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21 de agosto del 2003
Reseña del libro "Los Disidentes". El culebrón
del verano
Por un puñado de dólares
José Daniel Fierro
Rebelión
El libro Los Disidentes es más que un trabajo periodístico
o una recolección de entrevistas, donde los agentes de la seguridad cubana
infiltrados en grupos contrarrevolucionarios relatan cuáles eran sus
objetivos y sus misiones y cuáles su fuentes de financiación.
Es cierto que el libro aporta también documentos gráficos de reuniones,
cartas y comunicados entre dirigentes, y recibos de cobro de grupos terroristas.
Pero además (o quizá sobre todo) es la comprobación de
la pasta con la que están amasados los grupos de la disidencia en Cuba.
Grupos que sólo existen en el papel y cuyo único sustento se debe
a la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba (SINA). Es la constatación
del tipo de "democracia" que planean para Cuba y que nunca van a conseguir imponer.
Es la demostración del absoluto desprecio hacia el pueblo de Cuba y su
independencia.
Ellos (los que se autoproclaman la oposición democrática al interior
de la isla y sus jefes estadounidenses) se ríen de la justicia, la libertad
y la democracia. Se mofan de los derechos humanos, de la dignidad y de la paz.
Su forma de actuar tiene un todo de las maneras de Al Capone y un nada de oposición
política. Su único objetivo es derrumbar el edifico de la revolución
socialista y hacerse con el poder. Retornar a ese país próspero
que era la Cuba de Batista.
żY por el camino? Por el camino ir amasando una fortuna que les situaría
como la clase influyente de su irrespirable sistema capitalista.
En el libro queda claro que la SINA protegía, financiaba y facilitaba
el trabajo a toda esta dirigencia golpista. Personajes que no se atenían
al guión de lo que cabe esperar de quien dice trabajar por la libertad
y la democracia, pero que al yanqui tampoco parecía importarle.
Si la SINA les regalaba avales de salida del país, para que fueran entregados
a perseguidos o "refugiados políticos", los disidentes los vendían
al mejor postor.
Si desde el Departamento de Estado norteamericano, o desde cualquiera de sus
satélites de Miami, se enviaban dólares para ayudar a los presos
y sus familiares o como incentivo para la (escasa) militancia de los grupos
disidentes, los cabecillas se quedaban con la mayor parte del dinero. En una
ocasión la embajadora holandesa donó a Martha Beatriz Roque la
suma de 1.500 dólares para que fueran entregados entre los damnificados
por los huracanes que habían afectado a la zona de Pinar del Río.
Los documentos de la propia organización de Martha Beatriz únicamente
registran la entrega de 700 pesos cubanos (unos 175 dólares) a 7 personas.
Cuando se puso en marcha el programa de "Bibliotecas independientes", la SINA
proveyó de "libros" (semblanzas de EE.UU., su gobierno y su economía,
discursos de Bush, novelitas del oeste, diccionarios o cuentos infantiles) a
los grupos interesados. En lugar de eso, muchos beneficiados acabaron vendiendo
los libros como método de financiación personal.
Otro tanto ocurrió con los llamados "consultorios independientes" y "farmacias
independientes" (un intento de desestabilizar el sistema médico cubano
ya utilizado en Nicaragua, Polonia y Rusia). Desde el exterior se hacía
llegar todo tipo de material médico y medicinas a los grupos opositores
con el objetivo de que fuera repartido entre toda la población (incluso
se les pedía que no discriminaran a los militantes comunistas) y de esa
forma ir ganado adeptos para el momento de la transición en Cuba. Ese
material y esas medicinas pasaron al mercado negro y a engordar los bolsillos
de ciertos disidentes.
Si la SINA les solicitaba informes (y lo hacía constantemente) sobre
las condiciones laborales, o sobre la educación, o el turismo, o la situación
social, etc., aquellos se los inventaban y falseaban los datos y las conclusiones.
Del mismo modo que desde las agencias de prensa y medios "independientes" creaban
informaciones a su medida.
