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21 de agosto de 2003
Entrevista
Silvio Rodríguez
muestra su vena sinfónica
Yolanda Martínez
REFORMA / Cuba
LA HABANA.- Silvio Rodríguez ha pasado prácticamente la mitad
de su vida
sobre un escenario y tal vez el hábito de verle como trovador ha provocado
la postergación de su más profundo deseo artístico: la
composición de música sinfónica.
"La rapidez con que transcurre la vida en el escenario facilitó que ni
yo mismo me percatara de que algunas de mis inquietudes musicales todavía
esperaban por mí. Pudiera resumirlo diciendo que me había aprendido
un nuevo par de notas y no me daba cuenta de que ya era hora de usarlas", dijo
sobre su disco más reciente, Expedición, al que considera su trabajo
más sinfónico.
Rodríguez explicó que se trata de una obra nacida como de rayo,
porque la idea del primer tema lo sacó de la cama en pleno sueño,
algo que no le sucedía desde que era un muchacho.
"En la madrugada del 7 de mayo de 2000 se me ocurrió un tema que sonaba
entre rock sinfónico y épico. Hacía años que la
música no lograba levantarme a esas horas. Desde el primer bosquejo supe
que lo que estaba haciendo con la guitarra en realidad debía ser formulado
por un piano y que debajo de ese piano debía sonar una vigorosa cuerda
de violonchelos. Por alguna razón, aquel tema, que ahora se llama Tiempo
de ser fantasma, abrió ventanas, como una Celestina amorosa, al vendaval
que llegó después".
Ahora, el talentoso trovador vive retirado de los escenarios por decisión
propia y dedica su tiempo a componer música sinfónica.
Después de una larga carrera como trovador, ¿qué pasó para
entrar tan apasionado en la música sinfónica?
- La música sinfónica y de cámara, los conciertos y las
obras para diferentes formatos me han acompañado desde la niñez.
Es el tipo de música que escucho más a menudo. Pero mi formación
musical está llena de lagunas, cosa que siempre he lamentado. Por eso
ha sido un reto enfrentarme a mayores complejidades orquestales. Es estimulante
ese tipo de desafío.
¿Su inquietud de orquestar sigue esperando su atención?
- Me puse a estudiar para hacer Expedición y vuelvo a la carga cuando
se me presentan dificultades de cualquier tipo. Así que siempre estoy
analizando algo, tratando de superar mis limitaciones.
¿Qué ha supuesto para usted, en esta nueva etapa, la unión con
su actual compañera Niurka González?
- Debido a mi pobre formación académica, durante la composición
de Expedición muchas veces tuve que pedir ayuda a Niurka para desentrañar
aspectos estructurales. Ella es graduada de música y flauta, con las
más altas notas, del Conservatorio Superior de París (CNR) y del
Instituto Superior de Arte de La Habana. También es concertista invitada
de la Orquesta Sinfónica Nacional; toda esa trayectoria quiere decir
que quien primero me corrige la plana es ella, por suerte para mí. Su
ayuda me ha sido capital. Y bueno, luego de siete años de dueto, hemos
llegado a trío con la bendición de la pequeña Malva.
¿Qué significado tienen hoy el escenario y el aplauso para usted?
- Hoy me siento a ver un espectáculo y lo disfruto mucho, pero me angustio
cuando un instrumento pierde la afinación o las bocinas emiten un ruido
indeseable. También sé que cuando todo queda bien, persiste la
angustia por hacerlo todavía mejor. Ese es uno de los precios de la fugacidad
de un concierto y parte también de lo maravilloso, lo irrepetible.
¿La edad le ha enseñado a administrar emociones como la rabia y cualidades
como la paciencia o aún le desbordan?
- Siempre fui un tipo más bien reflexivo y observador, sin excluir, por
supuesto, algún exabrupto. Las cosas que más me han molestado
son los prejuicios, las injusticias, las ofensas a la condición humana.
¿Es cierto que su canción más melancólica (De la ausencia
y de ti) fue inspirada por una mexicana en 1969?
