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12 de diciembre del 2003
En qué andamos los periodistas cubanos
Tubal Paéz Hernández
Observatorio de Medios. Argentina
Para los colegas de mi país las cosas no se presentan fáciles.
Bueno, ¿quién en este mundo puede levantarse tranquilo cada mañana?
Ni siquiera las elites privilegiadas y cada vez más reducidas duermen
a pierna suelta. La pesadilla permanente ya no es solo cosa de enajenados. Pone
los pelos de punta la simpleza de calcular qué planeta tendrán
bajo los pies los que vienen detrás. Algunos apuestan a que una lejana
civilización pueda hacerse cargo de esta papa caliente que gira alrededor
del Sol.
En Cuba, remamos en otra dirección. Apostamos, indomables y tozudos,
por el hombre, que nace animalito y, o se educa, o se bestializa frente a los
demás.Imperdonable ésto en tiempos de hegemonía total,
de un mundo donde las "democracias maduras", nerviosas unas, entusiasmadas otras,
decadentes todas, ejecutan la partitura frenética que indica la batuta
demente del Gran Director.
Los periodistas cubanos, como todos, viven en un país determinado.
Acá, concretamente en uno que desea ser isla también en política,
como ansió el sacerdote Varela en el siglo XIX. ¿Es mucho pedir? Demasiado,
y hay que estar dispuesto a enfrentar las consecuencias. El castigo, por eso
ha sido tan desmesurado, inmoral y cruel, que la comunidad internacional, casi
toda, lo condena cada año en Naciones Unidas.
Todos los periodistas cubanos, todos, se sienten parte de su pueblo.
Y han tomado partido, desmarcándose del crimen y la manipulación.
Bombas de mentiras de alto poder se han descargado sobre Cuba durante casi medio
siglo. La verdad se acepta ya con la desfachatez que se acude a la calumnia.
O se ataca con la mudez, haciendo detonar el silencio en todas partes.
No hemos oído, ni visto ni leído, por ejemplo, escándalo
alguno ante el contenido recientemente desclasificado de un documento de Arthur
Schlesinger, funcionario de la Casa Blanca en la administración de Kennedy.
Ahí se reconoce lo que muchos saben y otros olvidan o callan, acerca
de la verdadera causa del ataque sostenido de Estados Unidos contra Cuba: "Porque
se expandiría la idea de Castro - dice el texto- de que el pueblo debe
tomar las riendas de su propio destino, una idea que encontraría muchos
seguidores entre los pobres de todo el hemisferio que enfrentan similares problemas.
Y no queremos que esa idea se expanda".
Entonces, la razón de la guerra contra Cuba, según ha concluido
Noam Chomski, después de leer el documento develado, no ha sido por su
totalitarismo, sino por su democracia.
Ahí está la raíz del odio, la violencia y el terrorismo
contra la pequeña Isla. Por eso, Estados Unidos le ha matado 3.478 de
sus hijos, producido quebrantos físicos a otros 2.000 y causado daños
a su economía de país pobre por más de 72 mil millones
de dólares.
Hay quienes olvidan las preguntas de rigor cuando se suele juzgar a los
pequeños en este mundo de grandes. ¿Alguna vez Cuba ha agredido al vecino
poderoso? ¿Lo ha amenazado con armas atómicas, o enviado mercenarios?
Lo ha bloqueado? ¿Hay base naval cubana alguna en territorio estadounidense?
¿El Gobierno Revolucionario ha introducido asesinos para matar políticos,
enfermedades, plagas, armas o explosivos en el país vecino?
Ya no se trata solo de decir la verdad y de tener el valor de sostenerla.
Hay que afrontar los riesgos de desarmar las mentiras, de enfrentar a quienes
las inventan, de responder a quienes las propagan y de desnudar a quienes viran
la cara para no ver el crimen.
Las tres grandes mentiras para la guerra con Irak se usan ya contra Cuba:
armas de exterminio masivo, vínculos con el terrorismo y el deseo popular
de recibir con alegría la intervención militar. A eso súmese
una cartita de Condollesa Rice ("no debe dudarse de la firmeza de la política
de Bush con respecto a Cuba"); de las amenazas de Roger Noriega ("la Administración
está comprometida (…) en hacer caer a Fidel Castro"; de las declaraciones
de Colin Powell (Cuba ya no es tolerable); de las medidas de Bush (7 millones
de dólares este año para los grupos ilegales internos, 23 millones
para la trasmisiones de televisión y radio contra Cuba, 10 mil receptores
de radio, 2 millones de ejemplares, folletos y suscripciones dirigidos a los
cubanos de la Isla, nuevas represalias para los que viajen desde Estados Unidos,
una comisión para una Cuba libre, etc.)
¿No es suficiente para que los cubanos estemos preocupados? Hay quienes
nos calman: "Es lenguaje propio de las campañas electorales", dicen.
"La guerra también", respondemos.
La Unión de Periodistas de Cuba, sin embargo, no se detiene en
sus tareas trazadas en el último Congreso. Elaboramos propuestas para
mejoras salariales, los órganos de prensa son centros docentes; se estudia
en todas partes idioma, computación, técnicas para mejorar el
desempeño profesional; aumenta la conexión doméstica y
colectiva a Internet; crece el número de medios informativos con presencia
en la web; sus afiliados acompañan a los miles de médicos cubanos
en su papel de santos por el mundo, y seguimos activos en FELAP y otras organizaciones
internacionales.
Continuamos promoviendo la existencia medios de comunicación que
cumplan un papel cultural, y nos enfrentamos a la globalización de la
superficialidad y la tontería proveniente de las transnacionales mediáticas,
empeñadas en cercenar nuestras identidades nacionales.
Seguimos defendiendo la independencia, la necesidad de que imperen la
cordura y el sentido común en las relaciones entre las naciones y entre
los hombres y la naturaleza. No nos cansaremos de propugnar por un periodismo
vinculado a la lucha de los pueblos por un mundo respirable, justo y digno.
Por esos caminos peligrosos andamos.
* Tubal Paéz Hernández es Periodista, presidente de la Unión
de Periodistas de Cuba (UNEAC).