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Imperialismo estadounidense y hegemonismo.
Una visión desde Cuba
Manuel Menéndez Díaz.
La cruda realidad del mundo actual que nos toca vivir a los cubanos en estos
primeros años del siglo XXI, nos induce a la necesidad de hacer algunas
reflexiones acerca de cómo caracterizamos al imperialismo estadounidense y su
estrategia hacia Cuba.
No pretendo adentrarme en analizar si el imperialismo actual es lo algunos
llaman ³imperialismo neomercantil² (James Petras), otros ³neoimperialismo² (Perry
Anderson) y otras denominaciones que hoy tenemos a mano. Quiero si, en primer
lugar, dejar sentado algunos presupuestos que nos parecen absolutamente
necesarios, para no perdernos en los enfoques estratégicos.
Los descalabros del sistema han dejado un tanto atrás el sofisma de la
globalización como etapa nueva de la sociedad humana, donde por derrame, se
extendería el desarrollo hacia la periferia del sistema. Creo que las
innumerables crisis nacionales y regionales, así como la desgarradora realidad
en que subsiste la inmensa mayoría de la humanidad, han bastado por si sola para
acallar esos cantos de sirenas.
Realmente asistimos hoy, como ya anteriormente hemos apuntado, ante un estadio
del capitalismo que se caracteriza por la transnacionalización del capitalismo
monopolista, donde el capital financiero y la especulación financiera han pasado
al dominio sobre los eslabones esenciales de la rotación del capital global y
las corporaciones transnacionales son los agentes que impulsan el proceso. No
olvidemos que el sistema mundial capitalista fue posible hace muchos años por
esa vocación internacional del capital, es decir la continuidad histórica de la
tendencia de ese sistema, que se erige sobre las premisas económicas y políticas
acumuladas. Por todo esto debemos partir de que el capital ha alcanzado un nivel
transnacional de concentración, cuyo sujeto principal es el monopolio
transnacional que se patentiza en una nueva oligarquía y que el proceso de
universalización de las relaciones de todo carácter, transcurre bajo la
explotación del trabajo asalariado y la marginación de amplias franjas de la
población mundial, en medio de crecientes confrontaciones económicas y políticas
entre sectores sociales, naciones y regiones y entre los diferentes sectores de
la burguesía, así como al interior de ellos. Tiene lugar una asociación de los
monopolios transnacionales y el Estado imperialista que lo convierte en el eje
de la concentración transnacional de la producción, la propiedad y el poder
político, que es el rasgo más distintivo de la sociedad capitalista en la
actualidad.* A lo anterior quiero agregar aquella aseveración de Lenin, de hace
más de 90 años, que nos sitúa en el justo lugar del correlato que tiene lugar
hoy en los procesos endógenos del sistema: ³Los capitalistas no se reparten el
mundo llevados de una particular perversidad, sino porque el grado de
concentración a que se ha llegado les obliga a seguir este camino para obtener
beneficios; y se lo reparten ³según el capital², ³según la fuerza²; otro
procedimiento de reparto es imposible en el sistema de la producción mercantil y
del capitalismo.² Repito ahora (MMD): ³según el capital² ³según la fuerza².
Ciertamente el imperialismo no se ha transformado en su contrario, ni se ha
diluido en un sistema internacional o en la llamada globalización.
Evidentemente se ha modificado, pero sigue siendo imperialista, las mutaciones
experimentadas no han dado lugar a la construcción de una economía internacional
que no sea basada en el imperialismo.
Esto no nos puede llevar a discernir que hay toda una ³nueva² lógica global del
imperio diferente -sus actores fundamentales, sus instituciones, normas, reglas
y procedimientos- de la que existía en la fase presuntamente difunta del
imperialismo.
Como ya apuntamos hay rasgos, características nuevas y es innegable que existe
una continuidad fundamental en el sistema.
Al margen de ciertas apariencias novedosas, los factores estratégicos de ambos
períodos son los mismos: los grandes monopolios trasnacionales con base
nacional, así como los gobiernos de las metrópolis. Las reglas del sistema
internacional son las que dictan principalmente desde Estados Unidos y el
neoliberalismo. Las instituciones surgidas con Bretton Woods siguen ocupando el
mismo lugar en la estrategia de los flujos financieros y las políticas
impositivas. El sistema se reproduce y busca perpetuarse. La lógica de
funcionamiento es la misma: basarse en las relaciones de explotación y opresión.
