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¿Qué destino espera a las iniciativas de Bush para acelerar la transición democrática en Cuba, a la luz del 45 Aniversario de la Revolución Cubana?
Percy Francisco Alvarado Godoy
Escritor guatemalteco
11 de diciembre del 2003.
Cuando se han cumplido sesenta días exactamente del momento en que
George W. Bush, actual presidente de Estados Unidos, lanzara sus "iniciativas
para acelerar la transición democrática en Cuba", las que
no amedrentaron a los revolucionarios cubanos y llenaron sin embargo de falsas
esperanzas a los mafiosos de Miami, nuevos hechos ponen sobre el tapete la irracionalidad
de la política yanqui hacia la Isla.
Aquel 10 de octubre, rodeado de una selecta representación de mafiosos
y "gusanos", el presidente norteamericano sacudió la Rosaleda
de la Casa Blanca con una histérica arenga: "Cuba debe cambiar".
Ante los eufóricos gritos y descompasados aplausos de gente con sucios
antecedentes terroristas, dudosos historiales políticos y prestos siempre
a meter la mano donde haya algo de easy money, el nuevo fuhrer,
embriagado por un rápido triunfo en Iraq y olvidando los continuos ataques
de la resistencia contra sus soldados, prometió una vida efímera
a la Revolución Cubana a partir de ese momento.
Las nuevas iniciativas formuladas por Bush, fundamentadas en una clara intención
electorera, bosquejaban planes dirigidos a aumentar las presiones sobre la Isla,
donde el pueblo se aprestaba a alcanzar el 45 Aniversario de su Revolución,
en acontecimiento más radical y transformador en toda su historia. No
estaban dirigidas sólo a presionar a los cubanos sino que, en abierta
violación de las libertades democráticas de sus conciudadanos,
les negaban a los norteamericanos la posibilidad de conocer de cerca la verdadera
realidad cubana y de negociar libremente con la Isla.
En tal sentido, la primera de estas iniciativas estaba dirigida a reforzar la
aplicación de las restricciones a los norteamericanos de viajar a Cuba.
Con la falsa justificación de que el turismo ilegal "perpetúa
la miseria del pueblo cubano", Bush violaba los derechos constitucionales
de sus compatriotas bajo las más abiertas y claras amenazas.
Otra iniciativa fue la de "ayudar a los cubanos a llegar sanos y salvos
a estados Unidos", mediante la creación de supuestas facilidades
para fomentar y reforzar la emigración legal hacia Estados Unidos. Es
la misma mentira repetida tantas veces, que pone a prueba la inconsistencia
y falta de seriedad de la política migratoria norteamericana hacia los
cubanos de la Isla. La existencia de la criminal Ley de Ajuste Cubano, el mantenimiento
de la teoría de "la olla de presión", la estimulación
a la emigración ilegal y el incumplimiento sistemático de las
cuotas establecidas en los Acuerdos Migratorios, han sido factores omnipresentes
en su percepción sobre el problema migratorio cubano. Por ello, luego
de dos meses de esta promesa, no se avizoran cambios sustanciales en la política
norteamericana al respecto.
Otra de las medidas cacareadas por Bush fue la creación de una Comisión
de Ayuda a una Cuba Libre, co-dirigida por Colin Powell, Secretario de Estado,
y Mel Martínez, Secretario de Vivienda. De acuerdo con sus palabras,
este grupo de evidentes procónsules se dedicarían a trazar "planes
para el día feliz cuando el régimen de castro ya no exista y la
democracia llegue a la Isla". Esta Comisión, dando muestras de la
total subestimación hacia los cubanos propia de sus amos yanquis y de
la irracional prepotencia que los caracteriza, se encargará de ayudar
a los cubanos a enfrentar los nuevos retos de la supuesta época post
castrista.
También insistió Bush en esta oportunidad, en el compromiso norteamericano
de usar todos los recursos a su alcance para aislar a Cuba en el terreno internacional,
así como apoyar decididamente a sus servidores dentro de Cuba, la quinta
columna contrarrevolucionaria, con todo tipo de ayuda. Para contrarrestar un
inexistente bloqueo informativo del gobierno, Estados Unidos hará todo
tipo de esfuerzo para hacer funcionales las transmisiones de Radio y TV Martí,
estimulará la propaganda a través de Internet, así como
enviará libros, folletos y toda suerte de libelos contrarrevolucionarios.
Hasta aquí lo sucedido aquel 10 de octubre del 2003, en que el presidente
norteamericano repartió promesas y sonrisas a cambio de futuros votos
electorales. Todo fue, sin lugar a dudas, una maniobra desesperada para contrarrestar
la pérdida de popularidad experimentada por él y el Partido Repúblicano
entre los gusanos mafiosos de la Florida.
Ante el desespero de varios representantes de la mafia cubano americana por
el incumplimiento de las promesas hechas en octubre, en un rejuego fullero y
apresurado, se reunió el 5 de diciembre con los miembros de dicha Comisión.
Como quien quiere salir de un atolladero, urgió a sus integrantes a presentarle
el próximo primero de mayo del 2004 un "amplio programa de ayuda"
al pueblo cubano.
Reunido en la Casa Blanca con Powell y Mel Martínez, así como
Tom Ridge, Secretario del Departamento de Seguridad del Territorio Nacional;
Tom Evans, Secretario de Comercio; la Asesora de Seguridad Nacional, Condolezza
Rice; así como representantes de las secretarías de Hacienda,
Defensa, Transporte, Recursos Energéticos, Salud y Servicios Sociales,
la Agencia de Protección Ambiental y la DEA, entre otras, Bush los urgió
a:
► Seleccionar las vías y métodos para lograr el rápido
derrocamiento de la Revolución Cubana y
► Establecer los requerimientos de "ayuda" a los cubanos luego
del fin de Castro.
