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17 de octubre del 2003
Cuba
gana una batalla
De "Los disidentes" al "Camaján"
Antonio Maira
Cádiz Rebelde
La coartada y las víctimas La crisis de Irak ha demostrado, a todos
los que necesitan demostraciones detalladas y meticulosas no ya para violentar
sino simplemente para poner en duda los mandatos del Dios Todopoderoso, que no
hay límite en las falsedades de que son capaces nuestros "líderes"
políticos y mediáticos. De ellos puede esperarse cualquier canallada.
Desde el: "Iraq lo niega pero tiene armas de destrucción masiva", hasta
el: "Sadam Husein nos engañó haciéndonos creer que tenía
armas de destrucción masiva", se mide el tamaño de nuestra imbecilidad
colectiva. La distancia entre una afirmación y la otra indica también
lo inmensa que es nuestra credulidad. Ese fantástico atrevimiento de decir
dos cosas contrarias para justificar la misma acción explica también
la absoluta eficacia manipuladora, y la subordinación al poder, de Falsimedia.
Pero no siempre la credulidad o la imbecilidad dan saltos tan espectaculares.
No es necesario. El grueso de la opinión pública fue inducida a
mantenerse en la primera afirmación: "Iraq tiene armas de destrucción
masiva", o en una duda que se situaba a corta distancia de ella. Claro está
que tal duda relativa servía para inculpar a Iraq no para exculparle. El
titubeo inculpatorio fue sostenido y calificado de razonable cuando los hechos
y las evidencias afirmaban la falsedad deliberada de la denuncia. Ahí,
en la falsa duda para dejar correr la barbarie, se colocaron buena parte de los
intelectuales que se autocalifican o se dejan calificar, muy ufanos, de progresistas.
Y esa actitud de esconderse tras una "duda de refugio" mide en realidad la cobardía
ante el poder. Porque desde hace muchos años es evidente que Iraq no tenía
armas de destrucción masiva.
El caso es que entre la credulidad interesada y la duda de lavarse las manos se
convirtió Iraq en un infierno. Sin escándalo alguno pudo realizarse
un embargo que durante doce años causó varios centenares de miles
de muertos entre la población más vulnerable:
niños, ancianos y enfermos cuya salud dependía de una medicación
que se volvió inalcanzable. Ahora, después de una guerra brutal,
los mismos que negociaron su incredulidad ante una conciencia sumisa, los que
alternaron entre ponerle alguna duda a la verdad o darle mucha credibilidad a
la mentira, están dispuestos a que la ONU administre o simule administrar
la ocupación del territorio. Al fin y al cabo, está bien lo que
bien acaba.
Falsimedia y sus "intelectuales de izquierda"
A la vista de ese precedente inmediato sobre la feliz desfachatez con la que se
miente, no es demasiado extraño que los mismos agentes de ese tremendo
engaño masivo que condujo a la guerra contra Iraq sean capaces de dirigir
y realizar campañas mediáticas igualmente falaces contra Cuba. Actúan
como si su credibilidad no hubiese sufrido ningún daño.
Tampoco debe sorprendernos mucho la considerable cuadrilla de intelectuales que
han seguido ese juego del Imperio. Al fin y al cabo son los mismos que han utilizado
la duda como coartada para el silencio durante doce años de embargo genocida.
Los mismos que mantienen un silencio cómplice, casi gozoso, ante el intento
continuado de golpe fascista en Venezuela. Los que observan con desdén
poco disimulado la respuesta popular al golpe y calibran escrupulosamente la "legalidad"
de la resistencia. En realidad, se dedican a levantar recelos contra un gobierno
impecablemente democrático mientras esperan que una bien construida provocación
mediática les permita firmar nuevas cartas abiertas, esta vez contra la
"dictadura de Chávez".