Conserva su identidad y estructura, y mantiene su función histórica de la
acumulación mundial del capital.
Junto a la desmitificación de las tesis de un nuevo mundo idílico ³global², la
realidad también es bien clara para echar por tierra esa idea de Imperio sin
Imperialismo que Toni Negri y Michael Hardt nos vendieron en su obra "Imperio".
Los autores nos quisieron hacer ver que el imperialismo es algo del pasado.
Argumentaron que el "Imperio" es un fenómeno pos-imperialista caracterizado
porque el poder se dispersa y ninguna nación aislada puede controlar el
"Imperio". Para rematar la venta de esa ³novedad² llegan hasta hacer querer ver
que por todo lo contrario, ese nuevo estadio es parte del progreso de la
sociedad, afirmando que: "La cosa que llamamos el Imperio es en realidad una
enorme mejora histórica respecto al sistema y al imperialismo internacionales."
Para después hacer ver que el Imperio es imperial pero no imperialista.
Aquí no es ocioso situar la idea de la vigencia de las tesis leninistas sobre el
imperialismo sin negar que hay condicionantes nuevas en todo el espectro
imperialista, como ya hemos apuntado. Ahora aparecen con mayor fuerza la
concentración del capital, el predominio de los monopolios, el incremento del
papel del capital financiero, la exportación de capitales y el reparto del mundo
en distintas ³esferas de influencia². Rasgos clásicos analizados por Lenin en su
archiconocida obra, aunque ahora relegada por algunos: ³El imperialismo fase
superior del capitalismo.² La aceleración del proceso de globalización que ha
tenido lugar en las últimas decenas del pasado siglo, lejos de disolver las
estructuras imperialistas de la economía mundial, lo que ha hecho es
potenciarlas extraordinariamente. A la vez que un reducido grupo de países
capitalistas desarrollados afianzaron su capacidad para controlar, al menos
parcialmente, los procesos productivos a escala mundial, la financiarización de
la economía internacional y la creciente circulación de mercancías y servicios,
la enorme mayoría de los países vio profundizar su dependencia externa y
ensanchar, hasta niveles insospechados, el abismo entre ellas y las metrópolis.
La globalización neoliberal en definitiva ha consolidado la dominación
imperialista y afianzó la sumisión de los países del capitalismo periférico,
incapaces de incidir decisivamente en los procesos económicos al interior de sus
economías.
En este contexto el poder económico de los Estados Unidos es abrumador cuando
sus empresas dominan los principales bancos mundiales, las primeras compañías de
la informática, software y las telecomunicaciones, del petróleo, las
farmacéuticas, hasta del comercio minorista, por no hablar de su control en el
mundo de las finanzas. Y si a todo esto sumamos el poderío militar por el
control de las más sofisticadas armas y su cadena de unas 120 bases militares
desplegadas por todos los continentes, son obvias las implicaciones políticas de
ello.
Ahora bien, todos los días leemos los innumerables problemas que tiene esa
³economía más poderosa², debido a las serias dificultades, entre otras, con su
creciente déficit presupuestario interno que asciende a unos 370,000 millones de
dólares, el enorme desbalance comercial que frisa la cifra de 500,000 millones
de dólares -aquí no podemos olvidar que la participación del comercio exterior
en la conformación del Producto Interno Bruto de ese país, pasó en los últimos
30 años del 10 por ciento al 25 por ciento de ese PIB-, el ascendente
presupuesto militar para mantener el poderío señalado, con la otra cara de la
moneda de constantes recortes de los gastos sociales, a lo que se debe sumar el
incremento continuado de los subsidios a la producción doméstica y una
acrecentada práctica proteccionista. Esto sin olvidar el tema del desempleo el
que lejos de resolverse, se agudiza más. Estos y otros muchos factores abonan a
la estructural contradicción del sistema entre capital y trabajo en las nuevas
dimensiones que, en última instancia en el sentido Engelsiano-, es lo que
provoca que estén entrampados en la búsqueda de las soluciones reales del
sistema.
