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27 de enero de 2004
En La Habana, ''en familia'', vieron Diarios de motocicleta
y En viaje con el Che
Cita con Guevara
de Redford, Miná y Granado
Blanche Petrich
La Jornada
Este domingo, en La Habana, los Guevara y los Granado se sentaron frente a un
monitor de televisión, al lado del mito hollywoodense Robert Redford y del
periodista y videasta italiano Gianni Miná, para ver, "en familia",
la película Diarios de motocicleta y el documental En viaje con el
Che, proyecto periodístico y sentimental tramado por Miná y por el propio
Alberto Granado, un joven viejo que en sus años mozos, hace ya 50 años,
recorrió América Latina en motocicleta llevando en la grupa, no al Che,
sino al Fúser, el muchacho que se llamó Ernesto y que después, mucho
después, devino leyenda.
Se trata de un documental de dos horas, que sigue los pasos y recoge las
emociones del equipo de filmación del director brasileño Walter Salles,
realizador de Diarios de motocicleta, película que revive en road
movie aquella loca aventura por las entonces tierras ignotas del
continente, desde Río de la Plata hasta el Amazonas.
Tanto la película de Salles, producida por Redford y estelarizada por Gael
García Bernal como Ernesto Guevara, joven prospecto de héroe, y Rodrigo de la
Serna en el papel de su amigo Alberto Granado, como el documental de Miná, se
estrenaron la semana anterior en el Festival de Sundance, la muestra más
importante de cine alternativo en Estados Unidos. Filme y documental fueron ovacionados
de pie por el exigente público del Sundance durante dos días seguidos. Y
Alberto Granado, quien a su vez es estrella del documental, además de autor de
uno de los diarios que inspiró el guión de José Rivera para la película, debía
haber estado en ese estreno, sentado codo a codo con Redford y el ex candidato
a la Presidencia estadunidense Al Gore. Pero como pírrica e inútil venganza, el
gobierno de Estados Unidos le negó la visa a este bioquímico jubilado de 82
años, nacido en Argentina y radicado en Cuba desde hace más de 30.
Por eso Redford, el Butch Cassidy de los años 60, hombre progresista y crítico
de George W. Bush, viajó a La Habana este fin de semana, para rendir sus
respetos a la familia Guevara y al hombre de corazón alegre a quien el Che llamaba,
en aquellos lejanos años, Mi Al.
El consentido de Miná
De paso apenas algunas horas por México, en tránsito de Utah (sede del
Sundance) hacia Cuba, Miná organizó una proyección entre amigos de este
documental al que, entre los más de 150 que ha realizado en su larga carrera,
declara sin ambages ''su consentido''. Es, para el italiano, un homenaje
personal a Latinoamérica y al dúo formado por el Che y Granado, "a
una generación que supo soñar, que supo tener y defender una utopía". Pero
En viaje con el Che es, además, un retrato íntimo y emocionado de un
gran viejo: Alberto Granado, quien desde su mirada -sabia, antisolemne y
divertida- observa las maniobras de Salles, los actores y su equipo, las
proyecta en su memoria, revive instantes de aquel recorrido fantástico de 1952
y ayuda al cineasta brasileño a afinar sus dotes cinematográficas.
Para realizar el documental -coproducción con Massimo Vigilar y Surf Film- Miná
invitó a Granado a acompañar durante dos trechos el caminar del equipo de filmación
de Salles: uno desde Temuco, sur de Chile, hasta Santiago, y otro por la ruta
fluvial del Amazonas venezolano hasta Lima.
Feliz como un cascabel, Granado pide viajar de nuevo en la Poderosa II,
o más bien en su réplica. El olfato periodístico de Gianni y su ojo de
documentalista recoge momentos mágicos del viaje compartido. Por ejemplo,
cuando Granado asume el papel del director -o de abuelo o de duende inspirador-
y le aconseja a Gael García no intentar ser como el Che, hablar
simplemente como él mismo. De lo cual resulta un convincente acento que no se
imposta para "sonar a argentino" y deja, con naturalidad, que se
sientan sus acentos de Guadalajara.
Dirigida por el brasileño Walter Salles, está protagonizada por el mexicano
Gael García
Diarios de motocicleta, una película de Ernesto antes de ser el Che
Al igual que el documental de Gianni Miná, la cinta se basa en los escritos de
juventud del revolucionario. Relata el viaje por Sudamérica en el que lo
embarcó su amigo Alberto Granado
Blanche Petrich
Gael García, protagonista de Diarios de motocicleta, parece entender que
el Fúser es sólo un chavo sensible, en proceso de maduración, en
tránsito hacia su futuro. O como lo expresó Camilo Guevara, hijo del
guerrillero heroico: "Esta película es sobre Ernesto, antes de ser el Che".