Para aclarar un poco las cosas había que comenzar con una más precisa
catalogación de la función cotidiana asumida por medios de comunicación
y de su papel estratégico en las grandes batallas políticas. Los
medios de comunicación son no sólo instrumentos permanentes de control
político y social, sino también, en caso necesario, instrumentos
de combate de las élites económicas contra los procesos que desarrollan
una política popular como en Cuba y Venezuela. En todos los países
en los que tienen lugar luchas de masas contra el neoliberalismo - como en estos
momentos en Bolivia- aparecen y son denunciados los medios como un poderoso instrumento
político, unitario y despiadado, de la oligarquía.
Habría también que comenzar por cuestionar determinadas fronteras
y calificaciones que como dogmas ofrecen los medios de comunicación. Uno
de ellos, altamente eficaz, es el que se refiere a la supuesta posición
de los "intelectuales de izquierda" en las grandes batallas políticas contemporáneas.
En los últimos meses el binomio mediático "El País-Encuentro"
le está sacando un jugo extraordinario en su campaña desaforada
contra Cuba.
El domingo 5 de octubre, El País -el periódico identificado hasta
la infamia con el apoyo continuo al intento de golpe fascista en Venezuela, y
también con el apoyo a través de la "paloma-Powell" a los Estados
Unidos en la preparación de la guerra contra Iraq(2)- ofrece una
muestra de ello. Frey Betto es acosado con una "pregunta" que en realidad no requiere
respuesta: ¿Qué siente cuando destacados intelectuales europeos, no precisamente
de derecha, critican a Lula por no aludir a las violaciones de derechos humanos
en Cuba?
Lo cierto es que la mayoría de tales intelectuales nadan perezosamente
en las tranquilas aguas del "pensamiento único". Entre ellos, los tiburones
de la "progresía" de status reconocido y rentable saben perfectamente lo
que hacen y para quién cuando atacan ferozmente a la revolución;
los demás, las sardinas en el pantano de la corrección política,
se limitan a poner su granito de infamia para que su banco se incorpore como una
opinión de avalancha, irresponsable, gregaria y cínica, contra Cuba.
Es totalmente incierto que -como dicen a coro y a la orden los "profesionales"
de la revista Encuentro y del País- los intelectuales de izquierda hayan
abandonado a Cuba. Ningún intelectual de izquierdas ni tampoco ningún
intelectual honrado puede asumir las posiciones de la "Carta Abierta contra la
represión en Cuba". No son, de ninguna manera, intelectuales de izquierda
los que han asumido la defensa de Elizardo Sánchez o de Oswaldo Payá,
y de sus genitores y padrinos fuera de Cuba: Bush, Aznar, y la pléyade
de organizaciones antirrevolucionarias de Miami.
Los "disidentes" en acción
En los últimos meses, en el territorio de la verdad, cerrado para que no
pueda ser observado por los ciudadanos de occidente, Cuba ha ganado una batalla
-y no es la primera- a los EEUU.
Cuando el día 9 de abril el canciller cubano, Felipe Pérez Roque,
explicaba minuciosamente en rueda de prensa los motivos para los 75 juicios de
"disidentes", acompañando la explicación con la entrega de documentos
probatorios que demostraban cuáles eran los elementos organizativos, de
dirección y de financiación de las minúsculas organizaciones
que las vinculaban a la Sección de Intereses de los Estados Unidos en Cuba,
buena parte de los periodistas extranjeros trataron una información tan
importante como superflua. Los datos, documentos y razones que había ofrecido
el canciller de Cuba rebotaban sin encajar ni dejar huella en unos "profesionales
de la información" que no estaban dispuestos ni podían alterar su
esquema inamovible sobre Cuba. La "disidencia" ocupaba un papel fundamental en
su "coyuntura política" de Cuba que resultaba incompatible con la información
proporcionada por el gobierno.
Ninguno de ellos -con una "profesionalidad" mucho menor que la que cortésmente
les reconoció Pérez Roque- consideró oportuno verificar,
con la simple lectura de la ley Helms- Burton-, que el plan general de actividades
y la política concreta de sabotaje, bloqueo, hostigamiento, operaciones
encubiertas, previstos en esa ley, se correspondían exactamente con las
actividades que los "disidentes" realizaban de la mano de la Sección de
Intereses de Estados Unidos en Cuba (SINA). Sólo hacía falta colocar
los mandatos de la "Ley Libertad" como directrices obligadas de las actividades
del señor James Cason para tipificar la conducta criminal de los llamados
"disidentes". Las "relaciones intimas" y cotidianas estaban más que sobradamente
demostradas por los documentos entregados por la cancillería de Cuba.
