Pocos asuntos están tan claros como la relación entre el "proyecto de
transición" en Cuba que manejan los Estados Unidos y el retorno a una situación
de dependencia absoluta –el plattismo- con entrega de la soberanía a la
gran potencia del norte.
La historia es suficientemente explícita para demostrar el absoluto desprecio
que han sentido por la soberanía y el pueblo de Cuba, y para poner de manifiesto
la estructura de la relación colonial que han potenciado siempre los Estados
Unidos.
También demuestra que pese a esa dependencia y a ese desprecio, que debería ser
humillante para los aliados internos de la potencia del Norte, el "plattismo"
es decir, la negación de Cuba, ha sido siempre la referencia política de los
aliados de Washington.
La Enmienda Platt, impuesta como pieza fundamental de la primera
constitución de Cuba, decía textualmente en los dos artículos que probablemente
expresan con más intensidad la apropiación de soberanía y el desprecio por el
pueblo de Cuba:
"Que el Gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos pueden ejercitar el
derecho de intervenir para la conservación de la independencia cubana, el
mantenimiento de un Gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad y
libertad individual..." y más adelante:
"Que el Gobierno de Cuba ejecutará y en cuanto fuese necesario cumplirá los
planes ya hechos y otros que mutuamente se convengan para el saneamiento de las
poblaciones de la Isla, con el fin de evitar el desarrollo de enfermedades
epidémicas e infecciosas, protegiendo así al pueblo y al comercio de Cuba, lo
mismo que al comercio y al pueblo de los puertos del Sur de los EE.UU."
La Ley Helms Burton, aplaudida por el "exilio cubano" de Miami, expresa
una visión amable de esa primera relación colonial y establece mecanismos de
control sobre los gobiernos de Cuba mucho más detallados que los que enunciaba
la famosa Enmienda.
Entre otras cosas el gobierno de la "Cuba liberada" debe pasar por un doble
examen del gobierno de los EEUU. Además Washington se ocupará de programar y
controlar la transición económica hacia una "economía libre", de reorganizar y
reeducar a las fuerzas armadas de Cuba, y de controlar el "mercado humanitario"
de una economía castigada por el bloqueo y, tal vez, por la guerra. Todo ello
después de una intensa "depuración política" que tendrá lugar como paso previo
al proceso de "democratización".
Nada resulta extraño en la intención colonizadora de los EEUU ni en la
disponibilidad al vasallaje de las organizaciones cubanoyanquis de Miami. Al fin
y al cabo los miembros de estas últimas son en su mayor parte ciudadanos de los
Estados Unidos con dos generaciones de distancia de Cuba. Para ellos –neoliberales
fanáticos, al fin y al cabo- Cuba no es más que un escenario futuro para los
buenos negocios.
La "sumisión aceptada" que tanto puede sorprender a los observadores
imparciales de la mal llamada "disidencia interna", es el pobre éxito de una
planificación sistemática de la "transición cubana" aprobada por el Congreso en
1996. A la búsqueda de los agentes internos de esa "transición" se aplica un
fuerte presupuesto manejado por la Sección de Intereses de los Estados Unidos en
Cuba, instrumento organizador, avalista, de dirección política, patrocinador
de personajes, y de financiación, de esos pequeños grupos de cubanos que han
asumido el viejo espíritu plattista de la servidumbre y se han convertido en
funcionarios pagados del gran enemigo de Cuba.
Para los "soldados de Falsimedia" la prueba de fuego de las intenciones
democratizadoras y soberanistas de los EEUU podría encontrarse en Iraq, un
gigantesco laboratorio humano y social para la aplicación de un proceso de
transición similar al proyectado para Cuba.
Las similitudes del programa de transición son evidentes. Depuración
política y encarcelamientos en masa, liquidación inmediata de todos los
servicios públicos, colonización económica y paro masivo, liquidación
instantánea de las fuerzas armadas y de todo el cuerpo de funcionarios públicos,
nombramiento de un gobierno títere procedente del exilio, control absoluto de
todo el proceso de elaboración constitucional y electoral, apropiación de
recursos económicos, permanencia del ejército de ocupación, imposición de un
acuerdo de "soberanía limitada".
