y emplazamiento de quienes están a favor
o se mantienen ajenos o neutrales.
La visión de intelectuales reprimidos en la Isla viene como anillo al
dedo a la hora de movilizar la opinión pública. En este punto,
la campaña aporta otro saldo: contribuye a desarbolar el consenso intelectual
nucleado contra la guerra de Irak, que actualizó el tema de la responsabilidad
crítica del intelectual y gestó un frente de opinión como
no se observaba desde la guerra de Viet Nam.
Después de años de concupiscencia entre un número importante
de intelectuales y la razón imperial, la guerra de Irak estaba reivindicando
otra vez el rol de la conciencia crítica frente a la ideología
de la mentira y la muerte. Sin embargo, la tradición oficial de represión
de la intelectualidad independiente en los Estados Unidos, que asesinó
a los Mártires del Haymarket de Chicago en 1886, que ejecutó a
los anarquistas Sacco y Vanzetti y sostuvo el McCarthysmo, ha variado poco:
no condena a los intelectuales críticos a la horca, sino a la muerte
civil por esterilidad, silenciamiento o ignorancia sobre sus reclamos. No obstante,
"por alguna razón", los medios concentran sus críticas en la detención
de "intelectuales disidentes cubanos", aunque solo 14 de ellos pusieron el pie
en una universidad alguna vez.
¿Qué deben hacer los intelectuales y los artistas del mundo en esta coyuntura?
Cuando a la clásica pregunta, qué hacer, el escritor V.
Rozánov, respondió: "en verano recoger bayas y hacer confituras
y en invierno, degustarlas bebiendo té", fue rechazado en aquella hora
soviética. Alfonso Sastre, que lleva décadas repudiado por la
opinión publicada internacional, [16] e intelectual disidente
si los hay, da otra respuesta: "A mí no se me ocurre otra cosa que propugnar
una implicación —palabra que me gusta más que compromiso— en el
descubrimiento y la revelación pública de las verdades que los
dominadores tratan de ocultar con todos sus medios mediáticos y sus sobornos."
Ese análisis, respecto a Cuba, es un análisis pendiente por parte
de muchos intelectuales disidentes del mercado y de las recogidas de bayas.
NOTAS
[1] El análisis de prensa realizado aquí responde a lo
producido en español a partir del 17 de marzo y hasta el 17 de mayo.
Comprende diferentes periódicos nacionales como: España (El
País, El Mundo, La Razón, La Vanguardia Digital y ABC), México
(La Jornada, La Reforma, Milenio, El Universal), Estados Unidos (El
Nuevo Herald y La opinión), República Dominicana (El
Nacional, El Caribe digital, Listín Diario, Hoy), Argentina (El
Clarín y Página 12), Chile (El Nacional y La Tercera)
y Perú (La República). Además, los cables provenientes
de agencias de prensa (BBC mundo, CNN, AP, AFP, EFE, XINHUA, REUTERS, ANSA y
yahoo noticias) y otros sitios digitales como: Encuentro en la Red, La Insignia
y Rebelión.
[2] Ver http://www.reforma.com/internacional/artículo/287573/
[3] "En un acto realizado en Santander, el jefe del gobierno español
acusó al régimen de no querer escuchar la voz de
las mayorías, y fustigó a quienes se manifestaron multitudinariamente
en toda España contra la guerra en Irak por no hacer lo mismo contra
la dictadura en Cuba". (Protestan unas mil personas en Madrid contra los
fusilamientos en Cuba, Armando Tejeda. La Jornada, 27 de abril de 2003).
[4] http://condosguevos.tripod.com/internacional.html
[5] Principal holding empresarial de comunicación de España
y uno de los más importantes del mundo de habla hispana. Compendia negocios
diversos dentro de su rama como el diario El País, el grupo editorial
Santillana, la Cadena SER y Sogecable. Solamente la Cadena SER integra 187 emisoras
en toda España, equipadas con los últimos avances en tecnología
digital. Santillana cuenta, entre otras, con editoriales como Aguilar, Alfaguara,
Richmon Publishing y Taurus; y el área de prensa plana de Prisa,
además de El País, maneja, entre otros, los diarios Cinco
Días y As, las revistas Cinemanía, Claves de Razón
Práctica y Rolling Stone; participa, con el 75% del capital, en Espacio
Editorial, a través de la cual el Grupo gestiona los diarios El Correo
de Andalucía (Sevilla), Odiel Información (Huelva)
y Jaén, y participa en La Voz de Almería. Asimismo,
este grupo realiza, junto a El Periódico de Cataluña, El
Dominical, una revista que incluyen varios diarios españoles en sus
ediciones dominicales. El Grupo promueve, además, los premios "Ortega
y Gasset" de periodismo, "Alfaguara" de Novela y "Ondas", de Radiodifusión,
de los lauros más importantes del orbe hispano en sus respectivos géneros.
