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22 de septiembre del 2003
Entrevista con la escritora Rosa Regás
"Estoy y estaré con Cuba"
Rosa Miriam Elizalde
Rebelión
A Aznar le daría el papel de palanganero", afirma la escritora española
Rosa Regás (1933), una de las figuras más prestigiosas de la literatura
hispanoamericana y quien suscribiera el comunicado de la Alianza de Intelectuales
Antiimperialistas en contra de la campaña mediática contra Cuba.
La gata se llama Lucy y ronronea sobre el sofá, rodeada de libros
y páginas mecanografiadas que arman un pequeño caos en el saloncito
del apartamento madrileño de Rosa Regás. El animal de color gris
perla desaparecerá en el mismo instante en que llega su dueña,
una mujer que ha derrumbado el mito de que el escritor es un monje de la palabra
desde que abre sus ojos al mundo. Ella se ha alzado con algunos de los más
importantes reconocimientos en las letras hispanoamericanas prácticamente
sin darse respiro a sí misma entre una obra y otra, pero empezó
a escribir a los 55 años (hace poco más de una década),
y desde entonces ha publicado cuatro novelas merecedoras de tres de los más
importantes premios de las letras españolas: Memorias de Almator (1991),
Azul (Premio Nadal, 1994), Luna lunera (1999, Premio Ciutat de Barcelona, y
presentada en Cuba) y La Canción de Dorotea (Premio Planeta, 2001).
Rosa fue uno de los 135 escritores, artistas, académicos y profesionales,
mayoritariamente españoles, que firmaron el comunicado de la Alianza
de Intelectuales Antiimperialistas, en contra de la campaña mediática
anticubana que se desató desde abril de este año. De eso vamos
a hablar, entre otros temas que no hemos convenido previamente, y que saldrán
casi sin que nos demos cuenta, con la pasión de quien vive la literatura
y el periodismo sin negociar su compromiso político. "Sin vergüenza
de tener el corazón a la izquierda y debidamente condenada por hereje",
como diría Roque Dalton, una frase que le recuerdo en el momento en que
una pausa de silencio corta el diálogo y reaparece Lucy, otra vez con
sus ronroneos, recordándonos que ella vuelve a su siesta en el sofá
y que es hora de despedirse.
LA GUERRA
En Cuba se ha publicado Luna lunera, una novela marcada por la memoria atormentada
de la Guerra Civil Española. ¿Cuánto, efectivamente, la conmocionó
esa guerra?
Muchísimo. Mi infancia está marcada por la guerra. El tema
de la Guerra Civil para mí es un tema absolutamente vivo, como lo es
también el tema de la nefasta influencia de la Iglesia Católica
en todos los procesos políticos españoles, poniéndose siempre
del lado del fascismo.
Este es otro tema para mí muy vivo, por eso estoy tan en contra de la
educación religiosa, y tan a favor de la separación de Iglesia
y del Estado. Yo no tengo nada en contra de la religión católica
en sí, salvo cuando se mete en los asuntos de una sociedad que es, por
su Constitución, laica.
Eso sí me ha influido, como también, terriblemente, la historia
de mi padre, de mi madre y de mi familia que, cuando la repaso, me parece casi
light comparada con la historia de tantísimos españoles que fueron
perseguidos, humillados, acusados, torturados y asesinados en nombre de Dios,
del orden y del fascismo.
Si hay algo que me deja muy perpleja es constatar que el franquismo no ha desaparecido
en ninguna de sus facetas. Todavía hoy, cuando los historiadores van
buscando por los pueblos testimonios de las matanzas que hicieron los falangistas,
los ancianos callan, porque aún tienen miedo. El franquismo perdura en
el alma de muchísima gente que es constitucionalmente de derechas…
¿Se puede decir que sobrevive en España una especie de síndrome
de "gatopardismo", cambiarlo todo para mantenerlo todo igual? ¿Fue eso lo que
hizo la llamada transición?
Sí, pero estos de ahora ni siquiera quieren cambiar nada. A estos
les gustaría que volviera Franco…
Que en cierto modo sigue ahí…
Hombre, claro; ahí están ahora sus hijos y nietos. Eso es
evidente.