Cuando los norteamericanos formaron el denominado Concilio Cubano (un
vano intento de unir a la contrarrevolución), rápidamente se autoeligieron
para dirigirlo los siete disidentes más poderosos: Oswaldo Payá,
Martha Beatriz Roque, Gustavo Arcos, Félix Bonne, Elizardo Sánchez,
René Gómez y Jesús Yánez. Esta toma de poder generó
un profundo malestar entre el resto de la militancia disidente y, además,
pronto comenzaron a monopolizar el dinero e incluso uno de ellos, que contaba
aparentemente con el apoyo de la SINA, hubo de ser expulsado del grupo. Tal
fue la escandalosa corrupción que, al olor del dinero, se generó
entre estos luchadores por la democracia.
Oswaldo Payá como ejemplo
Oswaldo Payá es uno de los contrarrevolucionarios que se postulan
como el próximo presidente de Cuba. Es un dirigente machista y racista
(al que no se le conoce ningún colaborador cercano que sea mujer o negro),
que acusa al gobierno de totalitario, antidemócrata y excluyente, y que
habla de reconciliación nacional. Pero en la práctica, él
centraliza todo el trabajo de su grupo (Movimiento Cristiano de Liberación),
toma las decisiones unilateralmente y realiza declaraciones en nombre de un
movimiento que nunca le eligió como líder y que no conoce, ni
aprueba de antemano, las propuestas o declaraciones que realiza.
Las relaciones de Oswaldo con el resto de los disidentes son pésimas
y rechaza discutir con ellos puntos comunes para lograr un consenso. Tampoco
acepta la Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba (programa de Martha
Beatriz Roque) y se niega a que quienes apoyan el Proyecto Varela (su proyecto)
se afilien a otras iniciativas que consideren viables. Es contrario a aquellos
que defienden el pluralismo. Desde el propio exilio de Miami se le califica
como dictador porque no acepta que dentro y fuera de Cuba haya gente con otros
puntos de vista.
A pesar de contar con una imagen de austeridad y de presentarse como un cubano
de a pie (haciendo circular fotos en las que aparece desplazándose en
bicicleta), lo cierto es que posee un impecable minibús de nueve plazas
(marca Volkswagen) que utilizaba para pasear a su familia y llevarla, de vez
en cuando, de vacaciones a Varadero.
Cuando recibía en su casa a embajadores, corresponsales de prensa o diplomáticos
extranjeros, lo hacía en una sala con muebles desvencijados y un viejo
televisor ruso en blanco y negro. Pero en el resto de la vivienda contaba con
todo tipo de comodidades y equipamiento. Sus conferencias de prensa eran únicamente
para la prensa extranjera, nunca para medios cubanos.
Los apoyos de Oswaldo vienen fundamentalmente de la SINA y también del
gobierno español.
Su nivel de vida lo justifica con su magro sueldo (en pesos cubanos) como ingeniero
de electromedicina, vinculado al ministerio de salud pública, siendo
la única persona de su familia que trabaja.
El papel de los disidentes
Hay quien dice que el único papel que les interesa es el papel moneda,
y cuanto mayor tenga la cifra mejor.
Son personas que forman partidos de 1 ó 2 miembros con tal de tener acceso
a los fondos de la SINA. Partidos que en muchas ocasiones son facciones desgajadas
de otras organizaciones en las que todos luchan por hacerse con el poder.
En realidad ese calidoscopio de grupos pasa por encima de cuestiones ideológicas,
pues el único credo que respetan es el de recibir de sus patrocinadores
regalos y dinero que mantengan ese modus vivendi al que se entregan en
cuerpo y alma. Un problema que va más allá del simple valor económico
de esas aportaciones, ya que esa dependencia les hace ir cayendo cada vez un
poco más bajo.
Siempre serviles a la jerarquía difusa de una potencia extranjera para
la que realizan labores de espionaje, desestabilización o sabotaje. En
esa lógica, cuando los funcionarios norteamericanos ofrecían sus
residencias privadas para la realización de reuniones o encuentros de
la disidencia, su objetivo era el de mostrarles las ventajas que tiene el sistema
capitalista, de cómo se puede vivir en el lujo de una gran residencia
y de cuán generoso puede ser el amo. Como si en los EE.UU., paradigma
de la libertad, todos los ciudadanos mantuvieran ese nivel de vida.
