![]() |
6 de noviembre del 2003
Presiones internas minan determinación de Bush de incitar bloqueo a Cuba
Adital
El pasado día 4 de noviembre, la Asamblea General de la Organización
de las Naciones Unidas, atendiendo al pedido del gobierno cubano puso a votación
por décima segunda vez la pertinencia del bloqueo al país. En
las 11 consultas anteriores, la orientación del organismo internacional
fue la de suspender el embargo, siendo que el año pasado, de todos los
países miembros del organismo, solamente tres, entre ellos Estados Unidos,
se posicionaron a favor del bloqueo.
La casi unanimidad de la comunidad internacional en apoyar la resolución
de poner fin al embargo parece hasta ahora no haber influenciado el comportamiento
de los dos últimos gobernantes estadounidenses con relación al
asunto, como Bill Clinton, que acompañó la mayor parte de las
votaciones. No obstante, las consultas a las Naciones Unidas poseen poco significado
principalmente para George Bush, el actual mandatario del país, que asumió
el gobierno incitando las hostilidades hacia Cuba dentro de una creciente embestida
a comandantes extranjeros hostiles a determinados valores abstractos defendidos
por EEUU, que motivaron la invasión a Afganistán y a Irak, amenazas
a Corea del Norte y el recrudecimiento de las rivalidades a la Isla, a su comandante
por más de 50 años, Fidel Castro y a la exitosa campaña
revolucionaria, que instaló en el país un estado inspirado en
el socialismo, después de infligir una histórica derrota a las
tropas estadounidenses en Bahía de los Cochinos.
Las advertencias de la ONU para este asunto, considerado casi como "doméstico"
por EEUU, no viene surtiendo efecto, y la renovación del repudio mundial
al bloqueo (que en 4 décadas costó al pueblo cubano 72.000 millones
de dólares, además de dificultar la obtención de alimentos
y medicamentos) será probablemente tomada como una pálida reprimenda
para un país que acostumbra actuar en completa rebeldía en relación
a las determinaciones de la instancia decisoria máxima del organismo,
el Consejo de Seguridad, como en el caso de la invasión a Irak.
Sin embargo, el ímpetu de Bush de no sólo mantener el embargo
como de intensificarlo parece encontrar un freno, y hasta una posible reversión
de los propósitos, dentro del propio suelo estadounidense. Se trata del
flujo de negocios entre Estados Unidos y Cuba, cuyo dique artificial del embargo
impidiendo su libre transcurrir comienza a minar cada vez más agua, trayendo
a desborde los intereses de grandes grupos económicos de EEUU y la voluntad
de ir y venir de la propia población. Para defender estas demandas cada
vez más crecientes en este sentido, hasta el Congreso estadounidense
ha legislado contra las tentativas de Bush de detener la "mano invisible"
de la economía a través del incremento de restricciones.
Dos millones de turistas estadounidenses por año
Aún con el bloqueo de EEUU a Cuba y las restricciones del gobierno estadounidense
en relación con los viajes de sus ciudadanos a la Isla (multas y detenciones
para quienes hacen turismo en el paraíso socialista), se estima que 150.000
estadounidenses aportan en Cuba por año y muchos más llegan haciendo
escala en otros países. Cuba posee las playas caribeñas más
próximas del territorio estadounidense (40 minutos de vuelo desde la
costa sur), lo que constituye un gran atractivo para la visita, además
de las bellezas propias del lugar.
Es justamente con relación al turismo que se mostró patente la
contrariedad del bloqueo para la expansión de las actividades comerciales
entre los dos países, que en este punto desean trabar relaciones cada
vez más próximas a despecho de la orientación política
de sus gobiernos. La gran muestra de esto fue la reunión entre empresarios
y legisladores estadounidenses (una comitiva de 73 personas) con empresarios
cubanos del ramo en ocasión de la reunión en septiembre de la
Organización Mundial de Comercio en Cancún, que produjo una posterior
visita de los estadounidenses a la Isla para conocer las instalaciones turísticas
del lugar, que terminaron siendo elogiadas por el grupo.
Después, 40 de estos empresarios acabaron reuniéndose personalmente
con Fidel Castro donde se profundizaron las negociaciones para dar impulso al
turismo bilateral. El resultado de estas primeras aproximaciones es que los
empresarios ya trabajan con la perspectiva de atender 2 millones de turistas
estadounidenses por año, promedio que se refiere a lo que el país
puede soportar de demanda sin dejar caer la calidad del servicio.
Bush reaccionó a la desobediencia civil de estos eminentes ciudadanos
endureciendo la ley de tránsito de estadounidenses hacia Cuba. En contrapartida,
el senado de EEUU aprobó sobre el final del mes pasado una moción
prohibiendo el uso del dinero público para garantizar el cumplimiento
de las restricciones a estos viajes turísticos. El senador republicano
Larry Craig explicó el criterio mediante el cual votó a favor
de la moción resaltando que el Departamento de Control de Activos en
el Extranjero del Departamento del Tesoro, "no debería dedicar recursos
para vigilar turistas estadounidenses que visitan Cuba". La principal tarea
de este departamento es rastrear acciones de narcotráfico y del terrorismo.
"Diez por ciento del presupuesto de este órgano gubernamental es utilizado
para perseguir abuelitas de la costa oeste que eligieron pasear en bicicleta
por Cuba a través de una agencia de viajes canadiense", ironiza Craig.
La decisión del Senado prácticamente anula el sentido de represión
al tránsito de ciudadanos de EEUU a Cuba, constituyéndose en el
punto de apoyo por donde puede iniciarse el derrumbe del pesado muro del bloqueo,
que insiste en no caer. Para anular la iniciativa del Senado sólo le
resta a Bush la opción de echar mano del veto presidencial, medida de
fuerte aroma autoritario. Así, la esperanza alentada por toda la población
cubana de verse libre de los sufrimientos acarreados por causa del embargo económico,
parece ser más visible de vislumbrarse en el horizonte del propio país
que lo sustenta, Estados Unidos.
* Con informaciones de World Data Service.