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29 de agosto del 2003
Schwarzenegger y la migración cubana
Saul Landau
Rebelión
Hasta Arnold Schwarzenegger quiere a los inmigrantes. "Yo soy uno de ellos",
les recuerda a los votantes. Pero en 1994 el Terminator apoyó la Proposición
187 (rechazada por los tribunales en 1999) que aplastaba a los inmigrantes.
La medida estaba destinada a "evitar que los extranjeros ilegales reciban beneficios
o servicios públicos en el estado de California". También hubiera
evitado que los extranjeros indocumentados obtuvieran el acceso a la educación
pública y al cuidado público de salud.
Una amiga mexicano-americana me dijo que había visto a un reportero hispano
parlante preguntar a Arnold a principios de agosto si su voto a favor de la
Proposición 187 perjudicaría su candidatura. Ella recuerda que
su respuesta fue algo como esto: Ustedes los latinos hacen muy buena música.
Sigan haciendo música y déjenme la política a mí.
Si no tiene éxito en su intento por convertirse en gobernador de California,
él podría usar esta experiencia para postularse a un alto cargo
en Austria, su lugar de nacimiento, donde su padre apoyó a los nazis
y él mismo tuvo una estrecha relación de amistad con el simpatizante
de los nazis Jorge Haider, ex Primer Ministro.
El mítico Estados Unidos no tiene en cuenta el pasado de uno ni su país
de origen. Después de todo, esta nación - excepto por los pueblos
indígenas - se formó con inmigrantes, cuyas laxas políticas
de inmigración les costaron caro. En realidad los norteamericanos durante
mucho tiempo han tenido una visión ambivalente acerca de los recién
llegados.
En los siglos 19 y 20, durante las eras de prosperidad, a pocos les importó
la llegada de una nueva fuerza de trabajo. En los tiempos duros, los demagogos
explotaron los sentimientos anti- inmigrantes. Los irlandeses, judíos,
italianos y otros recién llegados de Europa sintieron el aguijón
de la xenofobia. Asiáticos, africanos, latinoamericanos y caribeños
aún reciben sus golpes. Millones provenientes de países pobres
buscan entrar a Estados Unidos y encuentran que la puerta está bien cerrada.
La actual recesión ha revivido el sentimiento anti-inmigrante y el Congreso
ha reaccionado contra los extranjeros en sus medidas de pánico posteriores
al 11/9: mayor exigencia en los procedimientos de inmigración, imposición
de restricciones bajo la Ley Patriota, incluyendo detenciones sin acusación
o deportaciones sin el proceso debido por delitos como violaciones de rutina
de las visas.
Sin embargo, se destaca una excepción al sentimiento anti-inmigrante
apoyado por la Administración: los cubanos. Cuando los legisladores republicanos
de la Florida, que no son amantes de los inmigrantes, escriben a la Casa Blanca
y se quejan de que la Guardia Costera repatrie a algunos emigrantes cubanos,
uno sabe que hay algo mal. Estos mismos señores nunca se han quejado
cuando la Guardia costera ha hecho regresar a barcos llenos de haitianos.
Pero los haitianos no tienen un lobby poderoso que entrega dinero y hasta algunos
votos a los poderosos legisladores. Es más, bajo la presión del
lobby anti-Castro con sede en la Florida, los legisladores floridanos han exigido
a Bush que "cumpla con sus obligaciones" para con los cubanos. No está
claro si se refieren al más de un millón de cubanos que han abandonado
la isla desde 1959 o a los 12 millones que permanecen en Cuba.
Pero hablarle a George W. "no dejar un niño atrás" Bush acerca
de "obligaciones" suena hueco. ¿No debe dedicarle atención a las decenas
de millones de norteamericanos pobres, desempleados y carentes de seguro? La
respuesta es que el lobby anti-Castro pagó por el tratamiento especial,
y si no lo recibe suenan los truenos políticos.