En Luna lunera dice que "las guerras se parecen para quien las sufre y cada
cual se atribuye el sentimiento y el pavor de los demás con los que acaba
confundiéndose".
¿Usted se refería solo a la Guerra Civil, o ya pesaba en esa frase la
experiencia de los años recientes?
Sí ya pesaba, y ahora mucho más. Lo de la Guerra contra Iraq
es una salvajada de tal calibre que si el mundo recupera un poco el sentido
común, se avergonzará del peso de esta brutalidad, y de este capricho
de niños imbéciles protagonizado por Bush, Blair y Aznar, tres
nuevos ricos en la democracia, que no tienen idea de nada. Ellos se han permitido
el lujo de exagerar y de mentir como han querido, en una guerra en la que creyeron
que les daría muy poco trabajo y mucho prestigio. Y les ha dado mucho
trabajo y muy poco prestigio, afortunadamente.
Una guerra, por cierto, en la que el lenguaje lo tergiversa todo. Nosotros en
España tenemos en las vitrinas del régimen y en las de la Historia,
una heroína que se llama Agustina de Aragón, que luchó
contra la entrada de los franceses que venían a traernos, supuestamente,
la "democracia", la "libertad", la "justicia". Sin embargo, esa mujer se puso
al frente de muchísima otra gente y lucharon con armas, hasta la muerte.
Bueno, pues esto ahora Aznar no lo puede entender. Él sigue llamando
terroristas a los iraquíes y a los palestinos, que lo que hacen es resistencia,
porque no aceptan al invasor. Esta lógica parece ser muy difícil
de entender para mentes tan poco lúcidas, y para mentes tan poco democráticas
como la de estos tres personajes.
Hablando de Bush, Blair y Aznar, el dramaturgo Alfonso Sastre imaginó
recientemente un retablo en el que le asignaba determinados papeles a estos
personajes. El le atribuía la Codicia a Bush, la Muerte a Blair y la
Lujuria (del Poder) a Aznar. Si usted tuviera que escribir una novela en la
que aparecieran estos tres, ¿qué haría con ellos?
Yo no sería tan benevolente. A Bush le daría el papel de la
corrupción, a Blair le daría seguramente el papel del nuevo rico
–que imitan a los ricos y siempre se equivocan-, y a Aznar le daría el
de papel de palanganero… ¿Sabe lo que es?
Sí, pero me gustaría que usted misma se lo explicara a los
lectores…
El palanganero era la persona que en el siglo pasado iba con una palangana
en las casas de putas, para que los hombres se lavaran sus partes pudendas.
EL PAÍS
Revisando algunos textos de José Martí durante su estancia
en España, en la década del 70 del Siglo XIX, me encontré
con una frase que me pareció extraordinariamente contemporánea:
"España solo será libre cuando ya no tenga su frente manchada
de sangre". ¿Hasta qué punto se ha manchado de sangre su país
en estos últimos tiempos?
Es una frase cierta, aunque debería añadir que no solo España
se ha manchado de sangre en esta guerra. No voy a defender a mi país,
pero es justo decir que manchas de sangre en la frente las tienen todos los
países europeos, junto con Estados Unidos. Todos.
Solo que esa certeza se enmascara o se justifica totalmente a nivel de la
opinión pública. El poder parece seguir una pauta doble. En el
Primer Mundo, el método favorito es la manipulación de los medios;
en el Tercer Mundo, todo es menos sutil, y sigue funcionando la violencia física
y la exclusión.
Los medios son una empresa, y como tal, son la derecha, y necesitan manipular
la información en provecho propio. Aparte de esto, hay algunos independientes
–realmente muy pocos-, que tienen que lidiar con un Juez Garzón que encarcela
a los periodistas, porque les encuentra conexiones con Al Qaeda, lo cual me
parece totalmente idiota. Al Qaeda no la fabricaron los periodistas, sino Estados
Unidos. Todo, como usted dice, está cambiado y enrevesado.
