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14 de octubre del 2003
El gobierno cubano responde a Bush que Cuba "está en transición", "una transición hacia más Revolución y hacia una sociedad más justa"
Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores
Dignidad y firmeza frente a la creciente hostilidad y arrogancia del Imperio
Desde su llegada a la Casa Blanca, el Presidente norteamericano, George W. Bush,
ha dado muestras inequívocas de su compromiso con una política
extravagante y agresiva contra Cuba, con el objetivo de complacer los criminales
reclamos de la mafia terrorista de Miami. La Casa Blanca paga de esta forma
el fraude y los trucos escandalosos de esa mafia en los comicios presidenciales
del año 2000, que impidieron la votación de decenas de miles de
votantes afronorteamericanos y lograron detener el recuento de los votos en
dos condados del Estado de la Florida.
El recrudecimiento del criminal bloqueo económico, financiero y comercial
contra Cuba; el incremento de la actividad subversiva de la Sección de
Intereses norteamericana en La Habana y el renovado apoyo a la contrarrevolución
que incluye la asignación de más de 30 millones de dólares
aprobados por la USAID para estos fines; la arbitraria e injustificada ubicación
de Cuba en todas las "listas negras" de los Estados Unidos, incluidas las más
groseras y mentirosas, con las cuales el imperio intenta calumniar, juzgar e
interferir en los asuntos internos del resto del mundo; las irresponsables expulsiones
de diplomáticos cubanos y las nuevas limitaciones a nuestras misiones
en Washington y Nueva York; la violación flagrante de los acuerdos migratorios,
con la persistencia de la Ley asesina de Ajuste Cubano y la política
de "pies mojados-pies secos"; y el incremento de la agresión radioelectrónica
contra nuestro país, sin excluir el uso de satélites y aviones
militares, han sido algunas de las decisiones anticubanas con las que la Administración
Bush ha impuesto un mayor deterioro a los vínculos bilaterales entre
Cuba y los Estados Unidos, ya seriamente afectados por 44 años de hostilidad
y agresión.
A esta brutal escalada anticubana, habría que añadir las acciones
represivas que se han desarrollado contra la propia población estadounidense,
tales como la eliminación de licencias a universidades y centros académicos
que organizaban visitas a nuestro país, el aumento de las restricciones
para viajar a Cuba, y el exponencial incremento de las personas que han sido
multadas y sancionadas por el insólito "delito" de ejercer su derecho
a viajar libremente a nuestro país.
Por si todo esto fuera poco, el pasado 10 de octubre, fiel al oportunismo que
ha caracterizado su política hacia Cuba, el Presidente norteamericano,
en el marco de un discurso caracterizado por una cínica retórica
anticubana, anunció nuevas acciones punitivas contra nuestro país.
Entre las medidas anunciadas por el Presidente Bush en su discurso, destacan
las siguientes:
1) La creación de una llamada "Comisión Presidencial para la asistencia
a una Cuba Libre", la cual, presidida por el secretario de Estado norteamericano
Collin Powell y por el Sr. Melquíades Martínez, leal representante
de la mafia miamense en la Administración Bush, tendría como tarea
fundamental el asesoramiento al Presidente norteamericano en su intento por
fortalecer el bloqueo, la subversión y la política de agresiones
con el objetivo primordial de derrocar a la Revolución cubana.
2) El incremento de las ilegales transmisiones de Radio y Televisión
Martí y de las acciones subversivas contra Cuba.
3) El fortalecimiento de las presiones a nivel internacional para tratar de
aislar a nuestro país.
4) El recrudecimiento de las medidas represivas contra los ciudadanos norteamericanos
que pretenden viajar a Cuba.
Como era de esperar, durante su diatriba el Presidente norteamericano dedicó
especial énfasis a reiterar su irrestricto compromiso con la criminal
política de bloqueo a Cuba.
También anunció que fortalecería los procedimientos para
"favorecer la emigración legal de Cuba hacia los Estados Unidos". Por
supuesto, nada mencionó sobre la eliminación de la Ley asesina
de Ajuste Cubano, ni de la irracional política de "pies mojados-pies
secos", principales estímulos a la emigración ilegal y al uso
de la violencia para intentar emigrar desde nuestro país hacia los Estados
Unidos.
En el contexto de las mentirosas y repugnantes acusaciones realizadas por el
Presidente norteamericano en el marco de este ejercicio electorero, mención
especial merecen las falaces referencias hechas con relación al supuesto
comercio sexual ilícito que, según el señor Bush, florece
en nuestro país fomentado por el Gobierno cubano.
Evidentemente, el Presidente norteamericano desconoce que Cuba ha demostrado,
como pocos países en el mundo, ser un ejemplo en la defensa y protección
de sus niños, jóvenes y mujeres, cuestión que ha sido reconocida
ampliamente por la Organización de las Naciones Unidas. Desconoce el
señor Bush, seguramente, que la protección de la niñez
y la juventud para Cuba es un imperativo moral y de principios, y que en Cuba
no se tolera, ni se tolerará jamás, acciones que propicien o estimulen
la explotación, el tráfico o el abuso sexual de nuestros niños
y jóvenes.
