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27 de diciembre del 2003
Entrevista con Carmelo Suárez Cabrera, secretario general
del Partido Comunista de los Pueblos de España
"La lucha por los Cinco es estratégica
en la salvación de todas las víctimas de la represión imperial"
Rosa Míriam Elizalde
Granma Internacional
Por error de un policía, Carmelo Suárez Cabrera, secretario general
del Partido Comunista de los Pueblos de España, supo que poseía
una ficha política en los archivos militares del Gobierno de Aznar, lo
cual supone un delito en el Estado español. Él había sido
apresado e iba a ser sometido a juicio por su activa participación en
las manifestaciones frente a las costas de Fuerteventura, cuando hace poco más
de un año decenas de ballenas fueron a morir allí debido al ruido
y las descargas sónicas de los equipos de la OTAN varados en la base
militar de la zona. Su expediente fue archivado y él puesto en libertad
cuando denunció el hecho: "Lo hicieron por temor a que trascendiera públicamente,
pero no dudes de que este país vive un estado policiaco", dice Carmelo,
arquitecto de profesión, con quien converso en su oficina de Las Palmas.
¿Qué expresión concreta tiene el neofranquismo en la vida de Canarias?
—En Canarias, las familias burguesas que fueron promotoras del golpe y que además
ejercieron la represión durante la dictadura, siguen viviendo una vida
de total impunidad. Te hablo de familias que formaron la Brigada del Amanecer.
Se llamaba así porque salían de madrugada, sacaban a la gente
de sus casas y la tiraban a la marea o a los pozos de agua, que son aquí
muy profundos, de más de cien metros de profundidad.
En Canarias la burguesía nunca ha hecho un mínimo proceso de modernización,
como cualquier burguesía inteligente pudiera hacer. Es muy dependiente,
muy comisionista, ligada a las actividades portuarias, sin el afán de
producir, sino de cobrar comisiones. Ese tipo de burguesía parasitaria
es la que se reinstala como resultado de ese proceso.
Aquí se da una experiencia muy singular: la alianza de las fuerzas populares
y nacionalistas de la izquierda, que consigue una influencia política
importante: se hace con la Alcaldía de Las Palmas y consigue un diputado
en las Cortes en Madrid. Se produce en ese momento una explosión popular,
con un entusiasmo extraordinario y niveles organizativos tremendamente importantes.
Eso consolida en todos los barrios y pueblo un respaldo político tremendamente
fuerte. Tal experiencia es producto de las luchas contra la dictadura y otros
procesos en Canarias. La burguesía se lanzó con acciones de mucho
calado para derrocar ese proceso. Pero antes de que consiguieran derrotar ese
proyecto, esta región consigue una victoria en el Referendo de la OTAN,
el 12 de marzo de 1986, durante el Gobierno de Felipe González. En Canarias,
gana el NO ante la pregunta de si España debía entrar o no a la
Organización del Atlántico Norte.
¿Cómo logran derrotar al pueblo canario?
—La experiencia de la unión del pueblo canario, del referendo, de ciertas
victorias en políticas laborales durante el Gobierno de Felipe González,
pusieron en alerta a esa burguesía. Ahí se trazó una estrategia
muy fuerte, que acabó concretándose en las últimas elecciones,
en las que esa derecha neofranquista vuelve a tomar el poder. Ahora mismo, en
Canarias, la derecha tiene el control absoluto en los ayuntamientos principales,
en el Parlamento de Canarias, en las cajas de ahorro —instrumento financiero
fundamental en nuestra economía— y en los puertos.
De modo que, a treinta años de la muerte de Franco, se ha consolidado
la derrota de las fuerzas populares que se fortalecieron a finales de la Guerra
Civil. Se ha consolidado el poder burgués más reaccionario y más
conservador que ha existido en la historia de este país, y que fue un
elemento fundamental en el apoyo a la dictadura de Franco. Esa es la realidad
actual.
¿Cómo explica la obsesión con Cuba del Gobierno de Aznar, que
lo ha llevado a incorporar a la Isla como tema de política nacional?
—La política de Aznar está subordinada al imperialismo norteamericano.