"Los disidentes", la caída de un mito mediático
La información recogida por una docena, al menos, de ciudadanos cubanos
sobre el nacimiento, la organización, el funcionamiento, las actividades,
la financiación y las relaciones con la Sección de Intereses de
EEUU en Cuba de los grupos más conocidos de la disidencia cubana, que sirvió
de base para la acusación en los tribunales de justicia y para la minuciosa
información proporcionada por el gobierno cubano fue publicada en el libro
"Los disidentes" de los excelentes periodistas cubanos Rosa Miriam Elizalde y
Luis Báez.
"Los disidentes", en realidad una parte de la historia real de Cuba, fortalecerá
sin duda el repudio de la población cubana hacia esos mercenarios -codiciosos
e indignos- a sueldo de los EEUU, y debería destruir también ese
"mito exterior" de la disidencia interna que los políticos del "consenso
de Washington" y los dueños y periodistas de Falsimedia han elaborado minuciosamente
para establecer una referencia de "oposición independiente" y justificar
un plan muy detallado de agresión a Cuba.
No sólo destruye el mito sino que golpea duramente a una "disidencia" mercenaria
en lo ideológico, en lo político, y en lo económico, cuyas
actividades están dirigidas por la Sección de Intereses y también
-quien lo diría- minuciosamente controladas por la inteligencia cubana.
Lo primero que asombra en la lectura del libro es la enorme cantidad de "organizaciones
disidentes" bautizadas, más que formadas, por un número mínimo
de personas. Unos pocos individuos repiten en la dirección de varias organizaciones
que nacen y permanecen en el papel y que, si ganan el favor de sus padrinos, trasladan
su vida virtual a los medios de comunicación de las organizaciones mafiosas
de Miami.
Partidos "liberales democráticos", "democráticos liberales", "liberales
para la democracia" y "democráticos para la libertad", de Cuba entera o
de sus provincias por separado, comparten dirigentes con "Comités", "Movimientos",
"Oficinas", "Agencias", "Comisiones", "Cooperativas", "Asesorías", "Fundaciones",
"Grupos" y "Centros de Estudios", "pro", "para", "de", "por", "para la defensa",
de los Derechos Humanos según el cortísimo repertorio de estos derechos
que difunde Washington. Más que militantes, los partidos y organizaciones
que comparten dirigentes escasos, recogen y disputan dólares y regalos
canalizados por la AID y la USAID, y distribuidos por otro catálogo de
organizaciones de Florida.
De catálogo a catálogo, de Miami a La Habana, la parte menor de
los millones de dólares con los que el gobierno de EEUU engrasa a los lobbys
cubano americanos y enriquece a algunas decenas de "disidentes" sin escrúpulos
en Cuba.
Cuando los autores de "Los disidentes" le preguntan a Yamila Pérez Reyes
-una de las cubanas y cubanos de a pie infiltrados en los pequeños grupos
que le daban nombre y apariencia a las "organizaciones" contrarrevolucionarias-
sobre lo excesivo de su apropiación de seis o siete "cargos": "¿No eran
demasiados cargos para una sola persona?, ella responde tajantemente: "no en la
disidencia".
La mitosis es el mecanismo de multiplicación de organizaciones cuyo éxito
no se mide por la ampliación de su militancia sino por la atención
conseguida en la Sección de Intereses de los EEUU en La Habana, en algunas
embajadas y en las organizaciones anticastristas de Miami. En donde los segundos
reciben migajas, las rupturas sucesivas son inevitables. La aceptación
como disidentes importantes, como primeros de las filas virtuales de organizaciones
"reconocidas", es vital para unos profesionales de la "oposición interna"
cuyo sistema de evaluación, éxito y recompensa se inicia y termina
en las agencias del gobierno de los EEUU o en las fundaciones gobernadas por la
CIA. Los del exilio son intermediarios a los que los dólares se les pegan
en las manos. El pueblo cubano no existe para Washington, ni para Miami, ni tampoco
aparece en los grupos de "disidentes" en Cuba.
