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29 de agosto del 2003
Cuba en El País de Falsimedia
Antonio Maira
Rebelión
Acompañando e impulsando a la Fundación "Encuentro de la
cultura cubana" y a la revista del mismo nombre, El País se ha
lanzado, desde el comienzo del verano, a una campaña desaforada contra
Cuba que anticipa la que va a tener lugar en los próximos meses.
Dentro de la compleja estructura funcional de Falsimedia, que en su conjunto
manipula y orienta estratégicamente la información para vaciar
a la opinión pública, convertirla en "sentimiento público"
y situarla en la senda del "consenso de Washington", el periódico El
País cumple cada vez más un trabajo vinculado al control del
imperio sobre América Latina.
La manipulación en el inicio de esta campaña contra Cuba ha sido
extremadamente grosera en cuanto a la distancia entre la información
y los hechos, pero ha utilizado técnicas muy depuradas por experiencias
próximas -la más sistemática fue la incorporación
plena del diario al fundamental componente mediático del largo y todavía
muy activo proceso de golpe contra el gobierno democrático y popular
de Venezuela- y adaptadas con precisión a los reflejos condicionados
que el propio periódico ha creado en sus lectores.
Dos objetivos inmediatos
En esta fase de la campaña se están cubriendo dos objetivos tácticos:
uno el lanzamiento público de la Fundación Encuentro y la plena
identificación de El País con ella; el otro la determinación,
fijación e integración en un esquema sencillo y fácilmente
divulgable, de la "información- basura" que va ser necesaria en la larga
y sucia guerra mediática contra Cuba.
Se trata de atacar a la revolución cubana consagrando la revista Encuentro
y falseando desvergonzadamente la naturaleza de esta publicación. Al
mismo tiempo se reafirma el discurso elemental contenido en la proclama:
"Carta abierta contra la represión en Cuba", y se consolida el instrumento
informativo para la campaña contra Cuba en cuya articulación
El País ha tenido un papel fundamental.
Encuentro total
La primera falsedad es la calificación de Encuentro como revista
cubana. En realidad es un instrumento diseñado y financiado por el gobierno
de los EEUU y por el gobierno español a través de organismos estatales
o fundaciones interpuestas: la Fundación Ford y la NED (National Endowment
for Democracy) son los instrumentos de Washington, y el Instituto de Cooperación
Iberoamericano el de Madrid. El producto informativo de esta alianza
entre Bush y Aznar -aparecida fugazmente con ocasión del golpe de abril
en Venezuela, y consolidada como fidelidad servil durante la pasada primavera-
tiene la misma credibilidad que el que utilizaron en la justificación
de la guerra contra Irak.
La segunda falsedad es la afirmación de que Encuentro reúne
a los intelectuales de dentro y fuera de la isla. Cabría decir -interpretando
fielmente a El País- a todos los intelectuales cubanos. La formulación
que le ha dado el periódico a ese increíble "milagro de fraternidad"
ha sido ejemplar en cuanto a su intención manipuladora: "Lugar de reunión
para los intelectuales de aquella isla que viven tanto dentro del país
como en el exilio" (31.7.03). Así pues, no hay intelectuales cubanos
fuera del muy peculiar corralito político- cultural vallado por Encuentro.
El "Encuentro" del que nos hablan los profesionales a las órdenes de
Polanco tiene -según sus patrocinadores económicos y sus aliados
mediáticos- un carácter absolutamente "universal" en cuanto al
pensamiento cubano. De la misma manera y con el mismo grado de falsedad, proclamaron
hace algunos meses que los periodistas cubanos estaban representados en su totalidad
por la insignificante minoría que ejercía el doble papel de "periodistas"
-la mayoría no lo eran- y de "disidentes" dentro del organigrama desestabilizador
que había establecido James Cason, jefe de la Sección de Intereses
de Estados Unidos en Cuba.
Encuentro-Verdad
Una vez que el órgano de propaganda de la NED -y de la CIA- ha sido presentado
como el pensamiento global de Cuba, es prioritario establecer de manera inmediata
su identificación con la Verdad. Por eso El País afirma
categóricamente la cuidadosa objetividad de la revista: "El informe -se
refiere al que ha publicado Encuentro sobre 'la represión en Cuba'-
es cronológico y aséptico, y narra los últimos
episodios del régimen castrista".
Esta definición de la objetividad y rigurosidad atribuidas a Encuentro
enmarca dentro de la información de El País (30-7-03),
dos afirmaciones absolutamente tendenciosas y notoriamente falsas de la revista
de la NED que reproduce el diario. En ellas, Luis Manuel García, Jefe
de Redacción, afirma que las tres condenas a muerte lo fueron con la
acusación de "traición a la patria por intento de abandonar la
isla" y también que "se condenó a 75 personas por pensar distinto".