Todo lo que sea línea política del Gobierno norteamericano, Aznar
lo repite como una auténtica cotorra...
No, por favor, no ofendamos al pobre animal. Digamos que como un karaoke...
—Sí, como un karaoke. Desde el punto de vista español, Aznar vive
con muchas contradicciones ese proceso, porque hay un empresariado español
que ha invertido en los últimos años en Cuba de manera significativa,
y quiere tener buenas relaciones con la Isla. Debería producirse una
política de aproximación y, sin embargo, Aznar tiene una política
interior que va en dirección contraria, una especie de "franquismo sociológico"
que involucra a Cuba. Por ejemplo, Aznar ha incorporado cada vez más
en los discursos de los últimos tres años una expresión
que aquí se dejó de usar: "comunista", con un sentido peyorativo.
Todo lo referente a los comunistas, a la izquierda para él es una desgracia,
y por tanto, ha insistido en un lenguaje típico de la Guerra Fría,
llamando la atención sobre el "fantasma del comunismo". Ese lenguaje
lo aplica a Cuba también para legitimarse ante su base social neofranquista,
que es hoy el electorado fundamental de Aznar.
Es lo mismo que utiliza ante el problema de la unidad nacional, frente a Euskadi.
"Defender la unidad de la patria" era también una de las consignas fundamentales
de Franco. Este hombre agarra ese tema también, y demoniza todo lo vasco,
para aplastar cualquier pronunciamiento de cambios en los estatutos de las autonomías.
Se está dirigiendo a esa base social que quiere mantener cautiva para
mantener su voto. Hay un discurso de la posición de centro del Partido
Popular (PP) que tanto él repitió en algún momento, eso
está definitivamente abandonado. Por tanto ahí Cuba le viene muy
bien: que es una referente comunista, una amenaza, un peligro... Él trabaja
y alimenta eso. Su cerrazón política lo hace enfrentar de esta
manera el tema de Cuba.
Va más allá. Es el incitador de esa resolución de la Unión
Europea en la que se establece disminuir el intercambio cultural entre los pueblos
de Europa y Cuba. ¿Se podrá cortar el lazo que une a Cuba con Islas Canarias?
—No, es imposible. Aquí, incluso el Gobierno canario de derechas, hace
solidaridad con Cuba porque sabe que eso le da rendimiento político.
No hay Gobierno canario que pueda enfrentarse con Cuba. Si en años anteriores
el Gobierno canario ha entregado una serie de aportaciones a la solidaridad
cubana, no es por una convicción propia de esas instituciones, sino porque
saben que hay un pueblo detrás que ve bien que se apoye la lucha del
pueblo cubano. En la Península es distinta esta relación. La gran
mayoría de los canarios está con Cuba.
Por ejemplo, me ha ocurrido que he tenido el coche aparcado con un cartel de
solidaridad con Cuba, y por la mañana he encontrado un paquete con medicamentos
y cosas para ser enviado a Cuba en nombre de la solidaridad. Ese elemento sociopolítico
opera en las instituciones, y es por eso que nunca se va a cerrar porque en
este pueblo hay mucha receptividad y empatía con el pueblo cubano.
¿De dónde viene el vínculo con Cuba del Partido Comunista de los
Pueblos de España?
—El vínculo del Partido con Cuba parte esencialmente del siguiente análisis:
nuestra organización no se vio afectada de manera significativa por el
proceso de derrumbe del Este, porque nosotros no nos mirábamos en ningún
modelo en particular. Siempre hemos querido construir el comunismo en nuestro
país sobre la base de nuestra propia realidad.
Cuando se produce toda esa situación nosotros entendemos que hay determinadas
luchas que son fundamentales, y que debemos mantener desde el punto de vista
de lo que llamamos una política de resistencia. Cuando el acoso era total
y absoluto, sobre todo en las organizaciones comunistas occidentales, nos colocaban
en los editoriales de los periódicos un mensaje claro: "Eso se cayó,
así que ahora ustedes disuélvanse".