De acuerdo con esta estrategia anticubana, la Comisión deberá
presentar el próximo primero de mayo sus consideraciones sobre:
· ¿Cómo lograr un final pacífico
y rápido del gobierno socialista en Cuba?
· ¿Cómo establecer instituciones "democráticas",
el respeto a los derechos humanos y la vigencia de la ley?
· ¿Cuál será la forma más
adecuada para crear instituciones básicas para una economía de
mercado?
· ¿Cómo modernizar las infraestructuras
del país?
· ¿Cómo atender las necesidades básicas
en las áreas de salud, educación, vivienda y servicios sociales?
Al comentar esta información ofrecida el día 8 de diciembre por
la Oficina de prensa de la Casa Blanca, uno no puede menos que sorprenderse
por la falta de objetividad de la actual administración norteamericana.
¿Será que acaso no les han servido para nada las lecciones históricas
sobre la imposibilidad de derrocar a la revolución Cubana durante las
últimas cuatro décadas? Cuando esa Revolución arriba a
su 45 cumpleaños, más fortalecida y joven que nunca, es una insensatez
pretender destruirla con las mismas añejas maniobras, con idénticas
e ilusas pretensiones que abrigaron los 10 anteriores presidentes norteamericanos
y, sobre todo, con un total desconocimiento o falta de reconocimiento de la
realidad cubana.
Fidel dijo al respecto hace unos días, durante la celebración
del acto en ocasión del cumpleaños del niño Elián
González y del Cuarto Aniversario de la Batalla de Ideas, el pasado día
5 de diciembre, al referirse a esta reunión efectuada en la Casa Blanca:
""Hablan como si se creyeran de verdad que esta Revolución
se cae mañana, que este país no puede resistir. ¡No se dan cuenta
de la causa, la realidad y la fuerza de la Revolución Cubana!" Y
Fidel tiene razón: mientras el pueblo apoye a la Revolución, jamás
podrá ser destruida ni por ésta ni por todas las comisiones que
inventen Bush y su camarilla.
Mueve a la risa, de la misma forma, que Bush tome como fecha para recibir las
conclusiones de la Comisión el Primero de Mayo, día de combate
para los cubanos, día de reafirmación revolucionaria. No me cabe
duda, pues, que ese día saldrán millones de cubanos a las calles
para ratificarle, una vez más, su total apoyo a Fidel y a la Revolución.
De eso, no tengo la menor duda.
Para no quedarse atrás en la implementación de las medidas anticubanas,
y en un alarde de reforzamiento del bloqueo criminal contra la Isla, el gobierno
norteamericano envió a su Subsecretario de Seguridad del Territorio Nacional
(DHS), Asa Hutchinson, el día de ayer a la ciudad de Miami. En otra maniobra
para congraciarse con la mafia terrorista miamense, este funcionario presentó
un balance sobre el trabajo realizado por el gobierno con vistas a reforzar
las restricciones sobre los viajes a Cuba. En los dos últimos meses,
según él, se realizaron más de 45 000 inspecciones a cerca
de 54 000 viajeros.
De acuerdo con este funcionario, los agentes de la Oficina de Protección
de Aduanas y Fronteras de Estados Unidos (CBP) y del Departamento de Seguridad
del Territorio Nacional (DHS) detectaron en sólo dos meses cerca de 600
infracciones a la política de embargo contra Cuba, fortalecida por Bush
a partir del 10 de octubre.
Como resultado de las 45 160 inspecciones efectuadas en los Aeropuertos Internacional
John F. Kennedy (New York), Internacional de los Ángeles y el Internacional
de Miami, realizadas a 971 vuelos y 54 160 pasajeros, se comprobó que:
· 171 personas intentaban viajar a Cuba, en
viajes de salida, sin las licencias de la OFAC, lo que representaba violar las
restricciones establecidas por el gobierno de Bush. A todas ellas se les somete
a sanciones civiles en franca violación a sus libertades individuales.
· 44 personas habían viajado a Cuba sin
autorización expresa, por lo que serán sometidas a fuertes multas
y otras sanciones.
Esta cacería de brujas en los aeropuertos norteamericanos, denunciada
en varias oportunidades, viola derechos constitucionales de ciudadanos norteamericanos,
por cuanto les privan de su derecho a viajar libremente. A la par, les frustra
la posibilidad de conocer la verdadera realidad cubana y de descubrir los valores
turísticos, sociales y culturales de los cubanos. Por ello, quienes han
gastado miles de letras y páginas sobre "telones de acero",
"telones de hierro", "cortinas de acero" y otras tantas
invenciones mediáticas y desinformativas, ponen hoy una criminal cortina
de fuerza contra sus propios conciudadanos.
A pesar de ello, del endurecimiento de las sanciones a viajar a Cuba, miles
de norteamericanos desoyen tan inaceptables medidas y validan su derecho constitucional
a hacerlo, desafiando al intolerante morador de la Casa Blanca.
De tal manera, amigo lector, puedo concluir que las medidas anticubanas formuladas
por Bush aquel 10 de octubre del 2003, de nada han servido. La Revolución
Cubana está más consolidada que nunca y el pueblo espera el 45
Aniversario de su triunfo más unido a Fidel y apostando sin dudas al
futuro. Esa es la más completa verdad.