![]() |
PLEASE, MISTER BUSH, DON´T GO TO DALLAS.
Percy Francisco Alvarado Godoy.
Escritor guatemalteco.
Sin mucha sorpresa hemos tenido la oportunidad de conocer los enconados ataques
de varios representantes de la mafia cubano americana contra el presidente George
W. Bush y su administración. Son, actualmente, la comidilla de los diarios
de la Florida y, sobre todo, del "libelo" de la mafia. Hasta en esto,
los líderes del "exilio" luchan por robarse unos a otros el
protagonismo y no falta, por supuesto, alguna voz conciliadora que trata de
recordarle a los demás "el obligatorio respeto al amo".
Los que conocemos a los terroristas de Miami sabemos bien que no perdonan cuando
se les traiciona. Todavía guardan muy dentro de sí la frustración
y la rabia resultante de haberse quedado esperando por el "apoyo americano"
durante la invasión de Playa Girón. Esta traición, y el
haber conveniado con la URSS el compromiso de no atacar a Cuba luego de la Crisis
de Octubre, fueron culpas que nunca perdonaron al extinto John F. Kennedy. Aún
hoy es un enigma si participaron o no miembros de los grupos terroristas cubanos
radicados en Estados Unidos en el magnicidio de Dallas. Sin embargo, luego de
40 años, cualquier estudio serio al respecto apunta hacia las incongruencias
de las investigaciones realizadas en esos momentos y sobre el hecho de ignorar
los indicios de una posible participación de los mismos en la tenebrosa
confabulación.
Posteriormente, los miembros de la mafia cubano americana se sintieron traicionados
en otras oportunidades a lo largo de estas décadas. Cualquiera puede
recordar sus amenazas y alborotos durante el tímido acercamiento de Carter
hacia la Isla, así como en el momento de la firma de los acuerdos migratorios
entre Cuba y los Estados Unidos. Fueron instantes de enconado griterío,
de profusas amenazas y desborde de intolerancia. En más de una oportunidad
en los corrillos de Miami y Nueva Jersey se tildó de traicionero a su
amo y ese escándalo semejó al de una jauría ladrándole
a su dueño.
Aún hoy quedan frescas en nuestra memoria las imágenes de varios
terroristas miamenses, entre los que sobresalió Ramón Saúl
Sánchez, quemando banderas norteamericanas en las calles de Miami. Tal
afrenta, dirigida hacia Estados Unidos, fue resultado de la decisión
de devolver a Cuba al niño Elían González. Una vez más
se puso a prueba que los enemigos ideológicos de la Revolución
Cubana no le perdonan a sus patrocinadores cualquier gesto de debilidad ante
la Isla. Gritan, vociferan amenazas, anuncian campañas de desobediencia
y, sobre todo, chantajean a quienes les deben el favor de sus votos.
No cabe duda, pues, que la historia entre los terroristas cubanos y las administraciones
norteamericanas, durante todos estos años, ha sido esa: de la intolerancia
a la amenaza, del perdón mal disimulado al coqueteo oportunista y, sin
lugar a dudas, el de guardar el ajuste de cuentas para el momento más
oportuno. Es, como diría un refrán, esperar el momento de ofrecer
la venganza como una ensalada, "cuando esté fría".
Esos mismos mafiosos, sin embargo, no se limitan sólo a gritar y a amenazar.
Los propios Estados Unidos deben recordar las decenas de atentados terroristas,
efectuados en territorio norteamericano, que ejecutaron grupos como Omega 7,
el CORU y muchos otros, y que sirvieron para amenazar y presionar al gobierno
de ese país cuando su política hacia Cuba no respondía
a sus intereses. La bestia, en más de una oportunidad, le ha pasado la
cuenta al doctor Frankestein.
Hoy las cosas parecen volver a repetirse. Cuando los Estados Unidos tratan de
ajustarse a lo estipulado en los Acuerdos Migratorios entre ese país
y Cuba, la mafia pretende boicotearlos argumentando que la propia Ley criminal
de Ajuste Cubano es limitada. La política de "pies secos, pies mojados",
fuente de constantes conflictos entre las dos naciones y causa principal de
la emigración ilegal, muchas veces violenta e irracional, es ahora insuficiente
para los terroristas de Miami. Para ellos todo es cuestión de abandonar
las medias tintas e ir a los extremos.
