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18 de agosto del 2003
Las crisis y contradicciones recurrentes dentro de la FNCA
Percy Francisco Alvarado Godoy
La Fundación Nacional Cubano Americana ha sufrido, desde su propia creación
en 1981, diferentes crisis internas que han provocado profundos cismas dentro
de sus filas. Con independencia de sus diversos y aparentes orígenes,
la razón principal de las desavenencias siempre ha estado relacionada
con la propia esencia mafiosa de sus integrantes. De hecho, la búsqueda
de mayores protagonismos políticos, el deseo de ser favorecidos con una
mayor tajada del dinero obtenido como resultado de las campañas anticubanas,
así como la posibilidad de emplear el status político como vía
para obtener prebendas y favores para las empresas particulares de sus millonarios
integrantes, en una ciudad corrupta, con políticos deshonestos y amantes
del cambalache, han sido siempre las razones de una eterna discordia.
Hoy parecen repetirse nuevamente las condiciones para un sonado fraccionamiento
dentro de esta organización con probados nexos terroristas y caracterizada
por una creciente pérdida de imagen dentro de la comunidad cubano americana.
Dennis Hays, su vicedirector ejecutivo y representante en la ciudad de Washington,
ha decidido abandonar a la FNCA y dedicarse a otros "negocios".
Las razones de la salida de Hays han salido sobre el tapete y son parte de la
comidilla diaria del autotitulado exilio. Sabido es que Hays ha fungido como
un vínculo político entre la FNCA y la Casa Blanca, dadas sus
relaciones con los grupos de poder estadounidenses, y ha sido empleado como
coordinador de los vínculos entre la mafia terrorista y sus amos del
gobierno norteamericano. Dentro de este contexto, Hays visitó recientemente
al presidente Bush y le hizo entrega de una carta firmada por 98 miembros de
la FNCA, en la que los mismos le exponían su rechazo a la actual política
migratoria hacia Cuba. Por supuesto, esta misiva a la que se sumó una
segunda en sólo cuatro días y las declaraciones iracundas de Mas
Santos y Joe García, molestaron sobremanera a la Administración.
Las reiteradas acusaciones dirigidas contra el presidente de que "no ha variado
durante tres años la política de su antecesor, William Clinton,
con respecto a Cuba", así como la exigencia de que adopte "medidas claves
para promover la creación de una Cuba libre y democrática", fueron
demasiado para Hays, vinculado en cuerpo y alma a los republicanos.
Hays tampoco permitió el claro mensaje antigubernamental del FNCA, expresado
por Mas Santos: "no es la Fundación la que se ha distanciado del presidente
Bush, es él quien se ha alejado de la comunidad cubana".
La verdad parece ser que de la reunión con Hays y el presidente salió
la promesa de un nuevo puesto dentro del gobierno para el antiguo embajador
norteamericano. Ni lento ni perezoso aceptó la propuesta y abandonó
a sus socios de la FNCA. Los comentarios ante la deserción no se hicieron
esperar.
George Fowler, uno de los directores de la organización mafiosa, comentó
sobre la salida de Hays de la misma: "Hays era asesor de la Fundación
y tenía una variedad muy amplia de puntos de vista, pero eventualmente
eran los directores quienes decidían, en un ambiente donde todo no era
exactamente republicano". De sus palabras se deriva el hecho de que Hays no
compartía las actuales posiciones de ataque de la FNCA contra la Casa
Blanca. No le quedó más remedio al diplomático devenido
en mafioso que declarar al The Miami Herald que no estaba de acuerdo "con la
forma pública en que la Fundación ha estado criticando a la Administración".
La salida de Hays puede ser el indicador de que se avecinan nuevos problemas
internos dentro de la FNCA y de que algunos directivos asociados a los republicanos
puedan distanciarse de los actuales coqueteos de Mas Santos y Joe García
con los demócratas. Todo es, desde luego, cuestión de conveniencia.
Dentro del "exilio", el cambiarse de casaca es una costumbre muy arraigada que
cobra plena vida cerca de las elecciones. No entienden que las promesas preelectorales
son parte del rejuego político ya institucionalizado dentro de los Estados
Unidos y luego, cuando el candidato favorecido asume la presidencia, hace lo
que mejor le conviene. Luego, como sucede esta vez, se le acusa de traición
y de olvidarse de lo prometido.
