22 de agosto del 2003

El trato hacia Cuba por parte de EE.UU. demuestra la evidente manipulación de la "Guerra contra el terror"

Alana Y. Price
CommonDreams
Traducido para Rebelión por Germán Leyens
Al publicar revelaciones que desenmascaran las invenciones del presidente Bush sobre las compras de uranio de Irak y los vínculos de Sadam Husein con al-Qaeda, los medios dominantes de EE.UU. han terminado por hacer sonar alarmas que los analistas progresistas habían estado tocando desde hace tiempo: la Casa Blanca inventó repetidamente amenazas a la seguridad nacional para justificar su orden del día intervencionista en el exterior. Sin embargo, la airada protesta por la amenaza a la seguridad sucedánea proveniente de Irak todavía no ha provocado un debate generalizado sobre los numerosos otros falsos guiones que Washington ha amañado, como por ejemplo la pretendida amenaza terrorista representada por Cuba. Washington ha ampliado asiduamente el concepto de la "guerra contra el terror" para reafirmar una base de dominación en América Latina para el siglo XXI. Mientras ignora por completo la exigencia de La Habana de que el gobierno de EE.UU. entre en acción ante los ejemplos bien documentados de actividades terroristas de los cubano- estadounidenses que operan desde Miami, Washington ha inventado simultáneamente el cuento de que La Habana estaría promoviendo una amenaza bioterrorista contra EE.UU. La dinámica de esta artera política demuestra la engañosa naturaleza de la "guerra contra el terrorismo" de la administración.

En su calidad de signatario de numerosos tratados internacionales antiterroristas, Washington tiene una indiscutible obligación de impedir ataques terroristas lanzados desde suelo de EE.UU. Sin embargo, ha ignorado deliberadamente las solicitudes de La Habana de que restrinja la violencia proveniente de Miami contra la isla desde la revolución de 1959. Los grupos de exiliados cubanos en EE.UU. han acosado, herido y asesinado cubanos, incluyendo a diplomáticos, empleando tácticas terroristas como atentados contra coches y aviones. Por la inacción de EE.UU., esos ataques han continuado en la era actual. Luis Posada Carriles, un exiliado cubano que reivindicó la responsabilidad de haber organizado en 1997 una serie de atentados con bombas contra hoteles, restaurantes y clubes nocturnos cubanos, en los que murieron civiles inocentes, resumió la situación en una entrevista con el New York Times: "Como ustedes pueden ver", dijo, "el FBI y la CIA no me molestan, y yo soy neutral a su respecto".

Washington también ha permitido que terroristas condenados contrarios a Castro como Orlando Bosch, Virgilio Paz, y José Dionisio Suárez anden libres y continúen predicando su mensaje de violencia en EE.UU. Además, la administración Bush ha demostrado su tolerancia del terrorismo proveniente de Miami al perseguir a cinco responsables antiterroristas cubanos que fueron sentenciados a penas máximas de prisión después de condenas por conspiración infundadas y altamente controvertidas impuestas por un tribunal federal de Miami en 2001.

La guerra contra el terror de Washington se hace aún más contradictoria a la luz de las engañosas acusaciones de terrorismo hechas contra La Habana a fin de mantener a la isla en la lista del Departamento de Estado de países en los que el estado auspicia el terrorismo -junto con Irán, Irak, Libia, Corea del Norte, Siria y Sudán -y así contrarrestar el debilitamiento del apoyo interno a las políticas de embargo de viajes y comercio contra la isla.

Estrechos aliados de EE.UU. así como legisladores estadounidenses rechazan la identificación de Cuba con una amenaza terrorista de la administración Bush. "No estamos de acuerdo con el punto de vista de EE.UU. de que Cuba auspicia el terrorismo", dijo el Ministro de Energía británico Brian Wilson en La Habana en octubre pasado. Tampoco la ONU ha acusado jamás a Cuba de violar alguno de sus 12 acuerdos contra el terrorismo, todos los cuales han sido firmados por Cuba por su propia iniciativa. "Es escandaloso que incluyan a Cuba sólo por razones políticas," dijo el congresista estadounidenses James McGovern (demócrata de Massachussets), al solicitar en marzo pasado que el Secretario de Estado Powell elimine a Cuba de la lista.

