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21 de enero del 2004
Acceso a Internet: ¿Qué pasa con Cuba?
Rosa Miriam Elizalde
Rebelión
El Diario de La Prensa, de Nicaragua, también se montó este domingo
en el carro de la más reciente campaña satanizadora contra Cuba:
las supuestas medidas del gobierno de la Isla para reforzar el control de Internet.
Oyó campana, e hizo sonar las suyas.
Según el periodista, salvo en la Isla, "comunicarse, informarse y educarse
son actividades que ahora están al alcance de cualquier grupo, de cualquier
persona que pueda comprar una computadora y abonarse a los servicios de información,
o aprovechar la diseminación de los pequeños negocios que ofrecen
la conexión ocasional a precios razonables, y los llamados kioscos tecnológicos
que pueden instalarse hasta en los lugares más alejados de los principales
centros urbanos de la nación." Es fácil imaginar la expresión
de un lector nicaragüense con un mínimo de sentido común:
¿de qué habla ese señor, si en el país centroamericano
apenas el 0,04 por ciento de su población accede a la red de redes? Lo
extraordinario es que, en la guerra mediática que marcha en función
de los prejuicios y se enajena de la realidades, pocos se detienen un instante
a contrastar las informaciones. No solo con las realidad de sus propios países
-salvo Estados Unidos, ¿qué otra nación del mundo puede hablar
de acceso masivo a la Internet?-, sino con lo que verdaderamente ha acontecido
en Cuba desde que en 1994 el Departamento del Tesoro norteamericano, por real
decreto, aceptó autorizar a la isla caribeña el acceso a los servidores
norteamericanos, con un condicionamiento político, en el contexto de
la Ley Torricelli: ayudaría a "democratizar" la sociedad cubana. Ese
acceso, además de tardío, ha sido lento y altamente costoso, y
no por voluntad de los cubanos que estaban preparados desde la década
del 80 para dar grandes saltos en la computación y la interconexión
a redes.
Tener en cuenta este elemento es clave para entender lo acontecido en la Isla
en torno a este tema, a pesar de los duros años de Período Especial
y del recrudecimiento oportunista del bloqueo norteamericano. Supondría
reconocer que en al memoria social del profesional cubano, la red de redes es
un suceso con muy corta edad. Como ha pasado en otras sociedades, la telaraña
nacional no se ha creado automáticamente, sino que ha ido tejiéndose
en la medida en que se desarrolla la infraestructura y se articula una cultura
informática. Aún así, ese proceso se ha producido de manera
vertiginosa en Cuba. Los datos son abrumadores. Hoy el 65 por ciento de los
270 000 procesadores están interconectados y existen 480 000 cuentas
de correos, en una población de 11 000 000 de habitantes.
La estrategia que se ha seguido tampoco ha sido la usual. En vez de priorizarse
un mercado residencial y empresarial que genera notables dividendos económicos
a las compañías de telecomunicaciones y a los proveedores internacionales,
el desarrollo intensivo se está produciendo en las redes sociales, en
particular en aquellas relacionadas con servicios esenciales como la educación
y la salud. Cualquier cubano sabe que todos los niños y jóvenes
del país tienen acceso a la computación, incluso los más
pequeños que asisten a un círculo infantil o los que viven en
zonas apartadas, donde hay una escuela para un solo alumno. Ahí hay una
inversión de futuro muy clara en las estrategias de desarrollo de Cuba.
Esta nueva campaña de tergiversaciones y mentiras, que se desató
tras una carta interna a usuarios de un proveedor local, ha ignorado deliberadamente
que no solo los accesos son cada vez más multitudinarios, a pesar de
los altos costos de la conexión internacional, sino que la Internet es
prácticamente el soporte más expedito que tiene Cuba para dar
sus puntos de vista al mundo. Los medios tradicionales nos censuran brutalmente,
y la red parece estar hecha a la medida de una nación como Cuba, el único
país realmente alternativo del hemisferio occidental. El conocimiento
y el acceso a la red no solo no es tema de restricción, sino que es un
reto tecnológico y social de máxima prioridad política.
Al contrario de lo que dice la nueva oleada de calumnias que ha sobredimensionado
lo que solo fue una medida interna para proteger y dar mayor seguridad a las
redes informáticas, las regulaciones cubanas pretender disuadir a delincuentes
que se dedican a sabotear el destino social de la red, robando y revendiendo
accesos a través de las líneas telefónicas y utilizando
fraudulentamente este servicio.
No va contra el acceso mayoritario, sino a favor de él.