Treinta y cinco grupos fueron "inventados a punta de lápiz" para componer
una altisonante "Alianza Cívica Cubana" que respondía, en competencia
con otras "Uniones", a los afanes de unidad de los sucesivos jefes de la delegación
de los EEUU en la Habana.
La autenticidad de doce voces
La autenticidad de la historia que sobre la "disidencia" componen las 12 voces
de los "mercenarios que no lo eran" es indiscutible. Ninguno de los personajes
implicados, desde los jefes sucesivos de la Sección de Intereses hasta
los compañeros de mercenariato, pasando por los funcionarios más
diligentes de algunas embajadas, se atrevería a debatir sobre ello. Las
evidencias no pueden ser discutidas, sólo silenciadas. Y las evidencias
generales son muchas.
En primer lugar por la enorme coherencia de sus historias personales, el encadenamiento
múltiple del relato conjunto, y por la coincidencia plena que con los hechos
tienen sus narraciones. No podemos olvidar que esos hechos son actividades de
la "disidencia" y como tales fueron plenamente documentados y avalados por los
enemigos de Cuba. ¿Quién le va a negar a Odilia Collazo que ella y los
"mercenarios reales" que trabajaban bajo su dirección, inventaban y negociaban
con los informes sobre violaciones de los derechos humanos en Cuba? ¿Quién
puede discutirle al decano y máximo dirigente de la disidencia periodística,
Nestor Baguer, innumerables veces encumbrado por Miami, sus informaciones sobre
el negocio de los "periodistas independientes", y sobre la sistemática
invención y publicación de falsedades sobre Cuba? ¿Quién
a Pedro Luis Véliz que elaboró el informe del año 2002 sobre
la violación de los derechos humanos en Cuba, que sirvió para la
discusión en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra? ¿Quién
podrá discutirle a Cuba el descrédito total de los sucesivos informes?
En segundo lugar la propia importancia que dentro de la estructura general de
"organizaciones" y "lideres" tenían los "disidentes" que formaban parte
de la inteligencia cubana. Esa importancia podría ser constatada por los
corresponsales extranjeros y los diplomáticos que trabajan en Cuba, pero
fundamentalmente puede ser consultada en archivos y hemerotecas. Ellos eran en
buena parte "la disidencia" que en su conjunto era coordinada desde la SINA. Sus
métodos de trabajo: la denuncia falsa, la invención, la disputa
feroz de prebendas, la fabricación y divulgación de una Cuba diseñada
por la Secretaria de Estado de los Estados Unidos, eran comunes. Ellos proporcionaron
una parte importante de las denuncias e informes -falsos- con las que Radio Martí,
la Voz del CID, Cubanísima, el Nuevo Herald y otros medios de comunicación
contrarrevolucionarios fabricaban sus discursos contra Cuba.
Los cubanos que en defensa de la revolución trabajaban en las organizaciones
contrarrevolucionarias llegaron a dirigir una cantidad considerable de ellas,
y algunos de ellos fueron "disidentes" muy reconocidos, "periodistas independientes"
de primera línea, y visitantes siempre bien recibidos en la Sección
de Intereses.
En tercer lugar porque todos estos hechos, incluida la dirección política
de la SINA y la conexión con los grupos terroristas de Miami, están
documentados. La dirección de los funcionarios norteamericanos era particularmente
intensa para los llamados "periodistas independientes", las principales estrellas
en la fabricación de la gran mentira sobre Cuba.
Los serviles
Ya hemos indicado cuales son algunas de las evidencias que hacen indiscutibles
los cargos y las condenas de los 75 mercenarios que trabajaban para los EEUU el
implacable enemigo y el impune y permanente agresor de Cuba.
