Progreso Semanal
Las nuevas políticas anti-Cuba de Bush disminuyen las visitas familiares,
restringen el viaje de norteamericanos, reducen la cantidad de remesas e invaden
el espacio televisivo de Cuba con programación hostil. ¿Por qué, pregunta gente
de todos los sectores del espectro, inicia Bush más hostilidad no provocada?
Las nuevas políticas han recibido comentarios negativos por parte de los
principales disidentes en Cuba, como Osvaldo Payá y Elizardo Sánchez, opiniones
encontradas - en el mejor de los casos- por parte de la comunidad cubana de
Miami y fuertes comentarios críticos provenientes del mundo de los negocios.
David Gumpert, al escribir en la revista Business Week del 3 de mayo,
dice que "los pasos de la Administración Bush están dirigidos a ganar votos en
la Florida el próximo noviembre". También cuestiona "las duras tácticas del
gobierno y sus cuestionables maniobras de recursos relacionados con el
terrorismo".
El Financial Times del 10 de mayo califica a las maniobras de Bush
de "distorsión de las prioridades de la política exterior norteamericana" y
culpa a la "presión cabildera por parte de los cubano-americanos más
derechistas". El editorial dice que los pasos de Bush son "exactamente lo
opuesto de lo que se necesita para promover apertura, tolerancia y democracia en
Cuba".
Congresistas republicanos y demócratas de ambas Cámaras criticaron las nuevas
acciones. Jeff Flake, representante republicano por Arizona, dijo que las
políticas de Bush son un obstáculo para el verdadero cambio hacia la libertad.
"La mejor manera de plantar la semilla de la democracia en Cuba es permitir a
los norteamericanos que viajen libremente a la isla". El Senador demócrata por
Montana Max Baucus calificó de "absurda y cada vez más grotesca" la "obsesión
con Cuba" de Bush. Baucus dijo que las medidas eran "un desvió peligroso de la
realidad". Otras fuentes conservadoras y centristas anti-Castro concuerdan con
que las tácticas de Bush obstaculizan, en vez de promover, los objetivos de EEUU.
¿Cuáles son esos objetivos en 2004? Los bushistas han optado por políticas que
entran en conflicto con los intereses del gran capital y capitulan ante las
demandas de un grupo de cubanos exiliados que han hecho su fortuna, su
reputación y sus bases de poder político con el embargo comercial a Cuba y la
prohibición de los viajes. Coincidentemente, este grupo también suministró
dinero y empuje en el 2000 a la dudosa victoria de W en la Florida y desempeñó
un papel importante en la reelección del hermano Jeb como gobernador de la
Florida en 2002.
Irónicamente, el debate acerca de la política hacia Cuba ha adquirido una
naturaleza semántica. Durante cuarenta y cinco años los presidentes de EEUU han
hecho de la "Libertad" el símbolo de la retórica anti-Castro. La "Libertad"
justificó los intentos de asesinatos y el terrorismo porque la noble meta era
derrocara una dictadura comunista 'no libre'." Un examen más histórico riguroso
nos dirá que la palabra "libertad" no se suponía que se aplicara al pueblo
cubano. Desde el inicio de la "independencia" de Cuba hasta el gobierno de
Castro en 1959, las Administraciones norteamericanas apoyaron rutinariamente lo
mismo a dictadores que a ladrones. Así que podemos suponer que "libertad"
significa que los norteamericanos desempeñen libremente sus negocios en Cuba,
desde centrales azucareros pertenecientes a corporaciones transnacionales hasta
emporios de juegos de azar de la Mafia -tal como era en Cuba antes de Castro.
Ahora, después de más de cuatro décadas de fracaso para restaurar esa clase de
"libertad" por medio de un embargo y prohibición de viajes, Bush declara que
arreciará aún más esas duras pero fracasadas medidas. "No vamos a esperar por el
día de la libertad cubana, estamos trabajando para el día de la libertad en
Cuba", gruñó Bush a los reporteros el 6 de mayo, como si eso aclarara los
objetivos de las nuevas restricciones.