Los cubanos que aspiran a emigrar tienen menos necesidades económicas
que, digamos, los mexicanos o los haitianos como razones para entrar a Estados
Unidos. ¿Entonces qué los hace tan especiales? Dos entidades diferentes:
la suprema desobediencia de Fidel Castro y el éxito de sus propios esfuerzos
de cabildeo, que incluye influir en los medios masivos.
Tomemos The Miami Herald, que una vez fue un periódico independiente
hasta que su propietario sucumbiera a la campaña de intimidación
dirigida por Jorge Mas Canosa y la Fundación Nacional Cubano Americana
debido a una diferencia política acerca del apoyo al embargo. Mas Canosa
lleno los autobuses y otros lugares públicos de anuncios anti-Herald.
El propietario y varios editores recibieron amenazas de muerte por teléfono.
Ganaron los intimidadores.
El lobby de odio contra Castro supone que "hacerse el duro" con Castro provocará
su caída. A pesar de mucha evidencia en contrario, ellos continúan
exigiendo políticas que le harán daño a este hombre si
de alguna forma él fuera el único habitante de la isla. Así
que ignoran a otros inmigrantes y se enfocan solo en permitir un status especial
para los cubanos que tratan de emigrar.
Ahora bien, The Herald junto con su contraparte en español El Nuevo Herald
se han convertido en la fuente impresa de EE.UU. para la contrarrevolución.
Casi a diario publica artículos que dramatizan el intento de los cubanos
por llegar a través de 90 millas o más de océano que separan
Cuba de la Florida. Tales noticias oscurecen la realidad tanto de la emigración
cubana como de la necesidad de los pueblos del Tercer Mundo de encontrar trabajos
con una paga decente.
Los inmigrantes ayudan a los capitalistas a mantener los salarios bajos, indica
un documento del Centro de Investigación de Estudios Chicanos de UCLA.
Se descubrió que los hombres, nativos e inmigrantes, tenían un
sueldo promedio 11 por ciento menor que otros en similares servicios y trabajos
manuales si trabajan junto con hispanos recién llegados". Alex Veiga,
AP, 19 de agosto de 2003, reportó que "los trabajadores de minorías
en estos puestos ganaban como promedio 14 por ciento menos". Así que
mientras haya hispanos recién llegados en el puesto, menos dinero recibirán
los otros trabajadores.
Esta banal realidad salarial se pierde en el drama político cuando se
trata de Cuba. En 1993-94, cuando el éxodo cubano hacia la Florida alcanzó
la magnitud de un tsunami, el Presidente Clinton inventó una fórmula
de "pies mojados/pies secos" mediante la cual si los cubanos lograban colocar
un dedo del pie en suelo de EE.UU. obtenían rápidamente un status
de "bajo palabra", una inmediata posibilidad de tener una tarjeta verde y un
carril rápido para la ciudadanía. Clinton uso la Ley de Ajuste
Cubano de 1966, un vestigio de la Guerra Fría, para justificar su "solución".
Posteriormente, mientras negociaba un acuerdo migratorio con Castro, Clinton
prometió deshacerse de la Ley, pero incumplió su promesa. Clinton
estaba en deuda con el lobby cubano por sus "oportunas" contribuciones a la
campaña de 1992.
El Presidente Bush, cuya deuda con el lobby anti-Castro es aún mayor,
ahora se enfrenta al dilema de velar por los intereses nacionales de EE.UU.
o los de la gente que lo ayudó al obtener su cargo. ¿Recuerdan quienes
ayudaron a intimidar a los contadores de votos en la elección del 2000?
Hasta el hermano del presidente, el gobernador de la Florida Jeb Bush, se ofendió
cuando la Guardia Costera devolvió a 12 hombres que habían secuestrado
un barco del gobierno. Posteriormente los tribunales de Castro liberaron a la
mitad, pero enviaron a los otros seis a prisión hasta por 10 años.
Al devolver a los hombres, Bush dio un indicio de que en la atmósfera
posterior al 11/9 no alentaría ni siquiera a los cubanos anti-Castro
a secuestrar barcos y aviones.