En España, por ejemplo, las empresas mediáticas son en primer
lugar eso: empresas. ¿Cómo se van a poner a favor de quienes tienen una
visión más social de la vida? No lo van a hacer, y estarán
siempre al lado del poder. Siempre.
Pero el diario El País, por ejemplo, parecía venir de una tradición
más liberal, menos comprometida con ese poder…
Es una tradición falsa. El País es una empresa también,
y el señor Polanco es un empresario. No hay que extrañarse. Nunca
se van a poner en contra de sus intereses.
¿Y la intelectualidad española? ¿Cree que está más comprometida
con el poder que en otros tiempos?
Hay muchos intelectuales que todavía se la juegan. Estemos de acuerdo
o no con ellos, algunos se enfrentan a ese poder. Yo no estoy de acuerdo con
la mayoría, pero no se trata de que digan lo que yo digo, sino de que
defiendan lo que creen que deben defender. Esa es la verdadera democracia. Lo
que ha pasado es que no pocos se cambian la camisa, porque les interesa el poder,
porque se sienten mejor cobijados al lado del poder. No quiero mencionar nombres,
pero entre nosotros hay muchas personas que se ponen de vez en cuando en contra
de algo, pero nunca se pondrán en contra de Sharon. No conozco ningún
intelectual español vinculado a los grandes medios que machaque a Sharon,
que es el más grande asesino de la historia, fundador de un Apartheid
que ha dejado pequeño al de Sudáfrica, que se permite tomar la
justicia por su mano, que mata indiscriminadamente, que puede hacer lo que le
dé la gana y que no ha cumplido nunca una sola de las 500 resoluciones
de las Naciones Unidas.
Nadie dice nada. Y sin embargo, luego se meten con Fidel Castro, y le sacan
en cara que si hizo esto o aquello.
Yo estoy en contra de la pena de muerte, no la acepto. Pero, ¿por qué
se escandalizan tanto por lo que ha pasado en Cuba, y no se ponen en contra
de todas las penas de muerte que ha firmado Bush? Estoy muy consciente de la
presión a la que se somete a Cuba, y por tanto, bajo esta presión
es que tengo que juzgar todas las demás cosas que ocurren en ese país.
Por eso firmé la carta de la Alianza de Intelectuales Antifascistas,
y estoy y estaré con Cuba, y en contra de la campaña que se ha
desatado contra la Isla.
Ya que estamos en el tema Cuba, ¿cómo valora usted la decisión
de la Unión Europea de cortar el intercambio cultural entre nuestro país
y Europa?
No tiene precedentes, y siento además que esto expresa un problema
que está en la raíz de la Unión Europea. Están perdidos.
Les falta una ideología, una brújula, no hacen más que
improvisar y cometer disparates. Ahora mismo Aznar se ha ido a ver a Khadafi
para seguir haciendo papeles ridículos, contradiciendo una y otra vez
–a conveniencia- las reglas que ellos mismos en algún momento han puesto
en práctica. Bush y los demás se han enrolado, por ejemplo, en
una guerra contra Sadam Hussein, acusándolo de tener unas armas que nadie
ha visto, acusándolo de no ser demócrata. ¿Por qué les
molesta ahora la falta de democracia, si antes se cargaron la democracia en
Chile y la de otros países?
Es tan incongruente todo lo que ocurre, que lo de Cuba es otra incongruencia
más, y a nadie le llama demasiado la atención. ¿Es o no es incongruente
que el Juez Garzón ahora quiera procesar a Ben Laden, una persona que
está procesada en 30 países? ¿Esto es de locos, o no? No te olvides
que en España hemos tenido a un fiscal que estaba investigando a 400
casos de delito de guante blanco y los han catapultado a todos (exonerado del
proceso legal) ante las narices de toda la nación. Es una locura.
¿Por qué cree que España lidera dentro de la Unión Europea
esta política de sanción y aislamiento a Cuba?