[6] No solo tiene a Juan Luis Cebrián entre sus primeros firmantes,
sino que, como correlato, cuenta entre los mismos a redactores de El País
y autores premiados y publicados por su sello insigne Alfaguara.
[7] Ese diario se negó a publicar un trabajo del importante intelectual
Ignacio Ramonet el mismo día de la asonada golpista, texto en el que
el director de Le Monde Diplomatique denunciaba el signo de la alianza
que tomó el poder de facto en la nación andina, publicando solo
una versión del mismo, cuatro días después del golpe.
[8] Es conocido el financiamiento norteamericano a través de la
NED y la Fundación Ford, de las que data un vínculo histórico
con la CIA y el español, según consta en el número 25 de
la Revista Encuentro, "de la mano de la Agencia Española de Cooperación
Internacional del Ministerio de Asuntos Exteriores de España (AECI),
que le brindó su apoyo cuando solo era un esbozo sobre el papel".
[9] El titular de una entrevista aparecida en La Razón,
el 10 de abril de 2003, lo expresa claramente: "ya es hora de presionar para
que Fidel Castro deje Cuba". La autora de la frase es Zoe Valdés, que
solo tiene que suspirar para aparecer en la prensa española.
[10] "Y unas de las peores dificultades es, precisamente, la actitud
perdonavidas, arrogante y etnocentrista (…), de quienes creen que la democracia
es un patrimonio exclusivo de los países occidentales (…) y que miran
con absoluto desdén los esfuerzos de los países tercermundistas
para alcanzarla y, en vez de ayudarlos en esa empresa, la obstruyen y sabotean.
Para mí esa forma solapada de colonialismo mental es lo primero que es
imposible derrotar a fin de que la humanidad viva por fin alguna vez en un mundo
en el que los Fidel Castro y los Sadam Husein sean anacronismos tan flagrantes
como lo son ahora el canibalismo y la trata de esclavos". Democracia sobre las
ruinas. Mario Vargas Llosa, El País, 27 de abril de 2003.
[11] "García Márquez condena ejecuciones en Cuba". AP,
29 de abril de 2003 y "García Márquez se pronuncia contra la pena
de muerte y la represión en Cuba". CNN y Reuters, 29 de abril de 2003.
[12] García Márquez: "manipulan medios mi respuesta a Susan
Sontag". La Jornada, 30 de abril.
[13] "Gabriel García Márquez insiste en su defensa numantina
de Castro". La Razón, 1ro de Mayo, "Gabriel García Márquez
en tiempos del cólera", Belkis Cuza. El Nuevo Herald, 2 de mayo,
"Vargas Llosa, Enrique Krause y Zoe Valdés fustigan a Gabriel García
Márquez". Encuentro, 6 de mayo, "Gabo, cortesano de Fidel: Vargas
Llosa". El Universal, 6 de mayo, "Zoe Valdés llama 'cochinos'
a García Márquez, Luis Sepúlveda y Rigoberta Menchú
por defender a Fidel". La Razón, 6 de mayo
[14] Por ejemplo, el periódico El mundo, el día
antes de que se realizara la manifestación en Madrid del 26 de abril
y luego de la de París, le dedicó su suplemento cultural a la
amplificación de las mismas, con entrevistas a: Cabrera Infante, Zoe
Valdés (que tuvo una conferencia en línea ese mismo día)
y un artículo de María Elena Cruz Varela.
[15] Noticias del 27 de abril: Apenas unas mil personas participaron
hoy… (Protestan unas mil personas en Madrid contra fusilamientos en Cuba. La
Jornada); Nunca Fidel Castro había concitado un rechazo tan plural
en España. Unas 2 000 personas, entre españoles y cubanos del
exilio… (Un acto contra Castro acaba en un ataque furibundo al PSOE, El País);
Unas 3 000 personas alzaron su voz ayer al mediodía … (Crece el repudio
a Castro. El Nuevo Herald)
[16] Con sus casi 80 años y siendo uno de los dramaturgos esenciales
del teatro español en el siglo xx, Alfonso Sastre ha realizado la hazaña
de mantenerse invisible para la prensa mundial, aún. El diario El
Mundo lo entrevistó a razón de obtener por unanimidad el Premio
Max de las Artes Escénicas en su sexta edición y al día
siguiente le dedicó un editorial acusándolo de justificar la violencia
en el país vasco, cuando Sastre hablaba de la violencia y de las condiciones
para la paz en esa región.