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28 de agosto de 2003
Para Judicial Watch los músicos cubanos nominados al
Grammy Latino son "agentes que constituyen un gran riesgo"
La fórmula del odio tiene
dos letras: JW
Pedro de la Hoz
Granma
Chucho Valdés es un émulo de James Bond. Eliades Ochoa pasa como
el espía que vino del frío. Bajo los tambores percutidos por Los
Muñequitos de Matanzas se esconde una clave secreta que activará
células terroristas. Cuidado con la Charanga Habanera: el ritmo de la
timba tiene la capacidad de desatar conflictos militares impredecibles. Ibrahim
Ferrer constituye un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos.
Créalo o no lo crea, delirios semejantes bullen en las mentes calenturientas
de los directivos de Judicial Watch, una organización norteamericana
supuestamente puesta en marcha para proteger la gestión gubernamental
del azote de la corrupción, pero que en realidad dedica sus mayores esfuerzos
a la industria anticubana que florece en Miami.
A poco más de una semana de la premiación del Grammy Latino 2003,
que tendrá lugar en el enclave miamense, el presidente de Judicial Watch
escribió al presidente George W. Bush una carta en la que pide se les
niegue el visado a los músicos cubanos nominados al galardón.
Al reseñar la conferencia de prensa donde el director de la organización
Larry Klayman dio a conocer el mensaje a Bush, un despacho de EFE consignó
cómo este destacó que "Miami merece tener los premios Grammy Latinos,
como capital de la música latina, pero no se merece tener la presencia
de agentes que constituyen un alto riesgo".
En la carta al mandatario, JW señala que "la participación de
artistas cubanos representaría una amenaza a la seguridad nacional porque
se ha comprobado que el Gobierno de Cuba usa a profesionales para labores de
espionaje en estados Unidos".
A lo que añadió Klayman: "Si los músicos cubanos se ganan
algún premio, se les puede mandar por correo, pero Miami no puede estar
expuesto al riesgo de la entrada de estos individuos potencialmente perjudiciales".
Los desatinos mentales de los directivos de JW moverían a risa si no
fuera porque se trata de un lobby jurídico sumamente peligroso e ilustrativo
de los aires neofascistas que soplan en los Estados Unidos de hoy.
Recuérdese que JW fue la organización que más hizo por
reeditar las prácticas machartystas contra Danny Glover, cuando se supo
la adhesión del famoso actor al Llamamiento a la Conciencia del Mundo
que más de 4 500 intelectuales y profesionales de 43 países refrendaron
para evitar que el apetito imperial cayera sobre Cuba.
JW también inventó el pasado enero —y el infundio se dispersó
a los cuatro vientos por obra y gracia de El Nuevo Herald— un truculento expediente
con el que pretendió nada menos que involucrar al Gobierno de Hugo Chávez
con una imaginaria base de Al Qaeda en el Norte de la India.
De tal manera que es consistente con su ejecutoria el falaz argumento con que
pretende descalificar a los músicos cubanos que residen en la Isla de
cara al Grammy Latino 2003. La palabra de JW viene del fondo de las cavernas.