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7 de febrero del 2004
Cuba: avanza la biotecnología
Heinz Dieterich
Rebelión
Una de las tendencias de desarrollo más importantes en la aplicación
de la biotecnología a problemas productivos y de la salud, ha sido el
intento de producir medicamentos mediante sistemas biológicos transgénicos,
es decir, animales y plantas modificados genéticamente.
La dinámica de ese nuevo vector de investigación-producción
mundial se explica por las múltiples ventajas que una producción
de este tipo conlleva, entre ellas la reducción en los gastos de producción
de los fármacos.
La idea central es, aprovechar los sistemas biológicos existentes para
la producción de sustancias deseadas, a fin de evitar los complejos y
costosos procesos industriales: en Cuba, por ejemplo, la producción de
interferones recombinantes que implica el uso de fermentadores y un estrecho
control del proceso industrial, entre otros factores. Esas funciones productivas
podrían ser cumplidas, eventualmente, por un sistema biológico.
En el caso de los animales, la modificación genética consiste
en la introducción de un nuevo carácter o una nueva información
genética en el óvulo fecundado del animal, que éste asimila
como propia y que la transmite hereditariamente. Si se lograra, por ejemplo,
introducir información genética en una vaca que hiciera que ella
produjera determinadas proteínas en la leche que servirían de
medicamentos para la salud humana, se los obtendría ---como en el caso
del interferón--- de una manera mucho más económica que
en forma industrial.
La investigación en animales transgénicos se encuentra muy avanzada
en diversos países del Primer Mundo que disponen del conocimiento, de
los recursos financieros y de la tecnología para desarrollar ese paradigma
científico-productivo. En América Latina fue Cuba el primer país
que asimiló esa tendencia global investigativa que llevó a notables
resultados en la isla.
Durante los últimos años, Argentina y Brasil han progresado mucho,
llegando instituciones argentinas hasta el dominio del clonaje de mamíferos
(vacas), mientras que Brasil ha alcanzado altos niveles de competitividad en
la nueva disciplina de la genómica, es decir la determinación
de la función de los genes y su expresión diferencial en diferentes
circunstancias.
El proceso cubano de transgénesis en animales evolucionó de lo
simple hacia lo complejo. Para aprender la complicada metodología se
realizaron las primeras investigaciones en ratones; después, las indagaciones
se llevaron a cabo con conejas, con tal éxito, que en su leche se logró
producir medicamentos.
Posteriormente se iniciaron los experimentos en vacas.
En esta fase de la investigación se produjo el colapso del bloque socialista,
con la subsiguiente crisis económica en Cuba que afectó todo el
tejido de la planeada sociedad socialista, incluyendo el Centro de Ingeniería
Genética y Biotecnología (CIGB), que estaba a cargo de esa línea
de investigación.
Fueron los tiempos, cuando el director del CIGB, el centro de investigación
y producción biotecnológico más grande de América
Latina, con más de mil investigadores y técnicos, me invitó
a comer a su oficina, constando el almuerzo de un pequeño pescado frito,
con un trozo de pan y un vaso de agua.
Fueron los tiempos de extrema austeridad, cuando los grandes científicos
que en Occidente hubieran conseguido millonarios ingresos, al igual que los
generales de las unidades militares más importantes y los grandes directivos
de la política cubana comían y vivían peor que cualquier
profesor universitario mexicano de clase media baja.
Esos trastornos; la lenta reconfiguración del sistema cubano bajo las
condiciones del "periodo especial"; el enorme avance de la ingeniería
genética de las plantas desde los inicios de los noventa; la creciente
preferencia para los medicamentos sintéticos, en detrimento de sus análogos
naturales, y la cada vez mayor saturación de las capacidades de fermentación
de la industria farmacéutica global, llevaron a un viraje en la estrategia
de investigación transgénica del complejo científico-industrial
cubano, decidiéndose cambiar la prioridad de desarrollo desde "modelos
animales" de transgénesis hacia el uso de plantas como biorreactores
para la elaboración de fármacos.