Un botón de muestra de esos procesos actuales, es la cruda realidad de nuestra
región la cual sigue siendo esquilmada y en los primeros años de este nuevo
siglo lleva pagando, unos 150,000 millones de dólares cada año, como promedio
por su deuda externa. Hay estudios que apuntan que en el pasado decenio la
región entregó más de 1 millón de millones de dólares por los servicios de esa
deuda, la fuga de capitales y el intercambio desigual. En el pasado lustro, cada
año 4 millones de latinoamericanos engrosaban el ³club de los pobres², para
llegar a la cifra de cerca de 230 millones de integrantes, situándose a la
cabeza unos 90 millones de indigentes.
Aprovecho aquí para apuntar que esas realidades están en el fondo mismo de la
estrategia imperialista del programa del ALCA.: apropiarse de los mercados
latinoamericanos, monopolizarlos, expansionarse y convertir el neoliberalismo en
compromisos jurídicos de los estados, como parte de la gran estrategia de
control hegemónico de los Estados Unidos en nuestra región. Íntimamente
vinculado con ello está el Plan Colombia, con su importancia geoeconómica y
política, a la vez que también en la recuperación, modernización y apertura de
bases militares como la base de Ingeniería Militar de Tres Esquinas (Colombia),
la Naval de Iquitos (Perú), la base Aéreo-Naval de Manta y Galápagos (Ecuador),
la base del Paraíso e Isla de Pascua (Chile) y la base de Marañón en Brasil. A
la vez el no menos estratégico Plan Puebla Panamá cuyo objetivo esencial es
dotar al capital transnacional de las mejores condiciones para explotar una mano
de obra abundante, barata y necesitada de empleo estimada en unos 20 millones de
trabajadores incluyendo a los centroamericanos, lo que unido a otros esfuerzos
de control político conduce a que todo este andamiaje le sea funcional a los
intereses de Estados Unidos del control imperialista sobre la sociedad actual.
La economía estadounidense requiere de un constante flujo de capitales desde el
exterior que le permita mantener los déficits apuntados. Está entrampada, pues
en la medida que crece entra en crisis más profundas. Esa contradicción no es de
fácil solución y menos cuando los grupos de poder político en la actualidad,
están comprometidos en la formación de una nación imperial para lo que el camino
escogido es cada vez más subsidios, más proteccionismo hacia el interior,
acompañado de la ganancia de nuevos espacios de poder en todas las regiones del
mundo.
La salida a esas contradicciones internas del sistema se busca en la estrategia
de dominio Imperial, es decir que esta realidad ³fuerza² a la dirección
estadounidense a abrirse caminos estableciendo una estrategia de hegemonismo,
donde el poderío alcanzado en todos los ordenes, es la garantía de su
cumplimiento.
La doctrina que Bush expuso en la ³Nueva Estrategia de Seguridad Nacional²,
aprobada en septiembre del 2002 promueve un único modelo sostenible para el
éxito mediante guerras ilimitadas, donde el principio de la disuasión desaparece
y es reemplazado por el de ataque preventivo, para enfrentar de manera expedita
y rápida a aquellos gobiernos que ésta Administración ha definido como sus
enemigos o cuando menos, según ellos, le brindan abrigo a los terroristas. No es
ocioso aquí recordar aquellas palabras de Bush en West Point, en junio de 2002
cuando apuntó: ³Si esperamos que las amenazas se materialicen, habremos esperado
demasiado²...³Debemos llevar la batalla al enemigo transformar sus planes y
afrontar las amenazas antes de que surjan.² Las amenazas de esta política,
alcanzan al mundo entero que es exactamente el objetivo de la nueva estrategia
imperial del Imperialismo Norteamericano, es decir, el dominio global.