Todo ello en el marco de una feroz implantación del orden colonial a sangre,
picana y fuego.
Para los que simulan creer en el "poder liberador" del que hablaba el presidente
Bush, días antes de darle carta blanca a sus soldados para masacrar Faluja,
ninguna evidencia es suficiente. Ni siquiera las iniciativas "naturales", tan
pintorescas y significativas como aquella de Colin Powell en la que el
secretario de Estado anima a los ciudadanos de los Estados Unidos a participar
en un thinks tank virtual para elaborar el diseño de una transición democrática
en Cuba.
Como cada año los EEUU han movilizado a sus peones en la Comisión de Derechos
Humanos de la ONU, y han presionado y chantajeado a los demás países del mundo
para conseguir la aprobación de una moción de condena a Cuba. Se trata, dentro
de una estrategia general para justificar el bloqueo y la hostilidad activa y
con frecuencia terrorista contra Cuba, de conseguir un reconocimiento
internacional de sus mercenarios y garantizar su impunidad como cabeza de puente
para una "segunda oportunidad" colonial que los Estados Unidos llevan
persiguiendo durante cuarenta años.
Con la experiencia inmediata de la terrible destrucción de Iraq, y del
sufrimiento enorme al que está sometida su población a causa de la guerra y de
la ocupación que han llevado a cabo los EEUU rompiendo todas las leyes
internacionales, tanto este, como los países de Europa deberían saber que no hay
posibilidad alguna de mediación entre las aspiraciones neocoloniales de los EEUU,
asumidas por el exilio instalado de Miami, y el absoluto compromiso patriótico
del pueblo de Cuba. ___________________________________________________________
De: "roosevelt" <roosbar@cantv.net>
El proceso de la Enmienda Platt
Uva de Aragón
En la convocatoria a las elecciones para la Constituyente de 1901, se aludía a
las futuras relaciones entre Cuba y Estados Unidos. La "cláusula
sospechosa"—como se denominó—causó resquemores. Incluso Eliseo Giberga propuso
que los partidos fueran al retraimiento. Comenzaba así una corriente de
actuación política que se desarrollaría a lo largo de la República: el
abstencionismo. El general Leonardo Wood aseguró que los cubanos estarían libres
para definir las relaciones entre los dos países. Según Carlos Márquez Sterling,
"cuando el gobernador hablaba de esta manera no estaba procediendo de buena fe."
[i] <http://www.pdc-cuba.org/uva_04.htm#_edn1> Los cubanos de aquellos tiempos
también lo veían así. El Marqués de Santa Lucía regresó de un viaje a
Washington, en vísperas de las elecciones en Estados Unidos, convencido de que
–así ganaran los republicanos como los demócratas— los norteamericanos no les
entregarían a los cubanos el mando de la República. Sus predicciones resultaron
ciertas.
El 9 de febrero de 1901 el general Leonard Wood le leía a una delegación de
cinco asambleístas una carta de Eliu Root, secretario de la Guerra de E.E.U.U.
en la que exponía que la Constitución debería llevar un apéndice que definiera
la relación entre los dos países. Las bases propuestas eran, en resumen: 1) Los
Estados Unidos tendrían derecho a intervenir en Cuba si corriera peligro su
independencia o las vidas y propiedades de sus habitantes; 2) los cubanos no
podrían firmar tratados con otros estados extranjeros que menoscabaran su
independencia ni contraer empréstitos que comprometieran sus ingresos y 3) los
Estados Unidos podrían instalar las carboneras y estaciones navales en la Isla
que fueran necesarias para poder cumplir con el primer requisito. Cuado se dio a
conocer a la Asamblea Constituyente esta propuesta, que incluía además omitir la
Isla de Pinos como parte del territorio nacional cubano, los delegados se
indignaron y se dispusieron a luchar por el pleno goce de su soberanía.