Sería mejor que el Presidente estadounidense dejara de mentir sobre Cuba
y se ocupara de los serios problemas de drogadicción, violencia, pobreza
y falta de asistencia social que afectan a la juventud y a la niñez en
los Estados Unidos.
Las "celebraciones" del Presidente Bush los días 20 de mayo ya constituían
señales inequívocas de su total desconocimiento de la historia
de Cuba y del significado que para los cubanos tienen la dignidad y el decoro.
Sin embargo, haber seleccionado el 10 de octubre para hacer estos anuncios,
más que desconocimiento, evidencia el desprecio tan grande que el gobierno
norteamericano y el Presidente Bush, personalmente, sienten hacia nuestro pueblo.
Estas nuevas medidas anticubanas, más allá de la retórica
tradicional y del inocultable tufo electoral de su objetivo, muestran claramente
el compromiso ilimitado del gobierno norteamericano con los sectores cubanoamericanos
de extrema derecha y su obsesión por destruir el ejemplo que representa
la Revolución cubana.
Estas acciones intentan también, vanamente, neutralizar el creciente
aislamiento y la condena internacional a la política norteamericana contra
Cuba, y el amplio cuestionamiento que, dentro de los propios Estados Unidos,
encuentra la hostilidad del gobierno norteamericano hacia nuestro país.
Difícilmente se pueda superar el historial anticubano de la actual Administración
norteamericana. Cualquier inventario de las acciones agresivas desarrolladas
contra Cuba demuestra hasta qué límites ha llegado el endurecimiento
de la política norteamericana y hasta qué grado se ha impuesto
la tendencia política que aboga abiertamente por la confrontación,
sin importar cuales sean los medios o métodos que se apliquen para ello,
ni las consecuencias que podría tener para los pueblos cubano y norteamericano.
Esta escalada de agresiones y provocaciones contrasta con la posición
de Cuba, que ha demostrado, con múltiples hechos, su disposición
y voluntad de trabajar por la mejoría de las relaciones bilaterales entre
ambos países y por promover las relaciones entre los pueblos de Cuba
y los Estados Unidos.
Cuba denuncia ante la opinión pública internacional, una vez más,
estas nuevas provocaciones y acciones agresivas del gobierno neofascista norteamericano
que, como ha quedado evidenciado en las propias palabras del Presidente Bush,
forman parte de un plan para intentar derrocar a la Revolución cubana.
Cuba constituye un referente moral y político imposible de soportar por
el gobierno norteamericano y por los grupos terroristas radicados en el sur
de la Florida que, obsesionados con poner fin al ejemplo de dignidad y justicia
social que la Revolución cubana encarna, se adentran en cursos de acción
cada día más peligrosos y provocadores.
Ante el fracaso de más de 40 años de guerra económica y
política; de la aplicación de un bloqueo que no tiene igual en
la historia de la humanidad; de sanciones y medidas draconianas que han hecho
sufrir tremendamente al pueblo cubano, el gobierno norteamericano se apresta
ahora a tomar medidas aún más fuertes contra Cuba.
La sed de venganza y el odio de la mafia terrorista de Miami son infinitos y
estamos seguros de que proseguirá su chantaje electoral reclamando otras
acciones contra Cuba. No nos extrañaría que nuevas agresiones
se gesten contra nuestro país en la medida que nos acercamos a noviembre
del 2004. Ante esta posibilidad, nuestra única alternativa es y será
más confianza en nuestros principios, en la fortaleza de la Revolución,
en el socialismo y en Fidel.
Con la arrogancia y la prepotencia que lo caracteriza, el Presidente Bush señaló
en su discurso que "Cuba no cambiará por sí misma, pero Cuba tiene
que cambiar". El Presidente de los Estados Unidos debe saber que sus palabras
no atemorizan a nadie en este país. Hace 44 años decidimos emprender
el difícil pero a la vez digno camino de la soberanía y la independencia,
y no vamos a renunciar a él.
La "transición" soñada por Bush y sus acólitos de la mafia
de Miami no ocurrirá nunca en Cuba. Nuestro país está en
transición, sí, pero es una transición hacia más
Revolución, hacia una sociedad más justa, hacia una sociedad donde
hombres y mujeres alcanzarán el desarrollo pleno que solo puede ofrecer
el socialismo.
Nadie debe equivocarse, ni los enemigos en el exterior, ni sus desprestigiados
mercenarios locales. Cuba tiene toda la capacidad y disposición para
enfrentar y vencer con inteligencia, madurez, firmeza y coraje, y en cualquier
terreno, como lo hizo hasta hoy, esta u otras extravagancias y escaladas agresivas.
El señor Bush debe saber que cada agresión contra nuestro país
se estrellará, como siempre, contra la dignidad, la firmeza y la entereza
del pueblo de Cuba.
La Habana, 13 de octubre del 2003