5 de agosto del 2003.

PLEASE, MISTER BUSH, DON´T GO TO DALLAS.

Percy Francisco Alvarado Godoy.
Escritor guatemalteco.

Sin mucha sorpresa hemos tenido la oportunidad de conocer los enconados ataques de varios representantes de la mafia cubano americana contra el presidente George W. Bush y su administración. Son, actualmente, la comidilla de los diarios de la Florida y, sobre todo, del "libelo" de la mafia. Hasta en esto, los líderes del "exilio" luchan por robarse unos a otros el protagonismo y no falta, por supuesto, alguna voz conciliadora que trata de recordarle a los demás "el obligatorio respeto al amo".

Los que conocemos a los terroristas de Miami sabemos bien que no perdonan cuando se les traiciona. Todavía guardan muy dentro de sí la frustración y la rabia resultante de haberse quedado esperando por el "apoyo americano" durante la invasión de Playa Girón. Esta traición, y el haber conveniado con la URSS el compromiso de no atacar a Cuba luego de la Crisis de Octubre, fueron culpas que nunca perdonaron al extinto John F. Kennedy. Aún hoy es un enigma si participaron o no miembros de los grupos terroristas cubanos radicados en Estados Unidos en el magnicidio de Dallas. Sin embargo, luego de 40 años, cualquier estudio serio al respecto apunta hacia las incongruencias de las investigaciones realizadas en esos momentos y sobre el hecho de ignorar los indicios de una posible participación de los mismos en la tenebrosa confabulación.

Posteriormente, los miembros de la mafia cubano americana se sintieron traicionados en otras oportunidades a lo largo de estas décadas. Cualquiera puede recordar sus amenazas y alborotos durante el tímido acercamiento de Carter hacia la Isla, así como en el momento de la firma de los acuerdos migratorios entre Cuba y los Estados Unidos. Fueron instantes de enconado griterío, de profusas amenazas y desborde de intolerancia. En más de una oportunidad en los corrillos de Miami y Nueva Jersey se tildó de traicionero a su amo y ese escándalo semejó al de una jauría ladrándole a su dueño.

Aún hoy quedan frescas en nuestra memoria las imágenes de varios terroristas miamenses, entre los que sobresalió Ramón Saúl Sánchez, quemando banderas norteamericanas en las calles de Miami. Tal afrenta, dirigida hacia Estados Unidos, fue resultado de la decisión de devolver a Cuba al niño Elían González. Una vez más se puso a prueba que los enemigos ideológicos de la Revolución Cubana no le perdonan a sus patrocinadores cualquier gesto de debilidad ante la Isla. Gritan, vociferan amenazas, anuncian campañas de desobediencia y, sobre todo, chantajean a quienes les deben el favor de sus votos.

No cabe duda, pues, que la historia entre los terroristas cubanos y las administraciones norteamericanas, durante todos estos años, ha sido esa: de la intolerancia a la amenaza, del perdón mal disimulado al coqueteo oportunista y, sin lugar a dudas, el de guardar el ajuste de cuentas para el momento más oportuno. Es, como diría un refrán, esperar el momento de ofrecer la venganza como una ensalada, "cuando esté fría".

Esos mismos mafiosos, sin embargo, no se limitan sólo a gritar y a amenazar. Los propios Estados Unidos deben recordar las decenas de atentados terroristas, efectuados en territorio norteamericano, que ejecutaron grupos como Omega 7, el CORU y muchos otros, y que sirvieron para amenazar y presionar al gobierno de ese país cuando su política hacia Cuba no respondía a sus intereses. La bestia, en más de una oportunidad, le ha pasado la cuenta al doctor Frankestein.

Hoy las cosas parecen volver a repetirse. Cuando los Estados Unidos tratan de ajustarse a lo estipulado en los Acuerdos Migratorios entre ese país y Cuba, la mafia pretende boicotearlos argumentando que la propia Ley criminal de Ajuste Cubano es limitada. La política de "pies secos, pies mojados", fuente de constantes conflictos entre las dos naciones y causa principal de la emigración ilegal, muchas veces violenta e irracional, es ahora insuficiente para los terroristas de Miami. Para ellos todo es cuestión de abandonar las medias tintas e ir a los extremos.