Sin embargo, con ser cierto todo lo anterior, es justo que se le reconozcan
algunas virtudes con las que cuentan estos disidentes, y que también
aparecen reflejadas en el libro.
Son personas ingeniosas. Con una decena de términos son capaces de crear
un universo de siglas: Comité Cubano pro Derechos Humanos, Fundación
Cubana de los Derechos Humanos, Partido Cubano pro Derechos Humanos, Corriente
Cívica Cubana, Corriente Socialista Democrática Cubana, Movimiento
de Jóvenes Democráticos, Partido Popular Joven Cuba, Movimiento
Cubano Democratacristiano, Movimiento Cristiano de Liberación, Partido
Socialdemócrata de Cuba, Partido Liberal Democrático Cubano, Coalición
Democrática Cubana... Y ahí quien se llevó la palma fue
Rafael Ernesto Ávila Pérez, muy cercano a Martha Beatriz, por
su proyecto de crear la Plataforma de Resistencia a la Oposición (PRECIO).
Un verdadero disparate.
Son personas eficientes. Organizaciones con 8 ó 10 miembros son capaces
de movilizar a líderes políticos y a toda la prensa occidental.
En julio de 1999, 6 miembros de la disidencia realizaron la escenificación
de una huelga de hambre. En 24 horas la noticia recorrió el mundo. Cuando
llegaban los periodistas, los ayunantes se tendían en unas camitas (preparadas
para tal fin) y ponían cara de angustia y fatiga. El resto del día,
se comía y se bebía gracias al refrigerador que había enviado
la SINA y a los paquetes de comida que lo acompañaban.
Son personas ahorradoras. Algunos con sueldos reducidos y la mayoría
sin trabajar, son capaces de viajar al extranjero, contar con todo tipo de electrodomésticos,
comprarse un coche, poder invitar a los amigos a un buen güisqui y a un
aperitivo y, además, llegar a fin de mes.
RSF y los medios de comunicación "independientes"
Reporteros sin Fronteras (RSF), como no podía ser de otra manera,
también nada en ese fango y también financia las actividades de
estos grupos contrarrevolucionarios. En el libro se encuentra un certificado
de la Secretaría Internacional de RSF -firmado por el inefable Menard-
en el que aseguran que "nuestra asociación apoya financieramente a la
agencia de prensa independiente Cuba Press. El pasado 30 de agosto [de
1996] RSF entregó la suma de 900 dólares a Raúl Rivero,
director de Cuba Press".
En la misma línea se encuentra otra carta, firmada por dos periodistas
independientes de Cubanet, donde se certifica la entrega de 1.750 dólares
provenientes de RSF.
Y qué casualidad, que esta misma agencia (Cubanet) haya contado
desde su creación con la financiación del Departamento de Estado
norteamericano. Recibiendo, sólo en el año 1999, casi 100 mil
dólares como presupuesto anual de funcionamiento.
Tras el fracaso sufrido por RSF en su campaña contra el turismo en Cuba,
y a punto de finalizar la campaña de verano, me permito desde estas líneas
hacerles una recomendación para el año venidero. Visto el impedimento
para poder usar la foto del Ché en sus folletos y tratando de iluminarles
en la búsqueda de un icono universal que recoja la esencia y el espíritu
de los periodistas "independientes", creo que mejor que la imagen de Guevara
("un totalitario sin ambages y un gobernante desastroso" -Juan Luis Cebrián,
El País 12/08/03-) es preferible usar la del Tío Gilito.
Todo serán ventajas: por un lado, los yanquis no pondrán ninguna
demanda contra su uso tratándose del fin que persigue; Walt Disney sonreirá,
desde su cubito de hielo, orgulloso de que uno de sus personajes se convierta
en azote de comunistas; y, por último, los periodistas disidentes se
sentirán íntimamente identificados con este pato reaccionario
y amante del dinero.
"Los Disidentes"
Miriam Elizalde y Luis Báez
Editora política, 2003.
Edit63@enet.cu