Para alcanzar esos objetivos se toman como pretexto las acciones de destrucción
del terrorismo de alcance global y la definición de aquellos estados, que ellos
mismos determinen que los apoyan o simplemente que no satisfacen sus
requerimientos ideológicos. Lo que es aún más preocupante y apenas divulgado,
fue que en ese mismo 2002 en septiembre, el Presidente estadounidense da a
conocer su Directiva No. 4 o lo que es lo mismo, la versión pública de la
³Estrategia Nacional para Combatir las Armas de Destrucción Masiva², donde
nítidamente se recoge la decisión del empleo de armas nucleares como parte de
todas las opciones a su alcance, algo novedoso en la documentación oficial y
pública estadounidense. Igualmente en febrero del pasado año proclamaron la
³Estrategia Nacional para Combatir el Terrorismo² donde reafirman su política de
guerra preventiva y la idea de una guerra de larga duración. Aquí quedan bien
delineado los listados que regularmente elabora el Departamento de Estado de lo
que ellos llaman ³estados terroristas².
La concepción de intervención militar, en tanto guerra preventiva, y en primer
lugar, por supuesto contra los incluidos en el llamado ³eje del mal²y el resto
de países anunciados hasta el número de 60, que ellos han proclamado como
potenciales blancos de su estrategia, es el fundamento para el uso de la fuerza
militar del estado hegemónico, anteponiendo esta salida como vía de solución a
las crisis y conflictos, y dejando a un lado la diplomacia y los entendimientos.
De otra parte, la búsqueda de argumentos que posibiliten los pretextos para esa
guerra preventiva, es consustancial a la nueva doctrina. La reciente guerra
contra Iraq fue un ejemplo clásico de haberse construido el motivo, sin
descubrir las evidencias, por lo que resultó imposible dar a conocer las pruebas
de las acusaciones, pero que no fue obstáculo para lanzar su ataque de gran
alcance, sin previa declaración de guerra e involucrarse en los clásicos
conflictos armado de corte antiguo, ya fuese antes de la etapa de la llamada
guerra fría, o en la época de la política de contención.
En los 45 años de existencia de la Revolución Cubana, las administraciones
estadounidenses han mantenido una permanente actitud de tratar de liquidar este
proceso y dominar el país. Por no hablar ya del conocido histórico conflicto
‹desde el siglo XIX‹ de ese imperialismo contra nuestro pueblo y su ambición de
dominarnos. Habría que decir, por justicia histórica, que la estrategia
desplegada hoy por Washington para todo el mundo es la que, desde 1959,
esencialmente vienen aplicando contra Cuba. Las justificaciones se han estado
esgrimiendo una tras otra desde que el llamado Programa Cuba se hizo política en
aquel año.
La gravedad del tema está, por un lado en que estamos ante un mundo cada vez más
ingobernable como resultado de la política neoliberal aplicada durante decenios
y de otra parte, que en los grupos de poder en Estados Unidos, con su estrategia
de dominación mundial, están los sectores fundamentalistas, más retrógrados,
aliados a su vez de los grupos ultra reaccionarias de origen cubano en Miami,
con varios representantes directos en puestos claves de la actual
Administración. Estos factores confluyen para crear un momento de amenaza
especialmente peligrosa para nuestro país, porque en el caso cubano nunca deben
olvidarse las pretensiones históricas y además el factor de ser el único régimen
que aplica políticas socialistas en América Latina, región considerada
estratégica por el Capital norteamericano y sobre la que pretende consolidar y
profundizar su control.
En todos estos años los documentos esenciales de los Estados Unidos, han
expresado claramente que ellos ven en nuestro país una amenaza a su seguridad
nacional. ¿Las razones? han variado según el momento y las circunstancias. Yo
clasifico los pretextos esgrimidos por ellos en dos grupos: los circunstanciales
y los determinados por el carácter de nuestro sistema socialista. En el primer
grupo históricamente pueden encontrarse: el apoyo de Cuba al movimiento
revolucionario en América Latina, década de los años 1960, la presencia cubana
en África y la supuesta vinculación con el tráfico de drogas y satélite de la
Unión Soviética, parte de los años 70 y 80, peligros por éxodo masivo migratorio
y peligro a la seguridad nacional estadounidense, inicios de los 90 y la
actualidad, la posible producción de armas biológicas y nuestro supuesto
carácter de estado terrorista junto a la vinculación y apoyo a los movimientos
terroristas, finales de la pasada década y los primeros años del actual decenio.
Y más recientemente las supuestas acciones cubanas por desestabilizar la región.