Las recientes medidas norteamericanas dirigidas a mantener tímidamente la letra de los Acuerdos Migratorios, evidenciadas en la devolución de varios secuestradores de una embarcación de Geo Cuba y en la condena al secuestrador de una aeronave cubana, levantaron una ola de blasfemias contra Bush y su administración. La "traición", desde luego, no puede permitirse. Ese es el código ético de esta mafia terrorista de Miami que revive la Omerta al estilo siciliano y que es esgrimida en las casas, oficinas y lugares de reunión de estos intolerantes "ciudadanos". Es por ello que sus declaraciones deben ser cuidadosamente analizadas y estudiadas para no confundirlas con las de un émulo de Al Capone o Lucky Luciano.

Desde la amenaza velada al improperio, usted puede encontrar hoy en boca de cualquier capo, consiglieri o soldado de la FNCA, del Consejo por la Libertad de Cuba o de cualquiera de las decenas de organizaciones mafiosi de la Florida. El centro de sus ataques, por supuesto, es hoy Bush.

En una carta firmada por varios directivos de la FNCA, y dirigida a Bush, se dice en tono conciliador, aunque no exento de veladas amenazas: "No es un referéndum de la Fundación. La elección de la Florida se ganó por 500 firmas y vamos a conseguir más que eso. Sólo queremos decirle a nuestro amigo cuál es nuestra posición".

Horas después, el propio Mas Santos agudizaba los ataques: "no es la Fundación la que se ha distanciado del presidente Bush: es él quien se ha alejado de la comunidad cubana". Y, asumiendo un tono menos conciliador, espeta contra su amo diciéndole: "ˇBasta ya, la hora de Cuba es ahora!".

De la carta de la FNCA y de las palabras de su presidente se deriva no sólo una simple solicitud. Su tono arrogante al exigir a Bush una política más consecuente hacia Cuba, aunque no llega al extremo de otros terroristas en que lo tildan de traidor e inmoral, no deja dudas que lleva implícita la velada amenaza. Para ellos, Bush no debería enviar mensajes débiles a Cuba (żesperan acaso de éste una agresión inmediata a Cuba?), sino tan severos como los efectuados por la Unión Europea.

Por su parte, Luis Zúñiga, haciendo uso de sus malabares políticos, arremete contra la FNCA cuando dice que los ataques contra Díaz Balart por supuesta falta de exigencia a Bush " es totalmente injusta y seguramente responde a otros intereses ocultos que tiene la Fundación". A fin de cuentas, el CLC no hace otra cosa que sacar lascas de las broncas entre la FNCA y Díaz Balart, a la vez que busca con ello más protagonismo sin llegar a atacar fuertemente a mister Bush. No importa, desde luego, a que a la arrebatada Ninoska se le suelte la lengua, pues todos en Miami conocen su verborrea histérica e irreflexiva y Zúñiga es el vocero tradicional del CLC.

Otros mafiosos tampoco quisieron quedarse atrás. El propio Basulto metió la cuchareta y montó un espectacular show cargado de dramatismo barato. Planteando renunciar al Partido Republicano, dijo esgrimiendo su carné de afiliado: "Bush, a pesar de ser republicano, no ha hecho nada al respecto. (…) el voto no se regala y debemos votar por quien mejor represente nuestros intereses". Como puede apreciarse, el chantaje del voto se mantiene en el discurso político de la FNCA y de Basulto. Es una forma clara de decirle a Bush: "o cambias, o te quedas sin votos".

Opuestos todos al supuesto "diálogo amplio entre cubanos", tal como la FNCA explica sus puntos de vista, Huber Matos se distancia de esta estrategia y Zúñiga la tilda de oportunista. Es, a fin de cuentas, una página más de la desunión intrínseca de la mafia, aunque a la hora de atacar a Bush, aunque sea asumiendo distintos tonos, comparten la idea de que los ha traicionado.

Así están las cosas, amigo lector. El pobre de Bush debería cuidarse bien de sus ahijados y protegidos, pues asume riesgos muy grandes. Por lo pronto, es sano decirle con total claridad: "ˇDon´t go to Dallas, Mr. President!", quién sabe lo que puede suceder.