Mientras justifica retóricamente su desastre en Irak como una búsqueda de un
"Irak libre", así también Bush usa en exceso la "libertad" al explicar por qué
castiga a Cuba. Sus nuevas regulaciones de "libertad" significan menos dólares
para el pueblo cubano. Esa medida Bush la asocia con hacerle daño al propio
Fidel, aunque Castro no ha dejado de comer una sola vez por tales políticas.
Sin embargo, lo que sí logra hacer la nueva retórica es escalar las hostilidades
y preparar el terreno para peores relaciones. Bush incluso declaró su intención
de interferir con el plan cubano de sucesión, que está diseñado para pasar el
poder presidencial de Fidel a su hermano más joven, Raúl Castro; en otras
palabras, un cambio de régimen. El nuevo asalto de política a Cuba comenzó el 10
de octubre de 2003, cuando Bush creó una Comisión de Ayuda para Liberar a Cuba,
encabezada por Colin Powell. El infeliz pero obediente Secretario rechazó "la
continuidad de una dictadura comunista" en Cuba y recomendó medidas para
"enfocar las presiones y la atención sobre la elite gobernante de manera que una
sucesión por esa elite o cualquiera de sus individuos se vea como lo que sería:
un impedimento a una Cuba libre y democrática".
Los cubanos, como otros pueblos del Tercer Mundo que han experimentado la
intervención, ven señales de peligro cuando los presidentes de EEUU se preocupan
por la "libertad" en su país. Históricamente tal lenguaje precede al uso de
acción abierta o encubierta para garantizar la "libertad" para el capital
norteamericano en ese país. Esa definición operativa ha prevalecido por más de
un siglo.
"Les hablo como un amigo", dijo John F. Kennedy al pueblo cubano el 22 de
octubre de 1962, durante la Crisis de los Misiles. En abril de 1961, Kennedy
había autorizado a 1 500 cubanos a que invadieran la isla por Bahía de Cochinos.
Antes y después del fracaso de Bahía de Cochinos, él había ordenado a la CIA que
aterrorizara a Cuba con misiones de asesinatos y sabotajes. Kennedy tuvo la
desvergüenza de presentarse ante los cubanos "como alguien que conoce sus deseos
de libertad y justicia para todos". La compasión de Kennedy costó a los cubanos
cientos de vidas y la destrucción de millones de dólares en propiedades
públicas. Cuando habló de cómo la "revolución nacionalista (de Cuba) había sido
traicionada" y de cómo sus "líderes ya no son líderes cubanos inspirados por
ideales cubanos", el pueblo cubano tenía razón para preocuparse.
Los presidentes de EEUU no dicen que la revolución dio a los cubanos los
derechos que la "libertad" les había negado: educación, cuidados de salud,
viviendas y una verdadera participación en la riqueza de la nación. Pero Kennedy
insistía en que él quería que los cubanos fueran "libres de escoger a sus
propios líderes, libres de escoger su propio sistema, libres de ser dueños de su
propia tierra, libre de hablar y escribir y practicar su religión sin temor o
degradación".
En el pasado, cuando los latinoamericanos han escogido a líderes que no obtenían
la aprobación de Washington, la CIA o fuerzas militares de EEUU los derrocaban.
Sin embargo, Estados Unidos sí aprobó a líderes cubanos como Gerardo "El
Carnicero" Machado (1925-32) y al tirano Fulgencio Batista en los años de 1950,
a ninguno de los cuales les importaba un bledo los derechos humanos. Pero sí
concedían total "libertad" al capital norteamericano en la isla, lo cual provocó
la revolución de 1959.
