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13 de octubre de 2003
La trastienda de una entrevista
Seis horas con Saramago
Pascual Serrano
Rebelión
Desde las ocho y media de la tarde hasta las dos y media de la madrugada, la
periodista cubana Rosa Miriam Erizalde compartía con el Premio Nobel
José Saramago, impresiones, emociones, cena, política, filosofía
y, por supuesto, literatura.
Era la primera ocasión en que Saramago se pronunciaba sobre Cuba tras
sus críticas a las sentencias judiciales del pasado mes de abril. Ahora,
el escritor invitaba a su casa a una periodista cubana que, a buen seguro, le
preguntaría por su posición con Cuba.
"Esta fue una entrevista hija de la solidaridad -afirma Rosa Miriam-. Durante
mi viaje por España comenté en Cadiz que quería tener un
encuentro con Saramago, los amigos se movilizaron para facilitarme los contactos
teléfonos, y estuvieron pendientes de este encuentro, dándome
aliento y haciendo votos para que saliera como la soñamos".
Saramago no dudó en aceptar una entrevista para un medio cubano. Tras
una pequeña conversación con su mujer, Pilar del Río, se
pusieron de acuerdo en el día del encuentro en la casa del escritor en
Lanzarote.
La vivienda de Saramago pasa tan desapercibida en la localidad de Tías
que la periodista llegó tarde, perdida entre tantas casas parecidas de
Tías, todas ellas con la impronta del arquitecto Cesar Manrique.
"Me llamó la atención que siendo Premio Nobel, Saramago vive en
una casa confortable pero sin lujos, y yo diría que modesta -afirma Rosa
Miriam Elizalde-. El decorado fundamental son los libros. Es una vivienda como
cualquier otra de la calle donde viven, distiguida solo por el "A Casa" de la
entrada. Pensé encontrar una edificio o uno de esos chalets de ricos,
y no fue así. De hecho, no creíamos que hubieramos llegado a la
casa de un Nobel, sino a la de cualquier hijo de vecino de la localidad de Tías".
Ya en la vivienda de Saramago, "hubo un breve preámbulo, y pasé
al despacho de Saramago para la entrevista, que duró aproximadante dos
horas -relata Rosa Miriam-. En un momento intervino su esposa Pilar, y aproveché
para hacer las fotos. Ella también me hizo una a mí con él.
La entrevista transcurrió tal y como está escrita. No alteré
el orden de las preguntas, ni enmascaré nada. Conversamos otro rato,
y bajamos a cenar. Yo estaba tan emocionada que no solo no abrí la boca
en toda la comida para comentar lo que allí se hablaba, sino que apenas
comí. Cenamos caldo, pescado, verduras, croquetas y de postre, un ponche
de mandarina".
"Pilar cocinó personalmente todo lo que allí comimos, y se encargó
de servir y luego, de fregar los platos -continúa Rosa Miriam-. Ella
misma fue a comprar los alimentos, y comentó su diálogo con el
hombre que le sumistra el pescado fresco. Todo con extraordinaria humilidad
y cariño".
"Para mí -añade Elizalde- era especial este encuentro, y así
se lo dije: yo no iba en entrevistar a un Nobel, sino a un escritor a quien
aprendí a querer por su literatura y por su lúcido compromiso
político, y sobre todo, por haber mezclado estas dos circunstantancias
sin vergüenza y sin concesiones. Estaba ante una persona profundamente
querida por mi generación, y muy respetada en Cuba. Me encontré
a un hombre que se parece mucho al narrador de sus novelas, descarnado y tierno
a la vez, y sobre todas las cosas, muy querible".
Sin duda, la opinión de Saramago respecto a Cuba era el tema más
delicado de la conversación. Sus sinceras críticas hace seis meses
fueron explotadas a la extenuación por quienes nunca habían prestado
ninguna atención a los posicionamientos del Premio Nobel portugués.
"Cuando le nombré Cuba, tuvo un suspiro hondo, de dolor. Creo que esperaba
que le hiciera la pregunta, pero no así, jugando con las palabras. Respondió
con mucha honestidad".
Después de la cena, nos cuenta la periodista, "bajamos al sótano,
donde está la biblioteca, y finalmente, Pilar quiso mostrarnos el video
La Tribu: un encuentro con Fidel, que reseña la visita de la familia
Saramago-Del Río a La Habana, en 1999. Finalmente, nos despidió
en el umbral de la casa. Eran las dos y media de la madrugada".
Esa despedida fue el momento más emocionante, afirma Rosa Miriam. "Yo
le dije que no dejara de querer a Cuba, y el respondió "nunca". En ese
momento se me saltaron las lágrimas".
La entrevista
la puedes leer aquí