Aznar se lo ha tomado como algo personal, y yo creo que tiene que ver con
el gran complejo que él padece, no solo como hombre bajito, pequeñito
y con bigote. Él no puede ser Felipe González, y se ha empeñado
en que todo lo de su predecesor, él tiene que hacerlo también,
pero al revés. En algún momento Felipe González intentó
un puente entre Latinoamérica y Europa, y Aznar se ha empeñado
en hacer todo lo contrario: girar el puente hacia Estados Unidos. Ha dado la
espalda a Europa y a Latinoamérica, fundamentalmente en el ámbito
del intercambio cultural. A las empresas que allí roban, no. A estas
ha tratado de darle vía libre.
¿Pero por qué esa relación enfermiza con Cuba? ¿Una obsesión,
un trauma, una perversión?
Les ha dado por ahí, a él y a los medios de comunicación.
No olvidemos que Aznar controla todos los medios. Todos. Yo creo que es así:
una obsesión enfermiza, que le viene de atrás, favorecido por
la falta de libertad de opinión que padecemos. Aquí la gente no
se atreve ni a meterse con Garzón. Y hasta hay unas cartas por ahí
rodando, que piden que le demos el Premio Nobel de la Paz a Bush, y el Premio
Nobel de la Concordia a Garzón. Es muy difícil intentar entender
lo que está pasando. Muy difícil. Yo no lo entiendo.
Sí, lo es, tanto que en la práctica existe un doble estándar
en la política contra el terrorismo. ¿Conoce el caso de Cinco cubanos
prisioneros en Estados Unidos por enfrentarse al terrorismo que se practica
desde territorio norteamericano?
Sí, lo conozco, pero de eso no se habla en ninguna parte.
¿Y por qué cree que no se habla?
Porque dominan lo que dicen las agencias internacionales, y todo lo que
se debe decir y pensar. No les conviene que se sepa una palabra de esto, ni
de otras importantes verdades, en un proceso en el que además se cercena
cotidianamente la memoria. Aquí en España son maestros en eso.
A nosotros nos han cercenado la memoria de la Guerra Civil y de la etapa de
posguerra, de tal manera que un joven de 16 ó 17 años no sabe
nada de lo que en realidad pasó. Se les habla del franquismo solo como
"el régimen anterior".
LA LITERATURA
Y pasan cosas como el centenario de García Lorca o de Rafael Alberti,
a quienes la prensa oficial y los políticos tratan de escamotear la memoria
de estos dos extraordinarios intelectuales. En los homenajes se suprimen o minimizan
aquellas partes de sus biografías incómodas para la derecha…
Sí, y también ha ocurrido que la derecha se ha puesto en la
boca textos de la izquierda.
Por ejemplo, el 11 de Septiembre un hombre totalmente de derechas se ha puesto
a hablar públicamente de Lorca y Alberti, citándolos como si nada.
¿Pero, hombre, si usted es de derechas? ¿Qué está citando? Eso
es solo para dar ideas de que son más progres que nadie, como si no los
conociéramos… Esos son los peores.
Tambien, gente que hace muy mala literatura, de pronto tiene una presencia
desmedida en los medios y en los favores de las editoriales. Es el caso, por
ejemplo, de Zoe Valdés. ¿No tendrá tanto "éxito" en el
mercado editorial por sus ideas políticas, afiliadas a las posiciones
más extremista de los grupos anticubanos?
No creo que sea tan así, y le sugiero que ni se preocupe por eso.
Toda la vida ha habido arribistas. Esta chica debe haber salido desnuda en alguna
revista, o habrá hecho textos absolutamente pornográficos, y por
eso debe llamar la atención. Pero eso no importa un comino. Ya pasará.
Esta es de las que se ha cambiado de camisa, de los conversos, y yo te diría
que su presencia en este mundo es absolutamente coyuntural, como no lo es la
de otros cubanos que sí han tenido éxito, y a mi juicio muy merecido.
Por ejemplo, Leonardo Padura, cuyos libros son muy bien aceptados en España.
No sé si él pasará a la historia como uno de los grandes
de la literatura cubana, pero sí te puedo decir que tiene muchísimo
más prestigio que Zoe Valdés.
Usted también en alguna entrevista ha elogiado a otro joven escritor
cubano, Alexis Díaz Pimienta, de quien habló en términos
de que "pertenece a un grupo de jóvenes que se ha ido forjando una voz
y un mundo propio".
