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LA UNION EUROPEA, BOLIVIA Y CUBA
José Manzaneda Miembro de EUSKADI-CUBA
(Asociación Vasca de Amistad y Cooperación con Cuba)
Dos conceptos resumen la actual política exterior de la Unión
Europea: neocolonialismo y doble moral. Hace un mes, la UE aprobó sanciones
contra Cuba, exigiendo cambios en el modelo económico y político
de la Isla para firmar cualquier acuerdo de cooperación en el marco de
Contonou.
Paradójicamente, en Cuba, a pesar de las severas carencias materiales,
se garantizan mínimos básicos y derechos fundamentales para sus
ciudadanos-as que son sistemáticamente pisoteados en los países
de su entorno geográfico que sí tienen convenios estables con
la UE. Por contra, días atrás, en plena ola de represión
contra campesinos y trabajadores con un saldo de más de 100 muertos,
la UE daba su apoyo expreso al aún presidente de Bolivia Gonzalo Sánchez
de Lozada, que a estas horas se encuentra plácidamente "exiliado" en
el territorio refugio de los corruptos, asesinos, explotadores y especuladores
de todo el mundo: Miami.
¿Por qué tanta saña con el gobierno revolucionario de Cuba y un
apoyo expreso al neoliberal de Bolivia? La respuesta es sencilla: la Unión
Europea es una potencia imperialista pujante y representante directo del lobby
de sus multinacionales, que en las dos últimas décadas han comprado
a precio de saldo las empresas públicas privatizadas en todos los países
de América Latina (a excepción de Cuba).
Mientras Bolivia lleva décadas aplicando los planes de ajuste estructural
del Fondo Monetario Internacional (FMI) por los que, además, se eliminan
los subsidios a la alimentación básica, a la educación
y a la salud y se reducen los gastos sociales para la población más
pobre, Cuba no ha privatizado ninguna empresa nacional, y sólo admite
inversiones extranjeras que aporten capital, mercado y tecnología en
condiciones ventajosas para el país, con un control estricto por parte
del Estado y con un plazo de finalización determinado. ¿Y cuál
es el resultado? Bolivia presenta un cuadro social cada día más
dramático, a pesar de recibir cuantiosos préstamos del FMI, el
Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo y de renegociar una y
otra vez su deuda externa. Cuba, por el contrario, no recibe ni un dólar
de los organismos financieros multilaterales -todos controlados por Estados
Unidos- y se le impone un bloqueo que impide un crecimiento económico
acorde a las potencialidades de un país formado y culto; pero sin embargo
mejora año tras año sus indicadores en esperanza de vida, mortalidad
infantil, calidad de la enseñanza y sanidad pública, alimentación
y otros, tal como se recoge en el último informe de Desarrollo Humano
del PNUD de Naciones Unidas presentado en junio de 2003.
La posición tan benévola de la UE con las administraciones títeres
del Tercer Mundo y su política de alineamiento con el cerco norteamericano
a los gobiernos rebeldes (Cuba o Venezuela, por ejemplo) es hipócrita
y responde a dos factores: los intereses de sus multinacionales, que en países
como Bolivia campan a sus anchas y ocupan el espacio de decisión política
que debería corresponder a verdaderos gobiernos democráticos,
y la necesidad de tender puentes con el imperialismo norteamericano, con quien
debe repartirse "civilizada y democráticamente" el pastel de los recursos
estratégicos de las naciones empobrecidas en el marco de la globalización
neoliberal.