La supuesta "indiscutibilidad" de unas afirmaciones tan mendaces como esas sirve
para establecer como axioma indiscutible esa medida de la represión en
la isla y del carácter de su "régimen". El País
define, con palabras de Encuentro , los "lugares comunes" básicos
que servirán de soporte a la próxima información sobre
Cuba.
A esa labor de legitimación de la revista Encuentro -en realidad
un instrumento y un discurso reglamentados y definidos en la Ley Helms Burton-
colaboraron intensamente todos los intelectuales, artistas y políticos
siervoyanquis, que firmaron, semanas atrás, la primera gran colaboración
entre los dos medios de comunicación: la "Carta abierta contra la represión
en Cuba".
A la caza de intelectuales "críticos"
La campaña se ha estructurado para facilitar, en las primeras fases,
la vinculación de aquellos "intelectuales", mucho más gregarios
que críticos, que no se hacen demasiadas preguntas. Otorgar a los "disidentes"
que actúan de la mano de la administración Bush el carácter
de "pacíficos", vincular la "disidencia" cubana nada menos que a una
aspiración de "soberanía", autodefinirse como "intelectuales,
artistas y políticos del mundo democrático", o responder a iniciativas
de El País o de Encuentro sugiere mucho más que
un despiste transitorio. Sugiere un considerable grado de conformismo con la
realidad y de servilismo ante el poder, combinados con ignorancia irresponsable
o con pura desvergüenza.
Una vez hecho el primer enrolamiento se utilizan métodos más sucios.
En caso necesario se miente en relación con la participación en
los manifiestos anticubanos de determinados intelectuales simbólicos,
o sobre el grado de participación de algunos otros que se ven incorporados
contra su voluntad a colectivos que les son ajenos y a escaladas que no comparten.
El caso más flagrante de falsificación total de las posiciones
hechas públicas ha sido el de Mario Benedetti, y el de incorporación
tramposa a dinámicas que han ido mucho más allá que sus
desacuerdos con los procesos judiciales en Cuba, el de José Saramago.
La campaña, iniciada con un brevísimo discurso aparentemente dirigido
a la denuncia de las últimas condenas en Cuba, ha sido rápidamente
definido con planteamientos mucho más extremos a los que han quedado
vinculados aquellos pocos intelectuales que sin calcular las gratificaciones
han mordido el anzuelo.
Mientras desenmascarar a El País -que justificó la guerra contra
Iraq en el momento clave de las intervenciones de Powell en el Consejo de Seguridad,
y participó plenamente en el golpe fascista contra Chávez en Venezuela-
se ha convertido en una tarea fundamental del pensamiento crítico, algunos
intelectuales se han dejado cazar por el cálido y protector abrazo de
Polanco.
La negación de la agresión exterior
La campaña de la fundación-revista Encuentro que está catapultando
El País tiene un eje prioritario: aislar los sucesos de Cuba de su contexto
fundamental que es la agresión exterior.
La evidencia, cuando descalabra un discurso político, se convierte en
el primer objetivo a demoler. Se repite aquí, en relación con
Cuba, la estrategia de ocultamiento que se realizó con rotundo éxito
durante la larga campaña de preparación de la guerra contra Irak.
Las causas fundamentales que conducían a la guerra por decisión
inexorable de los EEUU, permanecieron ocultas o apenas fueron mencionadas. Fueron
sustituidas por otras, absolutamente espurias, articuladas sobre documentos
falsificados, que a pesar de ello polarizaron todos los debates en los medios
y también las "representaciones de la crisis" que se hicieron
en el Consejo de Seguridad.
Los últimos sucesos en Cuba -las detenciones y los procesamientos- estarían
absolutamente desvinculados de agentes y acciones exteriores. Una de las frases
que hace referencia a los "motivos" de tales procesamientos, repetida reiteradamente,
ha sido que las condenas son la manifestación de una "represión
agravada con ocasión del comienzo de la guerra de Irak", o con
más claridad todavía: "aprovechando la conmoción internacional
generada por la guerra en Irak". El gobierno cubano se serviría de la
guerra, como situación que polariza la atención y propicia el
ocultamiento, para incrementar la "represión política".
La coincidencia a que se refieren El País-Encuentro, entre la guerra
de destrucción y ocupación de Irak, y las detenciones y juicios
en Cuba no es, desde luego, casual. La simultaneidad es muy significativa, pero
no se produce por las razones que señala la campaña contra Cuba
sino por otras completamente distintas.
La feroz reactivación de la estrategia de desestabilización externa
contra Cuba, considerada como otra etapa de la "guerra universal antiterrorista"
del presidente Bush, ha sido tan evidente como pública, tras la inmediata
y aparente "victoria" de EEUU en Irak. Ésta es la "crónica" de
hechos que oculta cuidadosamente el "relato, cronológico y aséptico",
que publica Encuentro y certifica El País.