Como han hecho notar el Jefe de la División de Plantas del CIGB, Merardo
Pujol y el vicedirector respectivo, Carlos Borroto, la demanda mundial de, por
ejemplo, los anticuerpos usados en la inmunoterapia puede llegar a centenares
de kilogramos y que esta demanda no podrá ser satisfecha por los métodos
convencionales de producción de anticuerpos murinos, de anticuerpos recombinantes
producidos en microorganismos o en biorreactores.
Las ventajas de las plantas transgénicas para la expresión de
proteínas de uso farmacéutico y veterinario son múltiples,
según los dos investigadores cubanos mencionados: son de fácil
manipulación genética; requieren menores costos de producción
y capital; escalar su producción a gran escala es sencilla y hay una
mayor bioseguridad del producto final, porque las plantas "no son hospederas
de patógenos que infecten a humanos".
La industria biofarmaceútica cubana ha obtenido y comercializado con
éxito varios productos en los últimos años; al mismo tiempo,
los trabajos iniciales en plantas transgénicas, orientadas hacia el mejoramiento
genético de los cultivos, ha permitido un creciente dominio de las técnicas
y procedimientos involucrados, de tal manera, que esas capacidades se comenzaron
a dirigir hacia la obtención de moléculas recombinantes para fines
farmacéuticos de salud humana y animal.
Una de las primeras hazañas fue lograda en la producción de un
ingrediente fundamental de la vacuna contra el virus de la Hepatitis B. Utilizando
la bacteria Agrobacterium tumefaciens que tiene una alta capacidad para transferir
genes a las células de plantas, los investigadores cubanos obtuvieron
en plantas de tabaco un fragmento derivado del anticuerpo CB-Hep 1.
Esa demostración de la viabilidad de la estrategia de investigación
escogida llevó a futuros trabajos que lograron obtener plantas de tabaco
que expresan el anticuerpo completo. El último obstáculo hacia
el aprovechamiento económico de este know how consistía en dar
el paso desde el éxito de laboratorio hacia la producción de la
nueva molécula a gran escala.
También ese reto se resolvió exitosamente. Varias áreas
de investigación del CIGB juntaron esfuerzos en pos de la producción
de la biomasa de tabaco, la purificación del anticuerpo y la determinación
de las propiedades de la molécula.
Hoy día, el largo trabajo ha rendido sus frutos. La nueva molécula,
obtenida por el uso de plantas transgénicas de tabaco que funcionan como
biorreactores, puede ser empleada en la producción de la vacuna contra
la hepatitis B.
Mientras tanto, los investigadores se han fijado nuevos horizontes: la obtención
de antígenos para humanos y animales, anticuerpos monoclonales para usos
terapéuticos, así como otras "moléculas recombinantes en
tejidos foliares y en semillas de plantas".
El avance de las ciencias biomédicas cubanas ha sido extraordinario,
desde la vacuna contra la meningitis meningocóccica B, hasta el primer
candidato vacunal cubano de vacuna terapeútica contra el SIDA que será
probado en un primer estudio clínico en este año, y los trabajos
de producción de medicamentos en plantas transgénicas.
Los escasos recursos del pequeño país bloqueado han sido invertidos
históricamente en esta ciencia-tecnología de excelencia, tal como
se repite ahora con el desarrollo de la informática y el software.
Para proteger esas tecnologías del futuro, que son no solo un patrimonio
de Cuba, sino de la humanidad entera, la revolución ha tenido que invertir
fuertemente también en su sector de defensa. Sin embargo, tanto en el
campo de las fuerzas productivas, como en el de las destructivas, ha actuado
con medida, escogiendo rutas científico- técnicas que son, al
mismo tiempo, viables y necesarias para el país.
Esto será vital en los meses venideros, cuando el recién formado
"grupo de trabajo" de Colin Powell y Condoleeza Rize tratará de provocar
un enfrentamiento militar con Cuba, en caso de que logre la condena de La Habana
en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en el mes de abril.
Ante la amenaza de los agentes patógenos en Washington, Madrid y Tel
Aviv, Cuba ha de defender su proyecto revolucionario con el saber de las ciencias
de la vida y de las ciencias de la destrucción (militar).
Por suerte, ha acumulado un rico caudal de conocimientos en ambas formas de
poder que le permitirá neutralizarlos exitosamente si se atreven a adentrarse
en la isla.