Tira y jala electorero entre los cubanoamericanos de Miami
Percy Francisco Alvarado Godoy
Las polémicas no cesan de agudizarse en la Florida en la medida que se acerca el
día cero electoral, cuando los norteamericanos tendrán que decidirse por
mantener a Bush en la Casa Blanca o darle entrada a los demócratas, con Kerry a
la cabeza, a la Oficina Oval. Sin embargo, en la república bananera de Miami,
este fenómeno crea singulares ribetes a causa del afloramiento del oportunismo
político de los sectores más ultraconservadores de la mafia cubano americana.
Cada cual defiende a su preferido y esta posición descansa no en simples
preferencias, sino en serios compromisos ideológicos y motivaciones económicas.
Dentro de este contexto, la posición de los candidatos respecto al tema cubano
cobra notable relevancia, por cuanto ambos conocen de antemano que el voto de
los cubanoamericanos puede resultar decisivo para su elección. Siguiendo este
precepto, tanto Kerry como Bush tratan de ganar la simpatía de la línea dura de
los autotitulados exiliados de la Florida, coqueteando con promesas y amenazas
hacia la Isla.
No podía faltar en esta polémica el intolerante Lincoln Díaz-Balart, quien se
desvivió en alabanzas hacia el presidente Bush. A la usanza de un experto
panegirista, lo calificó como el ''mejor amigo' de los exiliados cubanos",
recordando en sus encomios las medidas ingerencistas adoptadas por la Casa
Blanca para acelerar un cambio en Cuba.
Sin embargo, el paquete de medidas presentado por la administración Bush no
recibió un apoyo integral de los cubanos residentes en Estados Unidos. Mientras
los sectores más recalcitrantes lo aplaudieron desde el principio como expresión
del endurecimiento de la política hacia Cuba, por cuanto representa un mayor
apoyo financiero a la contrarrevolución y un recrudecimiento de los ataques
ideológicos a la Isla mediante el perfeccionamiento de las transmisiones de
Radio y TV Martí, así como un arreciamiento del bloque económico, una parte
considerable de la comunidad cubano americana se opone, particularmente, a las
mayores restricciones en los viajes a la isla y limitaciones en cuanto al envío
de remesas familiares.
Las posiciones de fuerza de la extrema derecha han encontrado poco eco en la
comunidad cubano americana y corre el riesgo de verse distanciada del apoyo de
la gran mayoría de los que hasta ahora los han apoyado, unas veces a
regañadientes y otras por inercia política.
Junto a la polémica sobre la validez y conveniencia de ahogar a los cubanos con
medidas más duras y crueles, coexiste una diferencia de percepción sobre si
Estados Unidos es el apropiado para determinar los cambios en la Isla, expresión
de la vigencia de un plattismo extemporáneo, o si dichos cambios deben ser
promovidos desde el interior de la isla.
Para muchos, por tanto, el conservadurismo de Bush en cuanto al tema cubano,
implementado para satisfacer a la extrema derecha cubanoamericana, lo coloca en
una riesgosa situación ante su rival demócrata, John Kerry, con respecto a la
preferencia electoral de los votantes en la Florida, estado que decidió la
presidencia en el 2000 por solamente 537 votos y con el empleo de los más
fraudulentos rejuegos.
Según Carlos Saladrigas, un banquero de Miami y presidente del Cuba Study Group,
las medidas adoptadas por Bush afectan el "principio básico de la reunificación
familiar'' y señaló que, a pesar de haber sido republicano desde el principio,
las restricciones de viajes y monetarias se han convertido en un elemento de
discrepancia que puede afectar su voto en las próximas elecciones. Saladrigas
enfatizó que dichas medidas son "absoluta y totalmente equivocadas''.
Esta misma apreciación es compartida por miles de cubanoamericanos de la
Florida, algunos de los cuales buscan diversos medios para manifestar su rechazo
a las mismas, entre las que sobresalen manifestaciones públicas, debates en la
radio y la recopilación de firmas para solicitar a la Casa Blanca la abolición
de las mismas.