La intervención contra Cuba ha sido abiertamente anunciada -en plena
euforia guerrera- por los miembros prominentes de la administración de
los EEUU y por las organizaciones contrarrevolucionarias de Miami, y descaradamente
realizada con las actuaciones desestabilizadoras de la Sección de Intereses
de EEUU en La Habana. Esto último ha sido ampliamente documentado por
el gobierno cubano ante los medios de comunicación y presentado por la
fiscalía ante los tribunales de justicia.
El silencio sobre la amenaza que pende sobre Cuba, la coartada de la desvinculación
entre los procesos en la isla y la intensificación de la guerra de "baja
intensidad" de los Estados Unidos, descalifica a todos los intelectuales firmantes
del manifiesto. No es posible el menor compromiso con la verdad cuando no sólo
se olvidan más de cuarenta años de agresion continua contra Cuba,
sino que esto se hace en un momento en el que la intervención militar
ilimitada de los EEUU se ha convertido en un procedimiento habitual para el
dominio del mundo, cuando la política imperial de conquista y saqueo
ha alcanzado niveles de ruptura total de todo el orden internacional.
En contradicción flagrante con la realidad, el núcleo del esquema
ideológico de El País es el de la existencia de un creciente
conflicto interno, cuya respuesta sería el incremento despiadado de la
represión. Nada de lo que ocurre en Cuba tendría que ver con una
agresión desplegada durante más de cuarenta años, con el
desarrollo actual de la "guerra global antiterrorista", ni con el proyecto de
dominación por la fuerza que tan detalladamente describe la "Nueva Estrategia
de Seguridad Nacional de los Estados Unidos".
La violencia de Bush es paranoia de Castro
En un esquema ideológico que insiste en la ausencia de factores exteriores
significativos en la aparición, organización y lanzamiento publicitario
de una "disidencia interna", se hace necesaria una denuncia cínica del
bloqueo -no en cuanto al sufrimiento que provoca en el pueblo cubano, eso parece
traerles sin cuidado, sino en cuanto sirve de "coartada" del "régimen"
para explotar una situación de "país sitiado" y aumentar la represión-.
Una parte de la "cultura cubana" representada en Encuentro va todavía
más allá en los niveles de cinismo. Estratégicamente vinculada
a todas las formas y momentos de la agresión norteamericana contra la
revolución, pero incapaz -en pleno intento de ampliar las alianzas externas
contra Cuba- de justificar públicamente algo tan brutal y tan ilegítimo
como el bloqueo, llega a hablar de la existencia de guiños de complicidad
entre Bush y Fidel en relación con ese bloqueo.
Ahora bien, a pesar del enmascaramiento en una retórica de democratización,
en el extremo del discurso ideológico aparece su naturaleza extremadamente
reaccionaria y su complicidad con el nuevo fascismo de los EEUU. Un ejemplo
claro es cuando atribuyen algo tan evidente como la percepción de la
agresividad de Bush a la paranoia del "régimen" o del propio Fidel Castro.
Después de su descarado apoyo orgánico y sistemático al
continuado intento de golpe fascista en Venezuela, y de su apuesta primaria
a favor de la intervención militar en Irak para "eliminar el riesgo de
las armas de destrucción masiva", El País -órgano principal
de Falsimedia en España- ha reiniciado la defensa de sus intereses empresariales
y la colaboración estratégica con los Estados Unidos en la campaña
contra Cuba.
Otros encubrimientos
La desvinculación de la situación de Cuba de las agresiones y
amenazas de los Estados Unidos no es el único ocultamiento grosero.
El principal silencio de El País es el que encubre la verdadera naturaleza
diferencial, política, económica y social, de Cuba, su larga y
gigantesca lucha por la igualdad, por la efectividad de todos los derechos humanos
básicos, la dignidad personal, la protección social de todas las
personas, y la integración efectiva de todos los ciudadanos en un proyecto
humano solidario y colectivo.
Tampoco aparecerá jamás en los análisis del País
el enorme papel internacional de Cuba en la construcción de un discurso
y una práctica antagónicos a los del capitalismo neoliberal, como
elementos necesarios de resistencia ante una globalización que está
ocasionando auténticas catástrofes humanas, y como factores imprescindibles
de la organización popular para la conquista de los derechos humanos
básicos demolidos por el mercado.
Claro que la vida digna como exigencia de todos y para todos, la humanidad entendida
como solidaridad, y la búsqueda de un futuro libre de desigualdades y
marginaciones escandalosas queda fuera de la cultura y el pensamiento de los
dos "encuentros": el de la Cultura de la contrarrevolución cubana, y
el de "los intelectuales, artistas y políticos" que firmaron la "Carta
abierta contra la represión en Cuba".