Mientras, en el Congreso de Estados Unidos se debatía un apéndice al proyecto de
ley del presupuesto del ejército norteamericano, presentado por el senador
Orville Platt, de Connecticut,. En contra de la Enmienda Platt, que contenía las
mismas bases postuladas por el secretario Root, se expresaron, al menos, dos
senadores, Morgan y Foraker. El primero la consideraba ofensiva para los
patriotas cubanos. El segundo temía que a la larga fuese negativa para los
intereses norteamericanos. Pero la enmienda fue aprobada y firmada ley por el
Presidente William McKinley,
Los cubanos, de nuevo, formaron una comisión y viajaron a Washington. Se
entrevistaron con el Presidente McKinley, el mismo que había firmado la
Resolución Conjunta que proclamaba el derecho de Cuba a ser libre. Cenaron en la
Casa Blanca. Recibieron elogios. Salieron en los periódicos. Pero no cedieron.
Tampoco los norteamericanos. Incluso Domingo Méndez Capote tuvo una fuerte
confrontación con Root. La comisión regresó a La Habana con el convencimiento de
que si no se aprobaba la Enmienda, la ocupación norteamericana se prolongaría
indefinidamente. Las discusiones de la Asamblea fueron largas y dolorosas.
Finalmente se aprobó la Enmienda, 15 votos por 14. Rafael Manduley, que había
votado en contra, quiso evitar mayores divisiones y aplacar el descontento
popular al declarar: "Aquí no hay cubanos mejores que otros cubanos. Cada uno al
votar lo ha hecho de acuerdo con su patriotismo."[ii] <http://www.pdc-cuba.org/uva_04.htm#_edn2>
No fue suficiente para los norteamericanos, puesto que el apéndice aprobado no
se atenía letra por letra al redactado por Platt. Una nueva votación se hizo
necesaria. Ya fuera por razones políticas, frustración u otras causas, dos
delegados se mantuvieron ausentes y uno cambió su voto. El recuento final fue de
16 a 11.
Los textos de Historia de Cuba coinciden en su visión del proceso de la Enmienda
Platt. En el publicado por el Instituto de Historia de la Habana en 1998,
firmado por un grupo de seis autores, se resume así: "Tras meses de tenaz
batalla antiplattista conducida en nombre de la liberación nacional, el pueblo
cubano tendría que iniciar su vida republicana a la sombra del dominio yanqui."
[iii] <http://www.pdc-cuba.org/uva_04.htm#_edn3> Calixto C. Masó, para
sintetizar el pensamiento cubano de la época, destaca en su libro el voto
particular de Juan Gualberto Gómez y Manuel Ramón Silva, quienes aseveraron que
la Enmienda no era otra cosa que "el sometimiento del país vencido al
vencedor".[iv] <http://www.pdc-cuba.org/uva_04.htm#_edn4> Carlos Márquez
Sterling fue más severo. Observa en su Historia que los cubanos "habían supuesto
la posibilidad racional de una inteligencia decorosa con Estados Unidos. En
lugar de ello se encontraban frente a una nación interventora, implacable y
altanera..." Y concluye al referirse a aquellos momentos: "El semblante de la
asamblea tornose melancólico. (...) un pesimismo negro, honrado, y hasta
patriótico, si se quiere, devoró en silencio a los mambises que vieron clavar en
la cumbre de sus ideales el pendón de la ingerencia extranjera."[v] <http://www.pdc-cuba.org/uva_04.htm#_edn5>
Los académicos norteamericanos o de otras nacionalidades podrán tener otras
versiones, pero la gran mayoría de los historiadores cubanos está al menos de
acuerdo en que la Enmienda Platt le restaba soberanía a la naciente república; y
que con gran esfuerzo y decoro muchos de sus compatriotas de hace un siglo
lucharon por evitarla.
ENMIENDA PLATT
Ley del Congreso de Estados Unidos impuesta como apéndice a la Constitución
cubana a principios del siglo XX, bajo la amenaza de que de no aceptarse la isla
permanecería ocupada militarmente.
El 25 de febrero de 1901, el Comité de Asuntos Cubanos del senado norteamericano
aprobó una enmienda insertada a la Ley de Gastos del Ejército, cuyo texto era,
desde todo punto de vista, inaceptable para los cubanos que habían luchado y
vertido su sangre durante treinta años por obtener la verdadera independencia.
