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De huracanes naturales y políticos
Viky Pelaez
Cuando las bandadas de aves son atrapadas por el torbellino de los vientos,
sabe Dios por cual conjuro, ellas intuyen que su vuelo debe ser acorde, en
conjunto y siguiendo el curso del vendaval, de lo contrario su destrucción será
inevitable. Eso que conocen hasta los pájaros más simples, no ha sido una
enseñanza para la mayoría de los hombres a lo largo de la historia, de lo
contrario no estaríamos llorando los miles de muertos que vienen causando los
huracanes en el Caribe, a excepción de sólo un país. Lejos de prevenir,
organizarse y mandar a sus ejércitos para luchar por la vida, la nación más
poderosa se halla matando y exterminando a otros hombres, en el otro lado del
planeta.
Al momento de escribir esta columna se sabía que después de dejar más de 2300
muertos, el cuarto huracán, el mortífero Jeanne estaba azotando las Bahamas y
Florida y se contaba 12 muertos. Antes había azotado Puerto Rico, la República
Dominicana y Haití. En el primero mató a casi una docena de personas, hirió a
cientos y ocasionó perdidas millonarias no sin destruir el 95 por ciento de su
precario sistema eléctrico que lo dejó a oscuras por varios días.
En la República Dominicana donde apenas entró como tormenta, la destrucción fue
grande debido a las inundaciones. El Jeanne no pasó por Cuba pero unas 24 horas
antes el Huracán Iván, que se esperaba cruce la isla de sur a norte, se desvió y
recorrió Pinar del Río donde nadie murió. Sin embargo, un anterior huracán los
había golpeado a fondo.
Pero el Jeanne sí se ensañó con Haití donde hasta ahora el lodo sigue vomitando
cadáveres, y los sobrevivientes deben luchar a muerte para lograr un poco de
arroz y agua, procedentes de la ayuda internacional. Sólo en este año, la
temporada de lluvias y huracanes ha matado en Florida a 70 personas y en Haití
unas 5000, en Dominicana 1000, en Granada 60. Un total de 300 mil personas han
perdido sus hogares.
Lejos de hacer un análisis y preguntarse porqué esa devastación y tanta pérdida
de vidas humanas en esos países y no así en Cuba, las agencias de información
desorientan. Se leía por ejemplo títulos que decían: Iván perdonó a Fidel, o
Fidel venció a Iván para luego describir que pese a su edad, el presidente
cubano llegó a la zona de peligro y alentaba a la población a buscar refugio.
Daban a entender que por esa razón los cubanos se habían salvado. Hubo un cable
que hasta dijo que el desvío del Iván se debió a la fuerza de los "babalaos".
Lo que no dicen esas agencias es que en la isla de Martí, su sistema de
construcción va de acuerdo a las normas establecidas para cada región tomando en
cuenta la dirección y la fuerza de huracanes. Además tienen un Sistema de
Defensa Civil bien entrenado que abarca toda la población en el cual hasta los
niños saben que es lo que tienen que hacer en cada situación de emergencia.
Ellos han organizado desde hace décadas, brigadas que cuidan ancianos, menores,
lisiados, enfermos y parturientas, también la higiene de las calles, la
distribución del agua y el retiro de escombros, del cuidado de empresas
eléctricas, de teléfonos y escuelas. Están también las que salvan las
computadoras y equipos de alta tecnología, además de aquellos que informan y
orientan en todo momento para proteger la vida.
Lo que evitan de informar los medios de comunicación es que en la mayoría de de
los países del Tercer Mundo el Sistema de Defensa Civil fue desarticulado a
partir de los años 1970 cuando fue modificada la doctrina de la Seguridad
Nacional, siguiendo las instrucciones norteamericanas, reemplazando al enemigo
externo por el interno. Desde este momento se rompe la conexión entre las
fuerzas armadas y el pueblo y el primero se aleja de su deber básico de proteger
a los ciudadanos de su país en los tiempos de desastres naturales ya que estos
hombres y mujeres pueden rebelarse contra el sistema y hasta atacar como un acto
de desesperación las instituciones oficiales.
Los últimos acontecimientos en la República Dominicana y el Haití demuestran
claramente que lo única alternativa para un hombre común y corriente es un
!sálvese quien pueda! Las fuerzas armadas mientras tanto protegen los intereses
de los ricos y poderosos. Las llamadas fuerzas multinacionales bajo el mando de
los marines norteamericanos, eran muy efectivos para sacar del poder al
presidente populista Arístide y poner a su títere en su reemplazo.
Sin embargo no se sabe nada de su ayuda "humanitaria" bajo cuyo pretexto
invadieron a Haití. Lo último que sabemos de su "ayuda" es que en Gonaives los
militares brasileños, uruguayos y argentinos efectuaron disparos al aire y
lanzaron bombas lacrimógenas para dispersar a la gente que luchaban
desesperadamente por el agua y los alimentos. Los marines a la vez, tienen toda
la tecnología sofisticada para invadir y destruir cualquier objetivo militar o
civil, sin embargo disponen de sólo uno o dos helicópteros para socorrer a más
de 350,000 haitianos damnificados.
Tampoco los medios dicen que aquí en Estados Unidos ese sistema de Defensa Civil
de ayudarse unos a otros bajo la supervisión y apoyo de la Guardia Nacional de
acuerdo a los planes elaborados con anticipación, no existe. La prevención se
limita en mejor de los cosas a hacer las carreteras más anchas para que la gente
pueda huir mas rápido. No dicen que los más pobres no tienen acceso a
construcciones sólidas de concreto armado o piedra, y solo pueden permitirse las
"maravillas" prefabricadas de madera, que les venden los traficantes de la
construcción. Estos si no tienen un seguro caro, ven volar o hundirse en el mar,
su sueño americano de la casa propia y prosperidad.
Mientras tanto la Guardia Nacional que fue preparada y entrenada para casos de
catástrofe, - en estos días cuando George W, Bush libra su nuevo Vietnam: Irak-
está siendo enviada no a Miami para luchar contra el Huracán Jeanne y ayudar a
su pueblo sino a Irak, para matar, destruir y apoderarse del oro negro de otro
pueblo, sirviendo de paso de carne de cañón o conejillo de indias, aprendiendo a
usar una nueva arma de radiación que seguramente se volverá contra ellos mismos.