Solo he apuntado alguno de los más significativos, los que además unos y otros
se superponen, por lo que hemos anotados en cada momento el más significativo lo
cual no quiere decir que haya sido el único.
Ahora bien, entre los que están dados por el carácter de nuestro sistema y la
concepción política, han mantenido siempre como una constante dos temas: la
ausencia en Cuba de democracia y el no respeto a los derechos humanos. Explicar
cada uno haría muy extenso este trabajo y no creo que sea necesario, pues han
sido asuntos recurrentes en los debates internacionales.
Como todos sabemos, hoy el tema mas socorrido es el carácter de estado
terrorista que se nos aplica por los informes que anualmente hace el
Departamento de Estado, además de formar parte de los que ellos llaman los
países del eje del mal, que son los públicamente definidos como posibles blancos
de ataques, ante el más mínimo problema. No olvidemos que no hay otro país, en
ese grupo que Cuba, hacia el cual la política doméstica estadounidense tenga
tanta incidencia. Son fuertes sus compromisos con los reaccionarios anticubanos
de Miami. Por otra parte, ni por un momento debe olvidarse que el cuarto
Documento de Santa Fe recoge que los principales enemigos de los Estados Unidos
en Latinoamérica son Cuba, Venezuela y la guerrilla colombiana.
Si pasamos una breve hojeada a los hechos y declaraciones más sobresalientes en
esta última etapa, podemos observar que hace solo unos meses, en abril pasado,
el hermano del Presidente, Jeb Bush, declaraba: ³Tras el éxito de la guerra en
Iraq, Estados Unidos debe volver la mirada al vecindario y usar su poder para
presionar a la comunidad internacional, en el sentido de que el régimen cubano
no puede continuar.² Meses posteriores en octubre del pasado año, Bush creó una
Comisión, presidida por Colin Powell, para derribar la Revolución Cubana e
imponer un régimen servil a Washington. Esa comisión hace apenas 3 meses, en
diciembre, efectuó su primera reunión y el 1 de mayo próximo deberá entregar un
informe acerca de cómo lograr el fin del régimen cubano, es decir la liquidación
de la Revolución es política de Estado bien definida en la actualidad: caso
único en esta coyuntura mundial.
Innumerables son las declaraciones de los principales personeros de la actual
Administración estadounidense, de cómo encaminar sus esfuerzos para liquidar la
Revolución en Cuba, con el empleo de los pretextos vinculados a la ausencia de
democracia y no respeto de los derechos humanos. Para una agresión estarían por
aparecer coyunturalmente nuevos pretextos de los que hemos dado en llamar
circunstanciales, que les permitieran acelerar el despliegue de acciones basadas
en su doctrina de ³guerra preventiva.² Algunos en este convulso mundo consideran
que nosotros estamos levantando un fantasma, estos son los mas honestos porque
los enemigos hablan de que nuestra argumentación sobre el tema de la agresión,
es para distraer a los cubanos y sus amigos de los problemas cotidianos del
país. La experiencia del proceso demuestra que si en tantos años no han logrado
sus propósitos, ha sido solo porque no nos hemos dormido y la preparación para
enfrentarnos a esa posibilidad, unido a la extraordinaria solidaridad
continental y mundial, ha ocupado el importante papel de disuasión. Por eso ante
el real peligro nos preparamos para evitar una aventura, que aunque convencidos
de que lograríamos derrotarla, sería a un alto costo. De ahí que nuestro
objetivo es disuadirlos de tal torpeza. Ese es el reto para que no se nos
imponga el lenguaje de la guerra. Al movimiento revolucionario mundial solo le
alertamos de que se este atento porque la realidad de una posible agresión a
Cuba esta al orden del día de estos señores y sus acólitos que se consideran
todopoderosos.
A la situación particular del conflicto con nuestro país y dado el carácter
sistémico del capitalismo mundial, ni por un instante podemos olvidar, que a ese
hegemonismo lo hace más agresivo la excepcional gravedad por la que se atraviesa
en el mundo y a la que ellos nada pueden paliar, haciendo que se incrementen los
estallidos sociales. Nos referimos a que lo que significan los 815 millones de
hambrientos, los 1 200 millones de personas que viven en la pobreza extrema, los
115 millones de niños sin acceso a la educación, los 2 400 millones de personas
sin saneamiento básico y los 854 millones de adultos que no saben leer ni
escribir, lo cual es un resultado de que estamos ante un capitalismo cada vez
más regresivo y reaccionario en lo social, lo económico, lo político y lo
cultural.