Ni tampoco puede Bush admitir a todos los cubanos aspirantes a inmigrantes sin
sufrir la indignación de otros grupos que quieren que sus familiares
vengan a EE.UU.
Más de un millón de cubanos han venido a Estados Unidos desde
la revolución de 1959 y algunos de ellos alientan a sus familiares a
que hagan el cruce por mar. Pagan a contrabandistas hasta $10 000 para que traigan
a sus parientes en lancha rápida. No hace falta decir que algunos contrabandistas
tienen poco interés por la llegada segura de su cargamento humano y tiran
a la gente por la borda en cuanto avistan una embarcación de la Guardia
Costera.
¿Pero qué hay de los mexicanos y centroamericanos cuyos "coyotes" los
abandonan en medio del peligroso desierto entre México y Arizona? Los
mexicanos y centroamericanos que han abandonado su país durante el mismo
período superan a los inmigrantes cubanos en número de millones.
Ciertamente el duro trato que reciben si son capturados dramatiza la desesperación
que los empuja a hacer el viaje a través de un desierto como un horno.
Si solamente los peligros de la Naturaleza parecen insuficiente, piénsese
en los vigilantes armados que les disparan o la patrulla fronteriza que atrapa
y a veces maltrata a los "espaldas mojadas", un nombre que se inventó
para los mexicanos que trataban de cruzar el Río Bravo que separa a los
dos países - como se conocen en ciertos círculos del sudoeste.
Miembros de los derechos de los inmigrantes en Arizona encontraron un número
significativo de biberones que dejaban las mujeres que arrastraban a sus infantes
por el desierto. Según el despacho de su reportera Michelle Ruslo que
publicó la AP el 16 de agosto de 2003, voceros de la Patrulla Fronteriza
de EE.UU. le dijeron que creen que esto constituye evidencia de que las mujeres
llevan a sus hijos con la esperanza de localizar a sus esposos o padres de sus
hijos, los cuales ya se encuentran en Estados Unidos.
La Patrulla Fronteriza en los alrededores de Yuma, Arizona, junto a la frontera
californiana, reportó que el número de sus capturas ha aumentado,
especialmente de juveniles. Durante el año fiscal 2001-2002, la Patrulla
Fronteriza ha capturado a 947 menores mexicanos y a 5 632 mujeres. Este año,
desde octubre de 2002 a julio de 2003 ya habían capturado a 4 000 menores
mexicanos y centroamericanos y a 6 5000 mujeres, sólo en esa área
fronteriza.
Las unidades de patrulla fronteriza en el resto de Arizona capturaron a unas
210 000 personas que trataban de entrar a Estados Unidos, dijo Frank Amarillas,
un vocero de la Patrulla Fronteriza en Tucson. Treinta y ocho mil de ellos eran
mujeres, un aumento de 6 000 sobre el año anterior y un aumento de 8
000 sobre el año anterior a ese. En parte el aumento es consecuencia
de las dificultades que existen para obtener la entrada legal en EE.UU. en la
era post 11/9. Pero los mexicanos siempre soportan el peso de las recesiones
de Estados Unidos. Para el año 2000 las maquiladoras comenzaron a marcharse
de México en busca de los salaries más bajos de China. El nivel
de inversión extranjera también ha disminuido.
Al contrario de los cubanos que tienen una opción de "pies secos", los
mexicanos ya no pueden obtener fácilmente siquiera una visa de visitante
para reunirse con su familia. Los hombres que mantienen a sus familias con los
salarios ganados en EE.UU. están renuentes a regresar a México
de visita, temerosos de que una seguridad más estricta les dificulte
o imposibilite regresar a sus trabajos.
Es un mundo muy duro para la gente pobre del Tercer Mundo. Necesitamos un Terminator
para la actual política de inmigración. No Arnold, sino un sabio
político que trate la inmigración en términos de igualdad
y justicia, no de protección para los cubanos y persecución para
los haitianos y mexicanos.