Escribió una novela que me gusta muchísimo. No lo conocía,
hasta que participé en un jurado que le dio un premio. Me gusta mucho
su literatura. Recuerdo que cuando le dimos el premio, pidió permiso
para hablar en versos, e improvisó un discurso de media hora absolutamente
fantástico.
Cuando estuvo en La Habana le tiró los trastos por la cabeza a la
gente que habla de la existencia de una "literatura femenina". ¿Por qué?
Porque me parece absurdo. Se pone la etiqueta de literatura femenina simplemente
para ubicarla en un lugar inferior. Hace unos años un periodista de El
País hizo una lista de las cien novelas más importantes que se
habían publicado en España en los últimos 20 años
–todos hombres, naturalmente-, y acabó diciendo: en cuanto a la literatura
femenina, esta sigue en auge.
En todo punto de vista, influye el carácter, el sexo, la educación
que ha tenido la persona, todo.
Pero no sabemos en qué medida influye. Las feministas muy rabiosas creen
que las mujeres somos una cosa aparte. Pero yo no lo creo. Para tener un profundo
conocimiento del alma femenina no necesariamente hay que ser mujer. Yo misma
he escrito novelas en las que el protagonista es hombre. En Luna lunera el protagonista
es un hombre: el abuelo. No hace falta ser hombre y criminal para escribir una
novela sobre un hombre y un criminal.
LA VIDA
Luna lunera es una novela autobiográfica, que revela a una mujer que
ha vivido intensamente. Pero usted empezó a escribir a los 55 años,
en contra de lo que parece ser una ley –el escritor nace escribiendo- y, por
cierto, no le ha ido nada mal…
Sí, es verdad, como también, que me he dedicado a otras vocaciones.
He querido tener una gran familia –y la tengo-, y eso da mucho trabajo, muchísimo.
Tengo cinco hijos, y 14 nietos…, figúrese. Aunque trabajar en una fábrica
es más difícil. Nunca pude almidonar las cortinas, pero tampoco
quería hacer eso. Yo no quería hacer lo que hacen las mujeres
burguesas: quedarse en casa y ver la televisión dos o tres horas al día,
ir a la peluquería cada dos días…
Sin embargo, no dejó de ser una mujer atractiva… ¿Quién le
decía aquello de "Rosa Regás, que buena que estás"?
Ese era Gabriel García Márquez… Sí, he hecho muchas
cosas, y he viajado muchísimo, y he salido mucho por la noche, y he bailado,
y he leído mucho, y he hecho deportes…
¿Y ha sido feliz?
Sí, no tengo derecho a quejarme.
Pero Luna lunera habla de una infancia muy desgraciada…
Lo fue, tanto que la Rosa Regás de 20 años estaba muy descalabrada,
y era muy desdichada, no entendía nada, pero poco a poco fui encontrando
mi camino…
¿Qué pasó con sus tres hermanos, los otros personajes de ese
libro?
Mi hermano mayor, Elías, fue quien tuvo una vida más extraña.
Se casó siete veces; pasó de archimillonario a mendigo, de artista
a terrorista… Hizo de todo… Pero un día dio un salto por una ventana
y se mató. Hace cuatro años. Era el hombre más dotado que
he conocido.
Todo lo que hacía le salía bien. Por eso no llegó a nada,
porque le gustaba tan poco hacer las cosas, que no se esforzó en nada.
Recuerdo una vez que estaban rodando una película y alguien le propuso
jugar tenis, y él se negó porque no sabía. Tanto le insistieron
para hacer solo una toma, que se puso a jugar tenis y le ganó al tío
que sí sabía.