El imperialismo estadounidense con todo su poderío actual todavía no es el poder
omnipotente mundial, ni es el imperialismo omnipresente. Si observamos lo que
transcurre en Iraq, veremos que el régimen impuesto por los agresores, está
encontrándose con la masiva resistencia popular con múltiples choques armados
cada día y decenas de soldados norteamericanos y de otros países, además de
colaboradores civiles, heridos y muertos cada semana. La resistencia también
está aumentando en Afganistán. En América Latina, se han derrotado los diversos
intentos de liquidar el proceso bolivariano en Venezuela, incluyendo dos golpes
orquestados por la administración estadounidense. No se ha podido destruir el
movimiento guerrillero en Colombia y en Bolivia, grandes movimiento de masas
lograron hacer saltar el régimen de Sánchez de Losada, entre otros muchos
avances de los sectores y movimientos populares.
Esta por ver hasta donde la estrategia de la nueva administración yanqui, que
actúa prácticamente como la superpotencia hegemónica, puede imponernos sus
designios. Una definición precisa sobre la estructura y el funcionamiento del
sistema imperialista actual es lo que nos permitirá a los partidos, movimientos
sociales y organizaciones de todo tipo que luchamos por su derrocamiento,
encarar las nuevas jornadas de lucha con real posibilidad de éxito.
ANEXO 2004 El 1.01, el Secretario de Estado, Colin Powell, en un artículo de
opinión escrito para el periódico The New York Times sobre las prioridades de
política exterior para el 2004, señaló que los EE.UU.
³trabajarán por el avance de la libertad en Cuba².
El 5.01, el vocero alterno del Dpto. de Estado, Adam Ereli, dijo a la prensa que
³el régimen de Castro, como es bien conocido, tiene una larga historia de
intentos para socavar los gobiernos democráticos de la región. Por esa razón,
los estrechos vínculos entre los gobiernos de Venezuela y Cuba crean
preocupación entre los vecinos democráticos de Venezuela².
El 6.01, el Secretario Asistente de Estado para Asuntos del Hemisferio
Occidental, Roger Noriega, en un contacto con la prensa posterior a un discurso
ante el Consejo de las Américas, en Nueva York, acusó al compañero Fidel de
³apoyar a elementos desestabilizadores de varios países democráticos en
América². Aseguró que ³los EE.UU. y otros vecinos siguen de cerca la actuación
del líder cubano en sus últimas aventuras² e indicó que ³tienen información
sobre la implicación cubana en el apoyo a elementos que en varios países se
proponen desestabilizar a gobiernos democráticos². Calificó las ³acciones de
Fidel Castro de cada vez más provocadoras para la comunidad interamericana, a lo
que los EE.UU. han respondido con un apoyo expreso a los países presuntamente
afectados por esas acciones². Señaló que el Comandante en Jefe ³de una forma
consciente y destructiva fomenta la discordia y el descontento y hace
vulnerables a gobiernos elegidos democráticamente².
El 7.01, el vocero del Dpto. de Estado, Richard Boucher, respondiendo sobre las
palabras de Powell, el 1.01, reiteró que trabajan por una ³Cuba libre², crearon
³la Comisión que presentará un informe para mediados del 2004², y el Presidente
³ha anunciado una serie de pasos para eliminar grietas en las regulaciones sobre
viajes y comercio, entre otras, que están beneficiando al Gobierno al permitir
el flujo de dinero hacia Cuba².