En primer lugar el sistema de "tareas" de desestabilización definido en
la Ley Helms- Burton y dirigido por los Estados Unidos, coincidía exactamente
con los trabajos de la "disidencia". La incorporación a esas tareas que
obviamente eran el manual operativo de James Cason está demostrada por
la "convivencia intima" con la Sección de Intereses.
En segundo lugar los "disidentes" asumen plenamente una estructura de dependencia
plena en el que la existencia de los grupos, su evaluación, su promoción,
su dirección política y su financiamiento funciona en círculo
cerrado que comienza y termina en la Sección de Intereses.
Finalmente su absoluta subordinación a las directrices del gobierno de
los EEUU viene implicada por la aceptación del extremado cuadro injerencista
definido en la misma ley Helms Burton. El Congreso de los EEUU es el que define
las condiciones políticas y las medidas económicas obligatorias
en un "gobierno de transición" aceptable para Washington. También
es el poder legislativo de los Estados Unidos el que establece un marco rígido
para la política que tiene que desarrollar un gobierno "plenamente democrático"
en la nueva Cuba. Siguiendo el modelo histórico de la Enmienda Platt, los
"disidentes" aceptan y trabajan en el marco de una cesión absoluta de la
soberanía de Cuba. Al aceptar este marco neocolonial es completamente absurdo
suponer que hayan puesto límites al control de Washington sobre sus actividades.
"La SINA orientaba sus actividades sin disimulo alguno". "Los periodistas independientes
se plegaban a una censura de los EEUU".
Los corruptos
La corrupción está a la orden del día. Una de las imágenes
más fuertes de "Los disidentes" es la del indigno trapicheo que supone
la profesión de "vivir de la disidencia".
La "disidencia" es el camino rápido para conseguir una visa y una situación
privilegiada en Florida. Los grupos cambian constantemente de "líderes"
en la medida en que las visas permiten la emigración de los que ya han
hecho méritos suficientes.
La amistad con la SINA y la importancia de las visas trae el negocio de los avales.
La recepción de dinero, de material traficable (medicinas, material informático
y fotográfico, equipos de radio, alimentos y medicinas) y la venta de avales
par facilitar la concesión de visados, configuran el "negocio de la disidencia"
del que disfrutan sus líderes. Se completa con la venta de información
falsa o deformada a los medios de comunicación de Miami.
Otro instrumento para el control político de la "disidencia" es la fabricación
de "personalidades" y la concesión de cuantiosos premios en metálico
cocinados también en la SINA.
Los infames. Denuncias sobre DDHH, atentados contra los DDHH
La disidencia no es sólo dólar sino también infamia.
Algunas de las operaciones no sólo negocian con el descrédito de
Cuba sino con la salud de sus habitantes aprovechando la situación creada
por el bloqueo. Los supuestos defensores de los derechos humanos se implican en
verdaderas violaciones de los derechos humanos.
La "Operación Liborio" organiza el suministro de medicamentos a los contrarrevolucionarios,
y el contrabando y tráfico de los mismos en pleno período especial.
La misma estrategia de aprovechar las situaciones de precariedad creadas por el
bloqueo e intentar subvertir el sistema de salud de Cuba se desarrolla con los
proyectos de las "farmacias independientes", los "consultorios independientes"
y algunos más puntuales como "despertando sonrisas". El objetivo es favorecer
un mercado, políticamente manejable, de medicinas o de asistencia médica,
establecido sobre la disponibilidad de medicamentos o equipos médicos garantizada
por envíos canalizados por la Sección de Intereses de los EEUU.
A quien le pueda parecer esto poco menos que increíble por su ignominia,
no tiene más que leer con atención la tantas veces mencionada ley
Helms-Burton que regula minuciosamente los mecanismos para la promoción
del negocio político de la asistencia humanitaria, y para su ejercicio
como monopolio de los EEUU una vez comience el período de transición
dirigido por Washington.
El Camaján
La evidencia pública sobre la naturaleza de la "disidencia" constituye
el primer golpe que en esta batalla Cuba le ha dado a los Estados Unidos.
