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La caída de Fidel
Diego Vidal
Periodista
Atónito con las imágenes del tropezón mundano que dio con el cuerpo del
Comandante Fidel Castro por el piso, esperé que las reacciones de los
protagonistas de la política internacional estuviesen a otro nivel, pero no.
Como muestra, parece que la campaña electoral en Estados Unidos da para todo,
hasta para que desde el Departamento de Estado deseen públicamente que empeore
la salud del mandatario cubano o la Comisaria española de la UE, le augure lisa
y llanamente la muerte.
Este es el mundo en que vivimos, en el que las más mínimas reglas diplomáticas y
humanitarias se han perdido.
¿Qué hubiese sucedido si desde Cuba hubieran aplaudido el ataque de las Torres
Gemelas o de la muerte del ex Presidente estadounidense Ronald Reagan?
Con las primeras, la Casa Blanca habría tenido excusas para acusar a la Isla de
santuario terrorista y con la otra, simplemente se hubiera caído en el mal gusto
y la falta de humanismo. Aunque ambas cosas fueron un sello distintivo de la
administración que gobernó EE.UU. durante la década de los ´80.
Pongo estos ejemplos, porque cuando el atentado terrorista del 11-S, Cuba
ofreció enviar médicos y socorristas para atender a las víctimas. En el caso de
Reagan, fueron públicas las condolencias de la Cancillería cubana hacia quien
fue un gran enemigo de la Revolución.
El hecho es que, quienes conocemos personalmente a Fidel y a su entorno más
cercano, quedamos conmovidos por este accidente, aún cuando el mismo líder
cubano bromeara con ello.
Hay múltiples explicaciones para esa preocupación, pero cobran más fuerza las
profesionales y las personales.
En más de diez años como periodista extranjero acreditado en La Habana, tuve
media docena de entrevistas con el Jefe de la Revolución, incluyendo un desayuno
de ocho horas junto a otros cuatro colegas latinoamericanos. En los últimos tres
años residí como corresponsal extranjero y palpé muy de cerca la sociedad
cubana, sus necesidades, alegrías y miedos. Pero, la desaparición física de
Castro es algo que todos tienen por inevitable, pero nadie cree cierta o
cercana.
La muerte del Comandante, "El caballo" o "El Hombre", como llaman a Fidel los
cubanos en general, se sabe lógica y terrenal, pero todos quieren pensar muy
lejanas. Es que si bien, en los momentos peores, con apagones y carencias, algún
exabrupto puede incluirlo en la lista de responsables de estas falencias,
también el habitante de esta Isla cree firmemente que el único dirigente capaz
de resolverlos es Fidel.
Omnipresente por su estilo, capacidad y liderazgo, cuando Castro no esté habrá
muchos cambios en Cuba, pero seguro que todos comenzarán con él al frente. Los
que vengan detrás, tendrán la difícil tarea de sobrellevar su ausencia y
conducir el país.
Mientras tanto, con yeso o sin él, Fidel Castro seguirá caminando al frente de
cuantas batallas le sigan dando.
Diego M. Vidal
Periodista