Amigos cubanos en la isla ríen cuando Bush se presenta como amigo del pueblo
cubano. Pero también se preocupan. Parte de su preocupación proviene del hecho
de que Bush ha desafiado a la elite económica tradicional de EEUU. El
Establishment viejo y verdaderamente conservador se retuerce con
desesperación las manos por los trágicos sucesos de Irak. Igualmente, con las
políticas de Bush hacia Cuba, los pilares del capital sacuden consternados la
cabeza.
Es más, al igual que otros líderes transnacionales de la exportación de granos,
G. Allen Andreas, el Director General de Archer Daniels Midland, de ninguna
manera un liberal, dijo al Congreso que eliminara el embargo y la prohibición de
viajes, no que los reforzara. Hasta Larry Wilkerson, el jefe de personal del
Secretario de Estado, opinó negativamente acerca de la política que su propio
jefe, Powell, había propuesto formalmente.
"Cuando sólo se usa un garrote no se puede llegar muy lejos", dijo Wilkerson en
un artículo escrito por Wil Hylton para GQ de junio de 2004. La
negociación, agregó Wilkerson "puede avanzar más que si uno solo sanciona a
alguien y se marcha diciendo 'Se terminó, no sigo tratando con usted". El
artículo de GQ describe a Wilkerson como que ha adquirido una "fusión
mental" con Powell después de 15 años de trabajar junto a él. "Es la política
más estúpida de la Tierra", se decía que Wilkerson ha dicho. "Es una locura".
El Establishment, o aquellos que articulan los intereses del gran
capital, comprenden que los políticos deben encontrar un compromiso entre las
exigencias de una campaña para desempeñar un alto cargo y los objetivos óptimos
de las corporaciones transnacionales. Pero, sugiere gente como Wilkerson, el
cabildo anti- Castro, que ha adquirido un alto perfil y gran poder nacional, ha
alcanzado a las necesidades del capital global. Un pequeño grupo de decididos
exiliados cubanos ha hecho del embargo y de la prohibición de viajar los dos
pilares de su base financiera y de poder político. Usando su eterna consigna de
"castigar a Castro", estos buscavidas del sur de la Florida han sido más astutos
y han cabildeado más que gigantes como Cargill, Archer Daniels Midland y Tyson's
Food (pollos).
Esto no significa, aseguro a nerviosos amigos, que Bush designará a Cuba como el
próximo en su lista de invasiones -aunque si tuviera suficientes tropas que
enviar.
Hasta ahora los bushistas han enviado a más de cien mil hombres y mujeres a
Afganistán e Irak y se afanan por operar 730 bases en todo el mundo sin
atreverse a mencionar la posibilidad del servicio militar obligatorio en un año
de elecciones. Dado el hecho de que la administración se enfrenta a escándalos
por las fotos de soldados norteamericanos torturando a prisioneros iraquíes,
Bush sólo puede ofrecer medidas duras y no militares contra Cuba. TV Martí
transmitirá imagines desde un avión C-130.
Pocos las verán. Las restricciones a las remesas legales probablemente no
reducirán el dinero que los cubanos de la Florida envían a sus familiares -alrededor
de mil millones de dólares al año. El dinero llegará a Cuba. Ilegalmente.
Otras restricciones que presionan a la economía cubana pueden provocar una nueva
ronda de refugiados, problema significativo para la Florida. Pero a los
bushistas no les importan las consecuencias, como sabemos por Irak. El enfoque
está en ganar en el 2004. Mientras tanto, ellos le brindan a Fidel otro buen
tema antiimperialista con el cual puede movilizar al pueblo cubano.
* El filme más reciente de Saul Landau, Siria; entre Irak y un lugar
difícil, puede obtenerse por medio de Cinema Guild (800-723-5522). Su nuevo
libro, El negocio de Estados Unidos, será publicado a fines de mayo.
Landau dirige el Programa de Artes de Medios Digitales en la Universidad Cal
Poly Pomona y es miembro del Instituto para Estudios de Política.