- ¡Cómo no!: Velia Ramírez. Fue y es una muy buena amiga. Primero
compartimos algunas inquietudes de juventud y más tarde intercambiamos
preocupaciones sobre nuestras respectivas familias.
¿Al creador hay que dejarle a merced de sus musas o hay que implicarle en los
asuntos terrenales?
- Las mejores musas suelen ser las más terrícolas.
¿Qué influencia mantiene la Revolución cubana en su obra?
- La Revolución se iniciaba en Cuba cuando yo llegaba a la adolescencia.
En medio de combates e inauguraciones me fui haciendo hombre y se me fue formando
el carácter. Las actividades sociales, como alfabetizar, o las de la
defensa, como hacerme miliciano para defender a mi país, son vigas de
mi arquitectura como persona. Después, cuando vino la vocación,
fue lógico que tomara estas experiencias como materia prima de mis historias.
Cuando votó como diputado en la Asamblea por su "patria socialista perfectible"
dijo que cerraba filas "como cuando era un milicianito de 14 años".
¿Cómo hace un hombre de su edad para mantener tan alta la esperanza?
- Debo aclarar que los hay más viejos que yo y aún más
esperanzados. Puede que haya otra forma de vivir, pero es más triste,
tanto para los demás como para uno mismo. El optimismo me parece un principio
útil para la supervivencia colectiva y personal.
¿Qué decisión le fue más difícil: enfrentarse a
solas con una partitura de orquesta o apoyar a Fidel Castro en los juicios sumarísimos
a los disidentes?
- Fidel es un hombre que merece respeto por la transformación que ha
sido capaz de concebir y llevar a cabo. Es una persona que le ha entregado a
nuestro país cada segundo de su existencia. Es un extraño presidente
que no tiene ni un solo dólar en banco extranjero alguno. Creo que merece
nuestra confianza, aun cuando pueda equivocarse, porque ha demostrado ser un
hombre desvelado sobre todo por ayudar a los que menos han tenido históricamente.
- Considera que la fuerza de la palabra se puede imponer a la de las armas?
¿Ve con optimismo el futuro de Cuba?
- Martí decía, más o menos, que una verdad en el fondo
de una cueva valía más que todos los ejércitos. Siguiendo
esa línea de pensamiento, mi país ha llegado a ser una tierra
muy optimista. Ser así nos da ventajas para enfrentar no sólo
cualquier futuro, sino también los diversos presentes que hemos tenido
y tenemos todavía. Es ventajoso luchar por un sueño, a pesar de
que a veces la realidad lo descascare, como el de hacer un mundo mejor. Sabemos
que la sociedad cubana actual no ha sido lo soñado por la Revolución,
sino una distorsión de aquel anhelo, resultado de un combate constante
contra enemigos muy poderosos, beneficiados a veces hasta por nuestros propios
defectos. Por eso nada nos puede sacar de adentro la preguntita de: ¿cómo
sería si+? Y con ella, lo digno de un ideal, que sigue dando ganas de
intentarlo.
Como diputado no militante del Partido Comunista de Cuba, ¿qué opina
de la unanimidad que se da siempre en el Parlamento?
- Hay que recordar que es el Parlamento de un país asediado desde hace
mucho por colosales poderes. La verdad es que ese hostigamiento, que cada vez
es más concentrado, nos deja poco margen para exhibir nuestras discrepancias.
Ha dicho que la balanza de la Revolución cubana se inclina hacia el lado
bueno. ¿Puede precisar qué ama y qué no admite de ese movimiento?
- Amo las oportunidades de los millones de seres que sin la Revolución
no hubieran tenido historia. Amo el factor humano de nuestra sociedad. No me
gusta que casi medio siglo de defensa ante el imperio mayor de la historia nos
inhiba de ser más normales, nos haga ver el intercambio crítico
como algo tan tensionante. No me agrada que seamos rehenes de nuestra necesidad
de supervivencia. Pero digamos que fue la vida que elegí y la asumo.
Sin confundir los deseos con la realidad,
¿puede la Revolución mantener su vigencia en un mundo cada vez más
globalizado?
- Sin confundir los deseos con la realidad, ¿has sacado la cuenta de los años
que llevan anunciando el derrumbe?