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4 de enero del 2004
Reporteros Sin Fronteras y Cuba : La ética condenada a la mazmorra
Salim Lamrani
Rebelión
La primera fase de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información,
organizada en Ginebra del 10 al 12 de diciembre del 2003, bajo el escudo de la
Unión Internacional de Telecomunicaciones de las Naciones Unidas, tenía
por objeto construir las bases para una información ética. Naturalmente,
la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) fue declarada persona
non grata ya que se consideró que la estructura, de la que el señor
Ménard es secretario general desde hace diecinueve años, no defendía
los principios de la Carta constitucional de la O.N.U. Efectivamente, RSF es vetada,
desde el 24 de julio del 2003 y para el periodo de un año, del Comité
de las Organizaciones No Gubernamentales, encargado de supervisar el trabajo de
las ONG's que gozan de relaciones consultativas dentro del marco económico
y social de las Naciones Unidas. Esta exclusión responde a las acciones
provocadoras de RSF en una reunión de la Comisión de los Derechos
Humanos en mayo del 2003.1
No obstante, el 9 de diciembre de 2003, la organización siempre reticente
a la hora de aceptar las decisiones que contrarian su agenda político,
ha lanzado ilegalmente una "radio pirata" que emitía en la región
de Ginebra, violando ostentosamente las reglas internacionales de telecomunicaciones.
Los costos financieros de tal empresa no parecen causar problemas a RSF que dispone
de amplios recursos económicos para promover sus acciones. Sin embargo,
la radio clandestina no duró mucho. En efecto, al día siguiente,
las autoridades francesas pusieron término a la operación.2
En el país de la manipulación mediática, la organización
Reporteros Sin Fronteras hace las veces de emperatriz, y su acritud para con Cuba
está tan aguzada como su falta de imparcialidad. La revista De Cuba,
creada, financiada y controlada por la Sección de Intereses Norteamericanos
(SINA) de La Habana, con el fin de difundir datos ficticios sobre la realidad
cubana, es calificada de "primera revista independiente privada publicada sobre
el territorio cubano" por RSF. La predominante influencia de las ideas reaccionarias
de la extrema derecha cubana de Florida sobre esa publicación parece haber
escapado a la sagacidad de la entidad parisina, que no vacila, de ninguna manera,
en calificar la revista de "prensa libre". Cuando ésta misma admite que
"unos 500 ejemplares se... realizaron... en la Sección de Intereses Norteamericanos",
la validez intrínseca de la revista, en términos de objetividad
y de independencia, no se pone en tela de juicio en absoluto. Una curiosa "prensa
libre", en definitiva.3
En el primer número de De Cuba, de pobre calidad periodística,
repleto de mentirosas alegaciones y de clichés, en que la retórica
utilizada es extrañamente análoga a la de Cubanet (órgano
de prensa controlado por los extremistas cubanos de Florida), la redacción
admite explícitamente que colabora con Radio Martí. Este emisor
estadounidense, que viola la legislación internacional, fomenta cotidianamente
la subversión interna en Cuba mediante sus programas agresivos e ilegales,
cuyo contenido fue objeto de un abrumador informe por parte de la Voice of
America.4 Siguiendo la línea oficial de la administración de
Washington, un "periodista independiente" de dicha publicación no vacila
en calificar a los cinco prisioneros políticos cubanos, injustamente condenados
en los Estados Unidos, de "espías", cuando los testimonios de eminentes
personalidades de los servicios secretos del Pentágono han demostrado lo
contrario. En resumen, las directrices tomadas acerca de la SINA reemplazan la
objetividad requerida a todo órgano de prensa, y este dato no ha podido
escapar a la perspicacia de RSF, quien, no obstante, prefiere callar este parámetro.5
La segunda publicación de De Cuba no vacila de ningún modo
en hablar de "totalitarismo cubano", a la vez que glorifica las oportunidades
presentes en los Estados Unidos. Una "periodista independiente" evoca la historia
de un joven delincuente cubano, David, que consiguió escapar a la "pesadilla"
de la Isla para marcharse hacia el Norte donde, gracias a las suertes que se le
ofrecieron, se convirtió en un excelente elemento universitario, que les
hace la moral "extranjeros que estúpidamente andan con el rostro del Che
en sus camisetas". ¿No habrá sido contactada la persona en cuestión
desde Cuba? ¿Cómo es posible si los "militantes de los derechos humanos"
son acosadas constantemente por las autoridades cubanas, según la propaganda
de RSF? Entonces, una de las dos: sea la historia es totalmente ficticia, sea
los locales de la SINA han servido de sala de redacción, y en este caso,
la "periodista" confirma las sospechas que abrumaban a sus compiches. En todo
caso, la temática y la retórica se parecen sorprendentemente a las
que utilizan los servicios de prensa de la Fundación Nacional Cubano Americana
(FNCA). Pero, ¿Acaso es sorprendente si es de notoriedad pública que estos
"periodistas independientes" mantienen una estrecha relación con esta organización
terrorista?6
La primera publicación de Luz Cubana produce, entre otras cosas,
un artículo de Raúl Rivero, director de la "Agencia Independiente
Cuba Press" que fue condenado duramente en abril del 2003, sacado del periódico
de extrema derecha de Miami El Nuevo Herald, que controlan los exiliados
cubanos. En este escrito, altos funcionarios son acusados, sin ser nombrados,
de tráfico de drogas, así como algunas celebridades deportivas y
culturales. El periodista imputa igualmente a las autoridades cubanas, que habían
lanzado una amplia operación contra la venta de estupefacientes, de coartar
las libertades individuales. En fin, el contenido se vuelve casi normativo por
la recurrencia de sus propósitos.7
Estas tres revistas están totalmente disponibles en el sitio internet de
RSF. El contenido temático, además de ser substancialmente tendencioso
y de carácter acusatorio unívoco, es de sentido único. Un
tono de diatriba, una serie de libelos y de escritos panfletistas, la ausencia
total de fuentes y la inexistencia absoluta de matiz, caracterizan esta "prensa
independiente".