Las recientes medidas norteamericanas dirigidas a mantener tímidamente
la letra de los Acuerdos Migratorios, evidenciadas en la devolución de
varios secuestradores de una embarcación de Geo Cuba y en la condena
al secuestrador de una aeronave cubana, levantaron una ola de blasfemias contra
Bush y su administración. La "traición", desde luego,
no puede permitirse. Ese es el código ético de esta mafia terrorista
de Miami que revive la Omerta al estilo siciliano y que es esgrimida en las
casas, oficinas y lugares de reunión de estos intolerantes "ciudadanos".
Es por ello que sus declaraciones deben ser cuidadosamente analizadas y estudiadas
para no confundirlas con las de un émulo de Al Capone o Lucky Luciano.
Desde la amenaza velada al improperio, usted puede encontrar hoy en boca de
cualquier capo, consiglieri o soldado de la FNCA, del Consejo por la Libertad
de Cuba o de cualquiera de las decenas de organizaciones mafiosi de la Florida.
El centro de sus ataques, por supuesto, es hoy Bush.
En una carta firmada por varios directivos de la FNCA, y dirigida a Bush, se
dice en tono conciliador, aunque no exento de veladas amenazas: "No es
un referéndum de la Fundación. La elección de la Florida
se ganó por 500 firmas y vamos a conseguir más que eso. Sólo
queremos decirle a nuestro amigo cuál es nuestra posición".
Horas después, el propio Mas Santos agudizaba los ataques: "no es
la Fundación la que se ha distanciado del presidente Bush: es él
quien se ha alejado de la comunidad cubana". Y, asumiendo un tono menos
conciliador, espeta contra su amo diciéndole: "ˇBasta ya, la hora
de Cuba es ahora!".
De la carta de la FNCA y de las palabras de su presidente se deriva no sólo
una simple solicitud. Su tono arrogante al exigir a Bush una política
más consecuente hacia Cuba, aunque no llega al extremo de otros terroristas
en que lo tildan de traidor e inmoral, no deja dudas que lleva implícita
la velada amenaza. Para ellos, Bush no debería enviar mensajes débiles
a Cuba (żesperan acaso de éste una agresión inmediata a Cuba?),
sino tan severos como los efectuados por la Unión Europea.
Por su parte, Luis Zúñiga, haciendo uso de sus malabares políticos,
arremete contra la FNCA cuando dice que los ataques contra Díaz Balart
por supuesta falta de exigencia a Bush " es totalmente injusta y seguramente
responde a otros intereses ocultos que tiene la Fundación". A fin
de cuentas, el CLC no hace otra cosa que sacar lascas de las broncas entre la
FNCA y Díaz Balart, a la vez que busca con ello más protagonismo
sin llegar a atacar fuertemente a mister Bush. No importa, desde luego, a que
a la arrebatada Ninoska se le suelte la lengua, pues todos en Miami conocen
su verborrea histérica e irreflexiva y Zúñiga es el vocero
tradicional del CLC.
Otros mafiosos tampoco quisieron quedarse atrás. El propio Basulto metió
la cuchareta y montó un espectacular show cargado de dramatismo barato.
Planteando renunciar al Partido Republicano, dijo esgrimiendo su carné
de afiliado: "Bush, a pesar de ser republicano, no ha hecho nada al respecto.
(…) el voto no se regala y debemos votar por quien mejor represente nuestros
intereses". Como puede apreciarse, el chantaje del voto se mantiene en
el discurso político de la FNCA y de Basulto. Es una forma clara de decirle
a Bush: "o cambias, o te quedas sin votos".
Opuestos todos al supuesto "diálogo amplio entre cubanos",
tal como la FNCA explica sus puntos de vista, Huber Matos se distancia de esta
estrategia y Zúñiga la tilda de oportunista. Es, a fin de cuentas,
una página más de la desunión intrínseca de la mafia,
aunque a la hora de atacar a Bush, aunque sea asumiendo distintos tonos, comparten
la idea de que los ha traicionado.
Así están las cosas, amigo lector. El pobre de Bush debería
cuidarse bien de sus ahijados y protegidos, pues asume riesgos muy grandes.
Por lo pronto, es sano decirle con total claridad: "ˇDon´t go to Dallas,
Mr. President!", quién sabe lo que puede suceder.