El artículo primero de la enmienda prohibía al gobierno de Cuba la concertación
de tratados o convenios con gobiernos extranjeros que menoscabaran la
independencia cubana y significaran la cesión de parte de su territorio. Este
es, en sí mismo, contradictorio e hipócrita, pues si Cuba aprobaba la Enmienda
Platt lo infringía al firmar un convenio que menoscababa su soberanía.
El artículo segundo prohibía al gobierno de Cuba contraer deudas por encima de
su capacidad de abonar los intereses y amortización de las mismas.
El artículo tercero -considerado el nervio de la Enmienda Platt- concedía a los
Estados Unidos el derecho a intervenir militarmente en la isla en caso de que
peligraran, a su juicio, la vida, la propiedad o las libertades individuales.
El artículo cuarto convalidaba todos los actos realizados por el gobierno
militar norteamericano.
El artículo quinto disponía que Cuba quedaba obligada a atender con preferencia
la sanidad de sus poblaciones para proteger el comercio y el pueblo del sur de
los Estados Unidos. Este artículo era particularmente vejaminoso para el pueblo
cubano, al que se trataba de presentar como una horda incivilizada que vivía
gustosa en ausencia de mínimas condiciones higiénicas que sus "protectores" se
veían en la necesidad de imponerle.
El artículo sexto refleja el error geográfico cometido tanto por España como por
los libertadores, de considerar a Cuba una isla y no un archipiélago. Los
norteamericanos se aprovechan de ello para disponer que el status de Isla de
Pinos (actual Isla de la Juventud) se determinaría en un futuro tratado.
El artículo séptimo -también de capital importancia y el único que, de hecho y
contra la voluntad del pueblo cubano, sigue ejerciendo su nefasta vigencia en la
Base Naval de Guantánamo <http://www.cubagob.cu/otras_info/minfar/base_gtmo.htm>
, establecía la cesión de porciones de suelo cubano
para la ubicación de estaciones navales o carboneras norteamericanas.
El artículo octavo disponía que los artículos anteriores debían ser incluidos en
un tratado permanente entre Cuba y Estados Unidos.
El 2 de marzo de 1901, el Congreso norteamericano otorgó su aprobación
definitiva a la enmienda, que fue sancionada de inmediato por el Presidente,
convirtiéndose en ley de los Estados Unidos.
El pueblo cubano se manifestó enardecido ante la decisión del gobierno
norteamericano de malograr la independencia conquistada con tanto sacrificio.
Airadas y masivas manifestaciones se sucedieron una tras otra. No obstante,
después de intensos y acalorados debates, la Asamblea Constituyente cubana
aprobó por escaso margen de votos la inclusión en la Carta Magna de la enmienda.
La mayoría de los que votaron a favor declararon públicamente que lo hacían por
evitar que la ocupación militar norteamericana se extendiera indefinidamente.
El mejor y más certero juicio que podría hacerse sobre la significación de este
bochornoso proceso, lo hizo el general Leonard Wood, gobernador militar de la
isla durante la ocupación norteamericana:
"Por supuesto, que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con la
Enmienda Platt y lo único indicado ahora es buscar la anexión. Esto, sin
embargo, requerirá algún tiempo y durante el período en que Cuba mantenga su
propio gobierno, es muy de desear que tenga uno que conduzca a su progreso y a
su mejoramiento. No puede hacer ciertos tratados sin nuestro consentimiento, ni
pedir prestado más allá de ciertos límites y debe mantener las condiciones
sanitarias que se le han preceptuado, por todo lo cual es bien evidente que está
en lo absoluto en nuestras manos y creo que no hay un gobierno europeo que la
considere por un momento otra cosa sino lo que es, una verdadera dependencia de
los Estados Unidos, y como tal es acreedora de nuestra consideración. Con el
control que sin duda pronto se convertirá en posesión, en breve prácticamente
controlaremos el comercio de azúcar en el mundo. La isla se norteamericanizará
gradualmente y, a su debido tiempo, contaremos con una de las más ricas y
deseables posesiones que haya en el mundo...".
Qué lejos estaban los neocolonialistas de adivinar el rumbo que tomarían los
acontecimientos gracias al patriotismo y la inquebrantable voluntad de lucha del
pueblo cubano.