Extremistas ideológicos de la administración Bush como el Subsecretario de Control de Armas, John Bolton, justifican el pretendido estatus terrorista de Cuba con la afirmación de que las industrias biomédicas y farmacéuticas de La Habana son capaces de utilizar su investigación médica para promover proyectos bioterroristas y acusan a Castro de dar residencia a insurgentes colombianos, separatistas vascos y terroristas chilenos.

Mientras Bolton continúa utilizando su falso argumento de las armas biológicas ante públicos derechistas para estimular el sentimiento contrario a Castro, rehusó un pedido de sustanciar sus aserciones ante un subcomité de Relaciones Exteriores del Senado, presumiblemente porque carecía de evidencia creíble para apoyar sus acusaciones. Las acusaciones de Washington contra Cuba se basan en que su industria biotecnológica podría producir bioarmas, no en alguna evidencia de que lo haya hecho. Como dijera el Secretario de Estado Colin Powell, "no dijimos que realmente tenga algunas armas sino que tiene la capacidad y el potencial de realizar ese tipo de investigación". En un debate en la Cámara, el representante McGovern señaló que esa capacidad es compartida por "todo país del mundo que produzca aspirina".

A pesar de la acusación de que Cuba ofrece refugio a terroristas de Colombia, España y Chile, aclaraciones publicadas por funcionarios de esos gobiernos debilitan los intentos de Washington de amañar evidencia de un rol semejante de la isla. Bogotá verificó que la presencia de insurgentes colombianos en Cuba forma parte de un diálogo del proceso de paz entre el gobierno colombiano y representantes de las guerrillas izquierdistas del país. Funcionarios españoles confirman que bajo el Presidente del Gobierno Felipe González, Madrid exilió a miembros de ETA a Cuba que habían aceptado discontinuar sus actividades terroristas en un acuerdo recíproco que también incluía la liberación de prisioneros en poder de las fuerzas de ETA. Después de viajar a Cuba en febrero pasado, investigadores chilenos determinaron que Cuba no había dado refugio a terroristas de su país.

Washington persiste en sus rocambolescas acusaciones porque la calificación de Cuba como país terrorista permite a EE.UU. influir sobre las exportaciones a Cuba de artículos de potencial de "doble uso" tales como la tecnología médica, así como limitar la obtención de varios préstamos internacionales por Cuba. Por ello, la acusación de terrorismo contra Cuba permite a Washington el refuerzo del embargo -una política vengativa a la que se oponen los Grupos de Trabajo Cubano tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes.

Conscientes de que la administración Bush se ha declarado unilateralmente dispuesta no sólo a eliminar lo que considera amenazas terroristas, sino también a "liberar" así llamados "pueblos oprimidos" de sus gobiernos "represivos", analistas cubanos y estadounidenses han expresado su preocupación por una posible iniciativa de "cambio de régimen" de EE.UU. contra La Habana. Sus temores parecen tener fundamento: el 18 de julio, el presidente Bush colocó despreocupadamente a Cuba en una lista de gobiernos que pretende son los "más opresivos". En la misma línea, el embajador de EE.UU. a la República Dominicana, Hans Hertell, un nombramiento político, dijo en tono alarmante que "la guerra en Irak va contra todos los países del mundo con sistemas políticos opresivos... es un excelente ejemplo para Cuba".

13 de agosto de 2003
* Alana Y. Price es investigador asociado del Consejo de Asuntos Hemisféricos.
El Consejo de Asuntos Hemisféricos, fundado en 1975, es una organización independiente, sin fines de lucro, no-partidaria, exenta de impuestos, de investigación e información. Ha sido descrita en el Senado como "una de los organismos de eruditos y políticos más respetados del país".