Luego estaba Georgina, que se parece a mí, pero con una tez morena. Se
dedica a hacer libros de cocina y cerámicas… Y luego mi hermano Orión,
que tenía uno de los establecimientos más famosos de Barcelona,
donde se reunían artistas, modelos, fotógrafos, intelectuales…
Me conmovió mucho la historia de su madre y de su padre republicanos,
y el drama de esos cuatro niños rehenes del abuelo franquista… Tal vez
la fuerza de la historia esté en el narrador, esa niña pequeña
que describe lo que le está pasando, tan descarnadamente, casi sin emoción…
El libro es una milésima parte de lo que ocurrió en nuestras
vidas. Si hubiera puesto más, no me habrían creído. Efectivamente,
lo más difícil para mí fue encontrar al narrador, hasta
que di con aquella voz infantil. Un niño no juzga. Él se acerca
al que lo quiere, y se aleja del que le pega. Pero no sabe que este que le pega
es malo. Esto lo descubre después, en la adolescencia, donde lo confunde
todo. Por eso es tan fácil de manipular a un niño. Me metí
en la piel de una niña que no juzga para que no se me fuera la mano.
Solo hay juicios cuando estos niños son mayores y están viendo
el cadáver del abuelo, y lo condenan de la peor manera.
¿Qué fue de su mamá, despojada de la posibilidad de estar cerca
de ustedes por sus ideas políticas y por su independencia?
Murió hace cuatro años. La vimos al cabo del tiempo, e intentamos
una relación con ella, pero ya era muy difícil. Bueno, la tuvimos,
y fue muy buena, pero difícil en el sentido de que habíamos idealizado
de tal modo el amor de madre que, cuando la veíamos ahí en carne
y hueso, nos dábamos cuenta de que no coincidían los retratos.
Ya mayores fue que empezamos a reconstruir aquella relación, y la llamábamos
y la veíamos. Nosotros vivíamos en Barcelona, y ella en Madrid,
y luego cuando vine a residir aquí estuvimos juntas.
¿Y su padre?
Murió antes. Mi padre había luchado por la República
y era un hombre feliz, con una mujer y cuatro hijos, que era un autor teatral,
y tenía un puesto en el Partido de Izquierda de Cataluña, y un
despacho de abogados importantes. Con la guerra lo perdió todo.
Absolutamente, todo. Estuvo en un campo de concentración, luego en París
escondido –la GESTAPO buscaba a los republicanos para entregarlos a Franco,
que los fusilaba de inmediato como hicieron con muchos-. Y finalmente, como
mi abuelo era partidario del fascismo, logró que mi padre viniera, pero
haciendo vida de noche, y durmiendo de día.
Él tenía la esperanza de que cuando entraran los americanos con
los británicos, salvarían a España del fascismo. Era un
bendito. Creía que los Aliados era gente de izquierda, y cuando los americanos
aceptaron el régimen de Franco, se quedó muy tocado. Y ahí
comenzó el declive suyo. Sin embargo, se resistía y aguantaba.
Pero cuando murió Franco, y él se dio cuenta de que lo que teníamos
era una democracia que no procedía de la República, sino del franquismo
–con un Rey impuesto por Franco-, y que todos los asesinos seguían en
el gobierno, todos se habían cambiado la camisa, y todos se habían
vuelto demócratas, dejó de hablar voluntariamente. Desde el año
77 hasta el 80, año en el que murió. No pronunció una palabra
más en vida.
En alguna entrevista usted decía que la única experiencia que
le ha faltado por vivir es mirar el mundo desde un globo.
Ya lo hice. Un día lo comenté en una emisora de radio y lo
escuchó uno de mis hijos.
Poco después, estábamos en la casa que tengo en el campo con todos
mis nietos, y apareció ese hijo, y nos dijo: vámonos. Me llevó
a Angerona, me subió a un globo e hicimos todos el viaje que había
estado soñando.
Entonces si ya cumplió ese sueño, es de suponer que tenga otro
que está por realizar. El ser humano en este terreno es insaciable.
Pues, la verdad… No lo sé…
Mire, que si lo dice ahora, tal vez se le cumpla…
Tengo un sueño que no sé si veré realizado. Llevo la
mitad de mi vida con Franco, y la otra, con la derecha. Primero, Jordi Pujol
en Cataluña, y ahora aquí, desde el 96, con el PP, que se ha cargado
todo. Se ha cargado el sentido de la democracia, la justicia, la educación,
la ideología… todo…Si me concedieran la realización de otro sueño,
me gustaría que cayera la derecha de este país. ¡No se imagina
cuánto me gustaría eso!