Quien piense, sin embargo, que estos fraccionamientos son nuevos dentro de la
Fundación, se engaña completamente. Todavía están
frescos en la memoria de las gentes pasadas escisiones, ruidosos abandonos y
reyertas públicas entre sus miembros. De sus filas salieron estrepitosamente,
sin dejar de lanzar acusaciones públicas nada menos que Frank Calzón
y la extinta Elena Amos Díaz-Verson, entre otros. Un tiempo después,
luego del fallecimiento de Jorge Mas Canosa, sobrevino la más sonada
crisis padecida por la FNCA.
La pérdida de imagen sufrida por la FNCA, derivada de su involucramiento
en criminales acciones terroristas contra Cuba entre los años 1992 y
1997 (plenamente denunciada por Cuba en varias oportunidades), así como
su cuestionada participación en el secuestro del niño Elián
González, en que salieron a flote toda su intolerancia y esencia deshumanizada,
colocaron a la Fundación en una situación de marcada pérdida
de prestigio ante la opinión pública internacional. De inmediato,
se lanzaron a una campaña de mejoramiento de imagen que conllevó
la incorporación a sus filas de jóvenes profesionales, angloparlantes
y, sobre todo, nacidos en Estados Unidos. Esta "americanización" de la
FNCA estaba dirigida a borrar ante la gente su denunciado carácter terrorista
y lograr una mayor apoyo de las fuentes de financiamiento para su labor anticubana.
Como resultado de esta nueva concepción, se sumaron a sus filas Joe García,
Dennis Hays, George Fowler y muchos más.
La nueva orientación de la FNCA y los métodos de trabajo incorporados
por Mas Santos desde 1997, crearon divergencias dentro de la organización,
sobre todo con los más intransigentes miembros de la misma, integrantes
casi todos del ala terrorista de la Fundación. Al referirse a la situación
creada con el ingreso de nuevos miembros en la dirección, Ninoska Pérez
Castellón declaró que "si ha cambiado la línea de la Fundación,
para salir y decir a los miembros y a quienes los respaldan, que ellos han cambiado,
no tienen por qué utilizar el legado de Jorge Más Canosa, ni los
que estamos aquí, para aparentar una cosa y hacer otra". Las declaraciones
de la furibunda e intolerante Nino, en las que acusaba al nuevo presidente de
su Junta, Jorge Mas Santos, de haber traicionado el legado de su padre, provocó
el estallido. De inmediato cerca de 40 directivos, entre los que se encontraban
Alberto Hernández, Feliciano Foyo, Luis Zúñiga, Elpidio
Núñez, Horacio S. García, Ángel del Toro, Ángel
E. Garrido, José Oliva, José A. Llamas y muchos más, abandonaron
las filas de la FNCA. Meses después, el 10 de octubre del 2001, fundaron
el Consejo por la Libertad de Cuba, su "clon", integrado por connotados terroristas.
El surgimiento del CLC no significa una total separación entre los miembros
del ala terrorista de la FNCA que se quedaron en ella y los que se fueron. La
verdad es sólo una:
el cisma se produjo en la superficie, pues el ala militar secreta, la cara oculta,
quedó intacta.
Un nuevo elemento se ha sumado a la controvertida posición de la FNCA
dentro del contexto político miamense, la estrategia asumida por ella
de promover "un diálogo amplio entre cubanos", del que pretenden soslayar
las figuras de los máximos dirigentes de la Revolución. Tanto
varios líderes de la contrarrevolución como Zúñiga,
Huber Matos y otros, los han tildado sin ambages como traidores. Esta posición,
sumada a los actuales ataques contra Bush, son elementos suficientes para esperar
otra crisis interna dentro de la FNCA.
Con el nombramiento de Camila Ruíz en el cargo dejado vacante por Hays,
una cubano americana de treinta años de edad, con experiencia como tracatana
de la ""loba feroz", pretenden paliar la situación creada. No cabe duda
que la FNCA, como una fruta nacida podrida desde el principio, está condenada
a nuevos fracasos mientras los gusanos que la integran se pelean entre ellos
o la abandonan en busca de nuevas oportunidades para seguir lucrando a costa
del detestable negocio de la contrarrevolución.