Tan inmensa como nosotros

Margarita Barrio

Es muy difícil engañar a los cubanos. Por eso una interminable marcha donde se entremezclaron diversas generaciones estaba allí, a la hora indicada, a lo largo del litoral donde las aguas cálidas bañan la capital. Era la demostración espontánea de unidad de un pueblo dispuesto a defender su soberanía. Fidel y Raúl al frente. En compacta multitud marcharon durante más de seis horas obreros, campesinos, intelectuales, deportistas, estudiantes, combatientes de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior. Los pobladores de las dos provincias habaneras, en número de 1 200 000, representaron dignamente a todos los cubanos que hubieran querido el honor de ser protagonistas de ese momento histórico.
No fue difícil distinguir en la multitud a un anciano acompañado de su nieto, a una madre con su pequeño en brazos, a una embarazada con su joven esposo. La experiencia es capaz de conmover al corazón más duro. Y es que aquellos que concurrieron a la cita saben que son gladiadores por la vida, que están defendiendo no solo la seguridad de su familia, sino el futuro de la humanidad.
Los dictámenes del Imperio no asustan, no pueden amedrentar a un pueblo que durante más de 40 años ha resistido sus embates y que no ceja en su empeño de apoderarse de esta tierra, que no dejará de ser cubana.
Frente a la oficina del Imperio, miles de voces repetían una y otra vez ³Bush, fascista. No hay agresión que Cuba no resista². Los que marcharon saben muy bien por qué lo hicieron. Este es un pueblo culto y preparado políticamente. No fue una respuesta inercial a una convocatoria, sino la convicción de los cubanos de defender sus conquistas hasta las últimas consecuencias.
Junto a nuestras banderas se encontraban las de otros muchos pueblos.
Aquellos foráneos que estaban en la capital por una u otra razón, no perdieron la oportunidad de expresar su solidaridad con la Revolución. Amor, con amor se paga.
Firmes y contundentes, las palabras del Comandante en Jefe Fidel Castro enviaron el mensaje claro. Ante la multitudinaria concentración que esperaba el inicio de la marcha por el Malecón habanero, la breve alocución patentizó ante el mundo la gran fuerza moral que nos asiste.