Comprendimos que se abría una etapa difícil de la lucha ideológica,
muy desventajosa para nosotros, pero que había que resistir. Definimos
una etapa de resistencia que significaba esencialmente mantener la arquitectura
organizativa del Partido, trabajar sobre la definición del proyecto político
desde el punto de vista del análisis de las cosas que habían pasado
y decíamos siempre que habíamos cavado una profunda trinchera
de la cual nosotros siempre íbamos a salir hacia adelante.
En esa situación nosotros entendimos que Cuba representaba un proyecto
de construcción del socialismo que, por sus características y
peculiaridades, por su grado de autonomía era un elemento altamente valioso
desde el punto de vista de la lucha ideológica. Lógicamente, los
logros de la Revolución, la cercanía al centro del imperio eran
definitorios. Por tanto, nosotros decidimos que había que apoyar a Cuba.
¿Y su apoyo personal a la Isla?
—Muchos estábamos montados en la plataforma de solidaridad con Cuba y
nunca habíamos ido a Cuba, pero nuestra voluntad de apoyo era absoluta.
En mi caso personal un día me tocó ir y fui a Cuba a trabajar.
Me bajé del avión, me la pasé en reuniones y después
regresé. Mucha gente me dijo que no había aprovechado nada en
Cuba, que solo trabajé, y les dije que yo no tenía que demostrarles
nada a los cubanos, que ellos ya habían demostrado después de
estos años de lucha y resistencia que son capaces de cumplir sus propios
proyectos. Respeto mucho lo que han hecho y no se me ocurre ir a decirles a
los cubanos cómo tienen que hacer las cosas.
Mi relación con Cuba es desde el punto de vista de las convicciones políticas.
Luego hay ciertas características de los canarios y los cubanos que nos
unen mucho: la visión de la vida, determinada visión de las relaciones
interpersonales, de la calidad humana. Eso lo reivindicamos como patrimonio
común.
El Partido fue uno de los primeros en España que asumió como propia
la lucha por la liberación de los Cinco Cubanos Prisioneros en Estados
Unidos. ¿Por qué?
—A nivel de Partido nos hemos propuesto una campaña que involucre a todo
el Estado español. Es un compromiso que tenemos. Nuestra experiencia,
aquí en Canarias se conoce el tema, en los grupos de solidaridad y más
allá de la solidaridad, pero no estamos satisfechos del trabajo que hemos
hecho. Queremos que adquiera una dimensión mayor de la que tiene. La
lucha por los Cinco se corresponde con una visión que no circunscribe
a la solidaridad con Cuba, sino con la solidaridad internacional con las víctimas
del terrorismo y con las víctimas de la lucha política contra
el imperialismo. Cada vez aumentan más las cifras de presos políticos
del imperialismo, y de eso no se habla.
Hace años el capitalismo entró en la fase de agotamiento de su
etapa democrática formal y que, con la caída del Este, la dictadura
del capital, aparece en su expresión más descarnada. Se despoja
del disfraz de la democracia burguesa, para adquirir formas cada vez más
autoritarias y policiacas.
En el caso de la Revolución cubana, esas sentencias desmedidas, esas
violaciones tremendas contra los Cinco Prisioneros Políticos, expresan
una voluntad de chantaje a esa Revolución, que trasciende más
allá de lo que pueden hacer contra otros presos políticos en otros
lugares e, incluso, en los mismos Estados Unidos. Precisamente el silenciamiento
de este tema en ese país y aquí en España, expresa el grado
de violencia de la lucha ideológica de hoy. Recurren a la mentira sistemática
y a la deformación de las noticias para tratar de mantener su hegemonía
ideológica. Por tanto, es prioridad para nosotros intentar romper el
muro del silencio en torno a los Cinco, que es el mismo que tratan de imponer
en torno a Cuba.
En la cultura de los revolucionarios, el compromiso con los reprimidos por sus
ideas políticas —por sus verdaderas ideas políticas, repito— es
un elemento vital en la estrategia de lucha. Quienes sufren en la represión,
porque han estado en el sitio en que se les necesitó y porque hicieron
una determinada tarea en bien de una causa común, tienen que recibir
todo el apoyo posible de cada revolucionario. Es muy evidente para todos nosotros
que a medida que se gane en la lucha de los Cinco, también en Canarias
nosotros estaremos ganando en la lucha contra la represión.