Otro instante conmovedor de la película es cuando en un mercado de la sierra
andina, territorio boliviano, el director brasileño Walter Salles prepara la
escena en la que los dos jóvenes viajeros, agotados, duermen en un mercado.
Granado, de pronto, revive el instante y recuerda que la motocicleta, la
memorable Poderosa II -una Norton de 1932- estaba situada aquella noche
mucho más cerca de las bolsas de dormir. Entonces Salles corrige el detalle.
"Pocas personas en este mundo -dice Gianni- tienen el privilegio de volver
a vivir su juventud, medio siglo después." Granado lo hace, lleno de
gracia.
Hace 52 años -antes del turismo de masas, antes de las comunicaciones que hacen
del mundo una aldea globalizada y desde luego antes de la revolución cubana-,
Granado era un cordobés de 29 años, recién graduado de bioquímico, que leía a
Ciro Alegría, que adoraba las motos, soñaba con combatir la lepra y simpatizaba
con el endiablado jugador de rugby a quien en el barrio habían apodado Fúser,
apócope de "Furibundo" y "De la Serna", su apellido
materno. Los jóvenes clasemedieros de su generación sabían de griegos y
egipcios, pero no de incas ni aymaras. No había guías sobre Machu Picchu.
El rosarino, asmático y enamoradizo, no había terminado aún la carrera de
medicina, pero fue presa fácil del carismático Alberto, que lo embarcó en un
viaje por una Sudamérica que de verdad era una incógnita.
Periodista enamorado de AL
En viaje con el Che, que al igual que Diarios de motocicleta trata
sobre esa etapa de la vida de Ernesto, apareció en la imaginación de Gianni
Miná hace cerca de 10 años. Periodista enamorado de América Latina, hace tiempo
cultiva una sólida amistad con una mujer reconocida por su carácter, su tozudez
y su gran integridad, Aleida March, la viuda de Ernesto Che Guevara.
Ella, celosa guardiana de los archivos de su marido, cedió a Miná los derechos
para el uso de los diarios juveniles del legendario revolucionario, y esto
detonó en la ilusión de Gianni interminables sueños sobre cómo llevar esa
hermosa aventura de juventud -de una juventud de hace medio siglo- a las
pantallas.
El director italiano Gabriele Salvatore -obtuvo un Oscar por Mediterráneo-
jugó un tiempo con la idea, pero él tenía a un héroe en mente, no a un muchacho.
No funcionó. En 1999 apareció el brasileño Salles -director de Estación
central y Detrás del sol y productor de Ciudad de Dios- en la
casa habanera de los Guevara. Luego conoció a Alberto Granado. Se convenció.
El capítulo siguiente pudo haberse frustrado por la barrera de idiomas. Redford
llamó de Los Angeles a Roma, a casa de Miná, para proponer un acuerdo sobre los
derechos del diario juvenil del Che. Pero Loredanna Masschetti,
colaboradora y esposa de Gianni, no habla inglés y nunca se percató de que
aquel estadunidense en el teléfono era el cowboy galán que seguramente
admiró en su juventud y que tenía en el bolsillo una propuesta fantástica.
El proyecto sobre ruedas
Salvado el pequeño y pintoresco escollo, el proyecto marchó sobre las ruedas de
la Poderosa II y todo mundo -Redford, Michael Nozik, Salles, los actores
Gael y Rodrigo, decenas de extras argentinos, chilenos, bolivianos y peruanos y
el mismo Gianni- se embarcaron en "este viaje iniciático para todos
nosotros".
Salles, carioca de 47 años, estaba prendado de los diarios de don Alberto y del
Fúser. Ante la cámara de Miná, explica su sensación de que este
"viaje iniciático" va mucho más allá de la aventura, del road
movie, del propio recorrido por el paisaje latinoamericano, sino que encamina
a todos los involucrados en la historia y las raíces de un continente explotado
y saqueado hoy, igual que hace 50 años.
En viaje con el Che es también un reportaje. Tras el staff de la
película, Miná el periodista encuentra personajes de la vida real que vivieron
esa época, mineros chilenos agotados por las salitreras, bolivianos acabados
por la silicosis de las minas, pacientes sobrevivientes de los leprosarios
-como el de San Pablo, en la selva amazónica de Perú- que bien se acordaban de
esos dos jóvenes médicos argentinos que los trataban como seres humanos, no
como apestados.
El documental es, dice su director, "un testimonio de una generación que
supo soñar, tener una utopía y seguir fiel a ella, 50 años después". Es,
de muchas maneras, un video para jóvenes, "una gran lección para nuestras
sociedades que han olvidado escuchar y valorar las palabras de nuestros
viejos", concluye Gianni Miná.