El 8.01, el Secretario de Estado, Colin Powell, interpelado sobre las
declaraciones de Noriega, el 6.01, señaló que consideraba que este ³hablaba
clara y directamente...y sólo describió las cosas como son...², añadiendo que
durante los 17 años que él ha estado involucrado en los temas de seguridad
nacional ³...Cuba ha tratado de hacer todo lo posible por desestabilizar la
región. Ahora, afortunadamente, se han convertido en masivos fracasos. Pero
recuerdo mis días como Consejero de Seguridad Nacional, en los años 87 y 88,
cuando Cuba fue un real peligro para las democracias de la región...². Agregó
que ahora existen diferente problemas en las democracias de la región, pero ³son
democracias², no existen ³Juntas², sólo ³en Cuba, que continúa oprimiendo a su
pueblo, ...negándole una mejor vida...².
El 9.01, la Asesora de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, refiriéndose a la
Cumbre de las Américas, en Monterrey, planteó que ³en el hemisferio sólo un
país, Cuba, sigue sin comprometerse con los principios de la democracia...². ³Es
nuestra esperanza que el hecho de que exista un asiento vacío en la OEA, porque
Cuba no puede ocuparlo por la falta de democracia, y de que Cuba no pueda
asistir a las Cumbres de las Américas, porque no cumple con la cláusula
democrática,... sea un mensaje al pueblo de Cuba de que no ha sido olvidado por
el continente². Adicionó que ³Cuba continúa, con sus muy limitados recursos,
creando dificultades en otras partes de la región...². Finalizó planteando que
³...el Presidente Bush, dos meses atrás, creó una Comisión para que examine qué
puede hacer el gobierno de los EE.UU. para estimular el desarrollo de la
democracia en Cuba y para prepararse para cuando llegue la Cuba post-Castro, la
cual será democrática².
El 12.01, el Presidente Bush, en su discurso ante la Cumbre de las Américas, en
Monterrey, planteó: ³...La dictadura no tiene lugar en las Américas y todos
debemos trabajar por una transición rápida y pacífica en Cuba. Juntos tendremos
éxito, porque el espíritu de libertad aún florece incluso en los rincones más
oscuros de las cárceles de Castro². ³A través de nuestro ejemplo democrático,
nosotros debemos continuar apoyando al bravo pueblo de Cuba, que por cerca de
medio siglo ha sufrido la tiranía y la represión².
El 14.01, el vocero de la Casa Blanca, Scout McClellan, interpelado sobre si
existió en la Cumbre de las Américas alguna discusión sobre el eje
Cuba-Venezuela-Ecuador y Brazil, dijo ³el Presidente permanece fuertemente al
lado del pueblo de Cuba en su lucha por su libertad. Es por eso que creamos la
Comisión para ayudar a prepararnos para el día que el régimen de Castro no esté
en el poder, y haya una sociedad libre y democrática en Cuba².
El 11.02, en una audiencia en el Comité de Relaciones Internacionales de la
Cámara de Representantes sobre el presupuesto para la política exterior, con la
participación del Secretario de Estado, Colin Powell, Ros-Lehtinen preguntó a
Powell sobre cuáles acciones ha emprendido su Dpto. para lograr la liberación de
los ³activistas de derechos humanos², así como sobre la estrategia para la 60
CDH de la ONU. Powell respondió que ³la horrible conducta de Cuba durante los
últimos meses nos ha hecho más fácil sumar a los europeos a nuestra política
hacia CubaŠCastro está aislado², apuntando que trabajarán con los aliados
europeos para lograr su respaldo a una resolución sobre Cuba.
El 19.02, la agencia Asahi Shimbung recogió declaraciones del Vicesecretario de
Estado para el Control de Armas y la Seguridad Internacional, John Bolton,
durante una visita a Japón, en las que señaló que ³Irán, Corea del Norte, Siria
y Cuba no sólo tienen planes de desarrollar armas de destrucción masiva, sino
que también están incluidos en la lista de estados terroristas del Departamento
de Estado².
El 24.02, en una audiencia en el Comité Selecto de Inteligencia del Senado, el
senador Pat Roberts (R) preguntó al Director de la CIA, George Tenet, si la
comunidad de inteligencia ha notado algún incremento o disminución del apoyo de
Cuba al terrorismo con posterioridad al 11.09.01 y sobre la probabilidad de que
la reanudación del comercio bilateral acelere una reforma económica y política
en Cuba. Tenet respondió diciendo que enviaría sus respuestas al Senado para que
quedaran recogidas en las actas de la audiencia.