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En la incineración, como él lo pidió, sólo lo acompañaran miembros del cuerpo diplomático de Cuba sin la presencia de su familia
Llevan cenizas de Antonio Gades a Cuba
Grupo Reforma/EFE
El bailarín español Antonio Gades, que falleció ayer en Madrid vencido por un
cáncer que le maltrató durante varios años, todavía hará un viaje más, pues dejó
dicho que sus cenizas debían ser trasladadas a Cuba, la Isla que amó.
Antonio Gades, nombre artístico que imaginó para Antonio Esteve Ródenas su
maestra de baile, Pilar López, murió la víspera en Madrid a los 67 años, víctima
de cáncer con la que había luchado en varias ocasiones.
El cadáver fue incinerado hoy en Madrid y sus cenizas serán enviadas mañana
mismo a Cuba.
El bailarín, que nació cerca del mar Mediterráneo, en el seno de una familia
humilde de la localidad alicantina de Elda, el 16 de noviembre de 1936, se
convirtió en una de las grandes figuras del baile español.
Su carrera artística, como él mismo reconoció muchas veces, arrancó en Madrid
cuando pasaba de niño a adolescente, descubierto para la danza por Pilar López,
su maestra, que lo contrató para trabajar en el Circo Price.
Con el correr de los años, Gades se convirtió en una estrella de las tablas y
como primer bailarín o coreógrafo director de compañías, recorrió el mundo
recreando con sus pasos y su taconeo, entre bailaores, cantaores y guitarristas,
obras de la literatura como "El amor brujo", "Bodas de Sangre" o "Fuenteovejuna".
También bailó para el cine en películas como "Flamenco" y en la trilogía
flamenca "Bodas de sangre" (1981), "Carmen" (1983) y "El amor brujo", de 1986,
en las que el cineasta Carlos Saura le dirigió junto con las bailaoras Cristina
Hoyos y Laura del Sol.
Precisamente el martes, pocas horas después de la muerte de Gades, la televisión
estatal española emitió "Carmen", en la que Gades, Hoyos, Del Sol y muchos otros
flamencos bailan la música de la ópera del compositor francés Georges Bizet.
Antonio Gades dejó de bailar y de dirigir su compañía hace unos años y se dedicó
a vivir entre España y Cuba, siempre junto al mar, cuyas aguas le permitían su
gran afición que era la de navegar.
Precisamente por mar hizo una travesía hasta Cuba en noviembre pasado, cuando se
embarcó en su velero "Luar 040", de 15 metros, y dejó que el viento lo llevara
hasta la Isla, con cuya tierra, gentes y Revolución congenió durante más de
cuarenta años.
El bailarín visitó Cuba por primera vez en 1975 y desde entonces siempre mantuvo
una relación intensa con el País. Allí vivió varias temporadas. En La Habana, en
junio pasado, el presidente cubano, Fidel Castro, le condecoró con la orden José
Martí, la mayor distinción del Gobierno de la Isla.
Ese amor de Gades por Cuba y la discreción con la que llevaba su vida, le
hicieron diseñar de antemano sus últimos días y la intimidad que deseaba para
sus últimas horas.
Por esa razón, los restos de Gades fueron incinerados hoy en el crematorio
madrileño de La Almudena, en silencio y en la privacidad más absoluta,
cumpliendo su voluntad, sin la presencia de su familia y sólo acompañado por
miembros del cuerpo diplomático de Cuba.
Después, unos automóviles con matrícula diplomática cubana se llevaron sus
restos y mañana mismo, partirán para la isla.
Como herencia, Gades deja en España sus obras, su recuerdo y una Fundación que,
según su deseo, deberá velar por su legado artístico y apoyar y difundir la
danza española en general y el flamenco en particular.
Cuando las cenizas de Gades salgan hacia La Habana terminará entonces el paso
por España de la gran figura del baile flamenco que eligió Cuba por razones que
él mismo explicó: "No es una simple aventura, es el puerto de mi vida".