Los representantes de la extrema derecha, por su parte, interesados en destruir
a la Revolución a cualquier precio, sin importarles las calamidades que pueda
sufrir el pueblo cubano con el arreciamiento del bloqueo contra la Isla, apoyan
a Bush y le piden, incluso, medidas aún más drásticas como una agresión directa.
Su contacto con la extrema derecha y sus compromisos con la misma, les sustentan
la certeza de que pueden contar con dicho apoyo.
Ninoska Pérez-Castellón, vocera del grupo terrorista conocido como Consejo por
la Libertad de Cuba (CLC), coincidió con Díaz Balart, cuando expresó:' 'El
presidente Bush es el mejor aliado que tenemos para la libertad de Cuba''.
Si bien es cierto que la extrema derecha de Miami comparte en cuerpo y alma las
injustas medidas anunciadas contra la Isla, algunas organizaciones de la misma,
duchas en el rejuego y la maniobra, la hipocresía y el trapicheo, están
dispuestas a sacrificar, aunque sea sólo en público, algunas de sus posiciones
con vistas a mantener un ansiado protagonismo y representatividad dentro de la
comunidad cubanoamericana de la Florida, fuente de sus ingresos y propia
existencia. Esta dudosa actitud ha sido asumida por la Fundación Nacional Cubano
Americana (FNCA), cuyo presidente, el connotado terrorista Francisco José
Hernández Calvo (Pepe), declaró que la FNCA "nunca abogó por restricciones más
fuertes sobre los viajes y la ayuda, considerando que eso pudiera perjudicar a
las familias y hacer retroceder los esfuerzos por promover la democracia en la
isla".
¿Qué preocupación podría tener en realidad este criminal terrorista por las
familias cubanas, cuando él personalmente planificó y organizó diversos
atentados contra instalaciones turísticas y otros objetivos en la Isla, poniendo
en serio riesgo a las mismas?
La vedette del terror, Ninoska Pérez Catellón dijo, por su parte, no tener
preocupación por el creciente rechazo en aumento hacia las posiciones de extrema
derecha en Miami. ''Pudiera haber esas encuestas que muestran que la comunidad
ha cambiado, pero eso no es el corazón de la comunidad'', exclamó. Para ella,
sin lugar a dudas, el corazón de Miami sólo es atribuible a la intolerancia, a
la práctica del terrorismo y a una beligerancia despiadada, que son la esencia
misma de la extrema derecha que ella representa.
Kerry, mientras tanto, ha tratado de fortalecer sus posiciones sin comprometerse
abiertamente con el tema cubano, aunque los demócratas de la Florida lo instan a
definir aún más sus posiciones al respecto. No basta para ellos sólo una
declaración de apoyo al bloqueo y la intención de levantar las prohibiciones de
viaje para estimular la democracia.
Según Mark Kornblau, portavoz de la campaña de Kerry, ''George Bush ha creado
una apertura para cualquier opositor al fracasar en cumplir sus promesas y ahora
al fallar en presentar una política coherente'' Y para no dejar duda alguna
sobre el futuro compromiso demócrata con los representantes de la mafia cubano
americana de la Florida, Kornblau declaro: "En numerosas ocasiones, John Kerry
ha articulado una clara política anticastrista que también explica cómo
estimulará la democracia al alentar los intercambios personales y animar a la
sociedad civil''.
Como puede apreciarse, la mafia terrorista de Miami está imbricada en dilemas
complejos en los que se pone en juego su propia capacidad de maniobra política,
usada con éxito en las elecciones del 2000, y que hoy la encuentra dividida con
respecto a las medidas implementadas por la actual administración. Estas
polémicas sobre el recrudecimiento del bloqueo, el papel del autotitulado exilio
con respecto a la promoción de los cambios en Cuba, así como el divorcio de la
línea dura de las recalcitrantes organizaciones de extrema derecha con respecto
al sentir mayoritario de la comunidad cubano americana de la Florida, son
expresiones de una crisis que anuncia su incapacidad para vencer a la Revolución
Cubana, más fortalecida y firme, a pesar de tanta mala intención y de las
promesas electorales de los contendientes actuales por la Casa Blanca.