Después de la memorable "velada de solidaridad con el pueblo cubano: Cuba
Sí, Castro No" del 29 de septiembre del 2003, organizada por RSF en la
capital francesa, y que dio lugar a la falsedad mediática más grande
orquestrada por el Señor Ménard, un comité de "apoyo al poeta
y periodista cubano Raúl Rivero" fue creado. La importancia propagantista
de tal acto no cabe duda y es interesante evocar un paralelo histórico
a eso. En efecto, la transformación de criminales en "disidentes" no es
nada nuevo. La historia de Armando Valladares, el "poeta paralítico condenado
por delito de opinión", según la propaganda de Washington, es un
instructivo ejemplo. Arrestado en 1960 por terrorismo, este antiguo oficial de
la policía de la tiranía de Batista recibió ayuda de una
gran campaña internacional lanzada por la extrema derecha cubana de Florida
a principios de los años 80. Tras unas componendas por parte del gobierno
francés de François Mitterrand, con la protección de Régis
Debray, el prisionero, que fue liberado, perdió de golpe su talento para
la poesía así como su hemiplejía. Sin embargo, conservó
cuidadosamente su talento de actor y, habiendo obtenido la nacionalidad estadounidense,
entró al servicio del gobierno de Ronald Reagan, convirtiéndose
en embajador en las Naciones Unidas. El desengañado Régis Debray
escribió en su libro Les Masques : "El hombre no era poeta, el poeta
no era paralítico, y el cubano es hoy americano".8
La historia del Señor Raúl Rivero podría ser parecida. Su
culpabilidad, perfectamente probada y documentada por la justicia cubana, es sin
embargo ocultada por la organización "de defensa de la libertad de prensa",
que se niega a revelar las condiciones del proceso televisado y público.
Prefiere calificarlo de "estalinista", lo que, en realidad, no es más que
una vil escapatoria que sirve para enmascarar una deficiencia argumentativa, una
cuidada manipulación de los hechos, y una entrega total a la política
estadounidense de desestabilización de la sociedad cubana.9
Sólo queda por saber si RSF utilizará el subterfugio con el que
la derecha radical cubana de Florida ha engañado al conjunto de la comunidad
internacional hace veinte años. Aparentemente el señor Ménard,
jenízaro de una concepción doctrinal de la libertad de prensa, ya
ha emprendido una tarea similar pues la organización publica regularmente
breves noticias sobre una huelga de hambre de los "prisioneros de conciencia",
o sobre los malos tratos que les propician. Pero esta vez, Régis Debray
está en alerta. ¿En un futuro relativamente próximo, cuando la verdad
salga a la luz, aparecerá que : "El hombre no era disidente, el disidente
en realidad era pagado por los Estados Unidos, y RSF solamente era una estructura
escamoteadora de la realidad al servicio de una política imperial?"10
El sátrapa de RSF no escatima en los medios para embaucar a la opinión
pública mediante un énfasis mentiroso y ditirámbico con el
fin de ennoblecer a unos supuestos "militantes por los derechos humanos", que,
en realidad, no son más que unos sicofantas al servicio de una potencia
extranjera. Aquí también, el monopolio de la manipulación
ha sido eficaz, y el Señor Ménard puede estar orgulloso de haber
logrado su golpe de Estado mediático, distilando con inigualado descaro
sus desvergonzadas fábulas. Una vez más, la verdad ha sido el principal
daño colateral , pero, ¿cuál de nuestros ilustres "defensores de
la libertad de prensa" se preocupa por ello? Aparentemente, los turiferarios parisinos
de la política del Imperio han recibido su justo prebenda por esa dedicación
sin fallos.
RSF, arquetipo notable de la entidad al servicio del orden establecido pero disfrazado
de ONG, no parará de destilar sus acerbas peroratas con respecto a Cuba.
La probidad no está a punto de ser el aforismo de dicha organización.
Pero al exégeta de la "libertad de la prensa" le importa poco. Otra prioridad,
ocultada por un cuidadoso revestimiento ideológico, está a la orden
del día para los secuaces de RSF: la destrucción de la Revolución
cubana.