Con la "quema" de sus infiltrados y el procesamiento y condena de los 75 mercenarios,
el gobierno cubano destroza la "credibilidad" de los disidentes, pone en evidencia
a Falsimedia, coloca a los intelectuales del consenso washingtoniano ante una
prueba sobre los límites del servilismo, y deja sin padrinos a los cuadros
medios de una "disidencia" cuya identidad, fidelidad e intenciones, se vuelven
dudosos hasta para los Estados Unidos.
Sin embargo el segundo golpe, definitivo e imprevisto, llegaría mas tarde.
El día 20 de agosto se publica en la red el libro "El Camaján" cuyo
protagonista principal, Elizardo Sánchez Santa Cruz-Pacheco, es el mejor
producto de Disidencia S.A.
Escrito por otros dos periodistas, Arleen Rodríguez y Lázaro Barredo
-que parecen vengar así la sustitución deliberada de los 2175 periodistas
cubanos honorables por unos cuantos bellacos presentados como los "periodistas
independientes de Cuba"- es la historia detallada de uno de los mercenarios más
encumbrados por la fábrica de la disidencia. Su historia, ejemplar, incluye
varios años, los últimos hasta el momento de la publicación
del libro, desde el 13 de diciembre del ya lejano 1997, de intensa colaboración
con la inteligencia cubana.
En este caso se trata de una especie de acuerdo de "beneficios mutuos" en el que
el Camaján no tiene inconveniente en informar sobre las actividades
de la "oposición interna" y denunciar a sus compañeros de "disidencia"
a cambio de algún favor que le permita encumbrarse sobre sus colegas, los
"presidentes in voce" de la Segunda República Plattista de Cuba. Elizardo
Sánchez cambia "moderación" por "preeminencia". El libro hace una
enumeración de los encuentros con la seguridad cubana con el detalle de
la información suministrada.
El Camaján es la historia de una doble infamia que retrata de nuevo, esta
vez a través del principal de sus líderes, a esa "disidencia" codiciosa
y servil, a la que el gobierno de los EEUU y de sus aliados, y los componentes
de Falsimedia, habían transformado en la representación genuina
del pueblo de Cuba.
La reacción ante la publicación del libro fue inmediata e histérica.
Elizardo y todos sus conmilitones y padrinos en la batalla-negocio de la "disidencia",
exigieron pruebas y proclamaron que el contenido era una patraña. Días
después se haría evidente que el ilustrísimo "disidente"
había calculado mal los rastros que habían dejado sus andanzas.
El día 11 de septiembre, los autores de "El Camaján" convocaron
una rueda de prensa internacional en la Habana. Allí, los asombrados corresponsales
extranjeros contemplaron un vídeo de más de 7 minutos en el que
un Elizardo Sánchez indiscutible, de guayabera blanca y cigarro cubano,
comentaba largamente su trabajo con varios oficiales del ministerio del interior
de Cuba y recibía una condecoración de la División de Enfrentamiento
a la Contrarrevolución por los servicios prestados en la lucha contra "el
imperialismo yanqui". El Camaján negociaba alguna visita humanitaria a
un contrarrevolucionario que iba a ser excarcelado, para ganar predicamento en
la dura competencia con otros camajanes aparentemente menos habilidosos.
"Los disidentes" y "El Camaján" han retratado la vileza de los grupos que
intentan mercadear el futuro de su país en la Sección de Intereses
de los Estados Unidos. En Cuba los conocen bien y los identifican como traidores
y aprovechados.
Ellos son creaciones de los Estados Unidos. Fantoches diseñados en la ley
Helms- Burton y en los manuales operativos de la CIA, y promocionados por la Falsimedia
al servicio del Imperio.
Han conspirado con los enemigos jurados de su país, con la superpotencia
que ha bloqueado y causado enormes carencias y penalidades a todo el pueblo. Envalentonados
por el poder militar inmenso de sus padrinos se atreven a amenazar a Cuba.
Identificados con sus patrones han olvidado una de las verdades que la revolución
ha mostrado al mundo. Se la recuerda, indignada y asqueada por su prepotencia
prestada, Odilia Collazo, la agente Tania:
"Los cubanos no comemos miedo".